Generación del 98: Azorín y Valle-Inclán
Azorín. La obra de Azorín se halla más cerca del ensayo que de la novela. En sus ensayos El alma castellana y Los pueblos recrea la historia de España. Sus novelas casi prescinden de la acción y se fragmentan en instantáneas, en las que se captan las impresiones que le producen un ambiente, un paisaje o un personaje. Destacan La voluntad (1902) y Las confesiones de un pequeño filósofo (1904). Lo más llamativo de su producción novelística es su estilo, basado en la claridad, variedad y precisión del vocabulario; emplea frases sencillas y elegantes.
Valle-Inclán. La influencia del Modernismo fue determinante en sus primeras novelas y, ya en su madurez, adoptó una actitud revolucionaria tanto en su concepción de la literatura como en su posición ante los problemas de la sociedad española. Los primeros relatos y novelas muestran la influencia de las corrientes simbolista y parnasianista francesas. La serie Sonatas se considera modelo de la prosa modernista. Escritas en forma de memorias, el marqués de Bradomín actúa como nexo de unión de las cuatro novelas. Bradomín representa los valores tradicionales de la nobleza rural, que se enfrenta al nacimiento de la sociedad moderna.
Tras una larga evolución, fundamentalmente teatral, Valle aplicará a su novela la nueva estética: el esperpento. El resultado son dos obras maestras de la novela española contemporánea, Tirano Banderas (1926) y la trilogía El ruedo ibérico (1927-1932). La primera narra la caída del dictador Santos Banderas, síntesis de gobernantes hispanoamericanos reales. La serie El ruedo ibérico pretende desenmascarar a la reina Isabel II y su corte. España se configura como un coso taurino, donde se representa un espectáculo eterno de violencia y de muerte.
La novela novecentista
Tras la Generación del 98 surgirá la generación del 14 o Novecentismo. Los narradores novecentistas abandonarán la novela realista y experimentarán nuevos caminos a través del lirismo, el humor o el intelectualismo.
Gabriel Miró recibe el calificativo de gran poeta en prosa, porque reúne una gran capacidad para captar sensaciones y la belleza lírica de su lenguaje. Como en los otros novecentistas, la acción de la novela deja de ser un elemento fundamental para ser sustituida por la descripción de sensaciones y ambientes. Estéticamente, su obra se relaciona con la prosa modernista y con Azorín. Citemos Nuestro padre San Daniel (1921) y El obispo leproso.
Ramón Pérez de Ayala comenzó con relatos autobiográficos al estilo noventayochista. Posteriormente cultivó la novela intelectual, acorde con las tendencias del Novecentismo. En esta última fase, la acción pierde importancia frente a las disquisiciones sobre estética, moral, psicología y política. La novela se aproxima, por tanto, al ensayo. Destacan Berlarmino y Apolonio, Tigre Juan y El curandero de su honra. En todas ellas los personajes encarnan ideas o actitudes vitales: por ejemplo, Berlarmino la meditación y Apolonio la acción.
Wenceslao Fernández Flórez es el gran maestro de la novela humorística. Sus primeras novelas, como Volvoreta, combinan el sentimentalismo con la ironía. Más adelante pasó a la sátira y a un humorismo demoledor en El secreto de Barba Azul.
La novela vanguardista
En la segunda década del siglo XX se desarrolló la narrativa vanguardista, en la que influyeron Ramón Gómez de la Serna, Marcel Proust, la metáfora lírica y el cine. Las obras presentan los siguientes rasgos comunes:
- Las historias se desarrollan en la urbe cosmopolita y moderna; dominan los conflictos eróticos.
- Las novelas se definen por la fragmentación y el cuidado del lenguaje. Como el valor de las novelas no reside en la copia de la realidad, abundan los recursos literarios como metáforas y comparaciones.
- Los personajes están interesados en su mundo interior y, frente al arquetipo de las novelas del 98 —el ser inadaptado en conflicto con la sociedad y consigo mismo—, aquí abundan los burgueses sin complejos.
Conviene recordar a Benjamín Jarnés, Rosa Chacel, Max Aub, Francisco Ayala y Ramón J. Sender. Posteriormente, estos mismos autores mostrarán en sus obras una clara preocupación social y política, en consonancia con los graves acontecimientos que vivía la sociedad española. Todos ellos compartirán la experiencia del destierro, y el tema de la guerra civil española será recurrente en sus novelas.
El teatro en la primera mitad del siglo XX
El teatro que domina a comienzos del siglo XX es el teatro comercial. Los géneros que triunfan son el melodrama y el teatro costumbrista.
Géneros comerciales
- Melodrama: Proviene del teatro romántico y pretende explotar los sentimientos de los espectadores por medio de dramas folletinescos.
- Teatro costumbrista: Se concreta en los sainetes de los hermanos Álvarez Quintero y Carlos Arniches. Son pequeñas obras de carácter cómico en las que los protagonistas suelen ser de origen andaluz.
- Comedia realista: Destacada en Jacinto Benavente, se opone al melodrama; lo importante es el diálogo entre los personajes más que la acción. Se plantean los pequeños vicios de la vida burguesa y, al final, los personajes suelen ser perdonados. Por eso a este teatro se le llamó «teatro de la comprensión».
