Características de la novela de la dictadura

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La novela de la Generación del 98


Bajo la etiqueta de “Generación del 98” se conoce a un conjunto de pensadores, escritores,
científicos y artistas muy afectados por la crisis que azotó a España a finales del Siglo XIX. En
1898, con la pérdida de las últimas colonias, fue el momento de hundimiento del antiguo Imperio
español y el año en que este grupo tomó conciencia de lo apropiado que sería la renovación y
regeneración moral e intelectual de España.
De entre los miembros de esta generación, los novelistas más destacados son Miguel de
Unamuno, Pío Baroja, Azorín y Ramón del Valle-Inclán. La carácterística más acusada de sus
novelas es romper con los modelos anteriores, fundamentados en el Realismo, basándose para
ello en la experimentación (como Azorín y Valle-Inclán) o bien en la renovación del género
(como Baroja). Las novedades incluyeron a los temas, ya que los novelistas de la Generación
del 98 siempre prefirieron los temas de carácter filosófico, sobre todo los que afectaban al
hombre: su destino, sus angustias, el sentido de la vida, la impotencia para comprender ésta…
Quien mejor personifica todas estas carácterísticas es Miguel de Unamuno. En “Amor y
pedagogía” realizaba una sátira del mundo científico; en “Niebla”, por el contrario, la
protagonista era la niebla, inquietante angustia de los personajes que desfilan por ella. Otras
novelas suyas, como “La tía Tula” o “San Manuel Bueno mártir”, siguen centrándose en el tema
de las angustias vitales del ser humano. Más original, en la línea de la experimentación
novelesca del grupo, es la novela “Abel Sánchez”, centrada en la envidia.
Valle-Inclán comienza su etapa novelista muy influido por la estética del Modernismo, como se
observa en las cuatro “Sonatas”; pero su famosa vena esperpéntica salta enseguida, sobre todo
con “Tirano Banderas”, una caricatura sangrienta que supuso un gran prestigio a su autor. El
cinismo, la crítica y la visión grotesca de la sociedad continúa siendo el recurso central de Valle-
Inclán en el grupo de sus novelas ambientadas tanto en las guerras carlistas (“Los cruzados”,
“Gerifaltes de antaño”) como en las que fueron compuestas como crítica burlesca a la dictadura
de Primo de Rivera (“Viva mi dueño” y “Baza de Espadas”).
Azorín es un novelista más poético que sus compañeros de generación, mucho más influido por
la experimentación y por las novedades estéticas. La deliciosa obra “Las confesiones de un
pequeño filósofo” le sitúa también en la línea de preocupación por la vida del hombre que a sus
compañeros de generación.
Pío Baroja, por su parte, se une a esta preocupación recreando en sus novelas a un personaje
heroico que es objeto de una biografía novelada, siendo el protagonista absoluto, sin apenas
importancia del resto de personajes que le acompañan. Con este ingrediente esencia, Baroja
experimenta novelas que, en apariencia, son clásicas, realistas y de aventuras. Pero debajo de
ellas subyace un profundo conocimiento de la mente humana, de la preocupación por dotar al
personaje de un entramado intelectual y vital conforme a los gustos estéticos de la Generación
del 98. Muchas de las novelas de Baroja están agrupadas en trilogías temáticas; de todas ellas
destacan “Tierra vasca”, “Las inquietudes de Shanti Andía” y, sobre todo, “El árbol de la
ciencia”.

   

Poesía generación 27


Se puede partir de la idea de «grupo», observando como, frente a la denominada Generación del
98, los poetas del 27 sí presentan una gran cohesión, dada por la necesidad de modernización y
europeización del momento; la formación universitaria de sus miembros y la dedicación
académica de muchos de ellos; la Residencia de estudiantes de Madrid, como foco aglutinador; el
origen burgués y las ideas liberales; la irrupción de las vanguardias; la figura de Góngora, cuyo
centenario da nombre al grupo; las revistas literarias donde colaboran y publican…
La concepción poética presenta, en general, en todo el grupo una serie de carácterísticas
comunes: la tendencia inicial a la poesía pura que fue derivando hacia otra «impura», como la
llamaba Neruda, y humana, muy especialmente a partir de la irrupción del Surrealismo; una
poética basada en el rigor técnico sin desprecio de la inspiración; uníón de lo culto y lo popular,
junto a un interés nuevo por la poesía universal. Así, tradición y renovación se funden en su
poesía y, junto a la ruptura de las vanguardias, conviven los clásicos, Bécquer y toda la tradición
poética española.
Hay que aclarar, por otro lado, cómo el grupo, que funciona desde el principio de la década de los
20 hasta 1936, se disuelve tras la Guerra del 36, dividíéndose en trayectorias individuales.
a) Etapa de matriz vanguardista junto al neopopularismo.
b) Neogongorismo.
Estas dos etapas se engloban en el afán de lograr una poesía pura, en parte bajo el magisterio de
Juan Ramón Jiménez.
c) La irrupción del Surrealismo cambia la trayectoria poética del grupo, haciendo surgir lo que se
ha denominado como «poesía impura», que tiende su atención hacia la problemática del ser
humano y hacia el compromiso político (recordemos el peso de la figura de Pablo Neruda en este
sentido). Esta etapa, 1929-1936, es la última del grupo poético como tal.
d) Trayectorias individuales a partir de la Guerra del 36: exilio de algunos de sus miembros,
exilio interior de otros o la muerte.
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