Teatro español en el siglo XX: Benavente, Valle-Inclán, Lorca

EL TEATRO ESPAÑOL EN EL PRIMER TERCIO DEL SIGLO XX (Benavente, Valle-Inclán, Lorca)

El teatro anterior al 36 está marcado por condicionamientos comerciales, dependientes de la empresa privada. Ello significa que la mayoría de los autores han de crear sus obras pensando siempre en los gustos del público burgués, que se resiste a los cambios. Así, quienes pretenden innovar o experimentar se arriesgan al fracaso de taquilla o tener que escribir exclusivamente para lectores. En este panorama se distinguen dos tendencias dramáticas: el teatro continuista de las formas decimonónicas y los intentos de innovación y experimentación.

EL TEATRO CONTINUISTA

Los autores que practican este tipo de teatro escriben para satisfacer los gustos del público burgués y aristocrático, que es el que llena las salas. Ideológicamente, está muy limitado: su mensaje no puede ir más allá de lo que comprende un burgués medio. En este tipo de teatro destacan obras de tipo diverso:

  • La comedia burguesa, también conocida como “alta comedia” o “ comedia de salón”, cuyo principal cultivador fue José Echegaray, primer nobel español, quien lleva a escena conflictos ligeros y superficiales en ambientes burgueses o aristocráticos, pero sin atisbo alguno de crítica. El gran Galeoto (1881), Mariana (1892) y Malas herencias (1912) son algunas de sus obras.
  • El teatro cómico, cultivado por Carlos Arniches, los hermanos Álvarez Quintero y Pedro Muñoz Seca. Estos autores escriben sainetes de ambiente madrileño o andaluz, y presentan en escena tipos populares, cómicos, con rasgos exagerados que se expresan en un lenguaje popular y castizo.
  • El teatro en verso, heredero de los dramas románticos, de tema histórico o ideología tradicionalista, donde destacan Francisco Villaespesa y Eduardo Marquina.

EL TEATRO INNOVADOR

Es un tipo de teatro que pretende incorporar nuevas formas de vanguardia y reflexionar sobre asuntos más profundos. Intentos de renovación encontramos en autores del 98, como Unamuno, cuyo drama El otro no fue entendido por el público; en Ramón Gómez de la Serna, que presentó innovaciones escénicas con Los medios seres; y más tarde, en autores del 27 como Alberti, que se acercó al teatro con una original obra, Noche de guerra en el Museo del Prado. Los autores más destacados en estos intentos de renovación son Jacinto Benavente, Valle- Inclán y Lorca.

Jacinto Benavente (1866-1954)

Tuvo un comienzo muy atrevido en su trayectoria dramática con el estreno de El nido ajeno, un drama muy crítico con la situación de la mujer casada en la sociedad burguesa. El planteamiento de la obra escandalizó y duró poco en cartel. Benavente se enfrenta entonces al dilema de plegarse a la exigencias del público o verse rechazado. Por ello, atenúa su tono crítico en las obras siguientes: La noche del sábado, Rosas de otoño o Señora Ama, más cercanas a la comedia de salón. Sin embargo, años más tarde crea obras más interesantes: entre ellas destacan La Malquerida, de 1913, que presenta una relación incestuosa, muy difícil de asumir para el público y Los interese creados, de 1907, una deliciosa farsa que encierra una visión muy cínica y grotesca de los ideales burgueses. Benavente recibe el Premio Nobel de Literatura en 1922 y hasta su muerte le acompañará el éxito del público.

Ramón María del Valle Inclán (1866-1936)

Ha sido incluido siempre por la crítica literaria a la generación del 98. Sin embargo, ocupa en la literatura del siglo XX una posición bastante singular. Con una coherencia nunca vista entre vida y obra, fue siempre antiburgués, inconformista y lleno de pasión por la literatura. De su “aristocratismo” modernista juvenil pasó a defender posiciones más progresistas y revolucionarias, lo que le costó un fuerte enfrentamiento con el poder, sobre todo con la dictadura de Primo de Rivera. Esa evolución vital se refleja perfectamente en su trayectoria artística, que cubrió todos los géneros literarios:

