La poesía después de 1950

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El Modernismo es un movimiento cultural y literario que se introdujo en España de mano de Rubén Darío que lo importo desde Latinoamérica y supuso una renovación total de la poesía.La poesía modernista, género que más se adecúa al talante modernista, de carácter renovador se inspira en dos fuentes fundamentales que son la modificación de carácterísticas de la poesía ROMántica y la adaptación de las novedades de la poesía francesa, Parnasianismo y Simbolismo, cuyas consecuencias son, que el poeta se presenta como un ser perteneciente a la aristocracia del espíritu y adopta un estilo de vida bohemio. Debido a la concepción de la vida por parte del poeta se prolonga en el Modernismo algunos temas de Romanticismo como son la línea escapista a lugares exóticos y exquisitos y épocas pasadas y una línea íntima que les permite traducir el malestar del poeta con lo que le rodea. Debido a todo lo dicho anteriormente se desarrolla un estilo con el fin de conseguir la ansiada belleza mediante la musicalidad de los versos, una métrica innovadora con versos de arte mayor, irregulares y estrofas nuevas, un léxico muy rico para crear sonoridad y abundantes figuras retóricas como las aliteraciones y las sinestesias.; Rubén Darío, con Prosas profanas, se convierte en el modelo de los poetas de esta época.

La generación del 98 es una reacción contra el Realismo y el Naturalismo que se junta con una voluntad de innovación tanto en los temas como en las formas narrativas. Los escritores de esta generación ven en la novela el cauce adecuado para sus propósitos. Se centró en el tema de España, que lo abordan desde perspectivas muy diferentes que son el paisaje de Castilla, la intrahistoria (vida de una persona anónima), retorno a la literatura medieval y el tema existencial que abarca la preocupación por los temas relacionados con el sentido de la vida. Debido a estos temas estilo narrativo que se desarrolló se caracterizó por la sencillez y la claridad, presencia de un estilo personal por parte de cada autor, el alejamiento del Realismo, el empeño de expresar las emociones por parte del autor, visión de la realidad por parte del autor, el autor está omnipresente mediante el narrador, estilo sobrio, léxico valorativo y preferencia de relatos cortos.El teatro renovador del 98 se consiguió gracias a la elevación del nivel literario del teatro español que se convirtió en un teatro comercial, adaptado a los gustos de la mayoría del público pero que no consiguió dejar grandes obras. Destacan Fedra, de Unamuno; Lo invisible, de Azorín


El Novecentismo engloba a todos aquellos autores posteriores a la Generación del 98, los cuales tenían las mismas preocupaciones que sus predecesores, pero girando en un tono más intelectual y menos subjetivo, así fue que el principal género que se cultivó fue el ensayo. Se va a manifestar el liderazgo de Ortega y Gasset con su libro La deshumanización del arte en el que propone un alejamiento de los temas humanos, un estilo artificioso con una propuesta elitista para minorías. En cuanto al género novelístico,Ramón Pérez de Ayala con un estilo de gran elegancia escribe una serie de novelas en las que aprovecha para añadir continuas digresiones sobre temas variados. Destaca su obra de Troteras y danzaderas. Ramón Gómez de la Serna con El torero caracho y otras obras nos presenta un mundo irracional lleno de incoherencias con un estilo imaginativo y humorístico. También la revista fue un principal medio de difusión de las Vanguardias en España por parte de Ramón Gómez de la Serna con revistas como: “Proclama futurista a los españoles”. Es de consideración especial la influencia actual y posterior del modelo poético de Juan Ramón Jiménez, abriendo camino con su poesía pura en la que se aleja de los ropajes modernistas para buscar un tipo de poesía sencilla con la que nombrar la esencia de las cosas. Sobresale alguna obra como Diario de un poeta recién casado.

