Trayectoria poética de Miguel Hernández la evolución de su poesía selectividad

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CONTEXTO HISTÓRICO-SOCIAL DE Miguel Hernández

Tras los ecos de la Primera Guerra Mundial, en la que España se mantuvo  neutral, y los “felices años 20”, llegarán a nuestro país vertiginosos y aplastantes cambios debidos a, por un lado, los ecos de la Revolución Rusa de 1917, a la situación interna del país con el triunfo en las urnas e instauración democrática de la II República, y, por otro, el rechazo de todo totalitarismo como réplica a las precedentes dictaduras militares, que suspendíó la Constitución e implantó la censura de prensa; Dámaso Berenguer 1930-1931, la “dictablanda”, y el fin del reinado de Alfonso XIII.

La II República propiciará que, por primera vez en España, la clase obrera acceda a la cultura, que será, para el pueblo llano, la oportunidad que le permita cambiar de estatus social, de prosperar en una sociedad rígida e inmovilista, que contaba con una rancia confesionalidad religiosa impuesta desde el Estado.

En efecto, la II República será una esperanza de progreso, de reformas (agraria y autonómica), de cambios (aconfesionalidad del Estado), y de alfabetización común para todos los españoles (teníamos un índice de analfabetismo superior al 33%). La política educativa y cultural fue prioridad de la República, con el convencimiento de que esto mejoraría la calidad de vida. Pero la esperanza republicana se acaba pronto: en 1936 gana las elecciones el Frente Popular. Esto y la inestabilidad del país, lleva a algunos militares a sublevarse (el 18 de Julio de 1936), propiciando la consolidación de dos bandos-republicano y rebelde- y desencadenando una Guerra Civil y fratricida, que se prolongó durante tres años (1936-1939), que acabó con la victoria de los militares rebeldes, encabezados por el general Francisco Franco, que estuvo apoyado por las fuerzas fascistas de Alemania e Italia.

Entre 1939 y 1945 Europa se ve envuelta en la II Guerra Mundial, iniciado por Hitler, en la que hubo 54 millones de muertos y en la que España también se mantuvo neutral, a pesar de las afinidades entre Franco, Hitler y Mussolini: Estados Unidos lanzará bombas atómicas sobre Hirosima y Nagasaki, se establece un nuevo orden internacional, polarizado por Estados Unidos y la URSS.

En nuestro país sufríamos los efectos de la guerra, en la que hubo más de un millón de muertos: muerte, hambre, represión ideológica, pobreza… Miguel Hernández personalizará en él y en su poesía, los efectos de las reformas republicanas, la represión de la Dictadura, la guerra y, en general, los acontecimientos sociales, políticos, ideológicos, etc.  de la Europa del momento.

CONTEXTO LITERARIO La Generación del 27


Desde 1910 a 1930 surgen y se desarrollan los movimientos de vanguardia en Europa con el deseo de romper con los convencionalismos estéticos del Siglo XIX. Las vanguardias propondrán nuevas formas de expresión como el subjetivismo en la percepción de la realidad, con el fin de sorprender y sugerir. Así, aparece un nuevo lenguaje irracionalista y rupturas en las leyes de la gramática y la lógica, imágenes visionarias e impresionistas con grandes desplazamientos calificativos. Defienden una exploración del inconsciente, arte llamado “deshumanizado”, que no se deja influir por las circunstancias históricas o personales del poeta. Poesía pura, en definitiva, el arte por el arte mismo.

Bajo esta influencia de la poesía pura inicia su andadura la Generación del 27, que pronto evolucionará hacia una rehumanización, gracias al Surrealismo, que introducirá en la poesía el trasfondo humano, lo racional en la creación estética (1928-1931). Para conmemorar y reivindicar el tricentenario de Góngora se reúnen en el Ateneo de Sevilla  los poetas que formarán la nómina de esta Generación: Rafael Alberti, Federico García Lorca, Jorge Guillén, Dámaso Alonso, José Bergamín, Gerardo Diego, Pedro Salinas, Vicente Aleixandre, Luís Cernuda, Miguel Altolaguirre, y Emilio Prados. Esta conmemoración y defensa de la poesía de Góngora tiene lugar en 1927, de ahí el nombre que adopta esta Generación, que pretende, entre otras cosas, mezclar las tendencias más vanguardistas con la mejor poesía de épocas pasadas. Al instaurarse la República (1931-1936), estos autores toman partido por ella y algunos se comprometen políticamente con la izquierda y defienden una poesía sin pureza, comprometida e inmersa en las circunstancias sociales y humanas del momento. Surgen así los poemas de temática social y política, como es el caso de Alberti, Lorca o Cernuda. Estos poetas preferían, en general, las formas sencillas: el romance y los versos populares junto al soneto; y el verso libre y versículo, típico de la literatura de vanguardia.

Generación del 36 (La generación de la guerra)


Se considera bajo este epígrafe a unas serie de escritores que, demasiado jóvenes para pertenecer a la Generación del 27, se vieron, marcados de forma fatal por nuestra Guerra Civil. Entre estos se encuentra Miguel Hernández.  Respecto a  las carácterísticas de la generación, se vienen señalando dos de forma general: la oposición a la Vanguardia por haber asumido cuanto de ella se podía aprender y la rehumanización de la literatura marcada, trágicamente marcada podemos decir, por el estallido de la guerra. Durante ésta, la rehumanización llevará en muchos casos a un inevitable propagandismo.

La Generación de la posguerra (1939-1952)


Tras la Guerra Civil y la muerte de Lorca, muchos poetas se exilian de España y pasan a evocarla con nostalgia en su poemas. En el exilio, su poesía se hizo más grave y preocupada, reflejando en sus obras los problemas del ser humano y su visión, existencialista, a veces, del mundo. En los años 40, hay otros poetas que eligen el exilio “interior”, al verse coartada su libertad de expresión por el poder. Los poetas que se quedan en España se clasifican en dos grupos: por un lado, los arraigados o vencedores, que tratan a España como un país idealizado y sin problemas, con un lenguaje esteticista y formas tradicionales, como el soneto; y, por otro, los desarraigados, para quienes el mundo es un lugar inhóspito, vacío y donde predomina la soledad, y la poesía el único medio para enfrentarse a ello, dejando constancia de su angustia existencialista. También la religiosidad estará presente en ellos, pero desde un punto de vista conflictivo, con dudas y desesperación, en algunas ocasiones.