  • Teatro social, con el pueblo como protagonista colectivo. En esta etapa Valle escribe, entre otras, las Comedias bárbaras (una trilogía que incluye ÁguiladeBlasón, Romance de lobos y Cara de plata), compuesta entre 1907 y 1922. Se desarrollan en el ambiente rural gallego, y suponen una denuncia del caciquismo, la tiranía y la violencia.
  • Etapa de las farsas. Entre 1909 y 1920, Valle escribe una serie de piezas (Lacabezade dragón, Cuento de abril, Voces de gesta, La marquesaRosalinda) en las que incorpora un tipo de lenguaje ácido, bronco y violento, que anticipa ya los esperpentos.
  • Etapa de los esperpentos. La fecha crucial en la obra de Valle-Inclán es 1920. Ese año escribe, entre otras obras dramáticas, Luces de bohemia, la primera pieza que recibe el nombre de esperpento. En esta obra y otras posteriores se mueven figuras marginales, grotescas, ridículas, que el autor ha pasado por el tamiz del expresionismo. El autor se complace en la exageración de los rasgos de los personajes, la degradación de los mismos, a los que animaliza o cosifica. El objetivo es agredir a la realidad con una carcajada que no perdona a nadie: ni a personajes públicos, ni a instituciones, ni a mitos. Se trata de una risa amarga que, en el fondo, esconde un profundo desengaño y una visión muy pesimista de la realidad española. A partir de 1921 continúa con esta técnica en una trilogía llamada Martes de Carnaval.

Federico García Lorca (1898-1936)

Tienen una producción teatral que asombra por su unidad temática. Los críticos la han sintetizado con fórmulas como “elconflictoentrela realidad y el deseo” o “el deseo imposible”. En realidad esto términos no solo definen el teatro de Lorca, sino la totalidad de su obra literaria, ya que el elemento central del universo del autor es la frustración. En el teatro lo que frustra y condena a los personajes lorquianos se sitúa en un doble plano: el metafísico, donde las fuerzas enemigas de los protagonistas son la muerte y el tiempo; y el social, que presenta a los personajes enfrentados con las convenciones, los prejuicios y las barreras sociales y morales. Con frecuencia, ambos planos se entrecruzan. Lorca se nutre de múltiples tradiciones: el drama rural, la tragedia clásica, el teatro de títeres, el teatro de vanguardia… De ahí la variedad de géneros que cultivó. En la evolución del teatro de Lorca observamos tres momentos de desigual extensión:

  • Los tanteos y experiencias de los años 20: En 1920 estrena Elmaleficiodelamariposa, una obra simbolista presentada como fábula, en la que una cucaracha se enamora de una bella mariposa. La obra fue un fracaso que duró tres días en cartel. En esta etapa también llega su primer éxito, Mariana Pineda, estrenada en 1927 con decorados de Salvador Dalí. Es un drama en verso al modo romántico sobre la heroína que murió ajusticiada en Granada por bordar una bandera liberal. Lorca la plantea como un drama de amor trágico, pero la obra será recibida por el público con una significación política en plena dictadura de Primo de Rivera.
  • El vanguardismo de los años 30: Tras su estancia en Nueva York, tanto la obra poética de Lorca como su teatro dan un giro radical. Fruto de esta crisis son las dos obras que él denominó misterios o comedias imposibles: se trata de El público y Así que pasen cinco años, escritas bajo el influjo del surrealismo. En ellas destaca Lorca su imaginación y su lenguaje, y están pobladas por personajes que esconden las obsesiones y frustraciones del autor: la conciencia de ser diferente, la represión, la reivindicación de que cualquier tipo de amor es lícito…Todo ello expresado simbólicamente.
  • Etapa de plenitud: Es en los años 30 cuando Lorca consigue que su teatro guste definitivamente al público, al que conquista con dos tragedias y dos dramas, época en la que también proyecta otras obras que nunca escribiría. En todas ellas tiene un puesto central la mujer, que representa con su situación social el ser marginado y perseguido. Todas las piezas se presentan en ambientes andaluces provincianos o rurales, cuya moral asfixiante precipita el destino trágico de los protagonistas. Así sucede en Bodas de sangre (1933), basada en un hecho real: una boda que huye con su amado el mismo día de la boda. Se representa una pasión que desborda barreras sociales y morales, pero que desemboca en la muerte. Yerma (1934) es el drama de la mujer condenada a la infecundidad, con todo su alcance simbólico. También fue un gran éxito, pero sufrió el rechazo de los sectores más conservadores de la sociedad. Doña Rosita la soltera o el lenguaje de las flores (1935) presenta la espera inútil del amor. Lorca se acerca a la situación de la mujer en la burguesía urbana, a la soltería de las muchachas provincianas, condenadas a marchitarse como flores. La casa de Bernarda Alba (1936), que Lorca nunca vio representada, es un drama rural en el que una pasión prohibida vuelve a chocar con las convenciones sociales. En este caso Lorca coloca a cinco mujeres en una situación límite: el luto interminable, el encierro y la oscuridad, se unen al autoritarismo de su madre, Bernarda. La falta de libertad, la asfixia y las pasiones extreman los conflictos, que conducirán a un final trágico.

Sin duda alguna, la pérdida de este genio determinaría el devenir de la literatura española. La injusticia y la sinrazón cercenaron su vida y nos privaron de seguir disfrutando de las creaciones de un autor sin igual. Hasta aquí nuestro repaso a las obras y autores más significativos de un género tan especial que el propio Lorca describiría en una ocasión como “poesía que se levanta del libro y se hace humana”.

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