La novela después de la Guerra Civil

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En Julio de 1936, la sublevación de parte del ejercito contra el Gobierno dará comienzo a la Guerra Civil (1936-39), que acabará con la derrota de la República y la consolidación de la dictadura franquista. Las consecuencias de esta guerra fueron la penuria económica, la represión, el orden policial (Franco no suprimíó el estado de guerra hasta 1948) y el exilio de casi el 90% de intelectuales.

1. La novela en el exilio

La novela de finales de los arios 30 habla tendido hacia la rehumanizacion y el compromiso. En esta línea se encuentran los autores que marchan al exilio. Max Aub escribe su ciclo narrativo sobre la Guerra Civil. Francisco Ayala en Dialogo de los muertos (1939) recuerda el final de la Guerra Civil. Rosa Chacel: Memorias de Leticia Valle (1945) trata sobre el despertar erótico de una adolescente. Ramón J. Sender en Réquiem por un campesino español (1953) expone los problemas de conciencia de un cura que no había intentado evitar el asesinato de un campesino republicano.

2.- La novela en los años cuarenta

En la inmediata posguerra conviven tres tipos de narraciones de estilo tradicional: ideológica, realista y humorística. En la década de 1940 solo hay casos excepcionales: La familia de Pascual Duarte (1942), de Camilo José Cela, y Nada (1944) de Carmen Laforet, comparten el tono sombrío y existencial, que contrasta con el triunfalismo o la actitud evasiva, general en la novela de éxito de la inmediata posguerra. A La familia de Pascual Duarte, que provoca una polémica en torno al tremendismo (en la línea del esperpento), se le acusaba de deformar la realidad al subrayar lo mas desagradable. El relato se centra en Pascual Duarte, un campesino extrema° condenado a muerte por una serie de asesinatos, entre ellos el de su madre. A estas nuevas voces se les unen poco después otras como la de Miguel Delibes (La sombra del ciprés es alargada) y Ana María Matute. Estos novelistas coinciden en reflejar el desolado mundo de la posguerra desde una perspectiva pesimista y existencial; por eso abundan personajes desorientados, tristes y frustrados.

3. La novela en los años cincuenta

La colmena, de Cela, publicada en 1951, es un precedente de la novela social.
En ella, con mas o menos Realismo, aparece reflejada la sociedad del momento (la de la inmediata posguerra). Hacia mediados del decenio se dan a conocer escritores que, con una intención critica, tratan temas fundamentales como las injusticias y las desigualdades sociales (literatura comprometida). Como técnica narrativa, se recurre al objetivismo: el narrador desaparece (se limita a unas escuetas informaciones sin valoración), no hay introspección ni pensamiento de los personajes y el relato se basa en el dialogo. A menudo; se emplea un lenguaje cercano al coloquial. Se distinguen dos tendencias: a) El neorrealismo.

 Se centra en los problemas del hombre como ser individual (la soledad, la frustración…): sobresalen Ana María Matute, Ignacio Aldecoa, (El fulgor y la sangre), Rafael Sánchez Ferlosio (El Jarama, 1955) y Carmen Martín Gaite (Entre visillos, 1957, retrato de la vida provinciana sin horizontes de unas jóvenes cuya única perspectiva es el matrimonio o la soltería). El Jarama es la crónica de un día de asueto dominical de un grupo de jóvenes (protagonista múltiple de la novela) junto al río madrileño. Prácticamente desaparecido el narrador, la base de la obra la constituyen los intranscendentes diálogos, reproducidos casi como la transcripción de una grabación. El tedio de la vida se ve roto con la inesperada muerte de una joven ahogada en el río. El tema de la obra es la trivialidad y pobreza mental de ciertos sectores de la sociedad.

b

Novela social (Realismo social): se centra en los problemas y conflictos sociales. Tiene una fuerte carga ideológica. Destacan Jesús Fernández Santos (Los bravos, 1954: describe la vida difícil de un pequeño pueblo leónés), Juan García Hortelano (Nuevas amistades, 1959: describe la vida abúlica de la juventud universitaria), José Manuel Caballero Bonald (Dos días de Septiembre, 1962, sobre el trabajo en los viñedos andaluces), entre otros. En los años cincuenta, también se cultivan otras tendencias narrativas: libros de viajes, relatos cortos o cuentos (Ignacio Aldecoa). Apartado de la estética realista se encuentra la obra del gallego Álvaro Cunqueiro (Merlín y familia).

