Estructura de la rima

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ESTRUCTURA DE LAS RIMAS


Las Rimas son setenta y nueve poemas breves, de los cuales solo quince se publicaron en vida del autor. El propio Bécquer preparó el manuscrito para su publicación, pero ese original desapareció durante los tumultos sucedidos en 1868 (caída de la reina Isabel II). Posteriormente, el autor reprodujo los textos de memoria sin un orden determinado. Este volumen, fechado el 17 de junio de 1868, se tituló Libro de los gorriones con un epígrafe, Poesías que recuerdo del libro perdido. Tras su muerte, sus amigos prepararon una edición de las Rimas publicada en 1871 en la que los poemas aparecen ordenados en cuatro grupos:

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PRIMER GRUPO

En las rimas I a XI reflexiona sobre la propia poesía y el fenómeno espiritual de la creación literaria (aunque las rimas II, VI, VIII y las tres últimas recogen una temática amorosa).

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SEGUNDO GRUPO

En las rimas XII a XXIX el poeta trata el tema del amor y sus efectos sobre el alma. Son poemas con un marcado optimismo y una exaltación de la mujer ideal (la rima
XXI y XXVI están más vinculadas al apartado anterior)

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TERCER GRUPO

En las rimas XXX a LI aborda temas como la decepción y el desengaño amoroso. En ellas encontramos más marcadamente lo autobiográfico; su tono descarnado y los reproches y sarcasmos dirigidos a la amada desdeñosa le dan un tono nuevo, menos idealista, más verista e intenso.

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CUARTO GRUPO

En las rimas LII a LXXVI reflexiona sobre la soledad y la muerte. Contienen consideraciones del poeta, solitario, sobre la desilusión, la muerte, el destino aciago de los humanos… Algunas de ellas, no obstante, vuelven a tratar sobre el fracaso amoroso (LII, LIV, LV), por lo que sería más apropiado considerar que este apartado comienza con la rima LVI.

TEMAS DE LAS RIMAS


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. La poesía

Las ideas de Bécquer sobre la poesía son innovadoras y, en cierta manera, precursoras de movimientos poéticos posteriores (simbolismo), pero no constituyen una preceptiva poética sistemática. Además de reflexionar sobre ello en su poesía, Bécquer también lo hace en su obra en prosa: Cartas literarias a una mujer, en la “Introducción sinfónica” al Libro de los gorriones o en la reseña al libro La soledad de su amigo Ferrán.

• El sentimiento poético y el amoroso son equiparables: el ideal de poesía y el del amor se funden y confunden en la mujer ideal (rima IV).

• La poesía existe, para todo el que la sepa sentir, en el mundo natural, en ambientes misteriosos, en el ser humano… aunque nadie la escriba (rima IV). La poesía es concebida como la expresión inmediata de emociones o sentimientos que están más allá del poeta mismo y que sólo esperan al escritor que sepa formularlos.

• Esto implica que la vivencia poética es independiente y previa a la escritura del poema y el poeta es el que logra juntar ambas fases (rima V). El proceso poético de inspiración no es fácil; en algún momento Bécquer dirá “Cuando siento, no escribo”.

• Además, la lengua no es un medio demasiado apto para expresar lo sentido (rima I), pues Bécquer concibe la poesía como algo inefable y misterioso. Por ello, para traducirla a palabras, el poeta recurre a lo que el lenguaje tiene de sugerente, de simbólico: lo inmaterial solo se puede expresar, o mejor intuir, a través de lo etéreo o incorpóreo, de ahí las alusiones a suspiros, sonrisas, colores, música…

• El poeta se rinde ante la evidencia de que en el sentimiento poético lo real y lo imaginario, lo vivido y lo soñado se confunden; opta por expresar el ideal: la mujer ideal, el mundo ideal, el ideal poético… en un intento de comunicarse con lo que los románticos denominaron “espíritu universal” o “alma del universo”. En la rima I escribe: himno gigante y extraño / que anuncia en la noche del alma una aurora.

• En la reseña de La Soledad (1861), Bécquer distingue entre dos tipos de poesía: una, “magnífica y sonora” y otra, “desnuda de artificio” por la que él se decanta y que define su estilo.

