Que relación tenia el narrador y los vicario con los nasar

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Nos remontamos a un siglo de esplendor en la literatura hispanoamericana, mediados del Siglo XX, con uno de los autores más representativos, Gabriel García Márquez.

En  esta época se desarrolla el denominado “boom” latinoamericano, movimiento literario que surgíó entre los años 1960 y 1970, cuando el trabajo de un grupo de novelistas, relativamente jóvenes, del subcontinente, circuló ampliamente por Europa y por todo el mundo.  

Este gran asombro era causado por los nuevos rasgos que presentaba la creación literaria de estos escritores, al desafiar las convenciones establecidas de la literatura hispanoamericana. Su obra es experimental y sigue tendencias literarias como el Realismo mágico (corriente nacida en los años 40 del Siglo XX), que consiste en combinar elementos fantásticos y fabulosos con la realidad narrativa (equilibrio entre lo mágico y lo cotidiano), y el intimismo. También tiene un gran carácter político, debido a que durante esta década fueron los años de agitación en los diferentes gobiernos, lo que repercutíó en el trabajo de estos escritores, quienes reflejaron sus preocupaciones en el clima político y diplomático, y aparte, en la estructura narrativa. Entre estos, destacamos a Julio Cortázar, Ernesto Sábato, Mario Vargas Llosa y Mario Benedetti, que al igual que García Márquez, alcanzaron un gran éxito internacional.

Gabriel García Márquez, autor de este fragmento, nace en Aracataca (Colombia), donde fue criado por sus abuelos maternos. Más adelante inicia sus estudios de derecho en Bogotá, y empieza a trabajar como periodista en el diario de Cartagena de Indias El Universal. Su primera novela, La Hojarasca,  se publica en 1955, a la que seguirán El coronel no tiene quien le escriba o La mala hora, ambas de los años 60, en las que se empieza a perfilar el espacio fantástico de Macondo, pueblo mítico que desarrolla en Cien años de soledad (1967).  Esta obra tuvo gran aceptación por parte de la crítica y del público, que le consagraron como uno de los grandes escritores de nuestro tiempo.  En 1982 recibe el Premio Nobel de Literatura y posteriormente publicará obras como El amor en los tiempos del cólera o De amor y otros demonios, además de textos periodísticos, memorias y guiones cinematográficos.

Crónica de una muerte anunciada, obra a la que pertenece el texto, es publicada por primera vez en 1981 y su éxito ha sido y sigue siendo notable. Esta representó un acercamiento entre lo periodístico y lo narrativo, pues encontramos en ella carácterísticas de la crónica periodística y, además, una aproximación a la novela policíaca. Por otro lado, constituye su obra más “realista”, pues se basa en un hecho histórico ocurrido en 1951 en su tierra natal, y vivido por él y su madre, la cual le prohíbe publicar la obra ya que provocará un grave daño a los habitantes del pueblo.  García Márquez acabaría publicando la obra una vez que su madre muere.

El libro es la reconstrucción  periodística del asesinato de Santiago Nasar, cuyos asesino, los gemelos Pedro y Pablo Vicario, insisten en matarlo en venganza por haber deshonrado a su hermana Ángela, quien tras su boda, es rechazada por Bayardo San ROMán. Reconstruyendo las vivencias de un pequeño y aislado pueblo de la costa del Caribe, se tocarán muchos de los temas más polémicos de la época, desde la muerte, el fatalismo y el misterio (desde el principio de la obra se sabe que Santiago Nasar será asesinado, pero el autor es capaz de mantener el interés por la manera en que la cuenta y la historia que hay detrás), hasta temas más sensibilizadores como las convenciones sociales, el machismo, la pasión amorosa y la religión.  


La obra consta de cinco capítulos sin orden lineal, por lo que obliga al lector a ir uniendo cada parte como si fueran las piezas de un puzle.  Pese a no poder ordenarse, sí que puede observarse una estructura circular, puesto que la obra termina como empieza, con la muerte de Santiago. En cualquier caso, el tiempo es uno de los rasgos más complejos de la obra. Todo ocurre en veinticuatro horas, pero curiosamente, podemos destacar que la nochela no avanza cronológicamente del modo lineal.  El tiempo relatado viene marcado desde el final de la celebración de la boda hasta el asesinato de Santiago Nasar, aunque las investigaciones que se detallan aluden a hechos anteriores y posteriores a dicho período, como el caso de este fragmento, que acaba muchos años después de los hechos principales del relato.