4. La novela desde el 62 al 75

Desde los últimos años de los cincuenta se detecta una clara evolución hacia la experimentación y la renovación. Los escritores se dejan influir por autores europeos (Proust, Kafka, Joyce), norteamericanos (Faulkner, Dos Passos) o latinoamericanos (Vargas Llosa, Cortázar, García Márquez). Las novedades no afectan solo al argumento o la estructura, también a la ortografía (suprimen signos de puntuación o párrafos) y es frecuente que se mezclen los géneros. No se pretende solo denunciar la situación social, también se persigue la belleza formal. La experimentación introduce elementos como el perspectivismo argumental o saltos hacia atrás o hacia delante en el argumento. Dos novelas representan esta tendencia: Señas de identidad (1966) de Juan Goytisolo, que nos presenta a un personaje desarraigado (Álvaro Mendiola) que se siente extranjero en su patria; y Tiempo de silencio (1962), de Luis Martín Santos, que se desarrolla en el Madrid de los cuarenta. Un médico es detenido y despedido por verse involucrado en un aborto. Se critican las desigualdades, la mediocridad y el conformismo. Esta novela mezcla perspectivas (narrador omnisciente y subjetivo, monólogo interior, segunda persona, estilo directo, indirecto e indirecto libre); usa la ironía, la hipérbole y la parodia. Su lenguaje es culto y aparece de manera natural el discurso científico, neologismos y cultismos. También incorpora expresiones populares y vulgarismos. Otros autores: Juan Benet (Volverás a Regíón, 1968). Juan Marsé (Últimas tardes con Teresa, 1966: sátira de la burguésía progresista catalana); Gonzalo Torrente Ballester (La saga/fuga de J.B.) o Miguel Delibes con Cinco horas con Mario, que presenta el monólogo interior de la protagonista durante la noche en que vela el cadáver de su marido. En su discurso aparece un retrato de la clase media conservadora y mediocre, y una visión de la España de posguerra que se contrapone a los ideales de Mario.





Tema 6. El teatro de 1939 a finales del Siglo XX. Tendencias, autores y obras principales


El panorama de la escena española tras la guerra está condicionado por los intereses comerciales, que se someten a los gustos de un público burgués, y las limitaciones ideológicas ejercidas por la censura. Durante la dictadura existirá un teatro ‘visible’ que se adueña de los escenarios y un teatro ‘soterrado’, que intentaba responder a nuevas exigencias sociales, estéticas y culturales.
1-EL TEATRO DURANTE LA POSGUERRA cumplíó dos funciones: entretener al público y transmitir ideología. El Estado y la Iglesia establecieron un férreo control sobre las obras nuevas y esto desarrolló entre los dramaturgos la autocensura. Destacamos el estreno en 1940 de Aves y pájaros de Benavente que no oculta su objetivo ideológico. a) El teatro en el exilio se desarrolla especialmente en México y Argentina con Pedro Salinas (Judith y el tirano) y Rafael Alberti (El adefesio). Alejandro CASONA estrena en el exilio obras de éxito (Prohibido suicidarse en primavera y La dama del alba) y MAX AUB inicia una etapa de Teatro de testimonio (1942-1964).

b

El teatro que se escribe y se representa en España entre 1939 y 1949 son obras de ínfima categoría, marcadas por la censura. Continúa el teatro nacionalista con Torrente Ballester (Lope de Aguirre) y Luis Felipe Vivanco (La mejor reina de España). En 1940 surge el Teatro Nacional de la Falange, que creó la compañía del Teatro Español centrada en los clásicos, y la compañía del Teatro María Guerrero dedicada a obras contemporáneas. La comedia burguesa es un teatro de evasión y adoctrinamiento que exalta el principio de autoridad e instituciones como la iglesia y la familia. Triunfan José Mª Pemán (El testamento de la mariposa), Joaquín Calvo Sotelo (Plaza de Oriente) y Jacinto Benavente con Lo Increíble. c) Teatro cómico. Jardiel Poncela se había propuesto ‘renovar la risa’, creando un teatro de lo inverosímil, nuevo y audaz pero se estrelló contra los gustos del público. Sus personajes pertenecen a la burguésía y representan una sociedad feliz cuyos objetivos son el amor y el dinero. En los diálogos se entremezclan el humor verbal y el de situación. Eloísa está debajo de un almendro (1940) es una comedia de humor negro. Mihura empezó su trayectoria con Tres sombreros de copa (1932), obra estrenada 20 años después que sorprende por su tratamiento formal que debe mucho al Vanguardismo de preguerra. En Jardiel y Mihura se han encontrado precedentes al teatro del absurdo.
2-EL TEATRO DE LOS CINCUENTA Y SESENTA, Calvo Sotelo, Pemán, López Rubio dominaban la escena de los cincuenta. Continúa el éxito de las comedias burguesas y los únicos autores con inquietudes sociales son Buero Vallejo y Alfonso Sastre; y en los sesenta Rodríguez Méndez, Lauro Olmo, Martín Recuerda, Carlos Muñiz, etc. a) Teatro realista de protesta y denuncia. En 1949 se estrena Historia de una escalera de Buero Vallejo; y en 1953, Escuadra hacia la muerte de Alfonso Sastre. Ambos autores cultivarán un teatro existencial y hacia 1955 iniciarán un teatro social acorde el público joven y universitario; además, la censura tolera ya algunos enfoques críticos. Historia de una escalera es el drama de la frustración vista a través de tres generaciones de varias familias humildes que comparten esa escalera, testigo del paso del tiempo y limitación de lo esencial. Las connotaciones sociales se conjugan en la obra con las preocupaciones existenciales. Escuadra hacia la muerte es un grito contra el poder, presenta el caso límite de cinco soldados y un cabo, una escuadra de castigo, que son destacados a un puesto de avanzada con la misión de dar la alarma cuando el ataque comience. De Lauro Olmo destaca La camisa (1962), drama sobre la emigración.

