Novelas espiritualistas de galdos

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EL REALISMO. LA OBRA NARRATIVA DE BENITO PÉREZ GALDÓS



La producción narrativa de Benito
Pérez Galdós.

Benito Pérez Galdós nació en Las Palmas de Gran Canaria en 1843 dentro de una familia acomodada. A los diecinueve años marchó a Madrid a cursar Derecho, pero abandonó los estudios para dedicarse al periodismo y a la Literatura. En 1870 publica su primera novela y en 1871 dirige ya un periódico madrileño. A partir de 1873, cuando comienza la primera serie de Episodios Nacionales , se dedica casi en exclusiva a la Literatura. Su calidad literaria y su laborioso trabajo lo convierten en el autor más importante de su tiempo. Concluidas las dos series iniciales de Episodios , que había alternado con sus primeras novelas, comienza en los años ochenta su proyecto literario más ambicioso, las Novelas españolas contemporáneas. Pese a los apoyos de Menéndez Pelayo y de Valera, fracasa su candidatura a la Real Academia a principios de 1889, pues su actitud liberal y anticlerical se ve con reticencias entre los conservadores. No obstante, resulta finalmente elegido a mediados de ese mismo año. En la última década del XIX, prosigue su actividad como novelista, aunque emprende también con bastante éxito su carrera como autor teatral. En 1897 lee su importante discurso de ingreso en la Real Academia: La sociedad presente como m a t e r i a n o v ela ble. A finales de siglo comienza la tercera serie de Episodios Nacionales . Ya en el siglo XX, continúa con su actividad teatral y con la redacción de sucesivos episodios. La situación política española lleva también a Galdós a pronunciarse a favor de un cambio en la política, cada vez más conservadora, de la Monarquía y, finalmente, a colocarse del lado de los republicanos, en cuyas filas es elegido diputado en 1907. En 1909 es co-presidente de la Conjunción Republicano- Socialista junto a Pablo Iglesias. Ese mismo años vuelve a ser elegido diputado. Sus últimos años son difíciles. En 1912 fracasa su candidatura al Premio Nobel por la oposición beligerante de los conservadores españoles. Con su salud ya quebrantada, se ve obligado a dictar sus últimas obras porque se está quedando ciego. Postrado por la enfermedad y agobiado por las dificultades económicas, muere en Madrid en 1920. Aunque la vastedad de la producción narrativa galdosiana hace difícil una clasificación precisa, puede ser útil distinguir entre los Episodios Nacionales y el resto de las novelas, dividiendo éstas, además en los siguientes grupos:

Primeras novelas o novelas de la primera época


Publicadas durante la década de los setenta, casi todas son novelas de tesis en las que se contraponen dos ideologías, conservadora y liberal. Galdós no oculta sus simpatías por la España liberal, y la intención didáctica de las obras es explícita. Títulos de esta época son La fontana de oro (1870), Doña Perfecta (1876), Gloria (1877), Marianela (1878), y La familia de León Roch (1878). Pese al esquematismo de ambientes y personajes, se advierte en estas obras una evolución técnica que culminará en el gran Galdós posterior.