TRADICIÓN Y VANGUARDIA EN LA POESÍA DE MH


Miguel Hernández, fue uno de los poetas más importantes de la literatura española del Siglo XX. En primer lugar, por su espíritu humilde y comprometido, y en segundo lugar, por su innovadora poesía que a la vez reproduce la tradición popular y los rasgos más importantes de muchos otros autores y corrientes estilísticas. Llevado a la muerte por sus ideales republicanos y la falta de apoyo, Miguel Hernández nunca perdíó la esperanza de construir un mundo mejor, algo que nos transmite en su poesía.  La importancia de sus poemas yace, pues, en la influencia que reciben y a su vez, en la influencia que produjeron una vez muerto el poeta, ya que sus méritos no fueron reconocidos en vida. Su obra poética constituye toda una evolución de su vida, por lo tanto, hemos de reconocer los estilos y gustos literarios del poeta. Miguel Hernández tuvo como primera inspiración la literatura oral de tipo popular, pero por otro lado, también leía a los autores cultos, y con el tiempo, tiende a la innovación y creación de un estilo propio. Veamos la tradición de su poesía en cuanto a tres ejes.  En primer lugar cabe destacar que encontramos en su obra influencias de la literatura española. Su primera etapa fue de costumbrismo regionalista, y a ésta añadió propio sentimentalismo: la identificación emocional del propio poeta con la naturaleza. El rayo que no cesa es una reelaboración pagana y sensual de la poesía con todas esas influencias, además del petrarquismo de Garcilaso y el existencialismo de Quevedo. Su poesía amorosa anterior a la Guerra Civil se forja en la tradición del amor cortés, y sus primeras obras, están impregnadas de un toque modernista siguiendo a Rubén Darío. Por otro lado, tiene influjos de Unamuno, Machado y Juan Ramón Jiménez, a quienes lee con asiduidad. Pero en esta etapa de formación de una voz poética propia tampoco rechaza a algunos autores ROMánticos como Bécquer, Espronceda o Zorrilla. En Quién te ha visto y quién te ve y sombra de lo que eras aparece una alusión a Calderón de la Barca, y también encontramos vestigios de Lope de Vega. Pero sobre todo, tiene influencias en su primera etapa de la poesía de Luis de Góngora, que se mantiene hasta el último poema de El rayo que no cesa. En segundo lugar, Miguel también sigue la línea de la vanguardia y el Surrealismo. Aunque sus contactos con las vanguardias fueron escasos, bebe de algunas de sus carácterísticas. Utiliza un lenguaje surrealista antes de tener que dirigirse al pueblo llano en su libro Vientos del pueblo. Pero después de esta etapa de poesía “rebelde”, Hernández escribe a la ausencia de libertad y de esperanza, a los enamorados que no pueden estar juntos, a la inseguridad del futuro… etc. Precisamente a finales de 1935 utiliza algunas imágenes extravagantes, y muestra un conflicto entre la mortalidad y la fuerza pasional de vivir, y por su cambio ideológico, vemos una evolución, abandonando así el tradicionalismo social y conformista. En definitiva, en la obra de Miguel Hernández confluyen lo clásico y lo moderno. Finalmente, Hernández bebe del neopopularismo, que obtiene por la tradición oral y además, sus lecturas: del folklore español y de recreaciones cultas de otros poetas que realzaban la lírica tradicional, y de aquí sacó inspiración de su contemporáneo Federico García Lorca. Hernández dio a su poesía una valoración inmediata, de comunicación con la vida, y la tradición popular persiste, en mayor o menor grado, a lo largo de toda su producción literaria. Este es pues, el estilo del poeta pastor, con influencias variadas que dotan a su poesía de una tradición necesaria y además con la creación de su propia voz poética. En definitiva, en la obra de Miguel Hernández confluyen lo clásico y lo moderno, lo tradicional y lo renovador, en una síntesis ejemplar de la estética en las décadas de los años 20 y 30 del Siglo XX español. De la etapa de pureza estética de la inmensa minoría juanramoniana se pasará a la de la inmensa compañía. Por sus orígenes populares y por su decantación hacia el arte popular más accesibles a los españoles de su tiempo, reelabora y reconstruye las formas populares de los romances y de las cancioncillas tradicionales.


TRAYECTORIA POÉTICA DE MH: LA EVOLUCIÓN DE SU POESÍA

Los amantes de las clasificaciones incluyen a Miguel Hernández entre el conjunto de poetas que configuran la denominada GENERACIÓN DE 1936.

La brevedad de su vida no impide observar distintos influjos, planteamientos y evolución en su poesía.

A. ETAPA DE APRENDIZAJE


. Sus primeros poemas reflejarán el entorno en que se mueve  y sus preocupaciones, eso es: sus despreocupaciones. Vive inmerso en una naturaleza viva, y ella es quien le dicta los temas sobre los que ha de hablar: pastores, corderos, ríos, barrancos, noches silenciosas; árboles, flores, aves.  Difícil encontrar en sus estos textos primerizos otra cosa que imitación de sus fuentes y deseo de escribir poemas, aunque algunos tuvieron la suerte de ser publicados. El contacto con la naturaleza lo convierte en un archivo viviente, conocedor exhaustivo de los elementos naturales («Soneto lunario»). Es frecuente la figura de un pastor o pastora (influencia de Virgilio y Garcilaso). Utiliza todo tipo de metros, ritmos, figuras o rimas.

