La Generación del 98
Introducción
El concepto de Generación del 98 fue propuesto por Azorín en unos artículos de 1913 para referirse a un grupo de escritores españoles —José Martínez Ruiz (Azorín), Pío Baroja, Ramiro de Maeztu, Ramón Valle-Inclán, Miguel de Unamuno y Antonio Machado— que habían empezado a publicar a finales de siglo.
Eran contemporáneos de los modernistas y compartían con estos una misma actitud de protesta contra la sociedad y contra el estado de la literatura, pero sus preocupaciones eran otras, tanto en su temática —reflexión sobre los problemas nacionales, visión existencial y dolorida de Castilla, temas trascendentales y metafísicos— como en su escritura —más reflexiva, sentenciosa y analítica, menos retórica.
Si el modernismo encuentra en la poesía su género literario más representativo, el grupo del 98 cultivará principalmente la prosa, la novela y, sobre todo, el ensayo como género adecuado para dar rienda suelta a sus inquietudes.
Los hechos más destacados que permiten considerarlos una generación literaria son:
- Escasa diferencia de edad: todos nacieron entre 1864 (Unamuno) y 1875 (Machado).
- Relaciones personales entre ellos: Azorín, Baroja y Maeztu formaron el grupo de «Los Tres» y todos frecuentaban los mismos ambientes y tertulias literarias.
- El acontecimiento generacional que les une es el Desastre del 98, año en que España pierde sus últimas colonias.
Características
- Sienten gran preocupación por el tema de España y por el estado en que se halla, proponiendo soluciones, a menudo abstractas y filosóficas, para sacar al país de ese estado decadente. Es decir, el tema de España les interesa especialmente en el plano de las ideas y las creencias. Por eso buscan la esencia de lo español en el idioma, en la tradición, en la literatura medieval o en el paisaje castellano.
- Se interesan especialmente por el sentido de la existencia y por el destino del hombre.
- Manifiestan inquietudes literarias comunes: critican el realismo, buscan un lenguaje preciso y natural y realizan innovaciones en la novela y el ensayo.
- En lo referente al estilo, emplean un lenguaje sencillo y sobrio con gran poder de significación; lo superfluo no tiene cabida. Defienden un estilo antirretórico: predominan las oraciones simples y breves. Recuperan palabras del campo y se ven influidos por corrientes existenciales.
Autores y obras
Miguel de Unamuno (Bilbao, 1864 — Salamanca, 1936)
La personalidad contradictoria y atormentada de Unamuno se refleja en su obra, plagada de problemática filosófica: el sentido de la vida, la angustia ante la muerte, la existencia de Dios, el ansia de eternidad, el tema de España…
Enfocó principalmente la novela como vehículo de los conflictos existenciales. Su primera novela refleja su concepción de lo que denominó «intrahistoria»: Paz en la guerra (1897); le siguió una novela ideológica, cuestionada por los críticos por no considerarla propiamente una novela: Amor y pedagogía (1902). A partir de ese momento subtituló sus novelas como «nivolas» por considerarlas distintas. Publica Niebla (1914), considerada su mejor novela; Abel Sánchez (1917); La tía Tula (1921) y San Manuel Bueno, mártir (1931).
De su producción poética cabe destacar sus dos últimas obras: Romancero del destierro (1927) y el Cancionero, ya póstumo. Ambas de marcado componente confesional.
Pío Baroja (San Sebastián, 1872 — Madrid, 1956)
Aparte de ensayos y memorias, escribió más de setenta novelas de temática social (critica la hipocresía, la injusticia y el aburguesamiento) y de estilo rápido y espontáneo. Su estilo es sencillo y claro, de frases cortas y párrafos breves. Irrespetuoso con las reglas gramaticales, no busca la corrección sintáctica y léxica sino la sencillez y la expresividad. Sus novelas se estructuran generalmente en torno a un personaje central, inconformista o aventurero, que viaja constantemente.
Él mismo agrupó muchas de sus novelas en trilogías, pero estas clasificaciones, con alguna excepción, frecuentemente carecen de relación estrecha entre las obras que las integran. Destacan:
- Tierra Vasca, formada por: La casa de Aizgorri (1900), El Mayorazgo de Labraz (1903) y Zalacaín el aventurero (1909). Esta última es un ejemplo de la novela de acción de Baroja.
- La lucha por la vida: La busca (1904), Mala hierba (1904) y Aurora Roja (1905).
- La raza (1907–1911). A ella pertenecen El árbol de la ciencia, La dama errante y La ciudad de la niebla. El árbol de la ciencia es una novela típicamente noventayochista, en cuanto que refleja la crisis existencial vital del inadaptado protagonista; en ella aparecen abundantes aspectos de la vida del propio Baroja.
