La producción novelística de Miguel Delibes: la visión crítica de la realidad
Miguel Delibes, en su dilatada obra como novelista, evoluciona estilísticamente, pero siempre prevalece en su producción el valor de la palabra sencilla y precisa, así como su concepción del mundo: el hombre como principio y fin de su novela; sus circunstancias y el entorno en que habita.
Precisamente, como consecuencia de insertar al hombre en el paisaje, nace una voluntad objetiva y profunda de describir la vida en los pequeños pueblos castellanos y el paisaje castellano. No obstante, Delibes huye de la idealización del mundo rural en sus novelas, pues la vida en el campo es muy dura y solo se puede salir adelante si el campesino ama la tierra en la que vive.
No podemos olvidar la concepción pesimista del mundo que de vez en cuando asoma en sus novelas. Esta concepción también evolucionará: si en sus primeras obras es patente una actitud desesperanzada de raíz cristiana, en sus últimas novelas percibimos un tono de queja, de protesta y de rebeldía moral contra la sociedad.
La producción novelística de Miguel Delibes: unidad temática y clasificación
La unidad temática e ideológica de la obra de Delibes nos hace hablar más que de etapas en su evolución, de tendencias. Diversas son las clasificaciones de su obra. La que nos parece más acertada es la que sigue:
Etapa de iniciación: las dos primeras novelas
Delibes inicia su andadura con una novela netamente existencial: La sombra del ciprés es alargada (1948). Aunque pronto evoluciona hacia otras preocupaciones, muchos ingredientes fundamentales de esta primera producción pasarán a ser una constante en su obra: la muerte, la infancia, la soledad, el alma de Castilla…
La angustia existencial ante la muerte constituye la esencia del libro. En su relato autobiográfico, Pedro cuenta la experiencia infantil que ha condicionado su forma de ser: la muerte de su amigo Alfredo.
Época de formación (desde 1950 hasta 1962)
Arranca con El camino (1950), acogida con entusiasmo, en la que teje la trama con los recuerdos de Daniel, el Mochuelo, un chico de once años a quien su padre obliga a ir a la ciudad para estudiar el bachillerato; la última noche revive sus travesuras infantiles y los buenos ratos —también algunos de los malos— que ha pasado con sus amigos Roque, el Moñigo, y Germán, el Tiñoso.
La veta de crítica antiburguesa que caracteriza al autor se hace patente ya en Mi idolatrado hijo Sisí (1953). Diario de un cazador (1955), Premio Nacional de Literatura, gozó de considerable popularidad.
Época de madurez (a partir de 1962)
En esta etapa Delibes crea las que, junto con El camino, pueden considerarse sus mejores novelas. Hay un dominio progresivo del simbolismo, la ironía, el humor y la ternura. Le interesan sobre todo las condiciones de inserción del individuo en la sociedad y Delibes da paso a la experimentación de nuevas técnicas.
Las ratas (1962), por la vía de la ficción, da rienda suelta a la denuncia de los problemas del campo castellano que se veía obligado a silenciar en el periódico. Esta novela anuncia ya el aumento de la agresividad en la crítica social y la sustitución de la ironía humorística por un simbolismo descarnado que dominará en una etapa posterior de su narrativa.
Cinco horas con Mario (1966) abre el camino a la experimentación que conducirá la narrativa de Delibes a la renovación formal. Además de los atractivos formales que ofrece la obra, son de extraordinario interés el proceso introspectivo en que se sustenta —que deja al desnudo el alma de la protagonista— y la radiografía social que de sus reflexiones se desprende. Los contenidos de la novela se ven realzados por el empleo de una técnica narrativa moderna y extraordinariamente eficaz, basada en el monólogo interior. La apariencia de diálogo se mantiene de principio a fin con el uso del vocativo, de la segunda persona y de expresiones del tipo “tú dirás”, “ya ves”, aunque no hay un interlocutor activo.
Continúa la experimentación en Parábola del náufrago (1969), verdadera parábola de la degradación progresiva hasta la aniquilación del individuo bajo la presión de un sistema totalitario y que, además de la experimentación en cuanto a la forma, constituye una crítica contra la sociedad contemporánea deshumanizada.
En tres obras posteriores se acercará Delibes al tema de la guerra: El príncipe destronado, Las guerras de nuestros antepasados (1975; la alegación antibelicista es mucho más contundente) y 377A, madera de héroe, donde la guerra civil volverá a aparecer pero, por primera vez, el tema se aborda de forma directa y, sin caer en el partidismo, se reflexiona sobre él de forma profunda.
En obras como El disputado voto del señor Cayo Delibes hace una defensa del mundo natural y rural como el único en el que es posible la plena comunión del hombre consigo mismo. También Los santos inocentes toca el tema rural: se narran, desde una técnica experimental, las terribles condiciones de vida de unos campesinos extremeños sometidos a un régimen semifeudal al servicio de los terratenientes.
La última entrega de Delibes es El hereje, extensa y ambiciosa novela de ambiente histórico, modalidad que hasta la fecha no había intentado.
La visión crítica de la realidad
El tema central de la narrativa de Delibes es el hombre y sus relaciones con su entorno. Su preocupación por el ser humano dota a sus personajes de una gran humanidad. Pero el autor no se limita a dejar constancia de la situación; su último objetivo es criticar todo aquello que, según su postura, puede ser mejorado, lo que conlleva la denuncia social en muchas de sus obras.
La mirada crítica de Delibes se proyecta sobre:
- La crítica social, centrada en las injusticias económicas y las condiciones de vida de las clases rurales y humildes.
- La crítica ecológica (entendida como la incapacidad del hombre para vivir en consonancia con la naturaleza y sus agresiones gratuitas a la misma).
- La crítica política, que no aparece de manera abierta sino que debe inferirse de las situaciones y las alegorías.
La crítica social tiene especial relevancia en obras como Las ratas o Los santos inocentes. La crítica política aparece especialmente, aunque en clave alegórica, en Parábola del náufrago, que es un alegato contra los regímenes dictatoriales que anulan la voluntad del ser humano.
En Cinco horas con Mario la crítica política aparece disfrazada de crítica social. En 377A, madera de héroe, se critica la inutilidad de las ideas políticas, porque tanto las del padre como las del hijo no conducen más que a la muerte y a la destrucción. En obras como El príncipe destronado o El tesoro aparece una crítica al mundo de la educación.
No hay crítica en otras obras de Delibes, como La sombra del ciprés es alargada, Mi idolatrado hijo Sisí o El camino. En La sombra del ciprés es alargada, Premio Nadal, Delibes inaugura su carrera literaria con dos de las que luego serán sus constantes narrativas: la infancia y la muerte. La muerte de Germán, el Tiñoso, en El camino nos muestra que es un acto doloroso, injusto e incomprensible ante el que solo queda la fe en Dios. Mi idolatrado hijo Sisí forma parte de ese copioso apartado de la narrativa delibeana en el que los niños son protagonistas; se dibuja un niño de la ciudad, un niño rico, caprichoso, mimado y ignorante.
El tema del amor cobra relevancia, por ejemplo, en Señora de rojo con fondo gris, novela de tono sentimental en que el amor es la nostalgia de la felicidad perdida.
Según Miguel Delibes: «un hombre, un paisaje y una pasión» son elementos inexcusables en la construcción de un relato.
