Poesía critica social 40 versos

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Tema 8.-Tendencias de la lírica en la segunda mitad del Siglo XX. Pablo Neruda:


Siguen componiendo sus obras poetas del 98 y del 27.
Miguel Hernández, quizás sea de los más destacados porque une poesía y compromiso; fue autodidacta y se relaciónó con los del 27 y sobre todo con Neruda; participa en la Guerra Civil y es condenado a muerte; conmutada su pena, muere de tuberculosis en Alicante. Su gran obra es El rayo que no cesa -sonetos de amor, vida y muerte-. La emoción se alcanza en el poema «Elegía a Ramón Sijé».
Los años 40 se abren a una nueva generación, la del 36, aunque escindida, debido al conflicto bélico. De aquí surgen dos vías: poesía arraigada y poesía desarraigada.
La poesía arraigada se agrupa en torno a dos revistas: El Escorial,Garcilaso. Esta poesía arraigada se caracteriza por un firme sentimiento religioso; prefieren los paisajes de Castilla y León, exaltan la historia, las grandes hazañas pasadas y recientes. El entusiasmo por el régimen se va atemperando. Les gusta la expresión ordenada, armónica; dan culto a la belleza y a la perfección formal -cultivan las formas clásicas, en especial el soneto-. Sus representantes son Luis Felipe Vivanco, Leopoldo Panero…
La poesía desarraigada se define por la angustia existencial -alhombre se le escapa el sentido de la vida-; siente dolor y temor a la muerte; el hombre está solo y desorientado en un mundo cruel; duda en su religión y hasta se desespera; el estilo es bronco, áspero, sencillo, con palabras coloquiales: no persigue la belleza, sino la fuerza expresiva, la intensidad emocional. Entre los autores destacan: Nora, Crémer… Y se enmarca a través de la revista Espadaña (leonesa) y la obra Hijos de la ira, de Dámaso Alonso.
En muchos casos la desarraigada deriva hacia la social.
Hay dos autores significativos como Blas de Otero y Gabriel Celaya. Blas de Otero denuncia o da testimonio de miserias o injusticias y se dirige a la inmensa mayoría. Según él la poesía sirve para demostrar lo monstruoso del mundo. Todos los hombre sufren; el gran tema es el destino. Para Otero Dios es un problema; la respuesta divina es el silencio; el único liberador es el Amor. De su época social tenemos el gran libro Pido la paz y la palabra. Busca la solidaridad con los que sufren, reclama la paz, la justicia, la libertad. De estilo rico y variado.
Celaya propugna el compromiso, en oposición a la poesía pura. Para él la poesía es un instrumento para transformar el mundo. Los temas predominantes son la injusticia social, la miseria, la alienación, los anhelos de libertad y de un mundo mejor. Su lenguaje es claro y hasta coloquial, desprecia los lujos estéticos. Según nos adentremos en los 60 va decayendo. En su poema «La poesía es un arma cargada de futuro» nos muestra sus ideas sobre la poesía y su compromiso social.
La repetición de tópicos y el abuso de un lenguaje prosaico y coloquial generan la renovación poética.
Los nuevos poetas reivindican una poesía no dogmática y, sobre todo, proclaman la autonomía del proceso creativo. Se refieren continuamente al mundo de la experiencia personal -recuerdos de la infancia, de la familia, los años de la guerra, dificultades de la posguerra, primeras experiencias amorosas…-.Destacan Ángel González, Jaime Gil de Biedma, Claudio Rodríguez…
Todos ellos hacen una poesía de corte intimista, basada en acentos y tonos llenos de naturalidad; utilizan recursos como la ironía y el símbolo. Es, pues, una poesía reflexiva; cuidan el lenguaje del poema, en oposición al descuido expresivo de la social o al pretencioso de los garcilasistas; les interesa crear una atmósfera homogénea en todo el poema -a veces, desaparecen la rima y el ritmo tradicionales-; se les considera una generación moral, por su posición ética frente a los temas que se plantean en sus poemas, tratados por ellos en libertad y con rigor poético.

