Técnica narrativa visión estereoscopica

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 uña de un pie –más amor humano, en un pelo.»30 Virginia y su esposo Leonard Woolf realmente odiaban y temieron al fascismo de los años treinta con su antisemitismo sabiendo que ellos estaban en la lista negra de Hitler. Su libro de 1938 Tres guineas era una censura al fascismo.31Las peculiaridades de Virginia Woolf como escritora de ficción han tendido a oscurecer su fuerza central: Woolf es sin duda la más grande novelista lírica en el idioma inglés. Sus novelas son altamente experimentales: una narrativa, frecuentemente sin acontecimientos y lugares comunes, se refracta – y a veces casi se disuelve—en la conciencia receptiva de los personajes. Un intenso lirismo y virtuosismo estilístico se funden para crear un mundo abundante con impresiones auditivas y visuales.

La novela a la que pertenece el fragmento se ha clasificado como “modernista”. Qué carácterísticas de estilo y temáticas presenta. Qué otros autores de la misma época son etiquetados de la misma forma (3 puntos)

Por Modernismo anglosajón seconoce en líneas generales la literatura vanguardista en lengua inglesa que tuvo su apogeo más o menos entre los años 1900 y1940. El Modernismo se desarrolló principalmente en Europa, por lo que muchos escritores estadounidenses se trasladaron a Londres o París que eran en ese momento los centros neurálgicos de la cultura artística. Cabe destacar que en la literatura en inglés el término Modernismo se emplea más bien para designar una época que un movimiento literario uniforme. La corriente modernista se vio directamente influenciada por el experimentalismo y las distintas vanguardias artísticas continentales (CubismoSurrealismo…), y se distingue por su afán de ruptura con la herencia victoriana. En términos generales, se engloba por tanto bajo el término modernista a toda la producción literaria de escritores estadounidenses y del Reino Unido de la primera mitad del Siglo XX. Pese a tratarse de un grupo heterogéneo, puede decirse que los escritores modernistas tienen en común, por un lado, el rechazo de su herencia inmediata y, por otro, de la representación realista. Se caracterizan por la voluntad de jugar con las expectativas del lector, la tendencia a «psicoanalizar» a sus personajes mediante el empleo de técnicas como el monólogo interior, o la afición a mezclar el argot callejero con un lenguaje más elaborado, a veces salpicado de cultismos y latinismos. En poesía, los modernistas experimentan casi siempre con el verso libre y agregan al lirismo alusiones culturales heterogéneas, a veces oscuras y equívocas, e imágenes inconexas; se aprecia asimismo una tendencia acusada a vincular la poesía con la imagen y las artes plásticas. Por la dificultad que este tipo de literatura entraña, especialmente en poesía, pues para muchos lectores no era posible leer y comprender textos modernistas, suele afirmarse que la poesía de comienzos del Siglo XX muestra cierto carácter elitista. El sutil mecanismo de la creación novelística de Virginia Woolf radica en la transposición instantánea de las acciones dramáticas al plano de la conciencia perceptiva. Al producirse la narración, el pensamiento generador va imitando, en un orden abstracto, el fluir del tiempo. Las situaciones concretas son así asidas por una intuición de la totalidad. La acción se vuelve, por ello, envolvente y reiterativa. Existe en sus novelas una recreación del tiempo en cuanto profundidad psíquica y no como mera sucesión. Este procedimiento hace del tiempo una realidad estable, sin suceso propiamente dicho, tal como pasa con el Hamlet de Shakespeare, al que por lo mismo se lo ha llamado la «tragedia del retardo». Con igual conciencia dramática, Virginia Woolf ha podido convertir toda idea del tiempo en pura expectación, que no entraña en el caso de ella la necesidad de un desenlace, sino de la pura percepción del instante. Hay por eso en sus novelas un detenimiento, un suspenso de acciones potenciales que aluden más que nada al giro procesional de la realidad misma.
La presencia de sus personajes configuran tentativas, anhelos, impulsos, que quedan vacilando, como intenciones o alusiones, sin precipitarse en la consumación de los hechos. Este clima de expectación podría explicarse metódicamente por la discontinuidad que existe entre el pensamiento que narra y la conciencia que tienen los personajes de sus propios actos. Estos, aparte de enfrentar situaciones inmediatas o imprevistas para ellos, son revelados, sin embargo, como seres ya acontecidos, a los que se los conoce desde antes y que advienen a la narración por un acto de inducción creadora. Tal anterioridad, que no es sino el conocimiento que por presciencia tiene el novelista de su personaje -y que asombrosamente revela a la vez el conocimiento que el propio personaje tiene de sí mismo, en base a sus recuerdos personales-, es uno de los efectos más notables que Virginia Woolf haya podido aportar a la novela, en su afán de asir el instante fluyente, es decir, infinito de la vida. Al intuir este doble juego de interacciones entre lo que se narra y lo que se vive, ella ha podido hacer perceptible al lector la técnica misma de la imaginación y también llevar el género narrativo a terrenos de experimentaciones que hasta entonces no había alcanzado la novela. En el fondo, lo que ella trataba de hacer era fijar ese instante total que todo lo incluye, ese sesgo de infinitud con que la eternidad trasciende su sentido a las cosas y que sólo parece mostrarse a través de lo fugaz y lo perecedero. Virginia Woolf sigue la tradición de otros novelistas modernistas como Marcel Proust y James Joyce, donde la trama es secundaria respecto a la introspección filosófica, y la prosa puede ser retorcida y difícil de seguir.
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