Sociedad ilustrada

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A principios del siglo XX se siguen manteniendo en los escenarios las mismas fórmulas teatrales que triunfaban a
finales del Siglo XIX, esto es: la «alta comedia» costumbrista, el teatro en verso de tema histórico de Echegaray, el género
chico de tipo sainetesco y, en menor medida, el teatro realista de Galdós. Aunque estas fórmulas estaban agotadas, seguían
gozando del favor de un público que buscaba en el teatro un entretenimiento sin complicaciones.
El hecho teatral se ve condicionado por una serie de factores que dificultan cualquier intento de renovación, como el
sistema comercial de explotación de las salas (los empresarios buscan la rentabilidad económica y por tanto apuestan sobre
seguro, con obras que no planteen al público ningún tipo de problema ni exijan demasiado esfuerzo para su comprensión y
con pocas novedades escenográficas) y la escasa preparación del público, que está adaptado a una fórmula ya conocida y
rechaza todo lo que se salga de ella.
Como consecuencia de estos y otros factores nos encontramos con que hasta la década de los 20 no se aprecia en
España ningún intento de renovación teatral, y con que, aun después de esta fecha, las fórmulas teatrales renovadoras
carecieron del apoyo del público.
Podemos, pues, afirmar que el panorama teatral en esta primera mitad del siglo se articula en dos tendencias bien
diferenciadas:
– Teatro que triunfa o teatro comercial, representado por la comedia burguesa de Benavente y sus seguidores y por el
teatro cómico de Arniches o los hermanos Álvarez Quintero.
– Teatro innovador, que pretende romper con los moldes tradicionales. Está representado por el teatro de la generación
del 98, especialmente de Valle-Inclán y por las obras de vanguardia y de los autores de la Generación del 27. Este
ambiente teatral de renovación y cambio que se empieza a adivinar a finales de la década de los 20 se ve truncado por
la Guerra Civil.
A) El teatro que triunfa
El autor más destacado de entre los que tenían éxito en estas primeras décadas del siglo es Jacinto Benavente.
Representa el teatro burgués, centrado en reflejar la psicología y las costumbres, la ideología y la moral de la sociedad
burguesa, de manera no conflictiva. Se limita a atacar con ironía la falsedad de las convenciones sociales, la tiranía de
las apariencias o la hipocresía, critiando los «defectos menores» de una sociedad en la que no ve demasiados
problemas. Técnicamente hay que señalar como rasgos fundamentales de su producción el absoluto dominio de la
mecánica teatral, de los recursos para mantener el interés del público y dosificar la acción; el acercamiento del diálogo,
brillante e ingenioso, al español conversacional de las clases cultas y el hecho de que el «decir» sustituye al «hacer», ya
que los personajes se pasan el tiempo hablando de lo que les pasa, pero no les pasa apenas nada sobre el escenario. Se
habla por ello de la «técnica del escamoteo»: sustitución de la acción por la narración. Su obra maestra es Los intereses
creados (1907). En 1922 se le concedió el Nobel de literatura.
Otra figura destacadísima del teatro de estas décadas es Carlos Arniches, que en estas primeras décadas del siglo
se instala en el «género chico», escribiendo sainetes.
Por último, hay que señalar que entre 1900 y 1930 se desarrolla un género literario de gran éxito comercial: el
astracán, creado por Pedro Muñoz Seca. Se basa en una comicidad muy burda conseguida fundamentalmente gracias a la
caricatura y la parodia de otros géneros teatrales y a los juegos de palabras. Destaca La venganza de Don Mendo, parodia en
verso del teatro Romántico.
B) El teatro innovador
b.1) La Generación del 98
Varios autores de esta generación literaria experimentaron con el teatro, oponiéndose al teatro comercial y
buscando nuevos rumbos. Apenas cosecharon éxitos de público, porque sus innovaciones se alejaban mucho de los gustos
imperantes.
Unamuno, cuyos dramas no subían a los escenarios, defiende como cualidad esencial del teatro la «desnudez»:
supresión de todo adorno (decorados, trajes, utillería), reduciendo el texto a lo esencial; reducción de los personajes, muy
trabajados psicológicamente; esquematización de la acción, que es básicamente interior.
Sus dramas intentan representar el conflicto existencial que se refleja también en sus novelas, para lo cual utiliza en
ocasiones mitos trágicos griegos. Podemos destacar entre sus obras Fedra, El hermano Juan o el mundo es teatro o El otro.