Novelas españolas contemporáneas


Así llamó Galdós a las novelas que publicó a partir de La desheradada (1881). Esta magnífica obra, influida en parte por las ideas naturalistas de Zola, no presenta ya de forma elemental acciones y personajes, sino que éstos son fruto ahora de una cuidada evolución psicológica. Algunas otras novelas de este período son El amigo Manso (1882), La de Bringas (1884) y Miau (1888). Todas estas novelas analizan con maestría el mundo de la clase media. La visión galdosiana de esta sociedad mesocrática se plasma genialmente en Fortunata y Jacinta (1886- 87), su obra más ambiciosa. Al igual que La Regenta, se trata de una novela extensa y cuidadosamente construida, que desarrolla, sobre la base de diversos triángulos amorosos, la convulsa y cambiante vida social madrileña entre 1873 y 1876, entrelazando calculadamente los elementos de ficción y los históricos. En esta obra, Galdós despliega sus mejores artes narrativas: minuciosa captación de ambientes y tipos, uso magistral de los diálogos, empleo de novedosos monólogos interiores, sabio manejo narrativo de múltiples anécdotas argumentales, etc. En ella alcanza su cumbre el realismo total galdosiano, que no es simple retrato verosímil de caracteres y ambientes, como en la mayoría de los escritores españoles coetáneos, puesto que, a los elementos genuinamente realistas y naturalistas, Galdós incorpora recuerdos, sueños, imaginación, locura, símbolos. Todo ello se integra de tal forma que da por resultado un acabado fresco social; pero no se trata ahora de una sociedad genérica o abstracta, sino de un mundo poblado por poderosas individualidades, que son las que transmiten al lector esa fuerte impresión de verdad.

Últimas novelas o novelas espiritualistas y simbolistas


La crisis estética realista y el interés por buscar nuevos cauces expresivos se manifiestan claramente en sus novelas desde 1889. De este período son La incógnita (1889), Realidad (1889), Ángel Guerra(1891), Tristana (1892), la tetralogía que tiene por protagonista al usurero Torquemada (1889-1895), Nazarín (1895), Misericordia (1897), El caballero encantado (1909). En todas ellas ensaya originales procedimientos narrativos: novelas dialogadas, narraciones epistolares, introducción de elementos fantásticos, sueños, símbolos, etc. En algunas es también visible la influencia del espiritualismo de la novela finisecular europea. Es el deseo de transmitir unos contenidos distintos el que lleva a Galdós a las nueva formas literarias. Así pues, la modernidad narrativa galdosiana tiene su raíz en la progresiva radicalización ideológica de Galdós, que lo lleva a buscar vías estéticas diferentes como modo de comprender la realidad en toda su extensión.

Los Episodios Nacionales


Son un conjunto de cuarenta y seis novelas dispuestas en cinco series de diez episodios cada una (excepto la última, que quedó inacabada con solo seis), que pretenden reconstruir en forma novelada la historia del siglo XIX español. Las dos primeras series fueron escritas entre 1873 y 1879, al tiempo que sus primera novelas; las tres últimas entre 1898 y 1912. Los Episodios son un intento de entender desde la Literatura los conflictos que dividen la sociedad española a partir de la que novela Galdós, quien acude a la Historia para explicar su propio presente y las convulsiones político-sociales que siguen al derrocamiento de la monarquía borbónica en 1868. Las dos primeras series muestran la ideología liberal de Galdós. Abundan todavía recursos folletinescos, aunque se apartan de la novela histórica romántica por la proximidad de los hechos narrados y porque la Historia no es un mero marco decorativo. Casi veinte años después don Benito reemprende la redacción de los Episodios. Se nota ahora la pluma del escritor experimentado: mezcla de narradores en primera y tercera persona, monólogos, novelas epistolares que ofrecen la impresión de intimidad al tiempo que proporcionan la ilusión de crónica histórica… En los últimos Episodios se advierte también el conocimiento de primera mano de los hechos por parte de Galdós, pues la época se corresponde con la de su propia juventud madrileña, que el escritor juzga ahora desde sus nuevas posiciones ideológicas republicanas.
Las obras de Galdós, aunque ambientadas en su mayoría en Madrid, son una completa visión de conjunto de la sociedad española de su época. Madrid es no solo el lugar que concentra todas las contradicciones sociales e históricas del país del que es capital, sino que se ha convertido en una gran ciudad cuyo complejo mundo presenta con pluma maestra el novelista. Así, aunque las clases medias son las que ocupan el primer plano en sus obras, la mirada de Galdós está siempre atenta a todas las esferas sociales: aristócratas arruinados que se confunden en el magma mesocrático; burgueses enriquecidos que se dejan deslumbrar por las formas de vida nobiliarias; especuladores, prestamistas, caseros, comerciantes, cuya aspiración máxima es hacer dinero; funcionarios en activo o cesantes, que sobreviven o medran en los recovecos de la Administración; las clases populares, cuya vida bulle incesantemente por las calles de la gran ciudad; los más humildes, que malviven como pueden, así como los menesterosos y desgraciados, que solo aspiran a sobrevivir en un medio hostil.

