Teatro crítico universal resumen

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La prosa del Siglo XVIII


Durante el siglo XVII disminuye la prosa creativa y aumenta mucho la ensayística, por ser el tipo de prosa que mejor se adapta al propósito didáctico de toda la literatura ilustrada. La Ilustración propone una literatura sencilla, que llegue al mayor número posible de personas y que sea didáctica, esto es, que enseñe. En el XVIII se produce un gran desarrollo del periodismo y este cauce se utiliza para la difusión de las ideas. La finalidad de los periódicos en este Siglo XVIII es educativa y divulgativa, más que informativa. Entre los ensayistas más conocidos de la época hay que destacar a Feijoo y a Jovellanos.
Feijoo. En sus dos obras más importantes Teatro crítico universal, para desengaño de errores comunes, y Cartas eruditas, trata una pluralidad de temas que van desde la política al folklore, pasando por la literatura y la astrología. En todas ellas defiende la verdad y lucha contra las numerosas supersticiones de la época, tratando a la vez de mitigar el gran retraso de España con respecto a Europa. El apasionamiento en la defensa de sus ideas le llevó a grades polémicas, aunque al no poner en cuestión la doctrina de la Iglesia no fue perseguido por la Inquisición.

José Cadalso

Además de Los eruditos a la violeta, sátira contra los seudo intelectuales de la época y de las Noches Lúgubres, un relato novelesco que anuncia el Romanticismo, la obra fundamental de Cadalso son las Cartas Marruecas, que aparecieron primero en la prensa para se más tarde recogidas en un libro. Las obras en forma de cartas dirigidas a personas reales, o a personajes ficticios, es un género muy abundante durante el Siglo XVIII, ya que servía perfectamente para ejercer la crítica a las costumbres y a las ideas, Jovellanos es el prototipo del español ilustrado. Además de obras de carácter técnico como el Informe sobre la Ley Agraria, en donde defiende la abolición de los privilegios y la desamortización y la Memoria para el arreglo de la policía de espectáculos, en donde crítica al teatro del XVII y pretende que el gobierno intervenga en los espectáculos para asegurar su carácter didáctico, son interesantes sus Diarios, no sólo por ser un género poco frecuente en la literatura española sino por las líricas descripciones de los paisajes españoles.


TEATRO S XVIII


El neoclasicismo es una de las corrientes carácterísticas del Siglo XVIII. El teatro neoclásico nace con dos preocupaciones principales, una de carácter estético y otro ético. Desde el punto de vista formal es un teatro preocupado por guardar las reglas de las tres unidades, la unidad de tiempo: una representación cuyo tiempo interno no pase de las 24 horas, unidad de lugar, que se represente en un solo escenario por el que entran y salen los diversos personajes de la obra y la unidad de acción, tres actos que se correspondan con la presentación, el nudo y el desenlace. El teatro aspira a convertirse en instrumento de reforma cívica y moral, pretende de transformar a la sociedad enseñándole desde el escenario los vicios que debe evitar y las virtudes que debe imitar. Este propósito educativo junto con la rigidez que suponen las normas citadas anteriormente hace que este tipo de teatro no haya producido grandes obras ni haya contado con el entusiasmo popular. Los principales cultivadores del teatro neoclásico fueron una serie de escritores, madrileños en su mayoría, que se sometieron a lo que enseñaban los preceptistas clásicos y modernos, y crearon un teatro en pos de los intereses políticos y morales de la época con los cuales, como ilustrados que eran, estaban de acuerdo. La gran figura del teatro español del siglo de las Luces es Leandro Fernández de Moratín, creador de la comedia moratiniana, en la que ridiculiza los vicios y costumbres de su época, intentando convertir el teatro en un medio didáctico para reformar las costumbres. De las cinco comedias que escribíó destacan El viejo y la niña y El sí de las niñas en las que defiende el derecho de la mujer para elegir libremente al marido. En esta última, la más conocida y que se sigue representado hasta hoy, ataca la educación hipócrita de las jóvenes en los conventos de monjas y los matrimonios por dinero entre ancianos y jovencitas y realza el valor de la libertad y la sinceridad. En La mojigata critica la hipocresía y la falsa piedad. La comedia nueva o El café es una burla hacia los dramaturgos que ignoran las reglas del teatro clásico. Frente al teatro neoclásico existía un teatro más aplaudido por el público, aunque no contaba con el entusiasmo de los ilustrados, se trata de los sainetes, obras emparentadas con formas del teatro del Siglo de Oro como los entremeses. Los sainetes son piezas cortas, en verso, cuya acción suele desarrollarse en Madrid, que están protagonizadas con personajes castizos madrileños: manolas, majos, maridos engañados, obreros, hidalgos, etc. El escritor más representativo de este tipo de obras es Ramón de la Cruz que escribíó más de cuatrocientos sainetes costumbristas y que disfrutó de una enorme popularidad. Entre ellos destacan, La pradera de San Isidro, Las tertulias de Madrid, El Rastro por la mañana etc. En los que se limita a retratar la vida callejera madrileña, sin profundizar en caracteres, ni ejecutar ningún tipo de crítica social. Por último hay que mencionar al dramaturgo Vicente García de la Huerta que cultivó la tragedia, la más conocida de las cuales es Raquel.

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