Las vanguardias son movimientos que surgen a principios del Siglo XX con un aire renovador, es decir, innovar en la producción artística. Éstas surgen y desaparecen con rapidez aunque la que más perduró fue el Surrealismo. En España tendrá su auge en los años comprendidos entre 1910 y 1925 aproximadamente, aunque serán de indudable influencia en generaciones siguientes, sobre todo en la del 27. Las principales Vanguardias, también llamados “Ismos”, fueron: El Cubismo, El Expresionismo, El Surrealismo, El Futurismo y el Dadaísmo. Ramón Gómez de la Serna se encargará de difundir estas corrientes renovadoras sobre todo a través de sus Gregerías y a través de revistas y tertulias literarias. Así surgen el Creacionismo una corriente literaria que pretende dotar de importancia al poema en sí, eliminando cualquier atisbo de sentido o significado del mismo, dentro de esta corriente, destaca el escritor chileno Vicente Huidobro. Como bien diría el escritor chileno, “cada autor es un pequeño Dios” esta frase resume la filosofía de esta corriente, que afirma que la poesía debe seguir una corriente natural y no imitar otras realidades. Ultraísmo no se ajusta a un tema ni un mensaje determinado, emplea constantemente la metáfora aunque con un sentido irracional, los poemas se escriben creando estructuras caligrámicas al estilo cubista, de tal manera que se componen mediante verso libre, estos poemas además incluyen temas que reflejan el mundo moderno, comprendiendo temas sobre deportes, maquinaria y cine.


