PARTE I
CAPÍTULO 1
Alonso Quijano, un hidalgo que rondaba los 50 años, era de complexión fuerte y rostro delgado. Se apellidaba Quijada, Quesada o Quejana. En su tiempo libre se dedicaba a leer libros de caballería, hasta el punto de que descuidó el ejercicio de la caza y la administración de su hacienda. Incluso vendió tierras para comprar más libros. Sus favoritos eran los de Feliciano de Silva (Amadís de Gaula). Se enfrascó tanto en la lectura que llegó a perder el juicio y comenzó a fantasear con numerosas aventuras.
Decidió, entonces, convertirse en caballero andante. Limpió la armadura de su bisabuelo y convirtió el morrión en celada. Visitó a su caballo y tardó cuatro días en nombrarlo Rocinante. Luego tardó ocho días en buscarse un nombre a sí mismo, hasta que dio con Don Quijote; acordándose de Amadís, añadió a su nombre el de su patria para honrarla. Ya solo le faltaba una dama de la que enamorarse para dedicarle sus victorias. Finalmente, eligió a Aldonza Lorenzo, una moza labradora, a quien nombró Dulcinea del Toboso, un nombre digno de una princesa.
CAPÍTULO 2
Don Quijote comenzó su camino. Creía que el azar debía disponer las aventuras y dejó que el caballo eligiera la ruta. Le asaltó un pensamiento: según la ley de caballería, no podía luchar sin haber sido armado caballero. Pronunciaba lamentos hacia Dulcinea imitando el lenguaje de los libros. Hacía calor, no ocurrió nada digno de contar y Don Quijote quería probar su valor. De lejos vio una posada; en la puerta se encontraban dos rameras que iban a Sevilla con unos arrieros. Don Quijote las confundió con hermosas doncellas y la posada con un castillo de cuatro torres, puente levadizo y foso. Esperó a que un enano anunciase su llegada a toque de trompeta, pero un porquero tocó su cuerno. Llegado a la posada, el ventero llevó a Rocinante a la caballeriza y las doncellas le desarmaron. Le ofrecieron comer y beber, pero se complicó la situación, ya que Don Quijote no se quitó la celada. Don Quijote le pidió al ventero velar sus armas en la capilla y este le ofreció una pila del patio.
El ventero les contó a sus huéspedes la locura de Don Quijote y estos se asomaron a verle. Uno de los arrieros decidió ir a darle agua a sus mulas y Don Quijote le advirtió que no se acercase a las armas; el arriero hizo caso omiso y Don Quijote le dio un golpe en la cabeza con la lanza. Después llegó otro arriero con la misma intención y ocurrió lo mismo. A este último le abrió la cabeza y el gran estruendo advirtió a los vecinos, quienes comenzaron a tirarle piedras. El ventero intentó poner paz, lo consiguió y le dio la orden de caballería para que se fuese cuanto antes.
CAPÍTULO 3
Don Quijote salió de la posada contento por haber sido nombrado caballero y, acordándose de los consejos del ventero, se dirigió hacia casa para proveerse de dinero, camisas y tomar por escudero a un vecino suyo. De camino, escuchó voces y se acercó al bosque, donde se encontró con un muchacho de 15 años atado a una encina, al que un labrador azotaba con una correa. Don Quijote pidió al labrador que parase y este le explicó que el criado (Juan Haldudo) le perdía una oveja cada día y que le castigaba para no pagarle el sueldo. El labrador desató al criado, pero en cuanto Don Quijote se fue, lo volvió a atar y a azotar. Don Quijote continuó su camino acordándose de Dulcinea. De repente, se encontró con un grupo de gente que iba a Murcia a comprar sedas y Don Quijote imaginó una nueva aventura, pensando que eran caballeros andantes. Cuando estaban cerca, les obligó a detenerse y les cortó el paso hasta que confesasen que Dulcinea era la doncella más hermosa. Uno de ellos se burló diciendo que no la conocía y que se la mostrase; Don Quijote, enfadado, arremetió contra él, pero Rocinante se tropezó y acabó en el suelo. Un mozo de mulas se acercó, partió la lanza y le dio una paliza. Don Quijote, incapaz de levantarse, se quedó allí tirado recordando el romance de Valdovinos hasta que uno de sus vecinos, Pedro Alonso, le encontró. Don Quijote siguió con su delirio y Pedro le llevó de vuelta a casa. Al llegar, su ama discutía con el sacerdote y el cura sobre su ida y comentaban la idea de quemar esos libros de caballería que habían provocado la locura de Don Quijote. Al llegar, todos percibieron su pérdida de juicio, ya que les contó que había combatido contra diez gigantes. Le hicieron mil preguntas que no contestó, así que finalmente le dejaron descansar.
CAPÍTULO 4
Al día siguiente, el cura y el barbero fueron a casa de Don Quijote a quemar los libros. Perdonaron de la quema a Amadís de Gaula (por ser el mejor), Historia del famoso caballero Tirante el Blanco, Palmerín de Inglaterra (por su estilo) y La Galatea (porque Cervantes es amigo del cura). El resto fueron arrojados por la ventana hacia el patio. Don Quijote despertó dando cuchilladas hacia todas partes; lo tranquilizaron, le dieron de comer y se volvió a dormir. Esa noche, el ama quemó los libros del corral, y el cura y el barbero quitaron la puerta y tapiaron el cuarto. Cuando Don Quijote se levantó, fue en busca de los libros y el ama le dijo que ya no había más. Don Quijote estuvo 15 días en casa, le pidió a un labrador vecino suyo ser su escudero, le prometió hacerle gobernador de una ínsula y Sancho Panza aceptó. Don Quijote se hizo con dinero y camisas, pidió prestado un escudo y avisó a Sancho del día y hora de partida. Le encargó que llevase alforjas y él dijo que también llevaría un asno. De camino, comentaban lo de ser el rey de la isla. La mujer de Sancho se llamaba Juana Gutiérrez.