B. ETAPA DE AFIRMACIÓN


. Hernández sabe que debe evolucionar. Sabe que aquellos  que él tenía como maestros no están de moda. La generación del 27 ha desarraigado al Modernismo para siempre, y ahora prima el lenguaje metafórico sobre el lenguaje lineal, la poesía lírica sobre la narrativa, Guillén sobre Darío, Góngora por encima de todos. El influjo de Jorge Guillén es definitivo en el joven Hernández, que ve en el primero un modelo de perfección formal. Tras un trabajo incansable para convertirse en poeta publica Perito en lunas, compuesto por 42 octavas reales. La crítica, o lo olvidó o lo cuestiónó. Era entonces Miguel el hombre de la tierra que tendía a las formas de expresión más cultas y estaba superando una tragedia: la del hombre sin cultura que aspiraba a ella. Este libro era un intento en su camino hacia la consagración como poeta: su primer paso que resultó fallido. Con todo, a su favor hay que considerar: 1º) Miguel encuentra el camino de la imagen a través de un léxico culto que no le era ajeno y no debe considerarse postizo. 2º) Se ha esforzado para ajustar su pensamiento a la estrofa clásica octava real, lo que supone un ejercicio intenso de condensación y reflexión poética. 3º) En el estrecho margen de la octava ha incluido la mayor parte de sus asuntos poéticos -todo lo referido a la huerta oriolana- y lo ha hecho con tintes vanguardistas. 4º) Ha incorporado también temas apenas abordados por los poetas de su época -como el sexo- que lo convierten en un pionero. 5º) Ha descubierto el valor simbólico de la luna, a través de la cual establecerá relaciones con los cuernos del toro, la sandía, el pozo, la hogaza, el barril, el retrato, la noria, la navaja, el huevo, el horno, etc., bien alejados de los tópicos ROMánticos. Seguirán presentes elementos de la naturaleza y aparecen las metáforas sexuales (la morena: sexo viril en erección; «cero sobre cero»: los testículos; «Holanda espuma»: la eyaculación; la higuera: sexo del poeta; dedo/anillo y río/puente: el acoplamiento….). En el terreno religioso mantiene una profunda lucha interna con los preceptos que le impone la religión en materia de sexo. Tras conocer a Josefina compone los primeros poemas amorosos («Primavera celosa»)

EL COMPROMISO SOCIAL Y POLÍTICO EN LA OBRA DE Miguel HERNÁNDEZ

La vida y la obra de Miguel Hernández están caracterizadas por su compromiso social y político que de forma gradual, irá aumentando conforme se sucedieron en la década de los años 30 tanto situaciones personales del autor como hechos históricos en España. Miguel Hernández nace en una familia humilde que vive del campo y en la que recibe una educación católica. En su orientación literaria jugó un papel muy importante su amigo Ramón Sijé, que junto la citada educación religiosa le llevaron a una tendencia literaria clasista, es decir, a una obra marcada por una ferviente fe religiosa, como vemos en el hecho de que su primera obra de teatro fuera un auto sacramental.  En ésta primera época, Miguel Hernández se caracteriza por una actitud conservadora y conformista, expresando que la manera de llegar a Dios es a través del trabajo, y critica las acciones revolucionarias campesinas y obreras. Esta tendencia queda reflejada en su poesía en las obras Perito en Lunas, en Imagen de tu huella y sobre todo en los poemas sueltos que escribe hasta la primera mitad de la década de los 30. Éstos son poemas con temas clásicos tratados de éste modo, como son la naturaleza, la muerte, el amor y el odio, temas que vemos en poemas como Lagarto, mosca, grillo… o en Un carnívoro cuchillo

Pero con la llegada de la República, esta tendencia conservadora empieza a cambiar. Miguel Hernández comienza a pensar en el más débil, en el obrero, y busca una mejor calidad de vida del más débil a través de la alfabetización, de la enseñanza. Este es el primer compromiso social de Miguel Hernández, que mantendrá hasta su muerte. Buscará llegar al obrero y culturizarlo a través de una poesía sencilla, de modo que éste lo entienda y piense sobre su vida. Es una poesía dirigida, como el propio Hernández indica: “para la inmensa mayoría”; será a partir de éste momento cuando comience la poesía social del poeta. Este cambio de mentalidad se verá muy influenciado por la crisis religiosa que sufre en este momento. Esta época de tránsito la veremos reflejada en la obra El rayo que no cesa, siendo el mejor ejemplo el poema suelto Sonreídme, donde el autor se aparta de las creencias religiosas a las que ha estado sujeto desde su juventud. Ya con posterioridad a influencia de Alberti y Neruda, jugará un papel muy importante en la evolución  política de Miguel Hernández, que, impulsado por los hechos que acontecen a la segunda mitad de los años 30, pasará a una actitud en la que busca defender y dignificar al hombre del campo, buscando concienciarlo de sus derechos y alentarle a conseguirlos. En ésta actitud el origen humilde y campesino de Miguel Hernández jugará un papel muy importante, utilizando incluso en su poesía experiencias para denunciar la situación del hombre del campo. Es precisamente en éste momento y sumido en el contexto histórico, cuando comienza el compromiso político de Miguel Hernández.  Compromiso en el que Miguel Hernández no busca poder o un cargo político, sino conseguir la dignidad de los más débiles a través de la denuncia social por medio de la poesía.

En el momento en el que estalla la Guerra Civil, el poeta se decanta por el bando republicano, que es el que se identifica con los pobres. Miguel Hernández consideraba su poesía como arma para conseguir esa dignificación del más débil, por lo que elaborará una poesía de guerra, es decir, de aliento y propaganda a su causa. Por lo tanto vemos que su mayor compromiso político y social tiene dos detonantes: uno personal, como es la amistad de otros autores como Neruda o Alberti, y otro  histórico, que es el comienzo de la Guerra Civil. Sus dos obras más significativas en el aspecto social y político pertenecen a ésta época:
Vientos del pueblo y El hombre acecha.
La primera se escribe a comienzos de la guerra, y la segunda a finales, por lo que son dos obras con una actitud muy diferente por parte del autor. Es la poesía impura, alejada de las vanguardias y asentada en el Surrealismo.