- El mar: Las inquietudes de Shanti Andía (1911), El laberinto de las sirenas (1923), Los pilotos de altura (1929).
José Martínez Ruiz «Azorín» (Monóvar, Alicante, 1873 — Madrid, 1967)
Cultivó el ensayo y la novela y prácticamente borra las fronteras entre ambos géneros (novela ensayística). Pierde importancia el argumento y cobra importancia el lenguaje, la descripción de ambientes, las galerías de personajes y su idea de España y de la vida en general.
Predominan los elementos autobiográficos y las impresiones suscitadas por el paisaje en obras como: La voluntad (1902), Antonio Azorín (1903) y Las confesiones de un pequeño filósofo (1904) —en estas obras, el protagonista es Antonio Azorín—.
Su narrativa se verá asaltada constantemente por la obsesión del tiempo, la serena contemplación del paisaje y de la historia, y una renovada sensibilidad ante los clásicos. En esta línea aparecerán Los pueblos (1905), La ruta de Don Quijote (1905) y Castilla (1912).
Entre sus ensayos narrativos y teatrales, poco apreciados por la crítica en su momento, cabe mencionar: Don Juan (1922) y Doña Inés (1925).
Ramón María del Valle-Inclán (Villanueva de Arosa, 1866 — Santiago de Compostela, 1936)
En su obra literaria, siempre con una actitud renovadora y antirrealista, pueden apreciarse dos tendencias: modernista y esperpéntica.
Las Sonatas (Primavera, 1904; Estío, 1903; Otoño, 1902 e Invierno, 1905) son un claro ejemplo de prosa modernista (recreación de un mundo aristocrático decadente, lenguaje musical).
Tirano Banderas (1926) es una ridiculización esperpéntica de un dictador hispanoamericano. De carácter esperpéntico es también la trilogía El ruedo ibérico —La corte de los milagros, Viva mi dueño y Baza de espadas—.
En cuanto a su labor poética, se reúne en Claves líricas, una trilogía compuesta por Aromas de leyenda, El pasajero y La pipa de kif. Los dos primeros son libros modernistas, mientras que el último presenta una estética esperpéntica.
Antonio Machado (Sevilla, 1875 — Collioure, Francia, 1939)
Su trayectoria poética se inicia en la estética modernista con Soledades, de la cual se distanció para profundizar en la expresión de emociones a través de un sobrio simbolismo. En Soledades, galerías y otros poemas (1907) se hizo más evidente el tono melancólico e intimista, el uso del humor y, sobre todo, la intención de captar la fluidez del tiempo.
En Campos de Castilla (1912) abandona la línea intimista y se adentra en la geografía castellana y andaluza; uno de los paisajes más importantes será el soriano. En sucesivas obras como Nuevas canciones (1924) o Juan de Mairena (1936), el autor expone sus preocupaciones filosóficas y estéticas.
Entre sus últimas producciones líricas destacan De un cancionero apócrifo y Poesías de guerra, que incluyen una elegía a García Lorca.
Ángel Ganivet (Granada, 1865 — Rusia, 1898)
Ganivet es considerado precursor simbólico de la Generación del 98. Sus dos novelas La conquista del reino de Maya y Los trabajos del infatigable creador Pío Cid, aunque narran la vida y la historia de un conquistador que va colonizando poblaciones y haciendo labor proselitista entre sus vasallos para procurarles una vida mejor, son autobiográficas, ya que reflejan su espíritu y su convicción de lucha por el pueblo español y sus valores tradicionales. Escribió también el drama El escultor del alma.
Ramiro de Maeztu (Vitoria, 1875 — 1936)
Destacado miembro de la Generación del 98 —dentro de la cual integra con Pío Baroja y Azorín el grupo de «Los Tres»—, su obra se fue componiendo desde que comenzó a escribir, en torno a 1898, artículo tras artículo.
Pese a la variedad de asuntos que trata en sus artículos periodísticos, es innegable que su pensamiento se centra en la preocupación noventayochista por el ser y el devenir de España.
Su género por excelencia es el artículo de prensa con molde de columna o bien el ensayo por entregas, de los cuales publicó miles.
El estilo elocuente y controversista, propio del hombre combativo que fue, encontró en la hoja suelta el cauce idóneo para poner en circulación sus polémicas, críticas de libros, retazos autobiográficos, añoranzas y propuestas de búsqueda retrospectiva de la tradición como fuente vitalizante y reforzadora de las ideas y principios de nuestra cultura.
