La narrativa española desde la posguerra hasta finales de los años 60

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  1. ALGUNAS CALAS EN LA NOVELA DE LA ESPAÑA DEMOCRÁTICA Las repercusiones del fin de la dictadura en la vida literaria española fueron evidentes: desaparición de la censura, recuperación de los autores exiliados, apertura hacia la literatura extranjera, latinoamericana, fundamentalmente, también europea y norteamericana; también se dio un impulso político a la creación literaria en las distintas lenguas peninsulares, a través de una generosa política de subvenciones oficiales a autores, multiplicación de premios, certáMenes literarios y ferias del libro.Cambia también el tratamiento del libro en  especial  de la novela en la sociedad de masas, ya que se convierte en un producto de consumo más que permite en algunos casos tiradas de varios centenares de miles e incluso millones de ejemplares (best-sellers).Tras la muerte de Franco y la llegada de la democracia, después de 1975, la desaparición de la censura enriquece la narrativa con argumentos y asuntos que en años anteriores no podían ser novelados o que requerían de la pericia del novelista para camuflarlos.Algunas de las tendencias de este periodo se caracterizan por una reacción contra la complejidad experimental de los años 60, a la vez que se produce un viraje hacia la concepción realista de la novela. Se habla de Realismo renovado.Tendencias de la novela de los 70 y 80.Una obra clave de esta nueva perspectiva será La verdad sobre el caso Savolta (1975) de Eduardo Mendoza, que reivindica el placer de narrar. Un relato con intriga, aventura, enredo amoríos, elementos propios de la novela folletinesca. A partir de este momento lo que interesa es contar una historia, y la trama, el argumento es el eje. Por lo general vuelven a la concepción clásica, se narra una única acción y de forma lineal.Las novelas que ejemplifican esta tendencia son  Te trataré como a una reina  de Rosa Montero; Los delitos insignificantes (1986) de Álvaro Pombo, Luna de lobos (1985) de Julio Llamazares, La ciudad de los prodigios (1986) de Eduardo Mendoza o Bélver Yin (1986) de Jesús Ferrero.Incluso se  vuelve por lo general al relato cerrado y de final explícito, como En días como estos (1981) de Lourdes Ortiz.Hay un cambio significativo hacia las personas tradicionales del relato, predominan los relatos en primera y tercera personas. La segunda sólo permanece en algunos autores consagrados que han participado de determinados hallazgos y renovaciones del experimentalismo, como es el caso de Gonzalo Torrente Ballester en La isla de los jacintos cortados (1980).Estas novelas del Realismo renovado ponen al descubierto los atributos del hombre de hoy, la confusión del hombre moderno obligado a reflexionar sobre la realidad que le rodea, a buscarle un sentido porque ha perdido la fe en aquellos valores que garantizaban y explicaban el mundo. Los personajes de esta novela son personajes desvalidos, inseguros, desorientados, en busca de su propia identidad.En la actualidad se  observa, además de esta tendencia del Realismo renovado,  una gran libertad y diversidad de tendencias. No debe olvidarse que la novela es objeto de consumo en una oferta muy diversificada del mercado editorial. Repasemos algunas de estas tendencias:Metanovela. El narrador reflexiona sobre  los aspectos teóricos de la novela que suele trasladar a la ficción como tema o motivo del relato. Uno de los recursos habituales que usan los novelistas es la invención de un personaje escritor  o profesor de Literatura o perteneciente al mundo  editorial que indaga y dialoga sobre temas literarios, sobre cómo se debe escribir una novela. Algunos ejemplos: La orilla oscura, deJosé Mª Merino; Juegos de la edad tardía deLuis Landero; El vano ayer deIsaac Rosao Papel mojado, deJuan José Millás.Novela histórica. Se trata de un subgénero muy valorado por los lectores. Se  enmarca dentro de una tendencia europea que recupera a viejos maestros como Robert Graves, Margarite Yourcenar y  Gore Vidal o nuevas formas como El nombre de la rosa de Umberto Eco. Se trata de un tipo de novela, por lo general, de gran precisión histórica que obliga al novelista a documentarse sobre el período, acontecimientos y personajes sobre los pretende novelar. Junto a la novela histórica cuyo principal cometido es reflejar fielmente unos determinados acontecimientos, aparece otra que pone en cuestión la interpretación de esos hechos y establece una verdad nueva o distinta, como en las novelas de Vázquez Montalbán o Javier Cercas. Dentro de esta tendencia, podemos citar: Corazón helado de Almudena Grandes; El manuscrito carmesí, de Antonio Gala; Galíndez, de Manuel Vázquez Montalbán; El hereje, de Miguel Delibes; El capitán Alatriste de Arturo Pérez Reverté; Los girasoles ciegos de Alberto Méndez
