Pre realismo y naturalismo

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        REALISMO Y NATURALISMO

Realismo y Romanticismo

 La literatura realista europea y americana fue evolucionando a partir del Romanticismo, mediante la eliminación o moderación de sus rasgos más característicos. Hay que tener en cuenta que, en los países donde la novela realista tuvo un desarrollo más temprano, caso de Inglaterra, Francia o Rusia, los promotores de esta nueva corriente se formaron como escritores en pleno Romanticismo. Es lo que ocurre, por ejemplo, con el narrador ruso Nikolái Gógol (1809-1852), o con los novelistas franceses Stendhal (1783-1842) y Balzac (1799-1850), pioneros del realismo en sus respectivas literaturas, todos los cuales pertenecen, sin embargo, a la generación romántica. En otros países, como España, la transición del Romanticismo al pleno Realismo es más lenta, y éste no se impone claramente hasta el último tercio del siglo XIX; concretamente, es a partir de la Revolución de 1868, con el destronamiento de Isabel II, cuando florece la novela realista española.

 Entre las características que distinguen la literatura realista de la romántica, figuran las siguientes:

 – Se limita el subjetivismo: el autor ya no se presenta como el centro en torno al cual gira el universo entero, sino como un observador objetivo de vidas y situaciones ajenas a él.

– Se evitan los excesos sentimentales: los sentimientos no desaparecen de la literatura, pero se expresan con moderación, y son objeto de análisis (se examinan sus raíces psicológicas, sociales, etc.).

– Se frena la imaginación, rechazándose lo fantástico; la literatura pretende dar impresión de realidad, por lo que muestra hechos verosímiles y evita los fenómenos sobrenaturales, ultraterrenos, etc.

– Se abandona la evocación del pasado lejano y de los países exóticos: los autores se preocupan por los ambientes que les rodean y pretenden reflejarlos fielmente (escriben novelas contemporáneas); aunque no desaparece la novela histórica, ésta se caracteriza por su mayor rigor en la reconstrucción del pasado (reciente, mejor que lejano), pues se busca explicar a partir de éste la situación actual del país (ése es, por ejemplo, el planteamiento de Galdós en sus célebres Episodios Nacionales).


– La novela es el género realista por excelencia, el instrumento adecuado para retratar el mundo con toda su variedad. En menor medida, cabe señalar el desarrollo de un teatro realista (destaca el noruego Henrik Ibsen), que no dio en España frutos valiosos: ni la llamada alta comedia, con representantes como Ventura de la Vega o Manuel Tamayo y Baus (cuya obra Un drama nuevo es lo más notable del periodo) ni los dramas de José de Echegaray (Premio Nobel en 1904) han resistido el paso del tiempo.

– La poesía lírica pasa a segundo plano: sigue cultivándose en la segunda mitad del XIX, pero los mejores poetas mantienen un enfoque romántico o buscan superar el Romanticismo por vías no realistas (caso del Simbolismo). En cuanto a los poetas españoles que adoptan un estilo realista (los más célebres son Ramón de Campoamor y Gaspar Núñez de Arce), a menudo caen en el prosaísmo y la ramplonería.

El Naturalismo

 El Naturalismo fue una corriente que intentó llevar a sus últimas consecuencias los principios de la novela realista. El principal impulsor del Naturalismo fue el novelista francés Émile Zola (1840-1902), quien expuso sus planteamientos teóricos en el ensayo La novela experimental (1880).El Naturalismo no es simplemente una tendencia literaria: es una forma de entender al ser humano, así como un método válido para analizar su comportamiento. Sus principales rasgos son:

 – El determinismo: Todo cuanto existe en el universo puede explicarse por las leyes de la naturaleza, incluyendo el carácter y el comportamiento de los seres humanos. El hombre no es libre, ya que sus actos están determinados, en última instancia, por su herencia biológica, así como por las presiones del medio social en el que vive.- El método experimental: Al igual que el científico realiza experimentos para confirmar sus teorías, el novelista debe experimentar con sus personajes, colocándolos en distintas situaciones y explicando sus reacciones por la influencia combinada de la herencia biológica y las circunstancias que le rodean.- Los principios socialistas: Ya que no se pueden combatir las leyes de la herencia biológica, cabe al menos la posibilidad de denunciar lo injusto de la organización social, que impide la igualdad en las condiciones de vida.

– La preferencia por los ambientes sórdidos y los personajes extremos, marcados por sus condiciones naturales y sociales: enfermos, psicópatas, alcohólicos, criminales, etc. Son seres que obedecen a sus impulsos primarios y se ven incapacitados para alterar su destino.

 El propio Zola desarrolló una extensa carrera como novelista basándose en estos principios; entre sus obras más famosas se cuentan Nana y Germinal, en la que describe la vida y las protestas de unos mineros. Entre sus discípulos destaca Guy de Maupassant (1850-1893), autor de numerosos relatos breves y de novelas como Una vida o Bel-Ami.

