Cuanto costo la boda de la novela de bayardo

       2. Crónica de una muerte anunciada es una novela de múltiples personajes. A continuación, vamos a destacar a los que aparecen en este fragmento:

      La protagonista de este pasaje es Ángela Vicario, la menor en su familia. Tras el suceso fatal, madura y se vuelve ingeniosa, y llega a enamorarse de Bayardo. Aunque nadie le pudo sacar nada de lo que pasó aquella noche ni qué pasó con Santiago, la versión más corriente era que Ángela estaba protegiendo a alguien a quien amaba de verdad. Bayardo San ROMán es ingeniero de trenes. Galán con las mujeres y perteneciente a una familia con dinero, en este fragmento visita años después a Ángela y está más envejecido. 

     En el fragmento se menciona a Pura Vicario, la madre de Angela. Mujer manipuladora y tradicional, su interés es ganar posición social a costa de los sentimientos de su hija. Por último, aunque no aparezca en este fragmento, no podemos olvidar el nombrar del claro protagonista de esta obra, Santiago Nasar, ni al narrador omnisciente (Gabriel García Márquez)
, quien se encarga de contra los hechos igual que si fuese un reportero que reconstruye la historia más de veinte años después del crimen. 

En lo que concierne al espacio narrativo, la acción se sitúa en un pueblo colombiano del Caribe (se citan Riohacha y Manaure), mitad real y mitad espacio ficticio. Casi toda la acción transcurre en torno a una plaza donde se celebró la boda o junto a la casa de Santiago. Ambos lugares adquieren un valor dramático. En particular, en este fragmento Ángela se ha ido a vivir con su madre a un pueblo lejos de la localización inicial. Podríamos situar el espacio central en la casa de ambas, concretamente en el cuarto, donde escribía las cartas. 

     El tratamiento del tiempo es uno de los rasgos más complejos de la obra. En primer lugar, el tiempo se nos presenta de forma circular, es decir, la muerte de Santiago a manos de los Vicario, anunciada ya en las primeras líneas de la novela, es el motivo narrativo que cierra también la historia. Todo ocurre en esas veinticuatro horas, pero, curiosamente, podemos destacar que la novela no avanza cronológicamente de un modo lineal y encontramos saltos temporales: numerosas prolepsis y analepsis, fugas a hechos anteriores y posteriores al suceso. Por esta razón, decimos que el tiempo es una mezcla casi de puzle entre los saltos temporales, el sumario, el informe de la autopsia, las entrevistas y la propia crónica del narrador, quien es consciente de la complejidad narrativa de “recomponer con tantas astillas dispersas el espejo roto de la memoria”. 

     El fragmento que nos ocupa es un ejemplo de prolepsis, esa salida de la línea cronológica hacia un hecho posterior al suceso principal. Además, las referencias temporales se nos presentan de una manera indeterminada, esto es, imprecisa, como estos ejemplos extraídos del fragmento: “media vida”, “una noche”, “una madrugada de vientos”, “por el año décimo”, “un mediodía de Agosto”. 


   2. El texto que se nos propone goza de carácter evidentemente literario. Gabriel García Márquez nos ofrece una obra en la que se mezcla con Realismo el estilo narrativo con algunas pinceladas de redacción periodística (crónica) y novela policíaca. Abundan también las descripciones y los diálogos. Podemos encontrar varios recursos narrativos más que clasificaremos en cuatro: 

    En primer lugar, hablemos del perspectivismo. Se caracteriza por las múltiples voces que aparecen en el relato. Unas, de los personajes, aparecen a través del estilo directo, es decir, las palabras textuales y que nos ofrecen una visión más completa y humana de las escenas: “—Bueno-dijo- aquí estoy”. Por otro lado, también destacan las voces de los personajes citadas por el autor. Las reconocemos porque van entrecomilladas. («Estaba gordo y se le empezaba a caer el pelos»). Podemos observar, además, la voz del narrador, quien emplea la tercera persona del singular: “Ángela Vicario descubríó entonces…”, pero también la referencia hacia sí mismo (“me dijo muerta de risa”), para demostrar que él conoce la historia de primera mano porque se la contaron a él en las entrevistas. 

