La novela después de la Guerra Civil

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EL TEATRO ANTERIOR A 1940

En las tres primeras décadas del Siglo XX se observan dos grandes tendencias en el teatro español: el teatro comercial y el teatro renovador. 

El teatro comercial o tradicional, dirigido a un público burgués que busca únicamente en el teatro diversión y entretenimiento, es el que alcanza el éxito en los escenarios. Tres géneros se disputan el favor del  público; la comedia burguesa, el teatro poético y el teatro cómico. 

La «comedia burguesa», cuyo máximo representante es Jacinto Benavente (Premio Nobel 1922), hace una crítica amable y levemente irónica de la burguésía. Su obra más carácterística es Los intereses creados, Benavente cultivó también otros subgéneros, como el drama rural (La malquerida).

Otra fórmula de éxito es el teatro poético, escrito en verso, de tema generalmente histórico y con influencias modernistas; entre sus cultivadores cabe citar al dramaturgo Eduardo Marquina, autor de En Flandes se ha puesto el sol. 

En tercer lugar, el teatro cómico alcanza en esta época un notable desarrollo, con fórmulas diversas, desde los sainetes de Carlos Arniches, en que se reflejan los tipos populares madrileños de la época (chulapos), hasta la astracanada, parodia cómica del teatro clásico español, de Pedro Muñoz Seca (La venganza de Don Mendo). 

Mientras este teatro triunfa en los escenarios, otros autores escriben un teatro innovador que se aparta de lo tradicional y busca nuevos temas y formas. Autores del 98, como Unamuno y Azorín, cultivan un teatro intelectual y reflexivo que no goza del favor del público. Pero los grandes creadores en el teatro español de la época son, sin duda, Ramón del Valle- Inclán, y Federico García Lorca.


Valle-Inclán, tras sus comienzos modernistas, escribe el ciclo de las Comedias bárbaras, en que se refleja una Galicia mítica, intemporal, en la que reina la violencia y el hombre se deja llevar por sus pasiones. Esta línea culmina con Divinas palabras. Pero la gran aportación de Valle a la historia de nuestro teatro es el esperpento, que él mismo define -en Luces de bohemia- como una deformación sistemática de la realidad, en la que se destacan sus aspectos más grotescos.  Son propiamente esperpentos la citada Luces de bohemia, que cuenta las últimas horas de vida del poeta bohemio Max Estrella en el Madrid decadente, «absurdo, brillante y hambriento», de los años 1920, y la trilogía Martes de carnaval. 

Varios componentes de la Generación del 27 se vieron tentados por el teatro. Son interesantes las obras escritas por Rafael Alberti (El adefesio), Miguel Hernández ( El labrador de más aire ) y Alejandro Casona (La dama del alba).  Lorca, uno de los grandes poetas españoles del Siglo XX. No solo compuso obras de teatro sino que también fundó y dirigíó “La Barraca”, una compañía de aficionados con la que recorríó los pueblos de España representando a los clásicos. Su creación teatral atraviesa por diversas etapas: a la primera corresponde la tragedia de tema histórico Mariana Pineda, farsas (La zapatera prodigiosa) y  piezas breves de teatro para marionetas. La segunda etapa incluye un teatro vanguardista, que solo ha podido estrenarse décadas después de la muerte de su autor: obras difíciles como Así que pasen cinco años y El público, que exploran los instintos ocultos del ser humano. La tercera etapa (1932-36) es la época de plenitud del dramaturgo, a la que pertenecen sus grandes tragedias en las que las fuerzas naturales imponen un destino trágico a los personajes, muchos de ellos mujeres: Bodas de sangre (amor frustrado), Yerma (maternidad frustrada) y su obra maestra La casa de Bernarda Alba ,que acaba con la frustración total del amor y de la libertad


LA NOVELA ESPAÑOLA ENTRE 1940 Y 1974

Tras la Guerra Civil, se impone en España el régimen dictatorial del general Franco, que supone un empobrecimiento cultural con respecto a los años anteriores. Muchos grandes novelistas (Max Aub, Ramón J. Sender)  emprenden el camino del exilio, y escriben fuera de España la parte más importante de su obra.

En España, en la inmediata posguerra,  predomina en la novela el Realismo tradicional, muchas veces con un enfoque ideológico muy sesgado (Agustín de Foxá, Madrid de corte a checa) , o con ánimo de entretenimiento (Wenceslao Fernández Flórez, El bosque animado). 

Con la publicación, en 1942, de La familia de Pascual Duarte, de Camilo José Cela, se cambia el enfoque, poniendo el énfasis en los aspectos más negativos y sórdidos de la realidad (tremendismo). En la misma línea, aunque con un carácter más existencia, está otra de las novelas mas más destacadas de los años 40: Nada, de Carmen Laforet, en la que Andrea, su protagonista, narra en primera persona la realidad desoladora que encuentra en la Barcelona de posguerra. 


En los años 50 predomina una literatura realista de intención social, caracterizada por  los temas sociales, la presencia de un protagonista colectivo, la reducción espacial y temporal, y la sencillez de su estructura, que suele ser lineal. La novela social, inaugurada por Cela con La colmena (1951), tiene a veces una finalidad de abierta denuncia social, y en otras ocasiones, como en El Jarama (Sánchez Ferlosio, 1956), se presenta como un mero testimonio de la época, a través de un narrador observador externo que reproduce, como una cámara de cine, lo que ve y lo que oye. 