CAPÍTULO 5
Don Quijote vio a lo lejos unos 30 o 40 gigantes con los que pensaba batallar. Sancho le advirtió de que eran molinos de viento y sus brazos largos eran las aspas. Don Quijote lo calló diciendo que él no sabía de aventuras. Don Quijote fue a por ellos, embistió al primer molino, dándole en el aspa que rompió la lanza y envió al caballero rodando por el campo. Sancho acudió en su ayuda. Siguieron su camino hacia Puerto Lápice. Don Quijote iba pensando qué hacer con su lanza y se acordó de Diego Pérez de Vargas (Machuca), el cual, al verse sin espada, arrancó una rama de una encina. Tras pasar la noche entre árboles, siguieron su camino. Asomaban por el camino dos frailes de San Benito montados en mulas, a los que les seguía un coche con una escolta de cuatro o cinco caballos y dos mozos a pie. En el coche viajaba una señora vizcaína que iba a Sevilla a reunirse con su marido para irse a América. Don Quijote pensó que era una princesa secuestrada y Sancho se lo negó. Don Quijote se puso en mitad del camino y pidió que soltasen a la princesa; los frailes dijeron que no sabían nada y Don Quijote arremetió contra el primer fraile.
El segundo echó a correr. Sancho se acercó al religioso y comenzó a quitarle los hábitos. Los mozos arremetieron contra Sancho mientras Don Quijote se entretenía con el coche. Un vizcaíno se acercó a Don Quijote y lo amenazó. Comenzaron una batalla, Don Quijote perdió la mitad de una oreja y golpeó al vizcaíno con la espada en toda la cabeza. Iba a matarle, pero las señoras del coche le rogaron el perdón y Don Quijote aceptó a cambio de que le dijesen a Dulcinea lo ocurrido. Sancho le pidió a Don Quijote que se curase la oreja, y este le dijo que lo curaría con el bálsamo de Fierabrás.
EVOLUCIÓN DE LOS PERSONAJES
Evolución de Sancho Panza
- Inicio: Campesino pobre y analfabeto que se une a Don Quijote como escudero.
- Desarrollo: Muestra más coraje y lealtad, desarrollando una personalidad propia, mezcla de sabiduría popular, malapropismos y humor.
- Final: Se convierte en un personaje complejo, confidente y amigo esencial, reflejando la madurez de la propia novela.
CAPÍTULO 12
El cura comienza a leer la Novela del curioso impertinente. La historia trata sobre dos caballeros ricos de Florencia, amigos inseparables. Anselmo se casó con una hermosa doncella y Lotario, para no generar habladurías, visitaba poco la casa, pero Anselmo insistía. Anselmo quería poner a prueba la fidelidad de Camila y le pidió a su amigo que la sedujese. Lotario se resistió pero terminó aceptando. Al final, Lotario sedujo a Camila y terminó locamente enamorado de ella. Cuando Anselmo volvió de viaje, Camila le explicó lo que había hecho Lotario y que ella le quería haber matado, y Lotario le contó que Camila le fue fiel. Al final, Anselmo se enteró de la verdad y murió de tristeza. Lotario murió en una batalla y Camila de melancolía.
Mientras el cura contaba la historia, Sancho interrumpió diciendo que fuesen a ver cómo Don Quijote mataba a un gigante. Cuando entró el ventero y vio que le estaba dando cuchilladas a los cueros llenos de vino, empezó a pegarle. El barbero le echó agua fría y Don Quijote despertó. Sancho comenzó a buscar la cabeza del gigante. Después, llegaron cuatro hombres y una mujer vestida de blanco. Apareció Cardenio y Dorotea descubrió que era su esposo, Don Fernando. Se desmayó. Luscinda también reconoció a Cardenio. Finalmente, cada cual se fue con su pareja. Entró también un hombre cristiano vestido con traje moro, acompañado de una mujer vestida de morisca. El hombre era Ruy Pérez de Viedma, de noble linaje, nacido en León.
Un hermano suyo era juez, otro se fue a las Indias y él se decidió por las armas. En el abordaje a una nave enemiga cayó prisionero y fue esclavo de Uchali. Cuando su amo murió, fue a parar a manos del rey de Argel. Un día, una mora llamada Zoraida le envió dinero y una nota en árabe pidiéndole casarse con él a cambio de irse a territorio cristiano. Él aceptó y planeó la fuga. Cuando cayó la noche, llegó otro coche pidiendo posada: era el juez Juan Pérez de Viedma, hermano del cautivo. El cura relató la historia del cautivo para ver la reacción del juez y, al ser positiva, el cautivo fue a abrazar a su hermano.
Evolución de Don Quijote
Don Quijote comienza la novela como un hidalgo enloquecido por la lectura de novelas de caballería. A medida que la historia avanza, se encuentra con la realidad y comienza a ver el mundo de manera más clara, aunque su locura y pasión nunca desaparecen del todo. Experimenta una evolución en su comprensión de sí mismo: al final, se da cuenta de que la vida no es como en los libros y que ha sido engañado por su imaginación. Sin embargo, su nobleza y espíritu valiente se mantienen hasta el final, representando la lucha eterna entre la ilusión y la realidad.