E. ETAPA DE DESPEDIDA


En 1939 publica Cancionero y romancero de ausencias.
Supone  el último legado, la despedida poética de Miguel Hernández e incluye poemas bellísimos en los que predominan tres temas fundamentales:

El amor, la ausencia y la muerte

Directa o indirectamente manifiesta la tragedia en que se ve envuelto: muerte de su primer hijo, hambre,  separación de los seres queridos, pérdida de la guerra, condena a muerte, cárcel, enfermedad. No consigue eliminar su dolor, aunque sí mantener la esperanza durante algún tiempo, el suficiente para resumir en el nuevo hijo las ansias de eternidad, de libertad, de felicidad. Todo el libro muestra al poeta herido por las tres heridas -la de la vida, la de la muerte, la del amor- que se resumen en una sola: la del amor que traspasa las barreras del tiempo y del espacio. Ni la guerra, ni la cárcel, ni el odio, ni la depresión podrán triunfar sobre el interminable deseo de amar. Amar en plenitud, con amor de padre y de madre como se advierte en las célebres «Nanas de la cebolla», con amor de hijo, con amor sexual.

En contraste con el uso de la poesía popular en su primera época, en la que predominaba el juego metafórico y la búsqueda de efectos estéticos, ahora la poesía es el cauce del desconcierto emocional, cauce profundo que se une a la situación del poeta, y que, por tanto, no responde a intento alguno de imitar formas populares. En el estilo domina la desnudez y la concentración. En sus poemas se formulan metáforas muy singulares, en las que sobresale la proyección de lo trágico y del dolor.


En la primera obra poética, Miguel Hernández toma una actitud luchadora y alentadora, con optimismo en la victoria y alentando a los obreros a luchar contra las personas que les aprisionan y explotan. Miguel Hernández se siente pueblo, y como él, luchará desde las trincheras por sus derechos. Es una poesía comprometida con la búsqueda de la libertad, y que exalta la figura de la patria. Trata de transmitir valentía a los soldados, utilizando lo que él considera su mejor arma: la palabra. Los obreros podrán morir en la guerra, pero morirán con el valor que Miguel Hernández ha buscado desde un principio que consigan: la dignidad.

El poeta pasará a la figura plural, la figura del nosotros, con el fin de arengar a sus compañeros y los incite a luchar por los valores de la solidaridad. Para reflejar este compromiso social y político, Miguel Hernández empleará símbolos del obrero, como es el trabajo, la sangre o el sudor, y utilizará otros como el martillo para incitar a la lucha en busca de los valores comentados y, sobre todo, de la libertad del pueblo llano. Utilizará una forma sencilla para llegar a todo el pueblo. Finalmente el poeta luchará por conseguir una España en la que todo el mundo tenga los mismos derechos para las siguientes generaciones y así lo dejará reflejado en ambas obras.

En la segunda obra citada, el poeta refleja una actitud pesimista y desalentadora, debido al momento en el que la escribe, ya en las últimas fases de la guerra. Lamenta el amor hacia la patria con la inminente derrota en la guerra. En esta obra veremos la frustración del autor, expresando lo más íntimo de él mismo, de su identidad,  marcando el destino de la muerte por las consecuencias de la guerra. Pero Miguel Hernández mantendrá una pequeña esperanza en la victoria a través del amor a su país, intentando negar la derrota total.

Por lo tanto, vemos que el fuerte compromiso social de Miguel Hernández tiene, desde que abandona la motivación religiosa, una faceta cultural hacia el obrero. Mientras tanto, su compromiso político se une con su compromiso social, en la lucha por conseguir la dignidad, la libertad y los derechos de todos los trabajadores de España. Ambos compromisos, como hemos visto, están muy influenciados por los motivos personales del autor y sobre todo por los hechos políticos que caracterizan la época.


C. ETAPA DE CONFIRMACIÓN


En Madrid, se encuentra casi sin querer con uno de los temas que van a dejar honda huella en su poesía: el toro.
No es un asunto novedoso pero ahora se renueva para vivificar su poesía. El amor y la imagen del toro llevan implícitas, además, la de la muerte, que cobra una importancia definitiva. A finales de 1935 da por concluido El rayo que no cesa donde encontramos la célebre «Elegía a Ramón Sijé» (el amigo muerto).Desde el título se observa la intención de deslumbrar y hacer que se le preste atención perdurable. Y lo consigue. Son 30 poemas que giran en torno a su destino como hombre, y éste se fundamenta en torno a dos pilares:

Amor y muerte

El amor que lo lleva en volandas, y la muerte que lo espera para llevárselo. Eros y Tánatos se dan la mano en El rayo que no cesa. El poeta está enamorado, y este amor, que no puede llevar a sus últimas consecuencias, ese amor que no puede concretar carnalmente, le produce una profunda pena a la cual tampoco da plena rienda suelta. Miguel se encuentra en una etapa de crisis espiritual. No olvida la religiosidad recibida en el colegio. Conoce los mejores poemas amorosos de nuestra lírica clásica. Pero su pasión es fuerte, y amenaza con romper barreras, con desbordar los límites permitidos por las enseñanzas católicas. El instinto le pide consumar su amor, («Ya se desembaraza y se desmembrá») pero sigue inhibido por la tradición religiosa que probablemente su amada Josefina (miembro de la congregación de las Hijas de María) le pone por delante para frenar sus ímpetus. Al final pasa de la angustia de vivir como pecado las tentaciones carnales que le alejaban de Dios, a una valoración positiva del amor de mujer. El amor divino es sustituido por el amor humano. La estrofa dominante en el libro es el soneto, y sin duda, el molde del soneto servía también para limitar externamente el ardor que lo devoraba por dentro. Los  símbolos de la etapa son el rayo y el cuchillo, provocadores de heridas y de muerte. 