A principios de los 60, con la aparición de Tiempo de silencio (1962), de Luis Martín Santos, se pone fin al Realismo social, criticado por su pobreza de estilo, y se abre una nueva etapa, marcada por la renovación formal que culminará en el experimentalismo de los años 70. La nueva novela busca nuevas formas narrativas, adoptando técnicas que ya se estaban experimentando en Europa y América desde los años veinte (Joyce, Kafka, Faulkner) y teniendo muy en cuenta la novela del boom hispanoamericano (García Márquez, Cortázar, Vargas Llosa) El argumento pierde importancia, en tanto que se complica la la estructura (desaparición de la división en capítulos); se emplean diferentes narradores (multiperspectivismo), se rompe la linealidad del tiempo del relato a través de flashbacks o del contrapunto;  y se hace uso de los más variados registros y de un lenguaje rebuscado, Barroco y complejo.

Después de Tiempo de silencio la tendencia general es hacia el experimentalismo. Se incorporan a él autores ya conocidos (Delibes, Cinco horas con Mario; Cela, San Camilo 1936; Torrente Ballester (La saga/fuga de J.B.; Juan Goytisolo, Señas de identidad, La reivindicación del conde don Julián) y otros nuevos (Juan Marsé, Últimas tardes con Teresa; Juan Benet, Volverás a Regíón). Solo a partir de 1975 se volverá a una estética realista, regresando al placer de contar historias.


LA NOVELA ESPAÑOLA DESDE 1975

El fin de la dictadura y la llegada de la democracia, a mediados de los 70, trajeron consigo la la desaparición de la censura, una mayor libertad creativa y la recuperación de la obra de los escritores exiliados. 

La novela experimental, que ha dominado durante la década de los 60 y la primera mitad de los 70, empieza a mostrar síntomas de cansancio. La publicación en 1975 de La verdad sobre el caso Savolta, de Eduardo Mendoza, significa el nuevo giro de la narrativa española, que vuelve al Realismo y al interés por el argumento.  Se trata de una narrativa que se dirige a un lector medio que prefiere el entretenimiento a la complejidad narrativa. 

En esta época se produce un importante crecimiento del número de publicaciones (gracias a la gran cantidad de premios literarios), y del número de lectores (boom editorial de novelas comerciales o best-sellers,  con casos muy representativos, como el de Carlos Ruiz Zafón). Aumenta la  presencia de mujeres en la literatura (Almudena Grandes, Elvira Lindo, Lucía Etxebarría…), se estrecha la relación entre literatura y periodismo y crece el interés por el relato corto (y, en los últimos años, incluso del microrrelato, ayudado por la proliferación de los blogs), así como por la novela de género (histórica, policíaca, etc.)

Durante estos años siguen escribiendo los grandes autores de generaciones anteriores (Cela, Delibes, Juan Goytisolo, etc.), pero surgen nuevos nombres hoy ya consagrados. Entre los más valorados por la crítica podemos citar a Eduardo Mendoza (La verdad sobre el caso Savolta, La ciudad de los prodigios), Javier Marías (Corazón tan blanco, la trilogía Tu rostro mañana), Antonio Muñoz Molina (Sefarad, La noche de los tiempos) y Luis Landero (Juegos de la edad tardía), entre muchos otros. 


Es difícil clasificar la novela actual en distintas tendencias, no solo por la falta de perspectiva (es el período en el que estamos inmersos), sino porque los narradores españoles actuales son muy individualistas, y muy diferentes entre sí. Entre las corrientes principales que podemos considerar están: la novela realista, de denuncia social (Rafael Chirbes, Crematorio); la novela experimental, muy relacionada con la de los años 60 y 70 (Larva, de Julián Ríos); la metanovela (novela que reflexiona sobre los aspectos teóricos de la misma escritura), como El desorden de tu nombre, de Juan José Millás; y la novela lírica, con un lenguaje cercano al de la poesía (La lluvia amarilla, de Julio Llamazares). 

Un gran auge han tenido en las últimas décadas géneros como la novela histórica (El capitán Alatriste, de Pérez-Reverté), especialmente la dedicada a revisar la guerra civil española (como Soldados de Salamina, de Javier Cercas), y la novela policíaca (en la que sobresale Manuel Vázquez Montalbán, creador del detective Carvalho). 

Cabe citar también el desarrollo, durante la década de los 90, de una novela enfocada en las vivencias de los jóvenes, lo que se llamó novela de la Generación X (José Ángel Mañas, Historias del Kronen), que no ha tenido sin embargo continuidad. Por otra parte, Internet ha propiciado una literatura fragmentaria, con frecuentes apropiaciones de textos ajenos, como la de los autores de la llamada Generación Nocilla (Agustín Fernández Mallo, Nocilla Project). Todavía está por ver si los cambios que las nuevas tecnologías están provocando en los hábitos de lectura tendrán o no un efecto significativo en la novela del Siglo XXI.

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