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. El amor gozoso y la mujer ideal

Aunque su concepto de poesía preludia la poesía posterior, cuando trata el tema del amor aparecen diversos tópicos románticos. El amor se identifica con la mujer, pero es una mujer próxima, a diferencia de otras mujeres románticas. La mujer es la expresión máxima de la belleza, pero no es más que un ideal, porque resulta inaccesible, es un misterio o se desvanece, por lo que el resultado final no es otro que la desilusión, la angustia, la soledad y la muerte. Cuando Bécquer canta el amor pleno y gozoso (en la primera parte de la obra), toda la naturaleza participa de ese amor, más aún todo el universo se hace eco del amor. De un amor así solo puede ser depositaria una mujer extraordinariamente bella. El paradigma de mujer es el paradigma de la belleza, y, también de lo poético; las cualidades de su hermosura solo pueden ser comparadas con la hermosura que se observa en la naturaleza. Entre el poeta y la amada se establece una relación de comunicación interna, de común unión, hasta el extremo de presentirse el uno al otro (rima XVI y XXVIII) o identificarse (rima XXIV). En su platónico amor, el poeta acabará por desear una mujer igualmente ideal; no es suficiente poner su amor en una mujer de carne y hueso, aunque encierre pasión y ternura a raudales: no es ese tipo de mujer al que se busca, sino aquella formada de sueño y niebla. Por este camino, la mujer se transforma en algo etéreo, en símbolo del ideal imposible. Dentro de esta línea de perseguir lo inmaterial y etéreo es como se puede luego llegar a comprender la identificación de la mujer con otra modalidad de lo inefable: la poesía (rima XXI). Y, si la poesía es inefable a causa de la insuficiencia del lenguaje, y apenas pude ser expresada si no es a través del amor, del mismo modo la idealización de la mujer, dada esa insuficiencia de la palabra, apenas puede ser descrita si no es a través de lo poético. De modo que amor, mujer y poesía se identifican por completo y pasan a designar la misma realidad que es igualmente inefable e inalcanzable. De ahí la imposibilidad de la descripción física de la mujer.

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. El dolor del amor

El desengaño y la tristeza causada por el olvido del amor es, pues, el centro temático del segundo grupo de composiciones, ya presagiado por la rima XXVI, cuya ubicación desentona dentro de la luminosa claridad de los poemas anteriores. De la plena identificación en las voluntades de los amantes de los poemas anteriores se pasa ahora a una oposición tú/yo dolorosa. El desamor y la separación son consecuencia del orgullo (rima XXX), lo que provoca la ruptura completa y total. Se busca la culpa: ella no supo ver el valioso fondo de su enamorado, lo que puede estar relacionado con el carácter de insatisfacción permanente del poeta; él no valoró otras cualidades de la amada, al dejarse deslumbrar exclusivamente por su belleza física. La intensidad del sentimiento amoroso viene expresada de manera proporcional a la intensidad del dolor producido. Cuando se desmorona el mundo ideal solo le quedan la soledad y la desesperación, que son puestas de relieve con tonos de amargura y sarcasmo; aquel amor apasionado es considerado como un “trágico sainete”, porque ha idealizado el amor al darle forma a lo que solo es un fantasma (rima L). El desengaño producido por el amor imposible también es puesto de relieve con el contraste entre la luminosidad de los poemas de amor gozoso con los que ahora designan dolor y sufrimiento. Aquí son abundantes las expresiones que denotan ese cambio de tono: “sombra oscura”, “noche de dolor”…