    En segundo lugar, hay que hablar de un choque de registros entre lo vulgar/coloquial y lo culto-literario: el lenguaje culto y muy exquisito del narrador (“…una carta febril de veinte pliegos en la que soltó sin pudor las verdades amargas que llevaba podridas en el corazón desde su noche funesta”), contrasta con el coloquial en la forma de hablar de algunos personajes: “muerta de risa”, “era él, carajo”. 

    En tercer lugar, el detallismo, es decir, las descripciones pormenorizadas son una parte esencial de la obra.  En el fragmento podemos observarlo en la descripción de Bayardo al regresar: “Llevaba la maleta de la ropa para quedarse, y otra maleta igual con casi dos mil cartas que ella le había escrito. Estaban ordenadas por sus fechas, en paquetes cosidos con cintas de colores, y todas sin abrir”). Del mismo modo, destaca la expresividad de la adjetivación a lo largo de todo el fragmento (“carta febril” “rencor feliz” “billetes perfumados” “cartas indignas”).

    Finalmente, el escritor hace uso de recursos literarios.  En primer lugar, hallamos una antítesis: “el odio y el amor son pasiones recíprocas”; metáforas: “las brasas de su fiebre”, “te envío mis lágrimas”,  “sal de su lengua”, “trilla de fuego de su verga”; sinestesia: “más calentaba el rencor feliz”, “verdades amargas”; hipérboles: “volvíó a ser virgen solo para él”. Y por último el polisíndeton (“y…, y…, y…”), que funciona como un freno que imprime cierta lentitud a la narración.  

    En conclusión, García Márquez, con una serie de recursos que son carácterísticos de su producción literaria y con su magistral dominio de los elementos de la narración, logra barnizar de verosimilitud lo que es naturalmente increíble, y demuestra lo difícil que es establecer la verdad sobre cualquier suceso, lo incompleta que puede ser cualquier investigación, porque aun, después de conocer todos los hechos, subyace otra verdad.


  3. Crónica de una muerte anunciada es una novela de múltiples personajes. A continuación, vamos a destacar a los que aparecen en este fragmento: 

   Plácida Linero es la madre de Santiago Nasar. A pesar de que trató de ayudarlo cerrando la puerta de la casa para que no entraran los hermanos Vicario, no pudo evitar el crimen. Además, aparecen los hermanos Vicario, quienes invocan la necesidad de defender el honor de su hermana Ángela. De estos gemelos podemos interpretar el valor simbólico de sus nombres, ya que podrían remitir a los dos apóstoles más conocidos en los primeros años del cristianismo: San Pedro y San Pablo, dos grandes pilares para la transmisión de la “buena noticia” de la resurrección de Jesucristo. En el caso de la novela de Márquez, los gemelos Vicario se encargan también de anunciar y transmitir como aquellos apóstoles un mensaje, solo que en vez de un mensaje de vida (la resurrección y la salvación) es un mensaje de muerte (el odio y la venganza). 

   Detrás de ellos, unos árabes, presididos por Yamil Shaium, persiguen a quienes han perpetrado el asesinato y representan una segunda venganza. También es significativo el papel de la familia Lanao, vecinos de Santiago, y como la mayoría de los personajes, los Lanao saben que lo van a matar, quizás por ello la acción que se describe esté tan normalizada y despojada de tensión dramática. Esta indiferencia se identifica con la idea de la fatalidad es definitiva e inevitable. 

   La última persona con la que habla el moribundo Santiago Nasar es con Wenefrida Márquez, tía del narrador, que lo ve desde el otro lado del río. Por último, presentamos a Santiago Nasar, quien a lo largo de la obra se nos ofrece como un personaje ajeno a su destino incluso hasta el final, que habiendo sido asesinado no parece perder la compostura ni la dignidad, pues incluso sonríe cuando saluda a la familia Lanao. No hay que olvidar al narrador omnisciente (Gabriel García Márquez), quien se encarga de contar los hechos igual que si fuese un reportero que reconstruye la historia más de veinte años después del crimen. 

