La casa de bernarda alba injusticia social

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TEMA IV. “ENFRENTAMIENTO ENTRE UNA MORAL AUTORITARIA Y EL DESEO DE LIBERTAD EN EL LIBRO LA CASA DE BERNARDA ALBA DE FEDERICO GARÍCA LORCA”

Hacia 1936 concluía García Lorca “La Casa de Bernarda Alba”, drama social que ideó sobre mediados de la década de los 30. Por consiguiente, el contexto histórico en que se enmarca la obra es la España –y la Andalucía- de principios del siglo XX: Una sociedad cerrada y conservadora en la que se premiaba el conformismo. Frente al generalizado trato de temas de escaso interés únicamente burgués, Lorca consciente de que no cabía en esta sociedad, adoptó temas litigiosos y anteriormente tácitos que se contraponían a la norma. Es por ello, que en muchas de sus obras se plantee esta problemática de una manera u otra. Específicamente en La Casa de Bernarda Alba se puede observar la visión del autor sobre un conflicto real y cotidiano, el principio de autoridad contra el anhelo de libertad, plasmado y representado desde el comienzo al final de la obra en comportamientos, diálogos de los personajes o ambiente en el que se desarrollan los sucesos. Mediante su articulación junto con otras actitudes tales como la sobrevaloración de las apariencias y el honor de la familia, o las diferencias sociales, estos dos principios, el de autoridad y el de libertad  mantendrán una pugna que desembocará en un final trágico. El tema de la autoridad y orden es principalmente representado por el personaje  tiránico, Bernarda. Se podría representar como una encarnación hiperbólica de las fuerzas de represivas. La autoridad de Bernarda se manifiesta desde el inicio de la trama, cuando obliga a sus hijas a guardar un luto tan riguroso como el que impone. La autoridad de Bernarda es, a su vez, una muestra de la influencia de la opinión social: obliga a guardar un luto riguroso a sus hijas por el miedo a “qué dirán” y por el ideal de conservar la honradez ante todo. Consecuentemente, asistimos a una noción de autoridad correspondiente a una visión clasista del mundo en donde cristaliza una moral social fundada en preceptos negativos, limitaciones y en la necesidad de defenderse, aislándose de esa vigilancia social y alienante.Acudimos por tanto a un marcado entendimiento de la decencia como sumisión a los designios del hombre y a la moral católica tradicional: “hilo y aguja”, “silencio”, “luto”, “virginidad”, “obediencia”…, son consignas clave para las hijas de Bernarda. Esta postura preeminente de Bernarda  se refleja también ante las criadas, las cuales deben aceptar con resignación el despotismo de su ama ya que no les queda otro remedio. La criada necesita del trabajo que ejerce en casa de Bernarda para sobrevivir, al igual que  Poncia, que además depende de Bernarda de forma más personal, ya que Bernarda es la única que sabe que  Poncia era hija de una prostituta, noticia que Poncia no quiere que salga relucir.En el universo cerrado de su casa Bernarda impone “su verdad” y el “orden” que le corresponde; ella es el “poder” absoluto, tan implacable que no sólo niega toda libertad sino también la realidad misma. Entonces, ya no sólo muestra un poder despótico que niega la libertad individual, sino que ahora también se ha erigido como un absolutismo capaz de todo por preservar sus primitivos valores, negando todo lo que no se ajuste a su orden.Como representación plenamente impregnada de la conducta totalitaria y opresora, así como en el resto de facetas de la obra, este carácter consta de elementos simbólicos que lo refuerzan y afianzan. Vendría a ser el caso del bastón que acompaña a Bernarda allí donde vaya. Es una alegoría del poder de Bernarda, el cual, no deja de ser golpeado o batido por ella para ordenar o reclamar la atención. Asimismo e ingeniado con el mismo motivo se percibe el uso de un lenguaje brusco y autoritario por parte de Bernarda, en contraste con un registro ostensiblemente más liviano de sus hijas, cuyas intenciones y propósitos se orientan hacia el deseo de libertad.

En contraposición al instinto de poder, surgirá el de libertad –representado esencialmente mediante la pasión sexual inherente de la juventud-. Este otro pilar básico de la dramaturgia lorquiana,  representado por las hijas (Adela especialmenteY enfocado desde la percepción de la locura (aún más irracional) por María Josefa, Este deseo de libertad hará peligrar la estabilidad del poder de Bernarda y los valores que pretende seguir y transmitir. Este riesgo, como suele suceder en los regímenes de este tipo, será el detonante de la reacción defensiva esencialmente represora de la autoridad.Por lo tanto, este elenco (las hijas y Mª Josefa) es víctima de la opresión y de la ausencia de libertad que coarta su realización personal. A pesar de ello encarnarán una gama de actitudes que van de la más pasiva sumisión a la rebeldía más abierta.Mientras que Mª Josefa y Adela intentan rebelarse y hacer frente a su dominio, Las demás hijas aceptan con resignación lo que ocurre. La relación entre los miembros de la unidad familiar, que en un contexto de cordialidad y tolerancia debería ser algo filial, ha mudado en otra de verticalidad. Tras años de exposición a las constricciones de Bernarda, han acabado por asumir su condición de inferioridad, con mayor o menor grado de aceptación, pero conociendo que viven bajo un techo donde han de acatar con celeridad las demandas de su madre.Obviamente, las circunstancias predisponen a, si no la incomunicación, muy parecido, una especie de monólogo, pues la autoridad no cesa la transmisión de su doctrina, mientras las réplicas serán desoídas y tachadas de insolentes. Se crea una frustración interna con la que se convive. Es por ello que Adela constituye el ejemplo perfecto de individuo pasional que se subleva contra un régimen autoritario a fin de satisfacer sus ansias de libertad, y lleva a cabo su insurrección, pues rompe el bastón del poder de Bernarda.  Entre estas dos fuerzas (poder y sexualidad), ambas con raíz en lo instintivo e irracional, sólo puede resultar la destrucción de una de ellas, ya que son incompatibles. Habitando en un universo organizado de este modo sólo caben dos opciones si se rehúsa someterse a la autoridad impuesta por Bernarda: la locura (escogida por María Josefa) o la forma extrema de rebelión optada por Adela, el suicidio, mostrando sendas ocasiones la desestructuración que implica ese código intransigente. Pero ni siquiera este acontecimiento catastrófico hace mella en el hermético mundo que Bernarda se obstina en mantener. Bajo una percepción global sobre el desenlace del conflicto apuntado por Lorca: autoridad y orden  versus libertad, deseo e instinto, siempre irreconciliables entre ellos, se obtiene que sólo generarán una frustración irreparable que culminará en tragedia.En suma, “La casa de Bernarda Alba” representaría una visión trágica de la tierra andaluza que plantea la posibilidad de pronunciarse contra un orden consolidado, opresor del individuo que impide la realización de sus ilusiones y deseos,  aunque según la obra  el desenlace de ello no es muy alentador. De la misma manera, se expone la imposibilidad de coexistencia de una identidad propia, individual y única con una sociedad que coarta y censura instintos básicos de la humanidad.

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