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. La desolación y la muerte

En la última parte de la obra, la más amplia, trata Bécquer temas como la soledad, la angustia de vivir, el misterio del hombre, la muerte… Si bien todavía hay alusiones al fracaso de la experiencia amorosa (rimas LV, LXVII, LXVIII…), son más las composiciones que se centran en la descripción de la desolación, angustia y ansias de muerte producidas por la ausencia del amor. En efecto, sin amor, los días pasan monótonos y la vida carece de todo sentido, y solo el dolor, la experiencia del dolor, parece despertar la conciencia del existir. El escepticismo se hace presente y va ganando cada vez más terreno. El poeta concibe su vida como un erial, como un existir en el que solo se pueden recoger desgracias y sinsabores. Y ante el desengaño y la frustración del amor prometido como eterno por la amada, el amante pretende ejemplarizar que solo el dolor sí es eterno. Pero no deja de ser una falacia, un nuevo engaño, pues el tiempo, el simple transcurrir del tiempo, le hace caer en la cuenta de que no puede haber nada constante en lo que es humano (rima LXIV). En estas perplejidades y angustias se va consumiendo febrilmente su vida, mientras la soledad se va haciendo cada vez más absoluta. Al mirar hacia el pasado se puede decir que solo se ha experimentado el sufrimiento. En el futuro el poeta se concibe a sí mismo como un “huésped de las tinieblas” (rima LXXV) que se consume en presagios de una muerte en desamparo. Son versos en los que parecen resonar los ecos de sentimiento de desengaño, íntimo, existencial, típico del hombre barroco. Bécquer coloca en un mismo plano la cuna y la sepultura, para poner de relieve la fugacidad del tiempo, para poner de relieve qué sentido tiene una vida sin amor, señalada por el dolor y el olvido. El tema de la muerte se hace más obsesivo en esta última parte de las Rimas. Aunque en ocasiones la desea como una liberación de todos los pesares (rima LXXVI), en otros poemas manifiesta un angustiado terror no tanto a la muerte en sí misma, sino al lo que esta lleva consigo: la soledad y la desaparición de la memoria individual y colectiva, de que no quede otra cosa de su transcurrir por la tierra que una tumba “donde habite el olvido”.

ESTILO DE BÉCQUER


1.Influencias


En sus inicios, Bécquer bebe de los hallazgos retóricos y estilísticos de Espronceda, sobre todo en El estudiante de Salamanca (poema narrativo romántico) y de la base romántica generada con la biblioteca de su madrina con quien se educa tras quedarse huérfano. Las obras de Campoamor, sobre todo Las Doloras, habían acostumbrado al lector burgués de la época a una poesía de expresión directa y breve. Sus amigos Antonio Trueba (Libro de los Cantares, 1852) y Augusto Ferrán (La Soledad, 1861) se encargan de rehabilitar la poesía popular, sobre todo la andaluza. Bécquer la considera la “síntesis de la poesía”; de ella recoge la precisión, una métrica asonante más libre y sencilla que la empleada hasta entonces y el uso de recursos de repetición como paralelismos, anáforas, estribillos… que son fundamentales en la estructura de las aparentemente espontáneas y fáciles composiciones de Bécquer. Otra de las influencias en la poética de Bécquer se produce tras la penetración de la poesía del alemán Heine, base de la lírica de lo vago e inexpresable; breve y de fuerte carga sentimental, esta poesía marcará el estilo de muchos poetas españoles de los años 50 y 60 llamados precisamente “escuela germánica” por sus contemporáneos. Su obra supone una síntesis genial de todas las influencias señaladas y una superación de las mismas con un estilo personal fruto de su genial capacidad creadora.

2. Características y recursos formales de las Rimas:

A pesar de que Bécquer parte de la imposibilidad de comunicar lo sentido, plasmándolo en poemas, selecciona de entre todos los recursos de la lengua aquellos que mejor le permiten reflejar lo inefable: • Brevedad, como en las baladas de Heine y las canciones y coplas populares, fruto de su voluntad de estilo.

• Aparente sencillez y real antirretoricismo. Bécquer realiza numerosas versiones y correcciones de sus composiciones, muestra de que las Rimas no son espontáneas, sino que la sensación de naturalidad y sencillez que dan al lector es consecuencia de un trabajo exhaustivo de selección léxica; esto permite una expresión sencilla y concreta, de sintaxis simple y directa, repetición de los temas básicos. Sin embargo, la sensación de sencillez y espontaneidad existe conseguida por Bécquer mediante la supresión de los adjetivos y la potenciación de los sustantivos y los verbos, como en la lírica popular (rima XVII).

• Repeticiones no solo en los temas, sino en las estructuras: paralelismos, anáforas y estribillos, y también en determinadas palabras claves y ritmos. Todos estos recursos de repetición ordenan simétricamente los versos y las estrofas paralelísticas como sucede en la lírica popular, lo que favorece que se recuerden mejor y den sensación de unidad. Al mismo tiempo, permiten el enlace de largas series de metáforas y símiles que, al tener el mismo término real, lo transmiten con mayor efectividad: Yo soy (…), yo soy (…), yo corro (…), yo busco (…), yo en fin soy (…) (rima V). En ocasiones, se da también una repetición reiterada de conjunciones (polisíndeton).