En 1970


J Mª Castellet publica su antología Nueve novísimos poetas.Incorpora a su poesía los mitos, los héroes y el lenguaje de los medios de comunicación de masas. Citan a Marilyn Monroe, los Beatles, gente del pop… Rechazan la tradición inmediata y reivindican a poetas españoles y extranjeros olvidados por la cultura oficial; admiran las vanguardias y los poetas marginales del postismo. Apuestan, en definitiva, por nuevas formas de experimentación poética con la intención de renovar el lenguaje. Sus preocupaciones literarias son estéticas.
El panorama de la poesía actual presenta gran variedad de tendencias: Surrealista; Culturalista y clásica; Experimental; Erótica…

Pablo Neruda: (Chile, 1904-1973)

Junto a César Vallejo y Octavio Paz son los tres grandes poetas del Siglo XX. Se inicia en el Modernismo, influencia que se deja sentir en sus Veinte poemas de amor y una canción desesperada (1924), con sesgos vanguardistas, como el verso libre, imágenes visionarias, irracionales. Es una reconstrucción amorosa de su juventud.
Una segunda etapa le lleva al Surrealismo (1925-1936): enumeraciones caóticas e imágenes visionarias, aquí vierte su concepción negativa del hombre enfrentado a un mundo regido por la muerte y la destrucción. Residencia en la tierra y Segunda residencia son sus muestras, en clara oposición a la poesía pura de Juan Ramón Jiménez.
También ahora crea su ciclo de las odas, lleno de realidades humildes y cotidianas. Su último ciclo es autobiográfico. Finalmente, escribe sus memorias en su libro Confieso que he vivido. Obtuvo el nobel en 1971. Su poesía es de gran fuerza natural: su viaje a Santiago a los 16 años y sus años de soledad en pensiones y cafés fueron las circunstancias que hicieron de él un poeta. Su gran obra es Canto general, donde el autor se convierte en la voz de la humanidad.

Comentario literario de un poema de Pablo Neruda, p. 354 del libro de texto.

En la órbita del Modernismo escribíó Pablo Neruda Veinte poemas de amor y una canción desesperada, de su primera etapa. Coetáneos suyos han sido César Vallejo y Octavio, dos grandes poetas.
El tema es la exaltación de la amada, fuente de ilusión y de tristeza, ya que no puede retenerla plenamente.
Podemos ver dos partes: vv. 1-6: plenitud de amor y deseo de cantar a la amada, portadora de ilusión; vv. 7-16: amenazas para el amor: la amada, esquiva y triste.
Estamos ante cuatro estrofas de cuatro versos cada una de arte mayor, endecasílabos casi todos, con rima asonante los pares, aunque excepcionalmente la primera estrofa también tiene rima los impares. Es un romance de arte mayor, pero con gran libertad.
El vocabulario es culto, pero no difícil. Aparecen términos con resonancias posmodernistas -taciturna, nostálgica- y abundante vocabulario de la naturaleza. Descubrimos algunas metáforas muy significativas: alas (verso 2), aludiendo al ansia de libertad del yo poético; horizonte (v. 7), remite a las ilusiones vitales truncadas por la ausencia de la amada; el pecho (v. 1) alude al ser entero, como la boca y los pájaros simbolizan la fugacidad del amor, igual que el viento, aludido en el v. 9, sugiere amenaza. Pero lo que más llama la atención son las numerosas comparaciones, de gran creatividad y capacidad sugeridora: como el rocío de las corolas alude a la ilusión renovada que aporta la amada; como la ola a su condición esquiva; como los pinos, como los mástiles , como un viaje, connotan tristeza. Y es de notar especialmente la del verso 12 como un viaje por su significado ambiguo: la amada es acogedora, pero a la vez evoca la posibilidad de la partida.
Poemas, pues, muy evocador, que no sitúa ante el eterno dilema de las dos caras del amor: amar y ser amado. No sabemos cómo ni cuándo esa chispa salta y cuándo desaparece y la poesía nos traslada esos vaivenes con gran a cierto y arte. Ya sabemos que el amor es una tela fina que se puede diluir en un instante y nos puede dejar solos y sin esperanza, pero mientras podamos gocemos de la presencia de la amada.