   En lo que concierne al espacio narrativo, la acción se sitúa en un pueblo colombiano del Caribe (se citan Riohacha y Manaure), mitad real y mitad espacio ficticio. Casi toda la acción transcurre en torno a una plaza donde se celebró la boda o junto a la casa de Santiago. Ambos lugares adquieren un valor dramático. En particular, en este fragmento Santiago acaba de ser apuñalado en la puerta principal de su casa que daba a la plaza, y camina “más de cien metros” para entrar por la puerta trasera que daba al puerto.

   El tratamiento del tiempo es uno de los rasgos más complejos de la obra. En primer lugar, el tiempo se nos presenta de forma circular, es decir, la muerte de Santiago a manos de los Vicario, anunciada ya en las primeras líneas de la novela, es el motivo narrativo que cierra también la historia. Todo ocurre en esas veinticuatro horas, pero, curiosamente, podemos destacar que la novela no avanza cronológicamente de un modo lineal y encontramos saltos temporales: numerosas prolepsis y analepsis, fugas a hechos anteriores y posteriores al suceso. Por esta razón, decimos que el tiempo es una mezcla casi de puzle entre los saltos temporales, el sumario, el informe de la autopsia, las entrevistas y la propia crónica del narrador, quien es consciente de la complejidad narrativa de “recomponer con tantas astillas dispersas el espejo roto de la memoria”. En el fragmento que nos ocupa, el narrador retoma la acción del crimen anunciado al principio del libro, es decir, regresar al punto de partida de forma circular. 


  3. El texto que se nos propone goza de carácter evidentemente literario. Gabriel García Márquez nos ofrece una obra en la que se mezcla con Realismo el estilo narrativo con algunas pinceladas de redacción periodística (crónica) y novela policíaca. Abundan también las descripciones y los diálogos. Podemos encontrar varios recursos narrativos más que clasificaremos en cuatro: 

  En primer lugar, hablemos del perspectivismo. Se caracteriza por las múltiples voces que aparecen en el relato. Unas, de los personajes, aparecen a través del estilo directo, es decir, las palabras textuales y que nos ofrecen una visión más completa y humana de las escenas: “—Que me mataron”. Por otro lado, también destacan las voces de los personajes citadas por el autor, pues han sido entrevistadas por él, y las reconocemos porque van entrecomilladas. («Oímos la gritería»). 

  Podemos observar, además, la voz del narrador, quien emplea la tercera persona del singular: “Entró por la casa contigua…”, pero también la referencia hacia sí mismo (“me dijo mi tía Wene”), para demostrar que él conoce la historia de primera mano porque se la contaron a él en las entrevistas. 

  En segundo lugar, hay que hablar de un choque de registros entre lo vulgar/coloquial y lo culto-literario: el lenguaje culto y muy exquisito del narrador (“llevando en la mano el racimo de sus entrañas”), contrasta con el coloquial en la forma de hablar de algunos personajes: “terrible olor a mierda”. 

  En tercer lugar, el detallismo, es decir, las descripciones pormenorizadas son una parte esencial de la obra.  En el fragmento podemos observarlo en la descripción de Santiago Nasar cuando entra en la casa de los Lanao, sobre todo por parte de Árgenida: “caminaba con la prestancia de siempre”, “rostro de sarraceno con los rizos alborotados”, “más bello que nunca”. El detallismo también lo podemos apreciar en la observación de Wenefrida: “ ‘hasta tuvo el cuidado de sacudir con la mano la tierra que le quedó en las tripas’”.  La adjetivación dota de gran expresividad el momento fatal: “vísceras colgantes”, “prestancia”, “bello”, “paso firme”

  Finalmente, el escritor hace uso de recursos literarios.  En primer lugar, hallamos una antítesis: “mierda” y “bello”; metáfora: “el racimo de sus entrañas”; hipérbole: “nos quedamos paralizados del susto”. El uso del humor y la ironía (“al pasar frente a la mesa les sonrió”) es un recurso que emplea el autor no como medio para trivializar un acto dramático, sino para acompañar la normalidad de algo que tenía que pasar.