    ; Soldados de Salamina o Anatomía de un instante deJavier Cercas.Novela de intriga y policíaca. En la década de los 70 se produce una invasión de traducciones de novela negra europea y norteamericana. Autores españoles como Andreu Martín o Juan Madrid adoptarán estos modelos y los adaptarán, y en otros casos, los transgredirán para servir a otros fines (la serie de novelas del detective Pepe Carvalho de Manuel Vázquez Montalbán como crónica sociopolítica, mordaz e irónica, de la transición democrática.) o Alicia Giménez Bartlett con la saga de libros de la inspectora Petra Delicado. Otras obras son: La tabla de Flandes, de Arturo Pérez Reverté, El invierno en Lisboa de Antonio Muñoz Molina, El alquimista impaciente de Lorenzo Silva; La sombra del viento de C. Ruiz Zafón.Novela neorrealista o de la generación X. Este tipo de narrativa estuvo de moda durante los años que van desde la caída del muro de Berlín (1989) hasta el 11 de Septiembre de 2001, momento en que el Nihilismo de esta generación de escritores perdíó el favor de los lectores. Su interés temático se centró en la representación de la conducta de los entonces jóvenes adolescentes, sus salidas nocturnas en las grandes ciudades, el uso y abuso de drogas, del sexo, del alcohol y de la música rock. Son obras representativas de esta tendencia Historias del Kronen (1994), de José Ángel Mañas, que inauguró esta tendencia; Héroes, de Ray Loriga; o Amor, curiosidad, sexo, Prozac y dudas, de Lucía Etxebarría.Novela lírica.  El  valor  esencial  es  la  calidad  técnica  con  que  está  escrita,  la  búsqueda  de  la perfección formal: La lluvia amarilla, de Julio Llamazares; La fuente de la edad, de Luis Mateo Díez; El lápiz del carpintero, de Manuel Rivas.Novela autobiográfica. De Javier Marías Corazón tan blanco; Ardor guerrero de Antonio Muñoz Molina. Muchas de estas novelas se han ocupado de los años del franquismo y de la lucha contra la dictadura (El río de la luna, de José Mª Guelbenzu) y también del desengaño por la transición política (Los dioses de sí mismos, de Juan José Armas Marcelo).Novela culturalista. En los últimos años han aparecido una serie de autores jóvenes que hacen una novela que se ocupa de analizar y explicar diferentes aspectos de la cultura occidental desde unas posturas bastante eruditas. Es lo que hace Juan Manuel de Prada en Las máscaras del héroe o La tempestad.Novela erótica. La primera colección editorial dedicada exclusivamente a este tipo de literatura surgíó a finales de 1978, cuando Tusquets creó el premio La Sonrisa Vertical. Destacan las obras de Esther Tusquets El mismo mar de todos los veranos, Almudena Grandes, representante de las mujeres de una generación posfeminista (Las edades de Lulú).Novela de ciencia-ficción. Muy simplificadamente, la novela de ciencia-ficción plantea un argumento verosímil, y casi siempre futuro, basado en ingredientes divulgativos y fantásticos. A finales de los 80, este género empezó a tener una gran demanda en España, sobre todo entre los lectores jóvenes. Sin embargo, la mayor parte de las obras que se publican en España son traducciones de los éxitos de ventas en el mundo anglosajóEntre las voces más valoradas está la de Elia Barceló, quien al mezclar en su obra El vuelo del hipogrifo recursos del género policíaco, fantástico, caballeresco, pastoril y folletinesco, inauguró, junto con Sangre a borbotones, de Rafael Reig, una tendencia narrativa que ha recibido el nombre de Román fusión, mezcla desmitificadora de géneros.En general, desde un punto de vista ideológico, estas novelas rechazan los códigos éticos y morales. Existe un marcado individualismo de los autores: los escritores no forman hoy grupos porque no existe una tendencia clara por afinidad estética o ideológica que los aglutine. Ante los problemas colectivos manifiestan una mirada distanciadora, un tono humorístico o de amargo cinismo que, a veces, se manifiesta como trivialidad. Las preocupaciones existenciales, los problemas en la realización de la propia personalidad (se habla de neorromanticismo, de «apoteosis de lo privado») siguen siendo los motivos que prevalecen, como la soledad, la dificultad de las relaciones interpersonales, la intimidad, el amor, el erotismo o la muerte.
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