Temas recurrentes del teatro de Federico García Lorca

Federico GARCÍA Lorca es, junto con Valle-Inclán, el máximo exponente de la renovación del teatro español de la primera mitad de siglo.

Sus primeros dramas están relacionados con el teatro modernista
. El maleficio de la mariposa, poema bellísimo, sin estructura teatral. Mariana Pineda (1925), su primer éxito, enlaza con el drama histórico en verso del momento. El tema es las trágicas consecuencias del amor y la libertad en una sociedad opresora.

En una etapa posterior escribe farsas para guiñol (Tragicomedia de Don Cristóbal y la Señá Rosita, y el Retablillo de Don Cristóbal) y farsas para personas (La zapatera prodigiosa y Amor de don Perlimplín con Belisa en su jardín).

Teatro surrealista


Después de su viaje a Nueva York, escribe El público y Así que pasen cinco años, próximas a Poeta en Nueva York. Son obras complejas, herméticas, con símbolos difíciles y arbitrarios. Sus temas son la huida del tiempo o la lucha interior del hombre.

Obras centrales


. De 1930 a 1936 el teatro es su actividad prioritaria. Los temas son la lucha entre la realidad y el deseo – encarnados por lo general en mujeres, portadoras de las pasiones y símbolos de la fecundidad- evolucionan desde el plano metafísico al social. En unas, la muerte o el tiempo; en otras, el entorno social, la intransigencia moral, los prejuicios y el orgullo de clase conducen a la tragedia.

A esta etapa pertenecen Doña Rosita la soltera o el lenguaje de las flores (1935) y la Trilogía dramática de la tierra española, integrada por tres tragedias:

Bodas de sangre (1933),

Yerma (1934)               

La casa de Bernarda Alba (1936).

Bodas de Sangre está escrita en prosa y verso. La acción se desarrolla en un doble plano: el social y el telúrico. En el plano social, son la violencia, la procreación y el culto a la tierra desembocan en la muerte; en el telúrico, las alegorías de la Muerte y la Luna, que conducen al sacrificio. Yerma es el drama de la esterilidad, de la maternidad frustrada.

La casa de Bernarda Alba, inspirada como Bodas de sangre en un suceso real, es su obra cumbre. El encierro impuesto, el luto, la prohibición de salir a la calle alimentan la fuerza de la fatalidad y el erotismo trágico. En la eterna lucha de la libertad contra la tiranía, del instinto natural contra la razón arbitraria se impone la muerte.

En fin, el teatro de Lorca supone una extraordinaria renovación porque incluye elementos líricos y simbólicos, y eleva algunos temas típicos de la sociedad de su tiempo, aparentemente locales, a la categoría de conflictos universales del ser humano.


Breves notas para leer a Federico García Lorca

Federico García Lorca nacíó en Fuentevaqueros (Granada) en 1898. En 1919 se traslada a la Residencia de Estudiantes de Madrid, donde trabará relaciones con los escritores que constituirán su grupo poético y también con artistas como Dalí y Buñuel. Entre 1929 y 1930 visita como becario Estados Unidos y Cuba; más adelante visitará también Argentina y Uruguay, donde sus obras dramáticas obtuvieron un gran éxito. Fue el fundador en 1932 del grupo teatral “La Barraca”, con el que recorríó los pueblos de España representando obras del teatro clásico. Pocos días después de estallar la Guerra Civil es detenido en Granada y fusilado en el Barranco de Víznar por las fuerzas militares sublevadas.

EL CONTEXTO LITERARIO: LA GENERACIÓN DEL 27

Lorca pertenecíó al grupo poético o Generación del 27, poetas que alcanzaron su plena madurez en los años de la 2ª República Española (1931-1936), y entre los que, además de Lorca, podemos citar a Jorge Guillén, Dámaso Alonso, Pedro Salinas, Gerardo Diego, Vicente Aleixandre, Luis Cernuda, Rafael Alberti. El grupo fue bautizado como “del 27” por haber celebrado ese año el tercer centenario de la muerte de Góngora.

En los autores de este Grupo podemos destacar dos grandes líneas de influencia:


Los movimientos de vanguardia. Algunos de los poetas se vincularon en sus comienzos a corrientes de vanguardia como el Ultraísmo y el Creacionismo (Gerardo Diego). Aunque más significativa fue la influencia posterior del Surrealismo, que inspiró algunas de las obras más importantes de Lorca (“Poeta en Nueva York”), Alberti (“Sobre los ángeles”) Cernuda (“Los placeres prohibidos”) y Aleixandre (“Espadas como labios”, “La destrucción o el amor”)

La tradición literaria. El grupo del 27 no sólo rompe con la tradición literaria inmediatamente anterior, sino que recupera y reaviva la literatura española clásica:En sus inicios reconocen el magisterio de Juan Ramón Jiménez. De él heredarán el ansia de perfección, la exigencia y el rigor en la expresión y la búsqueda de la esencia poética, desdeñando la anécdota poética (es la época de la “poesía pura”)También hay que señalar la admiración por Unamuno, Machado y Rubén DaríoDel pasado más remoto rescataron formas de la poesía tradicional (canciones, villancicos, romances) en la tendencia conocida como “neopopularismo”; de la poesía del Siglo de Oro, prestaron especial atención a Góngora, pero también a Garcilaso, San Juan de la Cruz, Lope  y Quevedo; y de la poesía del XIX, recibieron la influencia del intimismo de Bécquer.Al terminar la década de los veinte, puede notarse un cambio de orientación estética. Las tensiones políticas y sociales del país alejan a los poetas del 27 del esteticismo y del purismo poético. A ello contribuyen, además, las repercusiones del Surrealismo y la presencia en España, a partir de 1935, de Pablo Neruda, quien lanza en su primer número de su revista “Caballo verde para la poesía” un manifiesto a favor de la “poesía impura”, cercana a la realidad humana y social. Al terminar la Guerra Civil, el grupo se dispersa definitivamente: ha muerto Lorca; la mayoría de los poetas emprende el camino del exilio (Alberti, Guillén, Salinas, Cernuda…); sólo quedan en España Dámaso Alonso y Vicente Aleixandre, que servirán de puente entre el grupo y las nuevas generaciones poéticas.


OBRA POÉTICA

A sus primeras tentativas poéticas pertenece “Libro de Poemas” (1921), dentro de la estética modernista.

Entre 1921 y 1929 compone “Canciones”, “Poema del cante jondo” (que no aparecíó hasta 1931) y “Romancero gitano” (1928). Este libro convertiría a su autor en un mito: “el cantor de los gitanos” y reflejaría el tema central de toda la obra lorquiana: la aparición de seres al margen del mundo convencional (Antoñito el Camborio, Soledad Montoya, “El emplazado”…), que buscan la felicidad y el amor, pero no llegan a alcanzarlos porque se encuentran abocados por un destino trágico a la frustración o a la muerte. Todo ello rodeado en una atmósfera de misterio y sensualidad en donde destaca la brillantez de las imágenes poéticas: comparaciones, metáforas, personificaciones…

En 1929, el poeta sufre una fuerte crisis personal que le conduce a viajar a Estados Unidos; allí escribe  “Poeta en Nueva York”. La ciudad estadounidense, con su desarrollo tecnológico y deshumanización, constituye el tema central. La civilización de la máquina, el poder del dinero, la masificación, el dolor ante la injusticia y la insolidaridad (hacia los negros o hacia los homosexuales) producen un clima de angustia que sólo puede encontrar su cauce de expresión en las técnicas surrealistas: verso libre, imágenes oníricas o visionarias, asociaciones ilógicas…

 Tras “Poeta en Nueva York”, Lorca escribe “Llanto por Ignacio Sánchez Mejías”, elegía publicada en1935 y dedicada al torero y amigo muerto. En esta obra se conjugan elementos de la tradición literaria e imágenes surrealistas.

Los últimos poemarios de Lorca, publicados póstumamente, son “El Diván del Tamarit” (utiliza moldes de la poesía árabe clásica)  y “Sonetos del amor oscuro” (en los que expresa su personal experiencia amorosa).

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