  En conclusión, García Márquez, con una serie de recursos que son carácterísticos de su producción literaria y con su magistral domino de los elementos de la narración, logra barnizar de verosimilitud lo que es naturalmente increíble, y demuestra lo difícil que es establecer la verdad sobre cualquier suceso, lo incompleta que puede ser cualquier investigación, porque aun, después de conocer todos los hechos, subyace otra verdad. 



  1. Otro tema será el matrimonio de conveniencia en el contexto de las costumbres propias de la época. Tal es el asunto principal del fragmento que nos ocupa, pues podemos leer que Ángela Vicario es obligada por su familia, y en especial por su madre, a casarse con Bayardo San ROMán, hombre al que no ama. Este decide comprar la casa del viudo de Xius, puesto que es la preferida de Ángela. El viudo se niega alegando que la casa tiene un fuerte valor sentimental para él. La novela tiene cinco capítulos. El presente fragmento se localiza en el segundo.

   Crónica de una muerte anunciada es una novela de múltiples personajes. A continuación, vamos a destacar a los que aparecen en este fragmento: 

   Ángela Vicario es la menor en su familia. Tras el suceso, madura y se vuelve ingeniosa. Aunque nadie le pudo sacar nada de lo que pasó aquella noche ni qué pasó con Santiago, la versión más corriente era que Ángela estaba protegiendo a alguien a quien amaba de verdad. Muy indecisa a la hora de tomar decisiones por sí misma ya que sus padres le impusieron su novio. Tenía un aire desamparado. Bayardo San ROMán es ingeniero de trenes cuya edad ronda los treinta años. Bien vestido, galán con las mujeres. Perteneciente a una familia con dinero, era materialista, pues intenta complacer a Ángela comprándole la casa más bonita del pueblo. 

   Pura Vicario es la madre de Angela. Era una mujer manipuladora y tradicional que intenta convencer a su hija para que se case con Bayardo San ROMán, más interesada en la posición social que otorgaría a su familia el casamiento, que en si su hija estaba o no enamorada. “También el amor se aprende”, le dice a Ángela.  Los gemelos Pedro y Pablo Vicario son los asesinos de Santiago Nasar. Cometen el asesinato para recuperar el honor de la familia. Poseían un pensamiento tradicional y machista (“vainas de mujeres”). Además, podemos interpretar el valor simbólico de sus nombres, ya que podrían remitir a los dos apóstoles más conocidos en los primeros años del cristianismo: San Pedro y San Pablo, dos grandes pilares para la transmisión de la “buena noticia” de la resurrección de Jesucristo. En el caso de la novela de Márquez, los gemelos Vicario se encargan también de anunciar y transmitir como aquellos apóstoles un mensaje, solo que en vez de un mensaje de vida (la resurrección y la salvación) es un mensaje de muerte (el odio y la venganza). 

   En un segundo plano, destacan Dionisio Iguarán, el médico del pueblo; y finalmente, el viudo de Xius, el dueño de la casa que pretende comprar Bayardo. Por último, aunque no aparezca en este fragmento, no podemos olvidar el nombrar del claro protagonista de esta obra, Santiago Nasar, así como el narrador omnisciente (Gabriel García Márquez), quien se encarga de contra los hechos igual que si fuese un reportero que reconstruye la historia más de veinte años después del crimen. 

   En lo que concierne al espacio narrativo, la acción se sitúa en un pueblo colombiano del Caribe (se citan Riohacha y Manaure), mitad real y mitad espacio ficticio. Casi toda la acción transcurre en torno a una plaza donde se celebró la boda o junto a la casa de Santiago. Tanto la plaza como la casa, concretamente la puerta fatal, adquieren un valor dramático.  En particular, en este fragmento aparece la casa de los Vicario y el Club social. La descripción de la casa del viudo y las vistas del mar del Cariba por parte del narrador se convierten en un espacio invisible, imaginario. 