D. ETAPA DE DERIVACIÓN

Ya habían entrado en la poesía hernandiana los elementos sustanciales que la habían de nutrir. Ya había revitalizado el soneto. Ya conocía el significado de la muerte que se lleva a los seres queridos. Sólo le faltaba consumar el amor. Pero Miguel Hernández es ya también un hombre que no sólo está atento a su interior, sino que también empieza a sentirse comprometido con los hombres menos favorecidos de su tiempo. De la soledad por la ausencia de Josefina pasa a la compañía de los hombres y mujeres que tienen puntos de vista sociales con los que no se puede permanecer en estado neutro. Y se liberará por fin de los yugos de la religión. Cuando estalla la guerra, Miguel se convierte en el poeta del pueblo. La poesía es el arma que sí sabe manejar. Y lo va a demostrar en Viento del pueblo (1937). El libro se abre con una elegía a su amigo Federico y lo continúa con otros 24 textos de diferentes matices: la arenga militar en «Vientos del pueblo me llevan», el recordatorio de la servidumbre secular de los hombres sencillos en «El niño yuntero», el reclamo propagandístico para enrolarse en las filas republicanas en «Llanto a la juventud», el canto a la mujer bélica e ideológicamente activa, el agradecimiento a aquellos extranjeros que murieron defendiendo las fuerzas republicanas, la condena a quienes ayudaron a las tropas nacionales, el ensalzamiento del trabajo manual, la lucha como paso previo a la felicidad familiar. Con esta obra inicia la vuelta a la sencillez del verso, relegando al olvido los rebuscamientos conceptuales. Recoge para sus imágenes y metáforas elementos de la vida agrícola y campesina en general. Se reencuentra consigo mismo y con lo que más conoce y quiere: la vida rural (ejemplo de ese retroceso son «El niño yuntero» y «Aceituneros»). En Viento del pueblo cambia el tono. Ahora es el del hombre que habla a sus compañeros de fatigas. El de quien, sabiéndose pueblo, ocupa un estrado de cierto privilegio. Un privilegio que no utiliza en su propio bien, sino por el del colectivo social en el que se incluye. Se cerrará esta etapa con El hombre acecha (1938), libro dedicado a Pablo Neruda. Consta tan sólo de 19 poemas. El tono del conjunto puede considerarse continuación de Vientos del pueblo. Se pueden clasificar los poemas de esta obra en los siguientes grupos: a)combativos, b) sociales c) políticos y d) de afiliación. El libro refleja la posición que el poeta va asumiendo ante los hechos que se avecinan, esto es, ante la derrota final en la guerra. El poeta pasa poco a poco del tono amargo y desesperanzado a una situación anímica de relajación ante la impotencia.


LOS TEMAS DE Miguel HERNÁNDEZ

En Miguel Hernández destacan, sobre todos, tres temas: el amor, la vida y la muerte.
No obstante, también es muy importante el tema de la naturaleza, que marcará sus primeros poemas. Cabe destacar que, aunque en cada etapa de su producción poética domina un tema sobre los demás, todos se desarrollan a lo largo de su trayectoria.

A)

El tema de la naturaleza

Domina en la 1ª etapa y está relacionada con la experiencia vital de Miguel Hernández, que nace y vive en un ambiente rural. Tres vertientes:1.-

La naturaleza real como entorno vital

La poesía sensorial. En su primera etapa, la naturaleza abarca el paisaje y los elementos cotidianos de su existencia. La naturaleza es la protagonista del poema. Se trata de una naturaleza real, que muestra la capacidad de observación y descripción del poeta. Gran observador, describe con fidelidad lo que conoce: el paisaje oriolano y los componentes de la vida rural, incorporando metáforas puras. No es el locus amoenus ficticio de los poetas clásicos. Aparecen también alusiones y escenas mitológicas que imitan a los clásicos. 2.-

La naturaleza relacionada con Dios

Cosmovisión católica en la que se entrelaza el poder de la naturaleza y la religión. Tiene que ver con el ambiente en el que vive: Orihuela, sede de la diócesis, tiene una atmósfera religiosa y conservadora. Concibe la naturaleza como obra de Dios. La naturaleza es símbolo de la pureza y de la divinidad, frente a lo artificial de la ciudad (tópico de «alabanza de aldea y menosprecio de corte«). 3.-

La naturaleza relacionada con la invención del lenguaje. Naturaleza y hermetismo literario: la poesía pura

Tras su viaje a Madrid, escribe en 1932 Perito en lunas, lleno de acertijos poéticos, apoyada en lo neogongorino y en la adivinanza. En los poemas se destacan objetos sencillos de la naturaleza y de la vida cotidiana. Están todos unidos por la metáfora lunar, de manera que todos los objetos son descritos por sus formas lunares, por su parecido con la luna y las fases lunares. La luna como modelo de comportamiento de la naturaleza: ciclo vital, exaltación de la vida y representación de la fecundidad. Panteísmo hernandiano

En la 2ª etapa, la naturaleza (la tierra, las labores agrícolas, ganaderas y mineras) sirve para situar su reivindicación social, del lado de los trabajadores asalariados y de los más necesitados. En la 3ª etapa (desde 1938), la naturaleza simboliza la libertad. En la 4ª etapa (Cancionero y romancero de ausencias)
La naturaleza aparece como locus amoenus, totalmente retórico, donde se enlazan los enamorados. 


B)

El tema del amor

El amor es el tema fundamental de la poesía de Miguel Hernández: a la naturaleza, a Dios, a la mujer, al hijo, a los amigos, al pueblo, a la vida. El tema amoroso domina en la 2ª etapa, pero es una constante de su poesía que adopta diferentes formas:

1.-

El despertar sexual y la lucha religiosa

En sus primeros poemas (1ª etapa) encontramos referencias a la sexualidad, en ambientes mitológicos imaginarios que entran en lucha con su religiosidad (su poesía religiosa está marcada por la oposición entre espiritualidad y sexualidad). Busca la renuncia a la sexualidad, pero también canta al deleite humanos, celebrando alternativamente a Dios y a Eros (imitación literaria).

2.-

El amor-lamento y el amor-ilusión de la tradición literaria; el amor herida

El amor primero (1ª etapa) hacia una mujer (probablemente real), lo expresa en los primeros momentos dentro de la tradición literaria: el amor inhóspito inspirado en el amor cortés del Siglo XV y los poemas bucólicos petrarquistas del XVI. La metáfora de la herida, propia del lenguaje del amor pasión de los cancioneros medievales y de la mística, se convierte en símbolo de la existencia en Miguel Hernández.