En la década de los 20 alcanza su madurez una generación formada para homenajear y reivindicar la figura de Góngora en el tercer centenario de su muerte. Todos sus miembros estaban unidos por la amistad, su gran formación intelectual, a parte de sus talantes liberales y progresistas alimentados por los convulsos años que les tocó vivir y que culminarían con la proclamación de la Segunda República. La Guerra Civil y la defensa a la República les costaron la muerte o el exilio, truncándose así la mejor generación poética del siglo. En el ámbito de la poesía, la Generación del 27 no rompíó con el pasado sino que realizaron una integración entre elementos de la poesía moderna y contemporánea siguiendo la poesía pura de Juan Ramón Jiménez o la de la experimentación con Gómez de la Serna, usando el verso libre en muchas de sus composiciones y escribiendo poesía intelectual como Pedro Salinas, gran poeta del amor, (La voz a ti debida) , Jorge Guillén, quien más se acerca a la poesía pura y Vicente Aleixandre , con gran influencia surrealista, a la par que continuaron con la poesía tradicional, dada su admiración a los clásicos españoles como Garcilaso, Jorge Manrique, San Juan de la Cruz y el anteriormente mencionado Luis de Góngora, en especial, Federico García Lorca, quien ambienta sus obras en Andalucía con personajes siempre en conflicto,  y Rafael Alberti, de corte neopopular, entusiastas de la lírica popular y de cancionero. Bécquer y Rubén Darío influyeron también en Luis Cernuda, de gran influencia ROMántica.También emplearon formas métricas clásicas como sonetos, romances, décimas, etc. Y el empleo de poesía popular que marcó las obras de Federico García Lorca, Rafael Alberti y Gerardo Diego (Versos humanos). Salinas, apasionante poeta amoroso, Guillén, que se acerca a la poesía pura, y Alexandre, que tiende al Surrealismo, desarrollarán una poesía de corte más culto. La alianza de estas dos vertientes – tradicional y renovadora – logra en la generación un admirable equilibrio que los definirá. La poesía del 27 pasó por tres etapas correspondientes a distintas orientaciones poéticas. Poesía pura. Tenía el objetivo de desencadenar emociones intelectuales como artefacto de precisión rechazando temas humanos siguiendo el magisterio de Juan Ramón y Góngora. El resultado será una de forma cuidada y con el amor y la muerte como temas.Surrealismo y rehumanización. Tenía el objetivo de criticar el mundo exterior interésándose de nuevo por los conflictos humanos. Esta etapa estará caracterizada por la influencia del Surrealismo.Guerra Civil y exilio. Periodo de gran afectación a la Generación donde Lorca o Miguel Hernández (El rayo que no cesa) morirán y el resto se exiliará manteniéndose solo en España Gerardo Diego, Dámaso Alonso y Vicente Aleixandre y quienes tendrán un papel decisivo en la posterior poesía de postguerra. Esta poesía se diversificará según los autores y sus circunstancias
El teatro a principios del Siglo XX: destacamos la comedia benaventina, que tras el fracaso de El nido ajeno, en la que hace una crítica a las costumbres de la época, Jacinto Benavente opta por hacer obras en las cuales plantea problemas poco conflictivos en sus obras, adaptándose a los gustos del público. Su obra incluye comedia burguesas y dramas rurales y sus obras principales son La malquerida y Los intereses creados.Paralelamente, nos encontramos con la comedia costumbrista, marcada por los sainetes,, composiciones de tema humorístico y popular. Encontramos a Carlos Arniches con El Santo de la Isidra, en la que podremos encontrar los personajes más castizos del Madrid de la época y los hermanos Quintero con Malvaloca., que describe los tópicos de Andalucía. El mismo Arniches va a crear la tragedia grotesca, que describe con cierto aire crítico la sociedad en la que se nos presentas personajes caricaturescos y trágicos a la vez. Destaca La señorita de TréVélez. Igualmente, Muñoz seca impulsa la astracanada, mezcla de género chico y vodevil. Su obra más conocida es La venganza de don Mendo.También el teatro poético; escrito en verso e influido por el Modernismo y con las mismas carácterísticas ornamentales y de cierto conservadurismo temático, donde destacaron los hermanos Machado, con La Lola se va a los puertos o Eduardo Marquina con En Flandes se ha puesto el sol.La Generación del 98 llevó a cabo una serie de intentos renovadores, como por ejemplo Unamuno con Fedra, Azorín con Lo invisible y sobre todo Jacinto Grau con El señor de Pigmalión. Pero será Valle-Inclán quien destaque en este periodo. Se dice de él que supo ver más allá de su tiempo debido a: la originalidad de sus obras, debido a sus temas y estética diferentes, sus planteamientos radicales, la riqueza y expresividad de su lenguaje. Al inicio de su obra teatral Valle-Inclán entra dentro de la corriente modernista decadente. A su vez Valle inicia