Vanguardias del siglo XX: movimientos, características y teatro en España

Las vanguardias: definición y características

Las vanguardias son movimientos artísticos del siglo XX. El objetivo de los vanguardistas fue renovar los códigos estéticos y experimentar libremente con nuevos lenguajes artísticos para expresar el sentir del mundo contemporáneo. Surgen los llamados «ismos». La mayoría de los movimientos tuvieron una existencia efímera y apenas llegaron más allá de sus manifiestos. Sus características comunes son:

Características principales

  • Antirrealismo y autonomía del arte: El rechazo de la realidad se tradujo en la supresión de cualquier elemento que vincule la obra de arte con el mundo real. El ideal de la poesía pura perseguía el objetivo de crear mundos poéticos.
  • Irracionalismo: La poesía se sustentaba en sí misma y potenció el culto por la imagen.
  • Afán de originalidad: Las vanguardias buscaron la belleza en lo diferente. Los artistas defendieron su individualismo y rechazaron la masificación de la sociedad.
  • Experimentación estética: Los movimientos de vanguardia llevaron al límite el afán de experimentación. El desarrollo de la pintura en esos años atrajo a los poetas de vanguardia. Fueron importantes los espacios en blanco, la tipografía y la disposición gráfica; triunfó el uso del verso libre.

Movimientos de vanguardia en Europa

Los movimientos más importantes fueron:

Expresionismo

Surgió en Alemania y se desarrolló especialmente vinculado a la pintura. Los temas principales son la angustia y el miedo. Se caracteriza por el uso de imágenes intensas y violentas, la deformación de personajes y situaciones y la insistencia en el poder de lo irracional. Ramón del Valle-Inclán se sitúa muy cerca del expresionismo con su estética del esperpento.

Futurismo

Surgió en Italia bajo la dirección de Filippo Tommaso Marinetti, que publicó su Primer Manifiesto frente a la tradición. En él proclamaba su antirromanticismo y ensalzaba la civilización mecánica. La literatura acogió nuevos temas: el automóvil, el avión, el cine, el deporte, etc.

Cubismo

Nació de la mano de Pablo Picasso con su famoso cuadro Las señoritas de Avignon. Supuso la descomposición de la realidad en formas geométricas y ofreció una nueva manera de observar el mundo real. Defendía el collage, el humor y la jovialidad.

Dadaísmo

Surgió en Zúrich, con Tristán Tzara, durante la I Guerra Mundial. Su nombre, elegido al azar, remite a un balbuceo infantil: da-da. El dadaísmo es la negación total; su objetivo era escandalizar a la sociedad burguesa y capitalista.

Surrealismo

Su fundador fue André Breton en Francia. Es una de las revoluciones más importantes surgidas en la literatura y en el arte. La meta de los surrealistas fue la búsqueda de lo suprarreal: pretendían expresar la realidad más profunda mediante lo onírico y lo visionario, usando símbolos y asociaciones libres de imágenes.

Las vanguardias en España: creacionismo, ultraísmo y Ramón Gómez de la Serna

Las vanguardias llegaron a España principalmente a través de revistas como Revista de Occidente y Prometeo. El creacionismo, el ultraísmo y el surrealismo fueron influencias relevantes en nuestra literatura. Destaca la figura de Ramón Gómez de la Serna.

Ramón Gómez de la Serna

Ramón Gómez de la Serna fue precursor de las vanguardias y gran introductor de estas en la literatura española a través de la revista Prometeo y de la tertulia en el Café Pombo de Madrid. Cultivó las greguerías, que él mismo definió como «metáfora + humor». Las greguerías transmiten sensaciones, pinceladas, ideas, imágenes breves y agudas.

El creacionismo

Predominó la lírica y el rechazo de la poesía que intenta imitar la realidad. Fue cultivado por autores como Juan Larrea y Gerardo Diego. En su primera etapa, los creacionistas proponían la eliminación de la anécdota y de los sentimentalismos.

El ultraísmo

También de carácter antirrealista, el ultraísmo destaca por la eliminación de lo anecdótico y lo narrativo, la supresión frecuente de la rima y la puntuación y el uso intensivo de metáforas. En esta tendencia se inscriben autores como Pedro Salinas, Gerardo Diego y Juan Larrea.