3.-
El amor-dolor, que va de la tradición a la realidad. El amor por Josefina Manresa (1934) le lleva a reelaborar la poesía religiosa del Cántico espiritual de San Juan de la Cruz en clave erótica con influencias del amor idealizado de Petrarca; surge así El rayo que no cesa, en la 2ª etapa, su primer libro de sonetos amorosos. Se trata de un amor real, concreto, enlazado ya para siempre con la relación carnal. La experiencia del rechazo hace que el vitalismo de su poesía genere, por impotencia, el dramatismo de esta etapa: las ganas de vivir, transformadas en ansias de amar, chocan con una moral provinciana y estrecha que rechaza el goce erótico produciendo la vena trágica, la llamada pena hernandiana.

4.-

El amor-alegría; el amor-fraternidad

Tras el matrimonio con Josefina Manresa (1937) y la noticia de su próxima paternidad, el amor en la 3ª etapa se hace un amor gozoso. El amor-alegría también se observa en su última etapa, especialmente en los poemas dedicados a su segundo hijo (Nanas de la cebolla)
. En la etapa de la guerra también encontramos poemas de amor fraternal hacia el pueblo, buscando la igualdad y la justicia.

5.-

El amor-odio

Domina en las poesías de los últimos años de la guerra (3ª etapa), con la visión del hombre como amenaza para el hombre. El pánico es tal entre todos los combatientes que la naturaleza se encoge, desaparece y sólo queda el terror de la guerra, el odio, que se extiende a todos los hombres. El bestiario de ferocidad y cobardía que se asignaba al enemigo en Viento del pueblo se generaliza en El hombre acecha (1937-1939): el hombre es un lobo para el hombre.

TRADICIÓN Y VANGUARDIA EN LA POESÍA DE Miguel HERNÁNDEZ

Nacido en 1910 en el seno de una familia humilde, el oriolano Miguel Hernández Gilabert está considerado como uno de los poetas más significativos del Siglo XX. Aunque cronológicamente pertenece a la Generación del 36, varios factores lo relacionan estrechamente con la del 27.
El más importante es la fusión de tradición e innovación en su obra, fruto de la temprana lectura de los clásicos españoles y de la influencia de las vanguardias.

Calificado como «genial epígono4» del 27 por Dámaso Alonso, Miguel Hernández se inspira en la tradición literaria.
Garcilaso, Quevedo, Lope de Vega y, sobre todo, Luis de Góngora se convierten así en sus principales referentes desde bien temprano. De hecho, el gongorismo es una tendencia que ya se aprecia en su primer poemario de 1932, Perito en lunas, una obra que se inserta en la corriente de la poesía pura y que incorpora una amplia gama de recursos carácterísticos del creador del Polifemo: hermetismo, complejidad metafórica, léxico culto, bruscos hipérbatos… Se trata, en síntesis, de un volumen hermético cuyos poemas se transforman en verdaderos acertijos poéticos, es decir, en imágenes vanguardistas cercanas a la greguería, lo que lo aproxima a Ramón Gómez de la Serna, autor novecentista que sirvió de inspiración al poeta de Orihuela.

El rayo que no cesa, su segunda publicación, de 1936, entronca no solo con el Surrealismo, como veremos inmediatamente, sino también con la tradición, de la que toma la métrica clásica —domina el soneto quevedesco— y los motivos temáticos, que nos remiten al Cancionero de Petrarca, donde la amada es idealizada y presentada como la causa del sufrimiento del poeta.  Gustavo Adolfo Bécquer influyó igualmente en Miguel Hernández. En este sentido, Cancionero y romancero de ausencias representa un hito en la utilización del cantar, enlazando de esta manera con una corriente revitalizadora que se inicia con los posrománticos españoles y que continúa con Machado y la Generación del 27.
Iniciado en 1938 a raíz de la muerte de su primer hijo, esta obra póstuma se fue nutriendo con poemas escritos desde la cárcel que los editores recogieron posteriormente.  Otra de las influencias de la poesía hernandiana es el neopopularismo, presente no solo en su último poemario, sino también en Viento del pueblo (1937). Hernández busca ahora una poesía más directa y cercana a los oprimidos; una poesía que pone de manifiesto, en muchos momentos, su carácter oral y épico —de hecho, algunas composiciones eran leídas para recitarse en el frente—. De ahí que emplee preferentemente el romance y el verso octosilábico, un metro popular e inmediato que hunde sus raíces en la poesía tradicional.  Por otra parte, en los años treinta llega una nueva vanguardia: el Surrealismo, que va a producir una «rehumanización del arte», un nuevo Romanticismo e irracionalismo que dará cabida no solo a lo humano sino también a lo social y político. En la poesía de Miguel Hernández, esta rehumanización se aprecia en El rayo que no cesa que fusionará la poesía impura y la metáfora surrealista con la tradición literaria española— y en Viento del pueblo, que plasma con mayor evidencia el giro hacia la poesía impura: una poesía comprometida y combativa de tono eminentemente épico.  Se puede concluir que en la obra de Miguel Hernández se origina una clara simbiosis entre tradición y vanguardia, y que el predominio de una u otra influencia viene determinado por la propia evolución del artista y por las necesidades expresivas de cada etapa. El trayecto del poeta oriolano es, en consecuencia, una acertada recopilación de todas las tendencias poéticas del momento, lo cual enriquece sobremanera la obra de una de las figuras más representativas de las letras castellanas del siglo pasado.

