Ideal estilistico de los realistas

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RASGOS GENERALES DE LA LITERATURA DE PRINCIPIOS DE SIGLO:


Aunque las actitudes de los autores de finales de XIX y principios del XX son muy variadas, manifiestan inquietudes comunes de índole espiritual y social. De estos escritores destaca su afán por ser originales, la rareza e incluso la extravagancia. El modernista manifestaba no solo su deseo de provocar, sino también su oposición al asfixiante conformismo. El artista  sentía  al margen de la sociedad. Existe un paralelismo entre la rebelión romántica contra la sociedad posterior a la primera revolución industrial y su expresión en el campo de las ideas, el pensamiento de la Ilustración y la que se produce ahora frente al desarrollo capitalista. Paralelamente al gusto romántico por las épocas pretéritas los modernistas vuelven los ojos al pasado medieval o a la Grecia clásica. Este primitivismo los lleva a revalorizar lo antiguo, pero no como una recuperación del pasado, sino renegando de la historia y deseando encontrar la verdad en lo imperecedero. Los considerados miembros de la Generación del 98 defienden un nuevo mito: el de la antimercantil, austera y espiritual Castilla, en la que ven la esencia de España y donde buscan antiguos valores en trance de desaparición. Toledo es el escenario de dos de las novelas más representativas de principios de siglo: “Camino de perfección”, de Baroja, y “La voluntad”, de Azorín. Esta ciudad anclada en el pasado y por la que el tiempo parece no transcurrir manifiesta tanto la conciencia de decadencia como la fascinación ejercida por la idea de la muerte. El decadentismo es otro rasgo del arte modernista. Hay una especie de complacencia en lo mortecino y ruinoso. La crítica antimodernista usaba el epíteto decadentes de forma denigratoria, pero los nuevos escritores asumen orgullosamente la decadencia y presentan la evidencia de la nada que aguarda como un signo de rebeldía ante una civilización que exalta el triunfo y la apoteosis de lo material. Esa impresión de decadencia afecta a gran parte de los nuevos escritores. Se extiende una sensación de hastío vital (estado depresivo)
, que expresa en el escepticismo, el pesimismo, la insatisfacción, el descontento, la desconfianza en los gobernantes…Al lado de la angustia, el dolor y la muerte, es muy frecuente en la literatura modernista la aparición del erotismo, expresión máxima del anhelado vitalismo. El amor puede ser apacible y el sexo concebirse delicadamente. Pero se puede tratar  también de una sensualidad desbordada en la que el erotismo convive con la voluptuosidad refinada y, a veces, con lo obsceno, lo perverso y hasta con lo demoníaco. Y en este sentido se comprende la atracción hacia lo marginal, presente en toda esta literatura: prostitutas, bebedores, delincuentes…El rechazo por la vulgaridad se manifiesta por lo exótico, que se busca en las civilizaciones asiáticas, en el mundo musulmán y en las antiguas culturas. El cosmopolitismo, es el gusto por los viajes, por conocer gentes y lugares distintos. Ese deseo de saltar por encima de las fronteras une a modernistas, socialistas y anarquistas, al expresar su oposición a la sociedad burguesa: la patria. La insatisfacción con el mundo es también la causa de la angustia existencial que lleva a estos escritores a buscar lo trascendente más allá de lo aparente, búsqueda que se manifiesta en un espiritualismo torturado, en la identificación de Dios con la Naturaleza, panteísmo, en el interés por los fenómenos inconscientes o subconsciente y en la curiosa afición a las doctrinas esotéricas.
Este anhelo de trascendencia conduce a una nueva estética en la que se exalta la belleza como ideal prioritario. El artista siente que participa del poder creador del universo y que es capaz de penetrar en lo absoluto e infinito. El esteticismo es un culto casi religioso a la belleza. La poesía se considera el arte supremo. El poeta pretende aunar en sus textos el cromatismo de la pintura, la plasticidad de la escultura y los sonidos de la música. La poesía se concibe como búsqueda de la armonía, de lo absoluto, de la unidad. 


PENSAMIENTO Y CULTURA EN LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XIX: REALISMO Y NATURALISMO: Positivismo:


no existe más realidad que los hechos perceptibles. La observación rigurosa y la experiencia son los instrumentos esenciales de la filosofía positivista.

Evolucionismo:

los seres vivos resultan de la evolución y de la adaptación al medio. En la segunda mitad del siglo XIX, el Marxismo estudia la sociedad capitalista desde principios materialistas. Rasgos de la literatura realista:

Observación y descripción precisa de la realidad:

es el principio básico del realismo al que obedece su propia denominación.

Ubicación próxima de los hechos:

los autores realistas escriben sobre lo que conocen.

Frecuente propósito de crítica social y política:

los autores conservadores  describen la realidad para mostrar su degradación. Los progresistas muestran las lacras sociales.

Estilo sencillo y sobrio:

Los realistas rechazan la pomposa retórica romántica. El ideal de estilo es la claridad y la exactitud.

Predilección por la novela:

El género literario por excelencia es la novela. Los rasgos de la novela realista son:

Verosimilitud:

Las historias son como fragmentos de la realidad.

Protagonistas individuales o colectivos:

Los protagonistas son individuos que se relacionan problemáticamente con su mundo o grupos sociales completos que permiten al novelista dar una visión global de la sociedad contemporánea.

Narrador omnisciente:

El narrador maneja por completo los hilos del relato; sabe lo que va a suceder, conoce los pensamientos de los personajes.

Didactismo:

Los autores pretenden ofrecer una lección moral o social.

Estructura lineal:

Los hechos transcurren de forma lineal en el tiempo.

Descripción minuciosa:

Las descripciones de exteriores e interiores y de los mismos personajes son extremadamente detalladas.

Aproximación del lenguaje al uso coloquial:

El lenguaje narrativo se aproxima a la lengua de la conversación. El Naturalismo es una corriente literaria que se desarrolló durante el último tercio del siglo XIX, fundamentalmente en Francia. Su principal impulsor fue Émile Zola, que pretende que la literatura se convierta en otra ciencia cuyo objeto de estudio es el medio social. El hombre no es libre, puesto que está condicionado por su herencia genética y por el ambiente social en que se mueve. El novelista, se asemeja con el científico, experimenta con sus personajes para comprobar cómo se modifican sus reacciones según cambian las circunstancias.

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