Tema 9.-Teatro español de la primera mitad del Siglo XX. Ramón M. Del VALLE-INCLÁN

En el primer tercio de siglo hay dos vertientes: uno que triunfa, gracias al público burgués y a los empresarios -benaventino, el poético y el cómico- y otro que con aires de renovación se estrella contra el gusto comercial y el gusto establecido. Éste quiere plantear problemas hondos, existenciales o sociales, para que la conciencia despierte. Valle y Lorca encarnan este último y alcanzarán un puesto relevante.
Benavente es su máximo exponente del primer teatro.
Hay un tono reivindicativo en El Nido ajeno, al presentar a la mujer casada que estaba oprimida, pero pronto se pliega al gusto del público y del empresario con las comedias de salón, en las que retrata a la clase alta, con su hipocresía y convencionalismos. Al público burgués le gustaba ese reflejo, aunque hasta cierto punto. Los intereses creados es una farsa deliciosa, una excepción en esta línea y su obra maestra. El ambiente y los personajes provienen de la Comedia dell´Arte, pero encierra una visión cínica de los burgueses, prudentemente suavizado. Obtuvo el nobel en 1922, a pesar de la crítica hostil de los jóvenes. Sus logros se resumen en: barre los residuos del drama melodramático de Echegaray, propone un teatro sin grandilocuencia, con una fina presentación de ambientes cotidianos, es hábil en la escena y fluido en los diálogos.
El poético combina resabios postrománticos con rasgos modernistas -versos sonoros, efectos coloristas-. Está dentro de una ideología tradicional. Exalta los grandes ideales nobiliarios y los grandes hechos del pasado. Destaca Eduardo Marquina.
El cómico tuvo gran aceptación entre el público, en especial la comedia costumbrista y el sainete. El gran dramaturgo fue Carlos Arniches. Este autor capta el habla castiza de Madrid y presenta tipos y ambientes de entonces, chulapas y chulapos. Su fuerza reside en los diálogos. También cultivó la tragedia grotesca, donde funde lo risible y lo conmovedor, con una observación de las costumbres más profundas y una denuncia de las injusticias.
Hay que destacar igualmente el astracán de Muñoz Seca: entran en danza los juegos de palabras, las dislocaciones lingüísticas, los chistes, las parodias de otros géneros teatrales.

El teatro innovador



Los aires renovadores de Europa se dejan sentir en España, aunque causa espanto ver el fracaso de estos primeros experimentos -Unamuno, Grau, de la Serna…-. Serán Valle-Inclán y Lorca los encargados de culminar este nuevo rumbo.
Valle-Inclán:
Sus comedias bárbaras se ubican en un ambiente gallego, con sus miserias, con personajes extraños, violentos o tarados, con pasiones de una fuerza alucinante. El gran protagonista es D. Juan Manuel Montenegro, hidalgo tiránico y violento y figura de un mundo feudal en descomposición. Así nace «el teatro en libertad», de gran fuerza dramática y ecos shakesperianos. Después escribe una de sus grandes obras, Divinas palabras, drama violento que nos recuerda las comedias bárbaras, en el que a las deformidades morales y sociales se les une un lenguaje desgarrado y con frecuencia brutal.
Los esperpentos los inicia con Luces de bohemia, donde define el término esperpento: una deformación grotesca de la realidad, con intención artística. Los personajes son fantoches, marginales. Utiliza la animalización -hombres como animales-, la cosificación -como cosas: muñecos, figuras de guiñol-y la hominización -atribuye a los animales cualidades humanas-. Revela una visión ácida y violentamente disconforme con la realidad. Se complace en degradarla y agredirla con una carcajada que no perdona a personas, instituciones o mitos, pero que, en ocasiones, oculta el llanto.
Luces de bohemia relata la última noche del ciego Max Estrella, mísero poeta, que emprende su viaje a los infiernos. Detrás está el escritor Alejandro Sawa. Es una visión amarga de España y los españoles: ataca la corrupción, a los políticos -Maura, Castelar, Alfonso XIII-, protesta contra la represión policial, rechaza el conformismo burgués, fustiga el capitalismo despiadado, denuncia la miseria, el hambre y la injusticia que padece el pueblo, al tiempo que pone en evidencia su embrutecimiento e ignorancia, su falta de religiosidad y caridad y su bajeza moral. Y todo a través del esperpento (véase escena XII).
Muchos pensaban que eran novelas dialogadas y eran irrepresentables, pero últimamente se han llevado a escena. Valle- Inclán optó por un teatro de escenario múltiple, como el cine actual y donde las acotaciones tienen tanta importancia como el resto por su valor literario. Así creó un teatro en libertad.

