Neopopularismo miguel hernandez

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TRADICION Y VANGUARDIA

.1. El aprendiz de poeta (1910-1931)

admirador de poetas como Virgilio (a través de las versiones de fray Luis de León), San Juan de la Cruz,Lope de Vega, Garcilaso, Góngora, Juan Ramón Jiménez, Rubén Darío, Antonio Machado y, de formaarrow-10x10.png muy particular, su paisano Gabriel Miró, de quien el propio Miguel Hernández se confesaba deudor, por ser el escritor que más le influyó durante el
periodo anterior a 1932. Algo más tarde, recibirá la influencia de Calderón y deQuevedo, paraarrow-10x10.png regresar nuevamente a Góngora.
Además de Miró, otra persona que marcó poderosamente al joven Hernández fue su amigo José Marín (Ramón Sijé), a quien conoció en 1929, en la redacción de la revista oriolana Voluntad. Él sería fue quien contagió a Miguel el amor por los clásicos y quien, junto con don Luis Almarcha, canónigo de la catedral de Orihuela, tuvo una importantísima influencia durante su etapa de formación literaria, al tiempo que contribuyeron a forjar su inicial militancia católica.En sus primeras creaciones, escribe versos de gran sonoridad, con ritmos y extensión variados.
En la mayor parte de estas primeras composiciones -muchas de ellas inéditas y otras publicadas en semanarios y revistas de Orihuela, entre enero de 1930 y mayo de 1931-, se observa una gran capacidad paraarrow-10x10.png la percepción del mundo bucólico pastoril y para expresar las sensaciones que le provoca el paisaje de su tierra. Pero en ellas hay escasa originalidad y muy pocas referencias autobiográficas. Sí, en cambio, son muy abundantes las escenas mitológicas -Diana, Leda, Apolo, Febo, Helios, Hiperión, Orfeo, Medusa, Dafne, Eurídice, etc.- y los ambientes orientales, todo ello como resultado de su gusto por el romanticismo y el modernismo. » Balada de la juventud es primera poesia hernandiana y podemos observar, entre otros rasgos característicos, la amplia variedad métrica, destacando el verso octosílabo, el endecasílabo, el dodecasílabo, el hexadecasílabo y, también, el verso libre. 

2. Por el camino de la modernidad y la vanguardia (1932)


El 30 de noviembre de 1931, Miguel Hernández emprende su primer viaje a Madrid, con la ilusión y la esperanza de que ver reconocida la todavía incipientecreación de ese “pastor un poquito poeta”.
e, a pesar de las recomendaciones favorables de algunas personas, no obtiene los frutos apetecidos y se ve obligado a regresar a Orihuela, el 15
de mayo de 1932. No obstante, la dura experiencia ha merecido la pena, pues ha podido constatar que su nivel poético no está a la altura de lo él que ha alcanzado a ver en la capital de España. De ahí su decisión de acercarse hacia los movimientos vanguardistas.
Para dicho acercamiento a la poesía vanguardista, hay un acontecimiento que resultó de capital importancia: la conmemoración del tricentenario de la muerte de Luis de Góngora, en 1927. Será a partir de entonces cuando Miguel entre en contacto con la poesía de Rafael Alberti (Cal y canto, 1927), Gerardo Diego (Fábula de Equis y Zeda, 1929) y Jorge Guillén (Cántico, 1928). Aunque, sin duda alguna, el mayor influjo fue el de la llamada poesía pura de Jorge Guillén -también, por qué no, aquella poesía pura, desnuda de artificio, de la que tanto hablara el maestro Juan Ramón Jiménez-, ya que, tanto Jorge Guillén como Paul Valéry le sirven de modelos para su elaboración, como lo demostraría el hecho de que el primer poema del libro aparezca encabezado por una cita del poeta francés: (yo me sumerjo en el desprecio de tanto azul estéril).Será entonces cuando comience a cultivar el endecasílabo, las octavas reales, las
décimas y el gusto por la metáfora elaborada, que darán como resultado su libro Perito en lunas.“bouquet  gongorino”.
De hecho, el mismo título del libro se muestra cargado de recónditas
sugerencias. Por un lado, la palabra perito nos hace pensar en la idea de un oficio en el que el poeta se muestra como entendido o experto. 
también, perito puede significar “pastor”, pues en una de las
octavas del libro llama luna a la oveja y, en más de una ocasión, él se autodenominó “lunicultor”. Es más, en la octava titulada “Horno y luna”, aparecen los versos que dan título al libro, al referirse a sí mismo en estos términos: “Oh tú, perito en lunas; que yo sepa / qué luna es de mejor sabor y cepa”.
en este discurrir por la senda gongorina, algunos de sus mejores modelos serán los poetas del 27, entre ellos su siempre admirado Federico García Lorca, de quien pudo recibir, entre otras influencias, el motivo de la luna, especialmente a partir de la lectura de su Romancero gitano (1928). De hecho, el libro Perito en lunas -inicialmente titulado Poliedros, quizá como
resultado de un cierto gusto por el ultraísmo y el cubismo- es el resultado de una labor de selección de un material mucho más amplio, que incluía octavas y décimas de influencia guilleniana, y que, finalmente, se vio reducido a las 42 octavas con las que está configurado.se puede apreciar un estilo muy cercano a las greguerías de Ramón Gómez de la Serna.
s ejemplos: “El agua se suelta el pelo en las cascadas”, “La palmera ancla la tierra al cielo”, “El cocodrilo es un zapato desclavado”y “Las flores sin olor son flores mudas”.  

En el poema titulado “Palmera”, observamos r la idea de colocarle a la luna un tirabuzón


5.3. El descubrimiento del amor (1934-1936)
Con la publicación de El rayo que no cesa (terminado de imprimir el 24 de
enero de 1936, aunque su gestación como libro es anterior a esta fecha), Miguel Hernández aparece como un poeta que ha asimilado plenamente la influencia de Quevedo y del dolorido sentir garcilasiano, así como la forma estrófica del soneto. Todo lo cual le sirve para expresar a la perfección su pasión de enamorado, después de haber iniciado, en el otoño de 1933, una relación con la que acabaría siendo su esposa, Josefina Manresa. Su amor será fuente de poesía, mediante la expresión de sus más íntimos sentimientos, deseos y agonías, en lo que se ha dado en considerar un
“desgarrón afectivo”, con un estallido de pasión, cegadora y fulminante, como la del rayo que da título al libro. Y, junto a este neorromanticismo, encontramos la presencia de determinados símbolos, como el cuchillo, el rayo, la espada, el fuego, el naufragio o el toro. Por otra parte, también se puede observar la influencia del Pablo Neruda de Residencia en la tierra -a quien había conocido en el verano de 1934 y con el que entabló una profunda amistad- y la de Vicente Aleixandre, con el que inició una
excelente relación a partir del 23 de septiembre de 1935, cuando Miguel le pidió un ejemplar de su libro La destrucción o el amor.
Precisamente, fue Pablo Neruda quien fijó los presupuestos estéticos de la
llamada “poesía impura”, 


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