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El teatro de Valle-Inclán es una de las más interesantes aportaciones del teatro europeo contemporáneo y el más
original de la escena española del Siglo XX, alejándose del panorama del teatro de la época, dominado por el costumbrismo
y el Realismo burgués.
Para mostrar su rechazo a los modos teatrales imperantes, Valle ensaya diversas fórmulas, que culminan en la creación
del esperpento. La primera sería el Ciclo modernista, que refleja un mundo decadente y poético, donde el alejamiento del
Realismo viene dado por la utilización de símbolo, la importancia de lo sensorial y el valor poético del lenguaje (El marqués
de Bradomín, o El yermo de las almas). En segundo lugar, estarían las obras del llamado Ciclo mítico, en las que Galicia sirve
de base para mostrar una imagen del hombre y del mundo en el que el mal, la irracionalidad y la animalidad rigen los
comportamientos. Esta Galicia mítica es el escenario en el que se mueven unos personajes deshumanizados que
representan las pasiones que guían, según Valle, al hombre: la avaricia, la lujuria y la violencia. Los personajes encarnan los
impulsos elementales del ser humano, carecen de moral y se mueven en un entorno mágico y misterioso. También
aparecen personajes no humanos, como el Cabrío de Divinas palabras o el Fuso Negro de las Comedias Bárbaras (Águila de
blasón, Romance de lobos y Cara de plata). La tercera la forman las obras del Ciclo de la farsa, como Farsa y licencia de la reina
castiza. Por último, hay que destacar las obras más importantes de Valle-Inclán, las del Ciclo del esperpento. Para
transmitir su visión negativa del hombre y del mundo, Valle-Inclán no consideraba suficiente el modelo que ofrecía la
literatura realista y por eso crea el esperpento, que pretende funcionar como un espejo cóncavo, que deforma la imagen de
lo que en él se refleja, para así mostrar su verdadera naturaleza. La sociedad española está deformada, es grotesca y ridícula
y sólo a través del esperpento vemos su auténtica naturaleza, por lo que podemos afirmar que el esperpento es, de algún
modo, crítica social, bajo una apariencia de burla. Utiliza técnicas como el tratamiento de los personajes como muñecos,
las animalizaciones y cosificaciones; las acotaciones con valor poético y la deformación idiomática. La obra más
significativa de este periodo es Luces de bohemia (1920)
b.2. La Generación del 27
Aunque Alberti también cultivó el género teatral, es Federico García Lorca el mejor autor teatral de su
generación y, sin duda, uno de los mejores del siglo. Realizó una gran tarea de difusión del teatro entre la población
rural al frente de La Barraca y, como creador, renovó la escena española con una nueva Concepción del espectáculo
teatral en la que se fundían el teatro y la poesía. Es el creador del teatro poético. En él, además de la palabra, cobran
importancia la música, la danza, y la escenografía.
En cuanto al contenido, sus obras dramáticas expresan los problemas del hombre, especialmente los que derivan
de la oposición entre los deseos de libertad y el principio de autoridad que representan el orden, la tradición, la
realidad.
– Tiene una primera etapa caracterizada por el influjo modernista y por estar escrito en verso (El maleficio de la mariposa,
Mariana Pineda). En estos años escribe también cuatro farsas que desarrollan el conflicto que deriva del matrimonio de
conveniencia entre le viejo y la joven, utilizando en dos de ellas (Tragicomedia de don Cristóbal y la señá Rosita y Retablillo de
don Cristóbal) como fórmula el teatro de títeres. Las otras dos son farsas para personas: La zapatera prodigiosa y Amor de
don Perlimplín con Belisa en su jardín.
– Bajo el nombre de comedias imposibles se reúnen tres comedias: Así que pasen cinco años, El público y la inacabada
Comedia sin título, caracterizadas por la influencia del Surrealismo.
– Lorca quiso escribir una “trilogía dramática de la tierra española”, pero sólo escribió dos obras: Bodas de sangre y Yerma.
Son tragedias que se desarrollan en un ambiente rural en el que las fuerzas naturales imponen un destino trágico.
– La casa de Bernarda Alba desarrolla, mejor que ninguna otra, la lucha entre el principio de autoridad, encarnado en
Bernarda, quien dicta años de luto y reclusión para sus hijas por la muerte de su marido, y el principio de libertad,
representado por Adela, la menor, quien tiene relaciones con Pepe el romano, prometido de una de sus hermanas.
Cuando la madre descubre los hechos, le dispara y Adela se suicida.

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