Comentario literario de un fragmento de la escena VI, de Luces de Bohemia, de Valle-Inclán (p. 246 del libro de texto)
El texto inicia la escena VI de las quince que conforman la obra entera. Por tanto está en el medio. Es un añadido a la primitiva pieza y lo justifica la presencia del preso catalán. Junto con el encuentro de la madre y su niño muerto y el asesinato del anarquista de la escena XI marcan los momentos clave de este descenso a los infiernos del poeta ciego y de su lazarillo don Latino. La escena representa, pues, la crítica social y política de España.
Junto con Valle-Inclán, el otro gran autor innovador ha sido Federico García Lorca.
En esta escena se nos cuenta cómo Max Estrella, poeta ciego, es empujado malamente a un calabozo, donde se encuentra con un preso maltratado, un obrero catalán. Ambos dialogan y hablan de la situación explosiva del proletariado, el compromiso social y político del intelectual y la triste situación de ambos grupos -obreros e intelectuales- en una España bajo el dinero.
Podemos ver dos partes: las tres primera intervenciones entre Max y la voz fuera, momento en el que entra en el calabozo el poeta. Y el resto, que es un diálogo entre Max y el preso sobre la situación española y que puede resumirse en la última intervención del preso: En
España el trabajo y la inteligencia siempre se han visto menospreciados. Aquí todo lo manda el dinero.
Es muy representativo el uso de un lenguaje especial y de difícil explicación: tenemos el lenguaje chulesco del guardia -mancuerda-, el culto de Max -epíteto-; no faltan metáforas -Barcelona alimenta una hoguera de odio-, juegos de palabras -tiene usted luces, pero es ciego-. Y el gran juego de las acotaciones, tan importante en su teatro: así vemos cómo nos describe al obrero -blusa, tapabocas y alpargata-, tres chispazos impresionistas y el espacio opresivo del calabozo con el vaivén de luces y sombras.
Texto y acotación se conjugan para darnos una visión fuerte de la situación. Incluso podemos percibir la cosificación del obrero catalán a través del vocablo bulto, atisbo de lo esperpento del drama.
Desde luego, la lectura de este fragmento, así como la de la obra entera, nos da un aire entre burlesco y culto que nos dice el gran esfuerzo que tuvo que hacer el autor para elaborar un lenguaje de difícil comprensión, quizá lejos de la escenificación más ortodoxa. Y también sorprende la gran baza de las acotaciones que forman un todo con el texto, de manera que sin ellas es difícil entender su obra.
10.-