   El tratamiento del tiempo es uno de los rasgos más complejos de la obra. En primer lugar, el tiempo se nos presenta de forma circular, es decir la muerte de Santiago a manos de los Vicario, anunciada súbitamente en las primeras líneas de la novela, es el motivo narrativo que cierra también la historia. Todo ocurre en esas veinticuatro horas, pero, curiosamente, podemos destacar que la novela no avanza cronológicamente de un modo lineal y vamos a encontrar saltos temporales: numerosas prolepsis y analepsis. Es decir, aunque el relato comience con el final de la celebración de la boda y termine con el asesinato de Santiago Nasar, la narración presenta fugas temporales a hechos anteriores y posteriores al suceso. Por esta razón, decimos que el tiempo es una mezcla casi de puzle entre los saltos temporales, el sumario, el informe de la autopsia, las entrevistas y la propia crónica del narrador, quien es consciente de la complejidad narrativa de “recomponer con tantas astillas dispersas el espejo roto de la memoria”. 

   El fragmento que nos ocupa es un ejemplo de esa salida de la línea cronológica, pues el narrador cuenta un hecho anterior al día fatal del asesinato: diferentes noches en que se urdían los planes de la boda entre Ángela y Bayardo. Las referencias temporales se nos presentan de una manera indeterminada, esto es, imprecisa, como estos ejemplos extraídos del fragmento: “El horror de la noche”, “esa misma noche”, “al cabo de tres noches”. 


1. El texto que se nos propone goza de carácter evidentemente literario. Gabriel García Márquez nos ofrece una obra en la que se mezcla con Realismo el estilo narrativo con algunas pinceladas de redacción periodística (crónica) y novela policíaca. Abundan también las descripciones y los diálogos. Podemos encontrar varios recursos narrativos más que clasificaremos en cuatro: 

   En primer lugar, hablemos del perspectivismo. Se caracteriza por las múltiples voces que aparecen en el relato. Unas, de los personajes, aparecen a través del estilo directo, es decir, las palabras textuales y que nos ofrecen una visión más completa y humana de las escenas: “—También el amor se aprende”. “—No tiene precio”. Por otro lado, también destacan las voces de otros personajes citadas por el autor. Las reconocemos porque van entrecomilladas. («Nos aparecíó que eran vainas de mujeres»). Podemos observar, además, la voz del narrador, quien emplea la tercera persona del singular: “Era Ángela Vicario quien no quería casarse con él” pero también la primera persona del singular: “me dijo”, para demostrar de cierta forma que la gente le contó verdaderamente la historia y que él era participe del suceso  (“yo hubiera dicho lo mismo”). 

  En segundo lugar, hay que hablar de un choque de registros entre lo vulgar/coloquial y lo culto-literario: el lenguaje culto y muy exquisito del narrador (“El argumento decisivo de los padres fue que una familia dignificada por la modestia no tenía derecho a despreciar aquel premio del destino”), contrasta con el coloquial en la forma de hablar de algunos personajes: “eran vainas de mujeres”. 

   En tercer lugar, el detallismo, es decir, las descripciones pormenorizadas son una parte esencial de la obra.  En el fragmento las podemos observarlo en el retrato de la casa del Viudo de Xius en la colina barrida por los vientos, y desde la terraza se veía el paraíso sin límite de las ciénagas cubiertas de anémonas moradas, y en los días claros del verano se alcanzaba a ver el horizonte nítido del Caribe, y los trasatlánticos de turistas de Cartagena de Indias”). No hay que olvidar que en tales descripciones la expresividad aumenta con la adjetivación (“moradas”, “claros”, “nítidos”). 

   Finalmente, el escritor hace uso de recursos literarios, que añaden dramatismo a la obra y establece un contraste ente lo poético y lo violento.  En primer lugar, hallamos las metáforas: “hablaba con el alma en la mano”; hipérboles: “su madre lo demolíó con una sola frase”, “hechizó a la familia con sus encantos”, preferiría morirse antes”; personificaciones: “el amor se aprende”, “Pero el tiempo alcanzó sin angustias”. Y por último el polisíndeton (“y…, y…, y…”), que funciona como un freno que imprime cierta lentitud a la narración.  

   En conclusión, García Márquez, con una serie de recursos que son carácterísticos de su producción literaria y con su magistral domino de los elementos de la narración, logra barnizar de verosimilitud lo que es naturalmente increíble, y demuestra lo difícil que es establecer la verdad sobre cualquier suceso, lo incompleta que puede ser cualquier investigación, porque aun, después de conocer todos los hechos, subyace otra verdad. 

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