Este fragmento en particular pertenece al cuarto capítulo, en el que se describe la vida de Ángela Vicario en los diecisiete años que transcurrieron entre el asesinato de Santiago Nasar y el regreso de Bayardo San ROMán, y en donde la propia protagonista también habla de las cartas que escribíó a este último y de su llegada en el decimoséptimo año.
En la escena, Ángela y su madre se han ido a otro pueblo del Caribe, pero la acción de la obra se sitúa principalmente en uno colombiano, también de la zona (Riohacha y Manaure), mitad real, mitad espacio mítico. Con respecto al tiempo, se podría señalar que el externo conformaría los 17 años que la protagonista pasa escribíéndole cartas a su amado Bayardo San ROMán (“escribíó una carta […] vida”, línea ___); y el interno, que va variando junto con el narrador.
Estos saltos en el tiempo están marcados por prolepsis, narrados por Ángela Vicario en los años siguientes al asesinato (“se me revolvían […] acordarme de él”), en donde se ve claramente el uso de un registro coloquial, y a veces, incluso vulgar (“muerta de risa”, “se me revolvían las tripas”, “carajo”); analepsias, cuando  el narrador omnisciente relata la historia tras la recogida de datos al volver al pueblo veintitrés años después del suceso (“Dueña por primera vez […] recíprocas”); y un sumario justo al final del (
cuarto) párrafo, donde el autor  resume lo ocurrido durante diecisiete años (“[…] pero siguió escribiendo sin cuartel durante diecisiete años”).

El carácter literario del texto se justifica por el empleo de una técnica narrativa carácterística, cuyo estilo viene determinado por la combinación de un registro coloquial (“Estaba gordo […] era él!”), y poético, al predominar numerosos recursos expresivos (función poética), que van desde metáforas (una madrugada de vientos”, “encendía las brasas de su fiebre”), pasando por la antítesis (“el odio y el amor son pasiones recíprocas”, metonimias (“mis lágrimas”), hipérboles (“una carta semanal durante media vida”, personificación (“carta febril”) y paradojas (“rencor feliz”), que explican la sensación de libertad que crece en ángela Vicario a medida que aumenta el odio hacia su madre; y acabando con un empleo de ironías causantes de un humor ácido durante todo el fragmento (“una noche de buen humor”, “se burlaba de su propia locura). En cuanto al narrador,  podemos decir que es múltiple a lo largo de la obra. En este texto en particular encontramos un narrador omnisciente principal en tercera persona, que valora y expresa opiniones; conoce los sentimientos y emociones de Ángela Vicario, que plasma a través de uso de un léxico valorativo. Algunos de estos representan su dolor (“lacras eternas”, “verdades amargas”, “noche funesta”, y otros su rendición ante su eterna agonía (“desahogo terminal”. Y por otro lado, observamos un narrador personaje, Ángela Vicario, que nos cuenta con sus propias palabras algunos de sus pensamientos en aquella época de su vida: durante los diecisiete años que pasó escribiendo cartas (“A veces no se me ocurría […] recibiendo”, e incluso a la vuelta de Bayardo San ROMán (“Estaba gordo […] era él)”

Otra de las técnicas empleadas es el gran detallismo de las descripciones, que suscita a que la narración de los hechos sea más real (“Tenía la camisa […] plata”), y el uso de valores connotativos, al dar un sentido distinto al mensaje principal. Entre estos, encontramos el machismo de Ángela Vicario, que hace entender que la mujer es insignificante sin la figura del hombre (“[…] y volvíó a ser virgen […] obsesión”, “seguía siendo tan simple […] soltera”, y las convenciones sociales, tan atadas a la mentalidad de la época (“Su vida de casada […]” papel”).

Por último,  es preciso abordar el análisis de los personajes de la obra, que son numerosos y nos permiten hacernos una idea de las relaciones humanas de la época. La lectura de la obra nos permite conocer la personalidad de los personajes que intervienen en el fragmento y la relación entre ellos. En primer lugar tenemos  a Ángela Vicario, la protagonista. Es un personaje redondo al evolucionar desde una actitud tímida y cerrada frente a los hombres, sumisa y ligada a las convenciones sociales, a un comportamiento más atrevido, rebelde y decidida (“Se volvíó lúcida, imperiosa […] obsesión”), sin dejar de ser machista (“amante furtiva”, “volvíó a ser virgen sólo para él”), al enamorarse de Bayardo San ROMán, y querer romper con los esquemas de la madre y hallar su libertad a medida que el odio hacia esta iba creciendo. Y por otro lado, tenemos a Bayardo San ROMán, quien tras casarse con Ángela, la devuelve la noche nupcial al enterarse de que no es virgen. Su imagen de ingeniero de trenes, bien vestido, galante con las mujeres, culto y con dinero, rompe con su actitud arrogante y prepotente durante los diecisiete años que estuvo recibiendo e ignorando las  cartas de su amada. Y aún tras su llegada y en el encuentro con Ángela Vicario, después de todos esos años, sigue manteniendo esa actitud chulesca como si nada hubiese ocurrido (“Bueno -dijo-, aquí estoy”).

La ruptura con las convenciones establecidas en la literatura hispanoamericana de la segunda mitad del Siglo XX la vemos reflejada en todo lo analizado anteriormente. Resaltamos la experimentación en la estructura del relato y de las técnicas narrativas con la ruptura de la línea argumental, los cambios de punto de vista y los rompecabezas temporales; también la experimentación en el lenguaje al emplear un lenguaje más poético e introducir tendencias literarias novedosa como el Realismo mágico.

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