Teatro español de la segunda mitad del Siglo XX. Antonio Buero Vallejo

El panorama después de la Guerra Civil no es prometedor: baja calidad y mediocridad. Y esto porque habían muerto Lorca yValle; en el exilio están Max Aub, Alberti, Casona; la censura recorta el tipo de tema o impide su escenificación; los actores están deficientemente preparados; el público burgués prefiere un teatro sencillo y tradicional; los empresarios, por cuestión económica buscan complacer el gusto de un público minoritario. Como consecuencia el teatro es comercial y conservador, cuya finalidad es hacer reír y con un fin de evasión. Arniches y Mihura representan, aunque se llevan la palma Pemán y Joaquín Calvo Sotelo. Pero ya empieza a surgir otro teatro a finales de los 40. Historia de una escalera es su arranque.
El teatro burgués se caracteriza por: ser amable, divertido e ingenioso, elegante y moralizador; se preocupa por la obra «bien hecha», por los diálogos bien elaborados, se atiende a los valores literarios del lenguaje y a la habilidad constructiva de la trama; la temática gira en torno a la infidelidad matrimonial, conflictos entre padres e hijos, con final feliz y lecciones ejemplificadoras; los personajes suelen ser burgueses acomodados o aristócratas que viven sin problemas económicos; los ambientes y la escenografía siguen la línea de la alta comedia del XIX.
Los dramaturgos escriben en prosa poética las sátiras burlescas, las farsas fantásticas, el sainete y el teatro de evasión. Continúa la línea de Muñoz Seca con sus astracanes y destacan como innovadores en el teatro de humor Jardiel Poncela y Miguel Mihura.
Mihura, aunque pertenece a la etapa de renovación del teatro, no es conocido hasta 1952 con su obra Tres sombreros de copa. Al principio, 1932-1946, sus obras se acercan al teatro del absurdo con intencionalidad crítica y como muestra es su ya citada Tres sombreros de copa. Luego escribe obras cómicas al gusto del público. Toda su obra es una crítica de los convencionalismos o imposiciones sociales que ahogan su felicidad. Emplea un humor serio, lejos de la risa fácil del sainete y astracán. Crea situaciones absurdas y sus recursos son abundantes, como asociación ilógica de elementos para producir conflicto y reflexión, proyección de hechos y pasiones que tienden al absurdo en los propios paisajes…
A mediados del 50, en convivencia con el teatro de humor, surgen nuevas tendencias. Es el teatro de testimonio y compromiso, al igual que la novela y la poesía. Los dramaturgos tratan de reflejar la violencia y la injusticia social de la España de posguerra y, al mismo tiempo, de denunciarla. Buscan la obra bien hecha, con un desarrollo argumental lógico y consecuente, aunque hay abundantes saltos de tiempo, escenas simultáneas y narraciones que interrumpen o comentan la acción. Se cuida la evolución psicológica de los personajes. Se persigue la identificación del público. Antonio Buero Vallejo y Alfonso Sastre son los autores más representativos; el primero, con un teatro social y de testimonio; el segundo, comprometido y de signo político.
A finales de los 60 hay un grupo de autores que rompe con la estética anterior; su actitud es crítica respecto a la sociedad, pero de manera alegórica. Y sus carácterísticas son: plantean la compleja problemática del ser humano contemporáneo; el personaje es el portador del mensaje crítico, puesto que encarna símbolos como el poder, la opresión, la violencia…; la acción y el lenguaje se esconden bajo parábolas y el espectador ha de descifrar su significado, la acción no forma una historia; el espectador participa activamente bien formando parte del espectáculo bien descodificando los mensajes metafóricos; se usa la sátira como técnica propicia para la parodia y la animalización; el espacio escénico es invadido por espacios sonoros o visuales que tienen significado por sí mismos: unas cadenas, una jaula…
Las tendencias son muy diversas:
Teatro hermético; experimental; teatro puesto en cuestión; comercial…
Un caso especial es el teatro pánico, heredero del teatro del absurdo, cuyo cultivador mayor fue Fernando Arrabal, quien mezcla el absurdo y el anticonvencionalismo con lo grotesco –Pic-Nic, el Tricicle-, la violencia o el horror. También merece mención Antonio Gala, quien sin apartarse de un teatro regido por los cánones tradicionales es capaz de conectar con el público a través de un lenguaje y unas situaciones dramáticas no exentos de interés