 Todo ello, además, no se expone de manera teórica, sino en íntima relación con las vicisitudes históricas que dan lugar a esta nueva sociedad que arrolla a su paso los viejos moldes estamentales. Esta sensación permanente de vida en acción hace, asimismo, que las obras de Galdós ofrezcan una reflexión sobre la condición humana: el tiempo que todo lo cambia, las reacciones psicológicas ante las situaciones extremas, las ambiciones, el dolor, los sueños, las ilusiones, las fantasías, el amor, los diversos placeres, los ambientes sórdidos, todo desfila de forma incontenible ante los ojos del lector. Y subyaciendo siempre a ese mundo, al mismo tiempo compacto y diverso, está la mirada del escritor Galdós, dura y sarcástica en ocasiones, tierna y humanísima en otras, irónicas en las más. Los modelos literarios de Galdós son muy diversos.

Es apreciable en distintos momentos la influencia de escritores realistas: Balzac, Dickens (de quien llegó a traducir alguna obra), Flaubert, Dostoyevski y Tolstoi. Es también muy notable la huella de la literatura española: La Celestina , la picaresca, los clásicos delos siglos XVI y XVII, y particularmente Cervantes, de quien aprende Galdós el recurso fundamental de la ironía, que le permite alejarse de lo narrado y ver más objetivamente a sus personajes. El ideal estilístico galdosiano es el lenguaje llano y sencillo. Ello no implica que se trate de una lengua descuidada. Antes al contrario, la prosa de Galdós es extraordinariamente ágil y de apariencia espontánea, pero siempre producto de una meditada elaboración. Sus personajes se expresan de acuerdo a su condición y quedan caracterizados por su forma de hablar. En realidad, lingüísticamente, Galdós es también un creador. Es en él constante su alerta ante el lugar común y la retórica manida (frases hechas, locuciones tópicas, formulismos de la prensa y del parlmento…). Pero, además de denunciar el lenguaje anquilosado y las fórmulas burguesas de la conversación, Galdós se sirve de esas mismas locuciones y coloquialismos fosilizados como cantera de su creatividad y juega con los sentidos literal y metafórico de muchos tópicos, rompiendo con el automatismo de las selecciones léxicas y valiéndose de esos mismos clichés en la génesis de situaciones narrativas o en la caracterización de personajes, para los que emplea constantes metáforas asociadas con su profesión, aficiones, etc. 

Leopoldo Alas “Clarín” (1852-1901)



Defiende una literatura combativa y de denuncia de la corrupción política, el caciquismo y la superstición. Analiza el entorno social y la interioridad de los personajes. Utiliza descripciones realistas y, a veces, naturalistas, pues incide en el determinismo de los personajes. En cuanto a las técnicas narrativas, emplea el flash-back, el monólogo interior directo y el estilo indirecto libre.

Obras:

Aparte de sus artículos periodísticos y sus cuentos, destacan sus novelas:

La Regenta (1884-1885

, obra en la que aborda el conflicto de la búsqueda del amor ideal en un ambiente mediocre y hostil, y Su único hijo (1891). En La Regenta aborda el conflicto de la búsqueda del amor ideal en un ambiente mediocre y hostil. Es la historia de una carencia de amor y de amistad. La historia de la novela se construye alrededor de un triángulo amoroso: dos hombres, el magistral don Fermín de Pas y el donjuán Álvaro Mexía, y una mujer, Ana Ozores, la Regenta, cuyo sobrenombre procede del antiguo cargo de regente ejercido por su marido, don Víctor Quintanar, que no participa en el triángulo. La novela desarrolla el tema del adulterio, muy presente en la narrativa decimonónica y tratado por autores como Zola, Flaubert y Galdós, cuya influencia en la obra de Clarín es evidente. La narración se organiza en torno a Ana Ozores, Fermín de Pas y la ciudad de Vetusta (detrás de la que se esconde Oviedo), y abarca los comportamientos y las actividades de la aristocracia, del clero y de la burguesía en una ciudad de provincias, donde priman la hipocresía, la ambición, la inmoralidad, la incultura y el tedio. La literatura es un componente importante de la obras: las lecturas de Ana Ozores, sus poemas, su diario y su seducción por Álvaro durante la representación de Don Juan Tenorio. Los elementos naturalistas se advierten, sobre todo, en el determinismo del medio y en las circunstancias que han marcado a la Regenta: la orfandad, una infancia infeliz, una educación severa y cruel y la realidad asfixiante de la ciudad de Vetusta. Ana Ozores se debate continuamente entre esos factores y su conciencia, y esas crisis se manifiestan en reacciones fisiológicas (fiebres histéricas).
En la obra, aparte del detallismo, los contrastes y las oposiciones temáticas y las técnicas realistas, sobresale especialmente el uso del estilo indirecto libre. Este tipo de discurso, junto con los diálogos, servirá para caracterizar a los personajes y su vida interior. El narrador interviene a veces en la historia con profunda ironía.

Principales autores realistas españoles:



Juan Valera (1824-1905)


Ideología liberal y partidario del progreso. Defensor de “el arte por el arte” por lo que su obra se caracteriza por estar “bien hecha”. Su novela es psicológica debido al análisis que hace de los personajes. El espacio donde las desarrolla es su Andalucía natal en la que predomina el ambiente refinado e idealizado. Obras: Pepita Jiménez, Doña Luz, Juanita la larga, Morsamor .

José Mª de Pereda (1833-1906)



Nació en Cantabria, región a la que dedica toda su obra. Pereda cultivó el realismo regionalista. La región representa el origen, el mundo patriarcal, lo castizo y lo puro frente a la ciudad, ámbito burgués, novedoso, corrupto. Su obra narrativa evolucionó del costumbrismo al realismo. Los textos costumbristas incluyen extensas descripciones de paisajes de Santander y de tipos locales: Escenas montañesas (1864), Tipos y paisajes (1871), Esbozos y rasguños (1881). En cuanto a su etapa realista, hemos de decir que en 1868, un cambio ideológico le hizo exaltar los valores tradicionales, la ortodoxia católica, la tierra como lugar idílico. De esta época son Don Gonzalo González de la Gonzalera (1879), De tal palo, tal astilla (1879), El sabor de la tierruca (1882), Sotileza (1885) y Peñas arriba (1895). Se trata de novelas de tesis con personajes buenos, que comparten los valores del autor, y malos, los liberales, que representan el progreso y la burguesía.

Principales autores y obras del Naturalismo español:



Emilia Pardo Bazán, cuya narrativa incorpora elementos naturalistas como las descripciones minuciosas, la influencia del medio y las situaciones violentas y escabrosas. Escribió obras como La cuestión palpitante, trabajo de crítica literaria que contribuyó a la propagación de las ideas naturalistas; Los pazos de Ulloa y La madre Naturaleza.
Leopoldo Alas, Clarín, síntesis entre Realismo y Naturalismo, escribió La Regenta, obra en la que aborda el conflicto de la búsqueda del amor ideal en un ambiente mediocre y hostil, y Su único hijo.

Vicente Blasco Ibáñez

En sus novelas, de carácter regionalista, hallamos la presencia del Naturalismo en el determinismo social y biológico que condiciona el destino de los personajes, en los escenarios y en las acciones sórdidas y brutales. Escribió Arroz y tartana, La barraca, y Cañas y barro .

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