El Realismo en España

  una de las características de la literatura española de todos los tiempos es su inclinación al realismo, en detrimento de la imaginación y la fantasía. en España hubo una importante tradición de novela realista en el Siglo de Oro (Cervantes, novela picaresca, etc.), así como un notable cultivo del costumbrismo durante el periodo romántico (Larra, Mesonero Romanos, etc.).Sin embargo, el desarrollo de la novela realista propiamente dicha fue algo tardío en España, y no se completó hasta después de la Revolución de 1868, que permitió mayores derechos y libertades.

Para el desarrollo de la novela realista española fue importante la influencia extranjera, especialmente de Francia como de Inglaterra Rusia  se pueden señalar cuatro etapas en el desarrollo del Realismo español:

 1ª Prerrealismo (1850-1868): Etapa de transición entre el Romanticismo y el Realismo: abundan aún los elementos costumbristas y el sentimentalismo romántico, y predomina el pensamiento conservador.

En esta etapa se sitúa Fernán Caballero.
También Pedro Antonio de Alarcón 

 2ª Las novelas de tesis (1868-1881): Aunque las novelas de este periodo van superando el pintoresquismo costumbrista, aún no logran representar fielmente la realidad, ya que suelen estar planteadas como instrumentos de propaganda en favor de una determinada forma de entender la sociedad, bien en un sentido conservador, bien en un sentido progresista. El principal defecto de este tipo de obras es el esquematismo en la presentación de los personajes, que tienden a ser marcadamente positivos o marcadamente negativos, sin la complejidad, ambigüedad y contradicciones que se dan en la vida real.

Entre las novelas de tesis de ideología conservadora, donde se defienden posturas políticas y religiosas tradicionales, destacan algunas novelas de Alarcón  así como la mayor parte de las obras de José María Pereda.
Las novelas de tesis de signo progresista y liberal más notables son las escritas por Benito Pérez Galdós
Otro autor importante que se da a conocer en este periodo es Juan Valera (1824-1905), pero sus obras no siguen el modelo de las novelas de tesis, sino que se centran en el análisis psicológico de los individuos.  

Influencia del Naturalismo (1881-1890): En estos años los escritores españoles conocieron la doctrina de Zola y tomaron posiciones con respecto a la misma. Los escritores más progresistas aceptaron la influencia del Naturalismo. Éste fue el caso de Galdós, quien publicó en esta etapa sus mejores novelas (Fortunata y Jacinta, 1887; Miau, 1888, etc.); de Leopoldo Alas Clarín, autor de la que probablemente sea la más lograda novela española de la época, La Regenta(1885); y de la propia Pardo Bazán, que escribió por entonces sus obras más significativas: La Tribuna(1883), Los Pazos de Ulloa (1886), etc.

Otro novelista en el que se advierte cierta afinidad con algunos aspectos del Naturalismo es Armando Palacio Valdés (1853-1938), autor prolífico pero bastante irregular. Entre sus obras se pueden mencionar Marta y María (1883) o La espuma (1891), la más cercana de las suyas a los planteamientos naturalistas (determinismo, ambientación proletaria, crítica social, etc.).

Por último, y fuera ya de este periodo, hay que destacar la huella del Naturalismo en las novelas regionalistas de Vicente Blasco Ibáñez (1866-1928), ambientadas en diversos medios sociales valencianos: La barraca (1898), Cañas y barro (1902), etc. Este autor, enormemente popular en su tiempo, se sitúa cronológicamente en la Generación del 98, pero su técnica novelística está más cercana a los esquemas del Realismo del siglo XIX.

En términos generales, hay que señalar que, aunque el influjo del Naturalismo fue importante en el plano de la técnica narrativa, en el tratamiento de los personajes y en la elección de los temas, los novelistas naturalistas españoles, especialmente la Pardo Bazán, mantuvieron cierta prevención ideológica hacia algunos elementos centrales de la doctrina naturalista francesa, en particular su fuerte determinismo biológico y social.

Realismo espiritualista (desde 1890): En los últimos años del siglo XIX se aprecia una tendencia hacia la superación del esquema naturalista. No sólo se rechaza el determinismo, sino que se busca ahora, mediante una progresiva profundización en la psicología y el espíritu de los personajes, conciliar la oposición entre materialismo e idealismo.


En este periodo fue importante el influjo de los novelistas rusos, especialmente de Tolstói. Las novelas rusas empezaron a tener eco en España a partir de mediados de los años 80 (fundamentalmente, por medio de traducciones indirectas a través del francés), y Emilia Pardo Bazán publicó en estos años un importante ensayo sobre esta materia: La revolución y la novela en Rusia (1887).

En concreto, en las obras de Galdós de esta década (como Nazarín, de 1895, o Misericordia, de 1897) aparecen personajes que se colocan por encima de los convencionalismos sociales, impulsados por un espíritu generoso. Parecidos rasgos presentan las novelas de Emilia Pardo Bazán en estos años, empezando por Una cristiana (1890).

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