el ciclo místico con las Comedias Bárbaras, En estas obras aparecen personajes gobernados por instintos tremendamente fuertes, en un clima de supersticiones donde los episodios truculentos, cambios de escenario y de personajes se suceden sin parar. Este ciclo culmina con la obra Divinas palabras, donde Valle trata los temas de la avaricia y la lujuria. Simultáneamente Valle escribe las farsas, donde utiliza lo grotesco y la caricatura para ridiculizar a los personajes. Alrededor de 1920 Valle desarrolla el esperpento, un género propio basado en la deformación de personajes y valores, con el que denuncia diversos aspectos de la sociedad. Los personajes de este género son grotescos, semejantes a marionetas. Usa frecuentemente los contrastes. Una gran riqueza del lenguaje, que se aprecia en los distintos registros Las obras esperpénticas son la trilogía Martes de Carnaval y Luces de Bohemia, considerada su obra maestra.
Novela existencialista de los años cuarenta. Durante los años cuarenta, España se caracteriza por la represión política, el aislamiento internacional y la precariedad económica. Se publican novelas triunfalistas (relatan el conflicto desde la perspectiva de los vencedores) y las novelas de evasión (asuntos sentimentales), aunque en esta época destacan las novelas de corte existencialista en las que se describe una realidad crítica y dolorida de España .Dos novelas: La familia Pascual Duarte de Camilo José Cela, iniciando el tremendismo (se destacan los aspectos más crudos de la realidad) y Nada novela más existencialista escrita por Carmen Laforet.
Novela social de los años cincuenta A principios de los años cincuenta, surge en España la Generación del medio siglo, mediante la cual los miembros que la integran pretenden denunciar la situación social con el objetivo de que la gente tome conciencia de las injusticias y desigualdades, y que contribuya a su erradicación. Son años en los se inicia en España una apertura exterior y un mayor desarrollo económico. Esta novela social, opta por el objetivismo, mediante el uso de narrador oculto, un diálogo que refleja el habla coloquial, un protagonista colectivo (normalmente un grupo social) y un espacio y tiempo, que se encuentran concentrados en la novela. La obra carácterística de esta época es La Colmena de Camilo José Cela. En ella introduce innovaciones como la ausencia de un final preciso y la técnica caleidoscópica en la que la novela se encuentra dividida en secuencias o fragmentos autónomos. También podemos destacar obras como Los Santos inocentes o El camino de Miguel Delibes, quien retrata como nadie el mundo rural con su carácterístico estilo sobrio y sencillo, y El Jarama de Rafael Sánchez Ferlosio, en la que se introduce una técnica radiofónica, que consiste en reproducir conversaciones como si se hubiesen instalado una serie de cámaras en la novela. Sobresalen otros autores como Juan Goytisolo, con Juegos de manos o Ignacio Aldecoa, con El fulgor y la sangre; Carmen Laforet, con Entre Visillos; Ana María Matute, con Los de Abel, etc, todos ellos reflejan diferentes aspectos de la sociedad de su tiempo. Novela de los años sesenta y década de los setenta hasta la llegada de la democracia ( 1975) Por otro lado, en los años sesenta, la sociedad española irá experimentando una importante transformación debido a la industrialización, al turismo y a que se suaviza la censura, lo cual provocará una apertura a la influencia exterior, surgiendo así la novela estructural, cuyo objetivo es el de indagar en la personalidad del individuo a través de su conciencia y su contexto social .
En 1975 publica La verdad sobre el caso Savolta, una novela histórica y a la vez policíaca que aprovecha técnicas experimentales y las pone al servicio de la intriga y la acción.. Gran respeto para la crítica ha adquirido Javier Marías con obras como Mañana en la batalla piensa en mí, de prosa densa y parsimonia narrativa. También asiduo de la introspección y del monólogo interior, aunque con más tendencia a la intriga policíaca es Antonio Muñoz Molina, autor de títulos como El invierno en Lisboa . Otro autor de prestigio por la originalidad de su mirada es Juan José Millás, con obras como La soledad era esto. Y son muchos los autores importantes que podemos apenas mencionar, como Julio Llamazares, Rosa Regás, Luis Landero o Almudena Grandes, etc. Para terminar, hay que hacer alusión a una generación de autores más jóvenes, sobre cuya valía la crítica está muy lejos de ser unánime y a los que el tiempo permitirá juzgar con más perspectiva. Cultivan en general una prosa ágil con mucho diálogo y un lenguaje desenfadado que pretende retratar a una generación para la que el rock, las drogas o el sexo están en el centro de sus preocupaciones. Hablamos de autores como José Ángel Mañas (Historias del Kronen) o Lucía Etxebarría ( Beatriz y los cuerpos celestes.