• Predominio de la función apelativa, pues el yo-lírico apela al tú, dándole mayor verismo a la transmisión de sentimientos. Tú eras el huracán y yo la alta torre…

• Los finales de las poesías suelen ser la culminación del tema, los subtemas y los sentimientos que han ido planteándose en las sucesivas estrofas. Suele tener una variante del estribillo que sorprende al lector y lo obliga a concentrar su atención en lo conceptual y explicativo, resumen de toda la rima. El final puede ser una estrofa entera que remata las anteriores o un verso, siempre de pie quebrado. Volverán las oscuras golondrinas cuyo final es así… no te querrán (rima LIII)

• Técnica simbolista con la que Bécquer se adelantó muchos años al Simbolismo como corriente literaria propiamente dicha (Francia, 1885) e influyó en autores posteriores como Juan Ramón Jiménez, Machado, Cernuda… Se trata de identificar la naturaleza o el ambiente con el estado de ánimo del poeta, pues establece correspondencias entre elementos físicos que le rodean (arpa, rincón, atardeceres, olas, viento, luz, campanas, tumba…) y sus propios sentimientos, transformando tales elementos en símbolos con los que intenta expresar lo más inefable del interior humano y de la realidad misma, aquellos conceptos que el “mezquino 15 idioma” es incapaz de transmitir. Véase, por ejemplo, la rima X en la que la naturaleza simboliza “el amor que pasa”.

• Otros recursos frecuentes en las rimas:

a) Hipérbatos (es frecuente, por ejemplo, que se antepongan los complementos al nombre: “Del salón en el ángulo oscuro” o “de tu jardín las tapias a escalar”).

b) Antítesis (además de la oposición yo-tú antes comentada, son también frecuentes otras como risa/llanto o vivir/morir). En algunos poemas, más que de antítesis cabe hablar de gradación temporal, por ejemplo mañana/tarde.

c) No son raras las metáforas (simples, de tipo A es B) y son muy frecuentes las comparaciones. Es frecuente que tanto unas como otras se construyan sobre elementos naturales (agua, fuego, aire, tierra, luz…).

D) Abundan también las exclamaciones e interrogaciones retóricas

3.Métrica de las Rimas


Frente a la variedad métrica que recorre todas las escalas de versificación y la marcada y retumbante musicalidad de las composiciones típicamente románticas, las Rimas se caracteriza, en líneas generales, por su brevedad y sencillez, producto, en muchos casos, del interés y gusto de Bécquer por mezclar poesía culta y popular. Sus versos tienen evidente parecido con coplas y cantares, pero se encuentran fuertemente estilizados, alejándose con ello de la elementalidad de la poesía popular. Así, por ejemplo, utiliza en ocasiones estrofas clásicas (octava real, serventesio, quintilla), pero son más frecuentes las combinaciones de endecasílabos y heptasílabos (o decasílabos y hexasílabos) en estrofas breves como en la lírica tradicional, así como el empleo de estrofas populares como la copla asonantada o la seguidilla. Rasgo general de sus versos es la preferencia por la rima asonantada, evitando la sonoridad estridente del Romanticismo. El ritmo poético obedece a la estudiada distribución de los acentos en el verso, lo que proporciona a los poemas una tenue musicalidad. Son numerosos los encabalgamientos, que, sin llegar al prosaísmo, dan sensación de mayor naturalidad. Los poemas suelen ser breves, a veces solo una escueta reflexión sentenciosa, y, muchas veces, parecen quedar truncados al errarse con un verso quebrado que condensa la idea expresada y abre nuevas sugerencias. Los más extensos utilizan normalmente el paralelismo como técnica para estructurarlos (correlaciones bimembres o trimembres, antítesis, anáforas, repeticiones…). No es extraño que sus diversas estrofas, con preferencia por las de cuatro versos, concluyan también con un pie quebrado. De este modo se puede decir que Bécquer, con el empleo de estructuras métricas breves, la utilización de un léxico caracterizado por sus connotaciones etéreas, evanescentes, el uso del paralelismo, antítesis, y por el empleo de la comparación, entre otros recursos literarios, consigue una poesía breve, seca, aparentemente sencilla y espontánea, pero con una gran capacidad para despertar ideas y sentimientos sugeridos como en voz baja, en íntimo susurro confidencial.

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