Poesía Española del Siglo XX: De Antonio Machado a las Vanguardias

Antonio Machado: Entre el Modernismo y la Generación del 98

Antonio Machado es una figura clave de la poesía española del Modernismo y de la Generación del 98, aunque su trayectoria es personal y difícil de encasillar. Su primera obra, Soledades, galerías y otros poemas, se sitúa dentro de un modernismo intimista, mientras que en libros posteriores se acerca a las preocupaciones sociales y regeneracionistas del 98. Lo que define su poesía es el escepticismo, la angustia vital y un profundo interés filosófico, junto a una gran capacidad para integrar influencias diversas como el simbolismo, el impresionismo o incluso formas orientales como el haiku.

Etapas de la obra poética de Machado

La obra poética de Machado suele dividirse en tres grandes etapas:

  • Primera etapa (hasta 1907): Corresponde al Machado modernista y está representada por Soledades. Predomina un tono melancólico e intimista, con temas como el paso del tiempo, los sueños, la infancia perdida y el amor. Aparece ya un uso constante de símbolos (el camino, la fuente, el río, el mar, la tarde…) que sirven para expresar la vida interior del poeta y su angustia ante el tiempo y la muerte. Dios se presenta como una presencia deseada, pero problemática, en una línea cercana a Miguel de Unamuno.
  • Segunda etapa (1907-1919): Es la de la madurez y se refleja en Campos de Castilla. En este libro, Machado presta mayor atención al paisaje castellano, que se convierte en símbolo de España, y muestra una actitud crítica y regeneracionista ante la decadencia del país. El paisaje real se transforma en meditación moral, contraponiendo el esplendor pasado con un presente pobre y atrasado. Junto a los poemas de paisaje aparecen composiciones dedicadas a personajes admirados, reflexiones existenciales, inquietudes religiosas y los conocidos “Proverbios y cantares”, breves poemas de tono sentencioso. El lenguaje se vuelve sencillo, sobrio y austero, con preferencia por formas populares como el romance y la copla.
  • Tercera etapa (1919-1939): Corresponde a los últimos años del poeta y se plasma en Nuevas canciones y otros libros finales. La poesía se vuelve aún más reflexiva y filosófica, con abundancia de sentencias breves y pensamientos paradójicos. Destacan los nuevos Proverbios y cantares, las Canciones a Guiomar y los poemas escritos durante la Guerra Civil, donde Machado adquiere un tono más comprometido.

Conceptos esenciales: Esencialidad y temporalidad

Para Machado, la poesía se basa en dos conceptos esenciales: esencialidad y temporalidad. La esencialidad implica la primacía de la vida y de la experiencia vivida sobre la imaginación; la temporalidad se refiere a la emoción del tiempo que pasa, gran tema central de su obra. De ahí la importancia de los símbolos temporales (el agua, el camino, el reloj) y de temas como el sueño, el amor recordado, la búsqueda de Dios y la soledad del hombre.

En el plano métrico, Machado muestra preferencia por formas sencillas y sobrias. Aunque en sus inicios experimentó con la métrica modernista, acabó decantándose por la silva romance (combinación de heptasílabos y endecasílabos con rima asonante), que se adapta perfectamente a su visión del tiempo como algo fluido y cambiante.

Juan Ramón Jiménez: El camino hacia la Poesía Pura

Juan Ramón Jiménez representa de forma ejemplar al poeta puro, entregado por completo a su creación literaria. Concibe la poesía como una actividad absoluta, por encima de cualquier otra dimensión vital, lo que explica su aislamiento y su concepción elitista del arte, resumida en su famosa dedicatoria “a la inmensa minoría”. Para comprender su obra es fundamental tener en cuenta tres ideas básicas: su defensa de una poesía minoritaria y exigente, la consideración de su producción como una obra en marcha, siempre revisable, y la definición de la poesía como un triple deseo de belleza, conocimiento y eternidad. Para Juan Ramón, la poesía es una vía de acceso a la perfección, a la realidad última e incluso a Dios, identificado con la Belleza o con la Naturaleza.

