5 Modernismo y 98 en luces de bohemia

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5 Modernismo Y 98 EN


LUCES DE BOHEMIA


A finales del Siglo XIX y principios del XX se produjo un cambio en la visión del mundo y una ruptura con los supuestos estético-ideológicos decimonónicos. Se pasa del paradigma objetivista, capaz de explicar la realidad (el Realismo, el positivismo, la fe en la ciencia…) al dominio del subjetivismo, que conduce al relativismo. Así, se intenta captar la vida de otra forma, se cree que la realidad puede conocerse por medio de la intuición (prospera el espiritualismo) y a través de diferentes perspectivas irracional y vitalista (los sentimientos individuales, las pulsiones internas…)Todo esto, literariamente, desembocó en: por un lado, el predominio del subjetivismo frente al objetivismo del Realismo; por otro, la lírica fue en la Modernidad el género dominante, producíéndose una ley de contagio y modificándose radicalmente el sistema genérico. Por último, la Modernidad se caracterizó por un especial relieve del lenguaje artístico, por un esmero estilístico máximo.De este modo, la literatura inicia la búsqueda de nuevos caminos que puedan explicar en toda su complejidad el mundo interior del hombre y una realidad en constante cambio político y social. Este afán de renovación fue la base del Modernismo, que en sus orígenes pretendía una renovación total de la vida y el arte a través de su postura antiburguesa y de la recuperación de la belleza del lenguaje literario, que ellos creían descuidada en el Realismo anterior.Todos los escritores pretenden esa renovación de la literatura, sin embargo hay algunos que además están muy preocupados por la realidad política de España durante estos años de profundos cambios y graves problemas. Son los autores de la Generación del 98. Estos escritores, alarmados por el problema de España, pretenden regenerar la vida pública de un país atrasado cultural y políticamente.Los autores más importantes de estos años y en los que se encuentran más rasgos modernistas son Rubén Darío y en las primeras obras de Machado y Valle
Inclán, y más rasgos noventayochistas en Pío Baroja, Azorín y Miguel de Unamuno.Ambos movimientos tienen en común, por un lado, la búsqueda de un lenguaje diferente, más claro, preciso y beso; y, por otro lado, su espíritu de protesta y su profundo amor al arte. Sin embargo, hay dos rasgos que los diferencian: el primero de ellos es la concepción revolucionaria de la vida, antiburguesa y a veces bohemia y elitista de los modernistas; frente a la búsqueda ante todo de la verdad de los del 98.El artista modernista profesa la religión del arte por el arte, que le hace distanciarse de la sociedad en una postura elitista de enaltecimiento de la creación y desapego del prosaico y utilitarista mundo burgués. De ahí, el gusto modernista por el escapismo (ambientes medievales, cosmopolitismo, exotismo, referencias a lugares lejanos…) y la búsqueda apasionada de la belleza, su esteticismo militante que elabora un lenguaje culturalista y sensual. Por el contrario, los autores del 98 encarnan la figura del intelectual preocupado por la sociedad del momento que reflexiona desde presupuestos filosóficos o metafísicos sobre la situación del hombre moderno y del país. Sus temas serán, por tanto, el problema de España, la intrahistoria (una visión no oficial sino apegada a la vida cotidiana de los individuos de la historia) y las preocupaciones existenciales (el sentido de la vida, la existencia de Dios…)La obra de Valle dentro del Modernismo es importante, y en ella se incluyen obras como sus Sonatas, que son el mejor ejemplo de prosa modernista en España, o sus novelas sobre la guerra carlista. Pero a partir de 1915, tras su experiencia como corresponsal de guerra durante la 1ª Guerra Mundial, se dará en él un giro importante: se sigue oponiendo a la conservadora sociedad burguesa, pero ahora no lo hará desde un tradicionalismo idílico, sino desde posiciones muy críticas, que lo aproximarán a los presupuestos ideológicos reformadores de la Generación del 98.Desde esta nueva postura comprometida con la realidad, Valle aportará a la Generación del 98 una manera muy crítica de reflejar España: el esperpento.Hacia 1920 todas sus obras, narrativas o teatrales, presentarán rasgos esperpentizadores en mayor o menor medida. El esperpento es la respuesta ética y estética de Valle que refleja y denuncia la realidad miserable y deformada de la España de los años 20 y 30.Max Estrella, el protagonista de Luces de bohemia, representa en gran medida la evolución de su autor desde las posturas bohemias del Modernismo, al compromiso activo con los más desfavorecidos. Las luces brillantes de la bohemia se están apagando y un violento contraluz reflejará la sociedad española de los años 20, sumida en el oscurantismo religioso, los abusos de poder de los políticos y la ignorancia de un pueblo que detestaba la cultura y la inteligencia.Podemos, por último, señalar muestras concretas del ascendente modernista y del espíritu noventayochista en Luces de bohemia. Ejemplos del primero son las elaboradísimas acotaciones escénicas, en las que Valle evidencia su estilo sensorialista y lleno de imágenes. En ellas se observa una prosa poética caracterizada por un estilo aristocrático y refinado, plagado de recursos retóricos, neologismos y cultismos. Asimismo, también le acerca al Modernismo el leguaje culturalista y la actitud elitista de algunos personajes (como Dorio Gádex, o el propio Max, al principio). Rasgos del 98 son las continuas críticas a la España de la Restauración y las consideraciones en torno a la religión (entre Peregrino Gay y Max en la librería de Zaratustra o Rubén Darío y Max en el café Colón) o sobre la muerte (conversación entre Rubén y el marqués de Bradomín en el cementerio), las numerosas referencias literarias (Rubén Darío, Pérez Galdós, Calderón…) o la recuperación de arcaísmos y localismos (beatas, chica, gachó…).

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