TRAYECTORIA POÉTICA DE Miguel HERNÁNDEZ: EVOLUCIÓN DE SU POESÍA

Nacido en 1910 en el seno de una familia humilde, el oriolano Miguel Hernández Gilabert está considerado como uno de los poetas más significativos del Siglo XX. Aunque cronológicamente pertenece a la Generación del 36, varios factores lo relacionan estrechamente con la del 27.
El más importante es la fusión de tradición e innovación en su obra, fruto de la temprana lectura de los clásicos españoles y de la influencia de las vanguardias.  En su trayectoria literaria se pueden apreciar varias etapas:
Poesía pura, neorromántica, de compromiso y popular.  Como homenaje al estilo de Luis de Góngora, Hernández escribe en 1932 su primer poemario, Perito en lunas, uno de los exponentes más originales de la poesía pura.
Formado por una colección de cuarenta y dos octavas reales, estos poemas constituyen una sucesión de acertijos poéticos en los que el autor ostenta una gran destreza verbal e imaginativa y en los que incorpora una amplia gama de recursos carácterísticos del creador del Polifemo1: hermetismo, complejidad metafórica, léxico culto, bruscos hipérbatos… Se trata, en síntesis, de un volumen hermético cuyos poemas constituyen imágenes vanguardistas cercanas a la greguería2, lo que lo aproxima a Ramón Gómez de la Serna, autor novecentista que sirvió de inspiración al poeta de Orihuela.  Tras Perito en lunas, el oriolano compuso en 1936 El rayo que no cesa, de estética neorromántica.
Se trata de un poemario de temática amorosa compuesto principalmente por sonetos y otras composiciones memorables como la Elegía a Ramón Sijé. En esta obra, el amor aparece tratado de un modo que resulta cercano al de los cancioneros medievales, en especial al Cancionero de Petrarca, donde la amada es idealizada y presentada como la causa del sufrimiento del poeta.
Durante esta etapa, Hernández se debate entre una moral rígida que ahoga cualquier manifestación amorosa y una libertad deseada, dualidad que será decisiva para comprender el poemario: por un lado, se produce una exaltación del amor como fuerza benefactora; pero por otro, se lamenta enérgicamente de las limitaciones, las represiones y la frustración que supone la insatisfacción plena de ese deseo amoroso.  Con la llegada de la Guerra Civil española, Miguel Hernández se adentra en la poesía comprometida con Viento del pueblo (1937) y El hombre acecha (1939). Durante estos años, Hernández cree necesario convertir el arte en un arma de combate y en un instrumento útil para mantener bien alta la moral del soldado.  Viento del pueblo, cuya primera edición salíó a la venta en Valencia en 1937, es un poemario épico y optimista que recoge diversas composiciones escritas a lo largo de doce meses y publicadas en revistas, diarios de diferentes ciudades o periódicos impresos en el frente. Obra comprometida, está formada por múltiples poemas que denuncian las injusticias y se solidarizan con el pueblo oprimido. En ella, la voz poética se alza para proclamar el amor a la patria, para educar a los suyos en la lucha por la libertad y para increpar a quienes tiranizan al ser humano.  El hombre acecha, por su parte, presenta un giro hacia el pesimismo intimista:
Ahora el poeta se aflige no solo por la muerte colectiva que acarrea el conflicto bélico, sino también por los heridos, las cárceles y el odio entre hermanos. 
Su último poemario, Cancionero y romancero de ausencias, entronca con ese neopopularismo ya presente en Antonio Machado o en algunos miembros de la Generación del 27 como García Lorca o Rafael Alberti. Iniciado en 1938 a raíz de la muerte de su primer hijo, esta obra póstuma se fue nutriendo con poemas escritos desde la cárcel que los editores recogieron posteriormente. El oriolano alcanza así la madurez poética con unas composiciones que beben de la sencillez de la lírica popular y abordan los temas más obsesionantes de su mundo lírico: el amor, la vida y la muerte, sus «tres heridas»


LAS IMÁGENES Y LOS SÍMBOLOS EN Miguel HERNÁNDEZ

El lenguaje poético de Miguel Hernández experimenta una serie de cambios a lo largo de la trayectoria del poeta, en estrecha relación con las etapas por las que atraviesa, y que son:

• Una primera etapa dominada por la poesía pura de Perito en lunas. Con un lenguaje próximo al gongorismo, por la dificultad de su metamorfismo creado a partir de elementos pertenecientes al lenguaje del mundo de la naturaleza.

• Una segunda etapa que corresponde a la poética neorromántica de El rayo que no cesa. Es un  lenguaje que mezcla el gongorismo con el lenguaje propio de la expresión del dolor que causa el amor.

• Una tercera etapa motivada por la situación política y social, que da lugar a la literatura de urgencia de Viento del pueblo y El hombre acecha. Utiliza un lenguaje directo y claro de la poesía que tiene como finalidad defender la libertad, la clase trabajadora.

• Una última etapa caracterizada por su encarcelamiento y la soledad, que da lugar a la poesía intimista de Cancionero y romancero de ausencias. Con un lenguaje propio de la lírica tradicional, sencillo y directo, como vehículo apropiado para la expresión de un sentimiento auténtico, que en esta ocasión se corresponde con el dolor, la soledad, el amor y la esperanza.

Los símbolos

Una carácterística fundamental del lenguaje poético de Miguel Hernández es la utilización de una serie de símbolos que aparecen en todas sus etapas creativas. Pero, como también el lenguaje y la métrica, estos símbolos adquieren diferentes significados y connotaciones en estrecha relación con la evolución temática de su poesía.

Estos símbolos son:

A. Huesos

La utilización del símbolo de los huesos es una constante en la poesía de Miguel Hernández. En su primera etapa creativa, se citan los huesos cuando el poeta trata el tema de la muerte. En el período amoroso, este símbolo pasa a designar el impulso erótico, en relación con la amada y con el deseo sexual no satisfecho. En el período bélico, este símbolo pasa a identificarse con la fuerza de las tropas, que el autor trata de mantener. Por último, en su última etapa, este símbolo expresa principalmente la ausencia de la amada.