Democracia ( 70 -2000) Por último, la década de los 70 en España se vive desde la perspectiva del agotamiento de la dictadura y la preparación de la transición (1975), por lo que hace que sea de gran influencia la literatura extranjera al producirse un mayor aperturismo político y social. En el ámbito literario, destaca la generación de los Novísimos, que supone un gran cambio con respecto a la poesía anterior, cuyos poetas, que se conciben a sí mismos como aristócratas e intelectuales cuyas manifestaciones principales se transmiten por medio de la poesía, entendida como una exhibición cultural y recogida en antologías, influidas temáticamente por los medios de comunicación y la poesía extranjera, así como por los experimentos vanguardistas (escritura automática, collage) y por el Modernismo, en el que sobresale el ritmo del lenguaje y el léxico culto. Sobresaldrían poetas como Gimferrer, Panero, Ana María Moix, José María Álvarez. Se produce una gran diversificación de tendencias y corrientes: culturista, con Antonio Colinas; clasicista, destacando a Antonio Carvajal;; experimental, con Fernando Millán; metapoétca, con Guillermo Carnero; intimista , con Álvaro Savador; épica, con Julio LLamazares etc.


Década de los cuarenta Se caracteriza principalmente por una negativa situación tanto al nivel nacional de una dura posguerra como de la internacional (II Guerra Mundial). En esta década se produce un aislamiento internacional y una división nacional que se traduce a sus vez en una división de la cultura en dos; una poesía arraigada de aquellos poetas afines al franquismo que evitan en sus poemas cualquier crítica o visitón negativa en la que destacan Leopoldo Panero y Luis Rosales, y una poesía desarraigada de aquellos que marcharon al exilio y claramente influida por el existencialismo filosófico, abogando por una poesía más directa, menos retórica y más comprometida con el ser humano. Destacamos así a autores como Miguel Hernández, con obras como El rayo que no cesa, Viento del pueblo (de estilo popular) y su libro póstumo Cancionero y romancero de ausencias (sobre la cárcel y la angustia por el destino de su familia).Otros autores de gran importancia, los cuales sobresalen por su ruptura temática y formal y una gran presencia del existencialismo, son Vicente Aleixandre con Sombra del paraíso, en la que el autor manifiesta su dolor ante el alejamiento del humano de la naturaleza y Dámaso Alonso con Hijos de la ira, donde el autor vuelca todo el dolor de aquella época. Década de los cincuenta Durante los años cincuenta se inició una cierta apertura al exterior y un desarrollo económico que mejoró las condiciones de vida que se vio reflejado en el auge de la poesía social, la cual pretende mostrar la verdadera realidad del ser humano y del país denunciando las injusticias y usándola como un instrumento para transformar el mundo. Se pasa así del yo al nosotros. Como tema principal destaca la preocupación por España y el recuerdo y la superación de la Guerra Civil, dirigíéndose así a la “inmensa mayoría” con un lenguaje directo y coloquial. Destacamos a poetas como Blas de Otero, con Pido la paz y la palabra, José Hierro que escribe Cuanto sé de mí y Celaya con su obra Cantos iberos. Década de los 60 La más dura etapa de la posguerra consiguió trazar profundas amistades entre los considerados “los niños de la guerra” destacando entre ellos a Claudio Rodríguez, con Salmos al viento, Ángel González , con Poemas Póstumos, Gil de Biedma, con Diecinueve figuras de mi historia civil. Los poetas sociales fueron una gran influencia para los libros de estos autores y se comenzó a ver a Machado como un modelo político y estético. Durante estos años la poesía pretendíó mostrar a la sociedad un punto de vista más personal para dar a conocer la realidad de la sociedad. Los temas se inclinaron hacia la experiencia personal y los aspectos cotidianos del día a día al mismo tiempo que desaparece la exaltación del lenguaje intentando sumir a los lectores en una versión de la poesía más intima y acogedora. Vuelve a haber, sin embargo, una preocupación artística del lenguaje poético.


La muerte de Franco en 1975 desde el punto de vista político es trascendental ya que supone el fin de la dictadura, el inicio de la transición, el restablecimiento de las relaciones con nuestros vecinos de Europa y en definitiva la normalidad democrática. Sin embargo, desde el punto de vista de la narrativa, es más cuestionable que suponga un verdadero punto de inflexión. Desde luego se escribe con más libertad, sin censura ni autocensura, pero las expectativas de una explosión de talento oculto tras la opresión franquista quedan frustradas. Un fenómeno importante son los innumerables premios literarios, que contribuyen a animar el panorama creativo. Si se quieren buscar algunos rasgos comunes a la rica y heterogénea variedad de las novelas de esta época, hay que mencionar en primer lugar un progresivo abandono del furor experimental de los 70 y una recuperación de la narratividad, del gusto por los argumentos nítidos, los personajes coherentes, la anécdota, la obra bien construida. También se revaloriza la novela de género, con auténtico auge de la novela negra y la histórica. En todo caso, se mezclan con libertad todos los subgéneros: novela rosa, ciencia ficción, humor… Sin perder de vista muchos de los hallazgos de la novela experimental anterior, con abundante uso de la introspección y el flujo de conciencia. La Guerra Civil, la posguerra o el mundo rural siguen siendo temas frecuentados, pero la vida moderna, la ciudad o incluso la tecnología, la música rock o las drogas se incorporan con naturalidad a los argumentos. Todavía en este periodo la figura de los grandes novelistas surgidos en los años 40 sigue siendo hegemónica. Camilo José Cela, escribe obras importantes como Mazurca para dos muertos. Gonzalo Torrente Ballester autor prolífico y de éxito con títulos como Filomeno a mi pesar. Por su lado, los autores de la generación del medio siglo, neorrelistas o realistas sociales, que en los setenta siguieron la senda de la experimentación, siguen publicando con regularidad y en algunos casos novelas de altísima calidad. Así, por ejemplo, Jesús Fernández Santos (Extramuros), Juan Goytisolo (Paisaje después de la batalla) o Juan Marsé (El embrujo de Shangai). También los autores de la denominada generación del 68, que nacieron literariamente en pleno auge experimental van a decantarse por una narrativa más tradicional sin abandonar la autoexigencia con novelas de mucha calidad. Es el caso de Manuel Vázquez Montalbán ( Los mares del Sur Pero se puede hablar de un grupo nutrido de autores que empiezan a publicar sus primeros libros importantes tras la muerte del dictador y que están ahora en plena madurez literaria. Por importancia y por ser, según la crítica, responsable en cierta medida de esa vuelta a la narratividad, hay que citar en primer lugar a Eduardo Mendoza.

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