 La primera obra de Antonio Gala, Los verdes campos del Edén (1963) –sobre la marginación— cosechó un gran éxito. b) La nueva comedia burguesa. En los sesenta un cierto sentido crítico se había adueñado del teatro y la comedia convencional iniciaba su renovación con Juan José Alonso Millán y Jaime de Armiñán. En Alfonso Paso se funden lo convencional/comercial y lo crítico/realista. Sus primeras comedias son críticas como Una bomba llamada Abelardo o tragicomedias con intención social como Los pobrecitos. Otras obras son en apariencia intrascendentes (Los Palomos).

c

Los vanguardistas son herederos del teatro del absurdo y del teatro de la crueldad. Un teatro que transformó el lenguaje, propuso nuevas formas de representación y establecíó una comunicación distinta con el público. Las primeras obras de Fernando Arrabal se caracterizan por la elementalidad escénica, personajes primitivos y un lenguaje ingenuo de humor absurdo (Pic-Nic, El cementerio de automóviles). En 1962 creó el Movimiento Pánico, un teatro caracterizado por la confusión, el humor, el terror, el azar y la euforia, y la incorporación de elementos surrealistas en el lenguaje. Sus temas más recurrentes son la religión, la sexualidad, la política, el amor y la muerte. Francisco Nieva conecta con Arrabal en su teatro furioso, sus ejes centrales son el sexo y la violencia, dentro de una libertad imaginativa, lindante con lo surrealista: Pelo de tormenta (1962), La carroza de plomo candente (1971). Nieva crea un lenguaje Barroco, metafórico y paradógico, pero divertido. Es recurrente el tema de la represión, el erotismo, la religión y la España negra.

3-EL TEATRO DE FINALES DE LOS SESENTA Y SETENTA a

Búsqueda de nuevas formas de expresión dramática : EL ‘nuevo teatro’. Los simbolistas. En los sesenta algunos autores renuevan la expresión dramática superando el Realismo con un simbolismo que les sirve para referirse a un ámbito universal y para evitar la censura. Sus obras se caracterizan por su Vanguardismo, su pesimismo y el uso de simbología animal. Temáticamente este nuevo teatro sigue siendo un teatro ‘de protesta y de denuncia’, es recurrente el tema del poder opresor ejercido por quienes decretan el exterminio de los desfavorecidos (como en Los mendigos de José Ruibal, estrenada en 1968).

b

El teatro independiente son grupos teatrales al margen de las cadenas establecidas en el mundo del espectáculo comercial. Surgen a finales de los sesenta y son herederos del teatro universitario. Actores, directores y autores se organizan como cooperativas con una entrega total al teatro. En Barcelona: Els Joglars o Los Cátaros; en Madrid, Los Goliardos, Tábanos, Ditirambo o TEl (Teatro Experimental Independiente), en Bilbao, Akelarre, en Valladolid, Corral de Comedias, etc.

4-EL TEATRO DESDE LA TRANSICIÓN

Durante los primeros años se estrenaron obras de autores como Buero Vallejo y Antonio Gala, que dispónían de libertad en temas y planteamientos. En 1977, Martín Recuerda, con Las arrecogías del Beaterio de Santa María Egipciaca, alcanza gran éxito. En estos años se estrenan en España obras de Valle-Inclán y García Lorca, de escritores exiliados, como Alberti y Arrabal, y de Lauro Olmo o Carlos Muñiz. JOSÉ Luis ALONSO DE SANTOS estrena dos obras de éxito: La estanquera de Vallecas (1981) y Bajarse al moro (1985). De las últimas promociones destaca Juan MAYORGA, que reflexiona sobre problemas sociales contemporáneos en obras como El chico de la última fila (2006).


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