- Teatro poético: Recrea, por medio de dramas históricos, épocas del pasado de la España imperial. Sus representantes fueron los poetas modernistas como Marquina y Villaespesa.
Intentos de renovación
Frente al teatro comercial surgieron algunos intentos de renovación por parte de autores como Valle-Inclán y Federico García Lorca.
Valle-Inclán y el esperpento
Valle-Inclán es un autor prolífico que escribió teatro, novela y poesía. En todos ellos se observa una evolución que va desde el Modernismo de sus primeros libros hasta una literatura comprometida y crítica.
Las obras dramáticas de Valle-Inclán se pueden dividir en tres apartados: comedia, farsa y esperpento. La figura humana de la comedia se deforma en la marioneta de la farsa; y la marioneta de la farsa se deforma a su vez en el fantoche del esperpento. El esperpento es una creación de Valle-Inclán en la que se combinan lo trágico y lo grotesco. Esa mezcla pretende reflejar la verdadera realidad de la sociedad española de principios del siglo XX.
Las comedias de Valle-Inclán se sitúan en el universo mitológico de Galicia, donde reinaban la violencia, el mal y la muerte; destacan sus obras Divinas palabras y El embrujado. En el ciclo de las farsas abandonamos Galicia y nos situamos en la corte de Isabel II. Reyes, ministros y militares son convertidos en marionetas de una sociedad absurda. En 1920 escribe su primer esperpento, Luces de Bohemia, y en los años siguientes escribió otros tres más, que reunió bajo el título común de Martes de carnaval. El esperpento también lo aplicará al género narrativo en su novela Tirano Banderas, que supone una sátira de un dictador sudamericano.
Federico García Lorca
Federico García Lorca cultivó el teatro especialmente en sus últimos años; en ese periodo escribió las obras que le dieron fama universal: Bodas de sangre (1933), Yerma (1934) y La Casa de Bernarda Alba (1936). Desde 1918 dirigió «La Barraca», un grupo de teatro universitario que recorría, con el apoyo del Gobierno republicano, los pueblos de España representando obras clásicas.
García Lorca tiene una visión pedagógica del teatro y también un enfoque social. Para él, el teatro debe denunciar aquellas ideas y comportamientos que humillan la dignidad del ser humano; por ese motivo lleva a escena siempre destinos trágicos, es decir, pasiones llevadas a la soledad o a la muerte. El tema central de sus obras, tanto teatrales como poéticas, es la frustración. Esa frustración se sitúa en un doble plano: el plano metafísico, donde las fuerzas enemigas son el tiempo y la muerte; y el plano social, donde las convenciones impiden el desarrollo libre de las personas.
La obra dramática de Lorca se divide en tres etapas:
- Los inicios de los años veinte.
- La experiencia vanguardista de los años treinta.
- La etapa de plenitud, con sus grandes tragedias rurales.
En su primera etapa destaca el drama en verso María Pineda, obra centrada en esa heroína que murió ajusticiada por haber bordado una bandera liberal durante la época de Fernando VII. Posteriormente escribió farsas; sobresale La zapatera prodigiosa.
En la segunda etapa su crisis personal influyó para que se interesara por la estética surrealista. Escribió el libro de poemas Poeta en Nueva York y las llamadas «comedias imposibles», denominadas así por la dificultad de su montaje y porque pasaron años hasta que el público pudiera entenderlas. Citemos Así que pasen cinco años y El público. En su tercera etapa, en sus últimos años, escribió tragedias y dramas cuyos personajes principales son mujeres.
Bodas de sangre (1933) es una tragedia rural que, a partir de un suceso verídico (una novia que se escapa con su amante el día de la boda), refleja una sociedad llena de odios y venganzas. La tragedia adquiere el tono de una tragedia griega y desemboca en la muerte del marido y del amante.
Si Bodas de sangre conserva el esquema de la tragedia griega tradicional, Yerma (1934) tiene una concepción más moderna: la protagonista vive el ansia insatisfecha de su maternidad y proyecta exteriormente esa tragedia personal, frente a la tragedia tradicional en la que las fuerzas del destino arrastran a los personajes.
La Casa de Bernarda Alba (1936) constituye el punto culminante del teatro lorquiano. Se trata de un drama de mujeres en los pueblos de España que se aproxima a la tragedia porque, como en esta última, hay una catástrofe final, es decir, la muerte de uno de los personajes principales. La obra plantea, tras la anécdota del luto por la muerte del marido, el enfrentamiento entre la autoridad y el deseo de libertad. La madre representa el autoritarismo y Adela los deseos de libertad; con esta obra se critica la moral tradicional y las convenciones sociales que impiden el desarrollo libre de las personas.
Géneros periodísticos y de opinión
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Reportaje: En el reportaje el periodista disfruta de mayor libertad expresiva, siempre limitada por la función de informar. El reportaje consta de dos partes: el lead y el cuerpo del mismo.
Entrevista: Es una conversación que un periodista mantiene con una persona y que está basada en una serie de preguntas o afirmaciones que plantea el entrevistador y sobre las que la persona entrevistada da su respuesta u opinión.
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