La actualidad



Se creó el Centro Dramático Nacional y la Compañía Nacional de Teatro clásico, así como grupos estables. Es el denominado teatro independiente:
En los 70 y 80 surgen una serie de grupos que incorporan las nuevas tendencias europeas: La Fura dels Baus, Los Goliardos, La Cuadra… Se percibe, no obstante, cierto desinterés y dispersión, salvo el caso de Alonso de Santos o Fermín Cabal, quienes estrenan obras junto a autores anteriores, como Buero Vallejo, Arrabal, Gala, Nieva…
Antonio Buero Vallejo (Guadalajara, 1916-2000):
Antes de meternos con este autor, conviene hacer referencia a otro gran autor, como lo es Alfonso Sastre. Distinguimos varias etapas: una, vanguardista, con el grupo de teatro experimental Arte Nuevo, en la que denuncia y rechaza, a la vez que renueva; es, pues, de temática existencial; otra, con los grupos Teatro Agitación Social y Teatro Realista, donde concibe el teatro como arte social: aborda planteamientos éticos, políticos y sociales y aspira a modificar la realidad. Y una tercera, de madurez, en la que radicaliza sus tesis revolucionarias y le lleva a la tragedia completa.
Buero Vallejo, con Historia de una escalera, inicia su andadura, de tono existencial, para luego pasar a un testimonio social en El tragaluz y La fundación. El individuo debe comprometerse ante la tragedia. La misión del dramaturgo es incitar al individuo a la lucha para que supere sus errores y su dolor. El ser humano ha de asumir su propia realidad, que obstaculiza con frecuencia la búsqueda de la felicidad. Por eso él se propone buscar la verdad, la esperanza perdida o la ilusión olvidada en el ser humano. Podemos citar, además, obras como En la ardiente oscuridad, El concierto de San Ovidio, El tragaluz…
Podemos, en concreto, diferenciar varias etapas:
1ª: se caracteriza por un Realismo matizado de símbolos. Historia de una escalera es la muestra de esta etapa: siempre hay un margen de libertad y por tanto de esperanza. La escalera es la humanidad personal y social. El destino tiene atrapados a los personajes y a sus hijos, que parece que repetirán los mismos errores. En la ardiente oscuridad se enfrenta a algo constante en él -la minusvalía- y, en general, a la actitud del hombre ante sus limitaciones.
2ª: siempre fiel a un teatro para inquietar, plantear problemas e interrogantes. Incorpora nuevos cambios: predomina lo social, aunque situado en el pasado para eludir la censura. Es atemporal, pues. Pasa de una construcción cerrada a abierta: escenario múltiple, fragmentación en cuadros o secuencias con rupturas temporales y recursos de inmersión. Éstos hacen partícipe al espectador de las mismas sensaciones que los personajes. Destaca sobre todo El tragaluz.
3ª: Intensifica ciertos rasgos, como los efectos de inmersión o participación. Destaca La fundación. Plantea el problema del compromiso y sus consecuencias, la pena de muerte como instrumento del totalitarismo y la confusión entre realidad e ilusión, el autoengaño como mecanismo de defensa.

Comentario liteario de un fragmento de Historia de una escalera, de Antonio Buero Vallejo, p. 314:
Pertenece a su primera etapa, etapa que se ha denominado existencialista. Otro autor significativo de ese momento ha sido Alfonso Sastre. Y en la novela destaca Camilo José Cela.
Fernando le cuenta a Urbano su cansancio por la escasez económica y la monotonía de su vida que apenas ha mejorado en diez años y que teme sigua igual otros diez años más. Por eso se propone hacer algo y solo, mientras que Urbano le aconseja que busque apoyo en los demás.
El tema sería la frustración del paso del tiempo sin ninguna mejora. Y podemos estructurarlo así:
Urbano critica la inseguridad de Fernando
Fernando teme el paso del tiempo, la monotonía, la no comprensión de los padres, la murmuración de los vecinos, la escasez económica y teme que todo siga igual.
Después dialogan sobre qué va a hacer Fernando y confiesa que no lo sabe pero que lo hará solo.
Urbano, al final, le aconseja que confíe en los demás.
Alternan las frases cortas y cortantes con el largo parlamento. Y, aunque las acotaciones son mínimas, sirven para dar pausa e indicar algunas reacciones. Pero lo que más destaca son las antítesis y las enumeraciones, por las que percibimos el paso del tiempo y las distintas tareas, rutinarias, que se van sucediendo sin interrupción: subir/ bajar, incomprensión de padres, murmuración de vecinos, haciendo fechorías…
Queda muy clara la monotonía y el paso del tiempo a través del símbolo de la escalera que preside las acciones de la mañana a la noche. A partir de la rutina diaria los personajes tratan de vivir su vida, incluso como el caso de Fernando, desconfiando de todo y de todos, aunque Urbano pone la mesura y entiende que los demás podemos echar una mano en cualquier

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