El teatro de principios del siglo XX

Hasta la Guerra Civil, el teatro español se puede agrupar en dos grandes líneas:

1. Teatro comercial (de éxito público)

Heredero del teatro del siglo XIX, se divide en:

  • Comedia burguesa: Representada principalmente por Jacinto Benavente. Es un teatro técnicamente perfecto, pero con contenidos limitados por la dependencia del gusto del público. Obras como Los intereses creados o La malquerida.
  • Teatro en verso (neorromántico): Incluye elementos formales del Modernismo y una ideología tradicionalista. Cultiva el drama histórico y rural. Destacan Eduardo Marquina y Francisco Villaespesa, además de algunas obras de los hermanos Machado.
  • Comedia costumbrista y sainete: Presenta ambientes y tipos populares, especialmente andaluces. Los hermanos Álvarez Quintero son sus máximos exponentes con obras como El genio alegre o Malvaloca. Son obras bien construidas pero que suelen evitar conflictos profundos.

2. Teatro renovador (generalmente fracasado en taquilla)

Busca innovar en forma y contenido. Aquí se incluyen:

  • Autores del 98: Unamuno (teatro de ideas), Azorín (teatro simbólico e irreal) y, sobre todo, Valle-Inclán, creador del esperpento.
  • Autores de la Generación del 27: Introducen la depuración del teatro poético, adoptan formas vanguardistas y buscan acercar el teatro al pueblo. Destacan Federico García Lorca, Alejandro Casona, Max Aub y los poetas que escriben teatro como Pedro Salinas y Rafael Alberti.

Principales autores

Jacinto Benavente (1866-1954)

Con El nido ajeno (1894) inicia una nueva etapa en el teatro español. Su teatro se caracteriza por el realismo, la naturalidad y la verosimilitud. Sitúa a sus personajes burgueses en salones y ambientes cosmopolitas para criticar la falsedad y retratar la decadencia de la Belle Époque. Aunque técnicamente impecable, su crítica estaba limitada por las expectativas del público.

Ramón del Valle-Inclán (1866-1936)

Autor complejo que evoluciona desde posturas modernistas hacia un mayor compromiso social. Su trayectoria dramática se divide en ciclos:

  • Ciclo modernista: Obras como El Marqués de Bradomín.
  • Ciclo mítico: Crea un mundo intemporal y violento inspirado en Galicia, como en Comedias bárbaras y Divinas palabras.
  • Ciclo de la farsa: Comedias grotescas que anticipan el esperpento (por ejemplo, obras breves y marionetísticas).
  • Ciclo esperpéntico: Donde desarrolla su visión deformada y crítica de la realidad. El esperpento, ejemplificado en Luces de bohemia, no es solo un género, sino una forma de ver el mundo: se deforma la realidad mediante la parodia, se deshumaniza al ser humano y se animalizan comportamientos para mostrar la pérdida de humanidad.
  • Ciclo final: Radicaliza sus técnicas en obras como Retablo de la avaricia, la lujuria y la muerte.

Federico García Lorca (1898-1936)

El dramaturgo más importante de la Generación del 27. Su teatro fusiona influencias clásicas (tragedia griega, teatro del Siglo de Oro) con lo popular y lo vanguardista. Experimentó con diferentes formas:

  • Primeras obras: De influencia simbolista y modernista, como Mariana Pineda.
  • Farsas: Obras como La zapatera prodigiosa o El retablillo de Don Cristóbal, influidas por el teatro de títeres.
  • Teatro surrealista: En los años 30, con obras experimentales como El público.
  • Tragedias de plenitud: Sus obras más célebres abordan la frustración humana frente a deseos irrealizables, marcadas por estructuras sociales opresivas:
    • Bodas de sangre: El amor imposible por convenciones sociales.
    • Yerma: El drama de la esterilidad y la opresión femenina.
    • La casa de Bernarda Alba: Su obra más depurada, que enfrenta el principio de autoridad (la sociedad represiva) contra la libertad y el deseo individual, especialmente el sexual.

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