Las tres etapas de la trayectoria juanramoniana

La trayectoria poética de Juan Ramón Jiménez es una evolución constante hacia la depuración, hacia la búsqueda de la palabra exacta. El propio autor distinguió tres grandes etapas:

  • Etapa sensitiva (hasta 1915): Marcada por una poesía intimista, melancólica y musical, con influencias del Romanticismo, el Simbolismo y el Modernismo. En sus primeros libros predomina un tono sentimental y nostálgico, con temas como la soledad, el amor, la tristeza, la naturaleza y la muerte. Aunque utiliza recursos modernistas, como el colorismo o la sinestesia, su lenguaje tiende progresivamente a la sencillez. Obras como Arias tristes, Jardines lejanos o Pastorales muestran ya un lirismo contenido. A esta etapa pertenece también Platero y yo (1914), obra clave de prosa poética.
  • Etapa intelectual o de la poesía desnuda (1916-1936): Supone un giro decisivo que se inaugura con Diario de un poeta recién casado, libro fundamental que marca el abandono del modernismo ornamental. El poeta busca ahora una expresión pura, esencial y exacta, eliminando lo accesorio. El lenguaje se vuelve sobrio, el verso se libera de esquemas tradicionales y se generaliza el verso libre. En libros como Eternidades, Piedra y cielo o Belleza, profundiza en la realidad interior y la aspiración a la eternidad.
  • Etapa suficiente o verdadera (1936-1958): Corresponde a los años del exilio y representa la culminación de su trayectoria. La poesía se vuelve más abstracta, conceptual y profunda. En obras como Espacio o Dios deseado y deseante, aparece un misticismo personal de raíz neoplatónica, donde Dios se identifica con la belleza o la conciencia creadora del poeta.

Juan Ramón Jiménez está considerado el gran renovador de la lírica española del siglo XX, ya que facilitó la llegada de las vanguardias y ejerció una influencia decisiva en la Generación del 27. Su obra sentó las bases de la poesía contemporánea.

Las Vanguardias: Definición y rasgos comunes

Con el nombre de vanguardias se designa un conjunto de movimientos artísticos y literarios que se desarrollan en Europa durante el primer tercio del siglo XX, especialmente en el periodo de entreguerras. El término procede del francés avant-garde y refleja el espíritu combativo y rupturista de estos movimientos frente al arte decimonónico, académico o burgués. Las vanguardias surgen en un contexto de crisis histórica y social, marcado por la Primera Guerra Mundial.

Características de los «Ismos»

El objetivo común de las vanguardias es la renovación radical del arte mediante la creación de nuevas formas estéticas y la ruptura con la tradición. Pese a su diversidad, comparten una serie de rasgos comunes:

  • Carácter revolucionario: Rechazo del realismo y de la sensibilidad romántica.
  • Experimentación constante: Supresión de la puntuación, uso del verso libre e incorporación de elementos visuales (poema como objeto visual).
  • Deshumanización del arte: Según Ortega y Gasset, esto provoca un alejamiento del gran público, dando lugar a un arte minoritario.
  • Conciencia de grupo: Manifestada a través de sus manifiestos.

Entre las principales vanguardias europeas destacan el expresionismo (visión subjetiva y angustiada), el futurismo (exaltación de la máquina y la velocidad), el cubismo (fragmentación y collage), el dadaísmo (nihilismo y provocación) y el surrealismo (exploración del inconsciente y los sueños según las teorías de Freud).

Las Vanguardias en España: Creacionismo, Ultraísmo y Ramón Gómez de la Serna

El desarrollo de las vanguardias en España estuvo marcado por la difusión del futurismo, la llegada de Vicente Huidobro en 1918, la influencia de Ortega y Gasset y la recepción del surrealismo. El vanguardismo español destaca por su carácter ecléctico.

Movimientos principales

  • Creacionismo: Fundado por Vicente Huidobro, defiende que el poema debe crear una realidad nueva y autónoma. El poeta es un “pequeño dios”. Influyó en Juan Larrea y Gerardo Diego.
  • Ultraísmo: Impulsado por Cansinos-Assens y Guillermo de Torre, busca ir más allá del Novecentismo. Defiende la metáfora irracional, los caligramas y la ruptura de la lógica. Influyó en la Generación del 27 y en Jorge Luis Borges.

La figura de Ramón Gómez de la Serna

La figura clave fue Ramón Gómez de la Serna (1888-1963), divulgador del nuevo arte a través de la revista Prometeo y la tertulia del Café Pombo. Su aportación más original es la greguería, definida como:
Greguería = Metáfora + Humor.

Las greguerías son frases breves que combinan imágenes insólitas e ingenio. La obra de Ramón marca el paso entre la seriedad del 98 y la renovación humorística del siglo XX, siendo una figura esencial vinculada tanto al Novecentismo como a la Generación del 14.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *