Los personajes de max estrella y don latino en luces de bohemia

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Luces de bohemia, primer esperpento publicado en 1920 en la revista España, es una obra por la que transitan más de cincuenta personajes a los que el propio autor calificó de “enanos o patizambos que juegan una tragedia”. Procedentes de diversas clases sociales —poderosos, marginados, bohemios…—, de todos ellos sobresalen los dos principales: Max Estrella y don
Latino.
Valle-Inclán elabora los rasgos básicos y biográficos del protagonista de Luces de bohemia a partir de la figura de Alejandro Sawa, periodista andaluz amigo personal del autor que murió en 1909 y que ha sido considerado como la personificación de la bohemia por parte del vanguardista Ramón Gómez de la Serna. Sus similitudes con Max Estrella son numerosas: ambos eran escritores, estaban casados con mujeres francesas y murieron ciegos, locos y en la más absoluta miseria tras recibir una carta donde se prescindía de sus servicios en el mundo del periodismo. Max, descrito en ocasiones como un héroe clásico, es un poeta frustrado cuya obra no ha obtenido éxito, por lo que no gana lo necesario para poder subsistir. Vive en una sociedad insensible a la obra literaria y se siente superior, tanto intelectual como moralmente, al mundo burgués. Max Estrella se puede entender como un alter ego de Vallé- Inclán, dado que sus discursos reflejan muchas de las opiniones, valoraciones y críticas que el autor sosténía sobre la sociedad española. Max es un personaje extremadamente complejo y lleno de contradicciones. Su ceguera, que nos recuerda a la de Homero, no le impide ver el sufrimiento del pueblo y las injusticias 9 proferidas por los gobernantes, por lo que se siente profundamente impotente ante la miseria intelectual y moral de España. Sin embargo, su carácter no está exento de incongruencias. Como hemos afirmado, es crítico y denuncia la tiranía, pero también sucumbe al poder aceptando una paga del ministro que gastará en champán, mientras su familia sufre penalidades. Es decir, censura la corrupción política, pero acepta una pensión vitalicia. Max Estrella podría haber llegado a ser un personaje trágico, pero la sociedad que lo rodea es tan cruel y grotesca que convierte su vida heroica en una existencia patética y absurda. Su degradación se refleja en la muñequización a la que lo somete el propio autor. En este sentido, Max, como si fuese un fantoche o un pelele, es estafado por Zaratustra, engañado por don Latino y encarcelado como un vil delincuente. Incluso su muerte es ridícula, pues será confundida primero con una borrachera y finalmente con una catalepsia. En cuando a don Latino, se ha discutido mucho sobre qué personaje real puede esconderse tras el asiduo acompañante de Mala Estrella.  De hecho, Sawa solía ir acompañado de un can y, curiosamente, Valle echa mano de los recursos del esperpento para caracterizar a don Latino como un perro. Este personaje fundamental debe entenderse como un desdoblamiento del protagonista. Si Max simboliza la bohemia heroica, modernista y rebelde, don Latino es reflejo de la degradación de esta bohemia que ha perdido la pureza de sus ideales y se ha corrompido. Se le puede definir como una persona inmoral, un parásito, un ser ruin y mezquino. No olvidemos que don Latino estafa a Max, en connivencia con Zaratustra, el dinero de los libros, lo abandona moribundo en el portal de su casa y le roba la cartera y el décimo de lotería premiado, causando sin el menor escrúpulo el suicidio de la mujer y la hija del poeta ciego. Según la crítica, don Latino reúne varias personalidades simbólico-míticas: la de Virgilio guiando a Dante-Max por los infiernos madrileños, la de un Sancho Panza que acompaña a su dueño o la de un Lazarillo engañando a su ciego amo. Incluso es equiparable, en algunos momentos, a la figura del criado “gracioso” típica de la comedia española de los Siglos de Oro. La estética del esperpento provoca que dichos personajes sean deformados de diversos modos, hasta convertirlos en muchos casos en auténticos fantoches y peleles.


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Luces de bohemia, primer esperpento publicado en 1920 en la revista España, es una obra por la que transitan más de cincuenta personajes a los que el propio autor calificó de “enanos o patizambos que juegan una tragedia”. Procedentes de diversas clases sociales —poderosos, marginados, bohemios…—, de todos ellos sobresalen los dos principales: Max Estrella y don Latino. Valle-Inclán elabora los rasgos básicos y biográficos del protagonista de Luces de bohemia a partir de la figura de Alejandro Sawa, periodista andaluz amigo personal del autor que murió en 1909 y que ha sido considerado como la personificación de la bohemia por parte del vanguardista Ramón Gómez de la Serna. Sus similitudes con Max Estrella son numerosas: ambos eran escritores, estaban casados con mujeres francesas y murieron ciegos, locos y en la más absoluta miseria tras recibir una carta donde se prescindía de sus servicios en el mundo del periodismo. Max, descrito en ocasiones como un héroe clásico, es un poeta frustrado cuya obra no ha obtenido éxito, por lo que no gana lo necesario para poder subsistir. Vive en una sociedad insensible a la obra literaria y se siente superior, tanto intelectual como moralmente, al mundo burgués. Max Estrella se puede entender como un alter ego de Vallé- Inclán, dado que sus discursos reflejan muchas de las opiniones, valoraciones y críticas que el autor sosténía sobre la sociedad española. Max es un personaje extremadamente complejo y lleno de contradicciones. Su ceguera, que nos recuerda a la de Homero, no le impide ver el sufrimiento del pueblo y las injusticias 9 proferidas por los gobernantes, por lo que se siente profundamente impotente ante la miseria intelectual y moral de España. Sin embargo, su carácter no está exento de incongruencias. Como hemos afirmado, es crítico y denuncia la tiranía, pero también sucumbe al poder aceptando una paga del ministro que gastará en champán, mientras su familia sufre penalidades. Es decir, censura la corrupción política, pero acepta una pensión vitalicia. Max Estrella podría haber llegado a ser un personaje trágico, pero la sociedad que lo rodea es tan cruel y grotesca que convierte su vida heroica en una existencia patética y absurda. Su degradación se refleja en la muñequización a la que lo somete el propio autor. En este sentido, Max, como si fuese un fantoche o un pelele, es estafado por Zaratustra, engañado por don Latino y encarcelado como un vil delincuente. Incluso su muerte es ridícula, pues será confundida primero con una borrachera y finalmente con una catalepsia. En cuando a don Latino, se ha discutido mucho sobre qué personaje real puede esconderse tras el asiduo acompañante de Mala Estrella.  De hecho, Sawa solía ir acompañado de un can y, curiosamente, Valle echa mano de los recursos del esperpento para caracterizar a don Latino como un perro. Este personaje fundamental debe entenderse como un desdoblamiento del protagonista. Si Max simboliza la bohemia heroica, modernista y rebelde, don Latino es reflejo de la degradación de esta bohemia que ha perdido la pureza de sus ideales y se ha corrompido. Se le puede definir como una persona inmoral, un parásito, un ser ruin y mezquino. No olvidemos que don Latino estafa a Max, en connivencia con Zaratustra, el dinero de los libros, lo abandona moribundo en el portal de su casa y le roba la cartera y el décimo de lotería premiado, causando sin el menor escrúpulo el suicidio de la mujer y la hija del poeta ciego. Según la crítica, don Latino reúne varias personalidades simbólico-míticas: la de Virgilio guiando a Dante-Max por los infiernos madrileños, la de un Sancho Panza que acompaña a su dueño o la de un Lazarillo engañando a su ciego amo. Incluso es equiparable, en algunos momentos, a la figura del criado “gracioso” típica de la comedia española de los Siglos de Oro. La estética del esperpento provoca que dichos personajes sean deformados de diversos modos, hasta convertirlos en muchos casos en auténticos fantoches y peleles.

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