Que es una novela intimista

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He leído Los habitantes de la casa deshabitada, obra teatral de Enrique Jardiel Poncela estrenada en 1942. Comparado con el bullir de experiencias del teatro extranjero (teatro expresionista, teatro épico –Bertold Brecht-, teatro de la crueldad – Antonin Artaud-, teatro del absurdo –Eugène Ionesco y Samuel Beckett- teatro experimental,…), el panorama de la escena española inmediatamente después de la Guerra Civil presentará evidentes limitaciones. Es necesario, sin embargo, recordar los especiales condicionamientos que rodean este género: las compañías siguen dependiendo de los intereses de unos empresarios que, a su vez, se someten a los de un público burgués. Junto a ello, se agravan las limitaciones ideológicas, ejercidas por una censura que solía ser especialmente severa en el caso del teatro. Estas circunstancias explican que el teatro sea un terreno poco propicio para las inquietudes renovadoras. Al terminar la contienda, unos dramaturgos han muerto (Valle-Inclán, García, Lorca… ); otros sufren el exilio (Casona, Alberti, Max Aub…); de escaso Interés es lo que aún producen viejos maestros. En definitiva, nuestra escena se ha visto privada de sus figuras más renovadoras. En las carteleras proliferen las comedias extranjeras y, salvo excepciones, se trata de mediocres obras “de diversión”; pero, como instrumento de diversión, el cine llevaba ventaja. Y esto es otra razón de la crisis del teatro (son muchos los teatros que se transformaron en cines).

LA NOVELA ESPAÑOLA DESDE 1975 HASTA FINALES DEL Siglo XX


A finales de 1975 muere Franco. España ingresa en la Uníón Europea en 1986 y se encontrará a finales de este siglo entre los países más desarrollados del mundo. Al estrenar la tan ansiada libertad hubo un estallido cultural de vitalidad juvenil y hedonista que cristalizó, por ejemplo, en la llamada “movida”, cuya mejor expresión artística es el primer cine de Pedro Almodóvar. A la literatura de este periodo se la suele calificar de “posmoderna”. La posmodernidad vendría a ser la asunción del fracaso de la época “moderna”, de una civilización que confiaba en alcanzar, mediante la razón, el progreso y la innovación, la emancipación del hombre. Constatado ese fracaso a finales del Siglo XX, el arte se hace “posmoderno” y se caracteriza por los siguientes rasgos: Un individualismo hedonista; un desinterés por lo político; la desaparición del espíritu vanguardista porque ya no hay tradición a la que “escandalizar” como en la época de las vanguardias; un eclecticismo: la libertad creadora es total. No existen modelos impuestos y el artista combina los ingredientes de su arte a voluntad y la crisis de los referentes ideológicos. Por otra parte, se han dado interferencias y trasvases entre géneros, y la novela ha adoptado rasgos de la lírica, como la segunda persona, o del teatro, como las estructuras dialogadas.

La publicación en 1975 de La verdad sobre el caso Savolta, de Eduardo Mendoza, supone un cambio respecto a la novela anterior, la experimental, y abre un nuevo rumbo a la novela. Como carácterística general podemos plantear el abandono del experimentalismo y la vuelta a una concepción clásica del relato.

La novela experimental de los sesenta ha dejado influencias que se han incorporado con normalidad a la novela por su capacidad expresiva, como la metaliteratura. Se recupera la trama argumental. Se volverá al gusto por contar una historia, en ocasiones con una trama complicada; se buscará el  interés de lo anecdótico, intentando mantener a toda costa la intriga y muchas veces se utilizarán técnicas narrativas cinematográficas para evitar el aburrimiento del lector. Se busca, en definitiva, que la calidad literaria y el interés de los asuntos tratados no disminuyan la amenidad del relato.

Sin que ello signifique considerarlos pertenecientes a generaciones distintas y bien determinadas, podemos agrupar a los novelistas de estos últimos treinta años en tres promociones diferentes.  Generación de posguerra. Destacan autores como Cela con novelas de corte experimental como Mazurca para dos muertos y Cristo versus  Arizona; Miguel Delibes con Los santos inocentes y El hereje. Generación del medio siglo. Escribieron novela realista, novela experimental y desde la Transición se adscriben a las variadas tendencias de fin de siglo: Juan García Hortelano con Gramática parda;Carmen Martín Gaite con El cuarto de atrás.

Nacidos entre finales de los años 30 y finales de los 40. Son autores que vivieron plenamente los acontecimientos de Mayo del 68 y escriben sus primeros libros durante las postrimerías del franquismo o ya en el nuevo régimen democrático. Podemos citar a  Terenci Moix, Manuel Vicent,  Manuel Vázquez Montalbán,  Francisco Umbral Álvaro Pombo, Eduardo Mendoza.


Nacidos a partir de 1950 y hasta mediados de los años 60. Apenas participaron en las luchas contra la dictadura. La influencia en ellos de la literatura extranjera, ya sea mediante traducciones o leída en su lengua original, es mucho mayor que la de las generaciones anteriores. Destacan: Javier Marías, Antonio Muñoz Molina.

Nacidos a partir de los años 60. Son autores que crecen ya en una España democrática y, por lo tanto, sus experiencias vitales difieren bastante de las de la primera promoción. Empiezan a publicar en los años noventa y conforman el grupo más joven de los autores en activo. Entre ellos cuentan: Juan Manuel de Prada, Belén Gopegui, Juan Bonilla , Lucía Etxeberría.

Podemos señalar  las siguientes tendencias representativas de la novela de esa época:


Experimentación . Y aunque es cierto que la novela inaugural de esta nueva época, La verdad sobre el caso Savolta de Eduardo Mendoza, utiliza una técnica realmente compleja, podemos afirmar que el experimentalismo cotiza a la baja durante estos años.

Novela negra. En 1970, con la novela Yo maté a Kennedy, comienza  Manuel Vázquez Montalbán una serie de novelas policíacas protagonizadas por un detective aficionado a la gastronomía que se llama Pepe Carvalho.

En conclusión, podemos decir que la narrativa española de los últimos años del Siglo XX es abundante y variada. El tiempo dirá cuáles de las tendencias aquí esbozadas eran realmente fecundas para la evolución de la literatura española y qué obras de las muchas citadas eran en verdad representativas de una época.

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