B. Lluvia

La lluvia también es una de las metáforas constantes en la obra de Miguel Hernández. En su primera etapa, este elemento se identifica con el fenómeno natural fundamental para la vida, elemento del que depende la vida del agricultor. En el período amoroso, la lluvia hace referencia a la pena y al dolor que provoca el amor: También, la lluvia se relaciona con el dolor producido por la muerte de un ser querido, como se refleja en la Elegía Primera, dedicada a Federico García Lorca. En los poemas de la etapa bélica, la lluvia se asocia con el esfuerzo del trabajador, y se identifica con el sudor. En otros poemas de la misma etapa, la lluvia se transforma en símbolo apropiado para avivar los ánimos de los soldados. En el período carcelario, este símbolo vuelve a ser la imagen del dolor, ahora un dolor por verse alejado de todo y de todos, con el inevitable recuerdo de las personas amadas. En otros poemas del ciclo, la lluvia es también la esperanza que proporciona el recuerdo de todo lo vivido y el deseo del reencuentro con sus seres queridos:

C. Luna


Símbolo fundamental en la obra poética de Miguel Hernández, la luna adquiere dos significados claramente diferenciados. En su primera etapa, la luna como astro y sus fases se relacionan con el paso del tiempo y con el ciclo de la vida.

Después de esta etapa, cuando aparece la luna es siempre signo de fatalidad, de muerte, opuesta, en muchas ocasiones, a la claridad y al sol.


D. Rayo


El símbolo del rayo aparece en la poesía de Miguel Hernández en su etapa amorosa. En ella, el rayo es siempre el dolor, la pena amorosa, y suele asociarse a otros símbolos, como el cuchillo, la navaja o la espada. En los poemas de la etapa bélica el rayo pasa a expresar la fuerza. En su última etapa, el rayo es símbolo del recuerdo de la amada, recuerdo feliz, pero también doloroso, ya que su recuerdo es lo único que tiene de ella.

E. Toro


Otro de los símbolos carácterísticos de la poesía de Miguel Hernández no es el toro, que    experimenta una evolución de acuerdo con la etapa por la que el poeta atraviesa. En el primer período, el toro se asocia con la muerte. En el período amoroso, el toro adquiere una doble interpretación. En libertad es símbolo de virilidad, pero en la plaza, se asocia a la fatalidad.  En el período bélico, el toro se opone al buey, y éste simboliza al pueblo explotado, a quien el poeta intenta ensalzar y unir ante la necesidad de la guerra. 

F. Viento


El viento como símbolo aparece en todas las etapas de la poesía de Miguel Hernández, y en cada una de ellas con significados diferentes. En la primera etapa, el viento es fenómeno atmosférico, relacionado siempre con la naturaleza que rodea al poeta. En el período amoroso el viento simboliza la mujer amada.  En la etapa bélica, el viento es la fuerza del pueblo y la voz del poeta, que se identifica con el viento como vehículo de transmisión de sus ideales. En contraste, en el período carcelario, el viento se asocia al odio y al rencor.

G. Tierra


La tierra es otro de los símbolos que experimenta una notable evolución en la poesía de Miguel Hernández.  En un primer momento, la naturaleza se asocia a la naturaleza y al mundo del trabajo. En la etapa amorosa, la tierra se relaciona con el amor. En la etapa bélica, la aparición de la tierra remite a los pobres. En su última etapa, la tierra se asocia a la pérdida irreparable del hijo.

6.- El amor-esperanza

Pero Miguel rechaza esta visión y busca la esperanza. En la poesía de su 4ª etapa busca superar la muerte y la miseria mediante la esperanza y de ahí el anhelo de vida. Su poesía se vuelve intimista, se rehumaniza.
Cancionero y romancero de ausencias es una especie de diario lírico en que la ausencia (de justicia, de amor y de libertad) se constituye en el centro del poemario, pero aún así Miguel Hernández. Supera su amargura y culmina con un canto de esperanza y victoria de sus ideales. Sus últimos poemas están destinados al amor, aúna concepción del amor intimista y realista. Un amor entendido idealistamente como amor-esperanza, en unos poemas protagonizados por su mujer (como esposa y como madre), con una sutil carga erótica, y por sus hijos (el que murió a los diez meses y el que seguía vivo). El amor por su mujer y sus hijos transciende y se convierte en amor fraternal, amor a todos los hombres.



C)

Los temas de la vida y la muerte

Junto con el amor, la vida y la muerte forman la triada temática de la poesía de Miguel Hernández. Tema dominante en la 3ª etapa, con la poesía de la guerra, es también una constante poética que se observa de diferentes formas en las distintas etapas:

1.-

La muerte como parte de la vida

En su obra se suceden las fases del crecimiento del individuo: la ingenuidad de la infancia, la contemplación del entorno natural, la religión de su ambiente cultural, los enamoramientos, el despertar de la conciencia y el sexo, la lucha por los ideales y el choque contra la adversidad y la muerte. Poéticamente, vida y muerte se aúnan en dos sentidos: el sentido existencialista de Heidegger el hombre es un ser nacido para la muerte, vivir es un ir muriendo a cada instante (Quevedo) y el sentido solidario de la muerte-semilla de Whitmann: el hombre es un ser que vela por la especie y que permanece en ella. Vida y muere se unen definitivamente en los últimos poemas de Cancionero y romancero de ausencias (4ª etapa): Amor y muerte aparecen unidos para que la vida del ser humano se perpetúe como especie, se vence a la muerte en cuanto engendramos. La vida de los seres humanos se entiende como semilla germinadora de nueva vida; es el ciclo vital de los hombres y del universo. Los muertos son símbolo de permanencia y constancia de la especie humana.

2.-

Las elegías

El sentimiento de amistad llevó a Miguel a escribir numerosas elegías por familiares o amigos muertos. La muerte aparece tempranamente en la vida de Miguel Hernández, con la muerte de tres de sus hermanas siendo niñas: vida y muerte prematura como destino de la naturaleza. Destaca la Elegía a Ramón Sijé muerto a los 22 años (Diciembre de 1935).

En definitiva, la constancia temática vida, amor y muerte crea numerosos campos metafóricos e imágenes personales en su poesía. Toda su obra gira en torno a los misterios de la vida, la generación y la muerte: el amor como síntoma de vida, luz, claridad y lo más elevado de la perpetuación de la especie, por un lado, pero, por otro, la otra cara de la realidad, el amor como destrucción, la muerte, la sombra, la oscuridad y lo más bajo del oprobio humano. Estos motivos centrales (vida, amor y muerte) se funden en la sacralidad de la vida orgánica, coincidiendo con las religiones primitivas


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