Evolución poética de Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez y las vanguardias españolas

Antonio Machado: modernismo, Generación del 98 y etapas poéticas

Antonio Machado es, sin duda, una de las grandes figuras de la poesía española entre el modernismo y la Generación del 98. Algunos críticos han discutido su inclusión entre los noventayochistas, pues su primera obra —Soledades, galerías y otros poemas— se inscribe dentro de un modernismo intimista y su evolución posterior difiere en algunos aspectos de la de otros poetas del 98, ya que sus ideas se radicalizan con el tiempo.

Lo que convierte a Machado en una figura central de la poesía de la época es su escepticismo, su angustia y su profundo interés por la filosofía. Además del Modernismo y del noventayochismo, la crítica ha detectado en su obra toques de simbolismo, impresionismo, gongorismo, japonesismo (haikús) e incluso poemas con rasgos de vanguardia. Esta fusión de tantos elementos hace de su poesía una creación singular. En su obra pueden distinguirse las siguientes etapas.

Etapas de Antonio Machado

Primera etapa (hasta 1907): formación y modernismo

Representada por Soledades y Soledades, galerías y otros poemas, corresponde al Machado más modernista. En estos poemas predomina un tono melancólico y doliente; los temas principales son el amor, el paso del tiempo, la infancia perdida y los sueños. La poesía aparece como “una honda palpitación del espíritu” y el hombre puede, “mirando hacia dentro, vislumbrar las ideas cordiales, los universales del sentimiento”.

Se caracteriza por el uso de símbolos con los que escudriña el misterio de lo oculto. La línea intimista se acentúa: el sueño, el recuerdo y la memoria evocan constantemente un pasado perdido. Existe una sensación de angustia por el fluir incontenible del tiempo y por la premonición de la muerte. Dios aparece como racionalmente inexistente, aunque vitalmente deseable.

Segunda etapa (1907-1919): madurez y Campos de Castilla

Representada por Campos de Castilla, esta etapa coincide con acontecimientos personales y sociales graves. Machado presta mayor atención al paisaje y a los temas político-sociales, acercándose a las preocupaciones noventayochistas: Castilla se convierte en símbolo de España y el poeta expresa su profunda preocupación patriótica.

Los poemas evocan el paisaje castellano real; las descripciones se transforman en meditaciones que contraponen el esplendor del pasado castellano con un presente monótono y gris. Machado proyecta sus sentimientos sobre aquellas tierras; su amor a Castilla no excluye una actitud crítica frente a la realidad histórica, en la línea ideológica del regeneracionismo. Incluye poemas de paisaje, evocaciones de la esposa muerta, preocupaciones existenciales e inquietudes religiosas, los “Proverbios y cantares” y el romance “La tierra de Alvargonzález”. El lenguaje poético es sencillo y austero.

Tercera etapa (1919-1939): últimas obras y sentenciosidad

Reúne los poemas de Nuevas canciones, una obra breve y variada donde aflora un pensamiento cada vez más sentencioso. Predomina la preocupación filosófica y los poemas se inspiran en coplas populares. Lo más característico de este periodo es el centenar de “Proverbios y cantares” nuevos, compuestos por sentencias o pensamientos con frecuencia paradójicos. Sus últimas producciones líricas incluyen Canciones a Guiomar, De un cancionero apócrifo y Poesías de guerra.

Temas y símbolos fundamentales

La poesía para Machado se centra en dos nociones claves: esencialidad y temporalidad.

  • Esencialidad: primacía de la experiencia vivida sobre la imaginación creadora; la poesía como expresión esencial de las cosas y de su verdad.
  • Temporalidad: tema central de su obra; no se busca transmitir la idea del tiempo sino la emoción del tiempo, del instante que pasa.

Los símbolos del tiempo incluyen la mañana, la tarde, la noche y, especialmente, el reloj y el agua: la fuente, el río y el mar. El sueño para Machado es una forma posible de conocimiento; mediante el sueño el poeta intenta alcanzar la realidad, pero también expresa su angustia ante la nada. El amor aparece como evocación melancólica de la amada ausente; el verdadero amor sólo se alcanza por el recuerdo. El tema religioso muestra una meditación constante sobre la existencia y la noción de Dios, a quien Machado nunca niega por completo. Prefirió formas sencillas y sobrias y utilizó la silva-romance para expresar la temporalidad y la fugacidad del tiempo.

Juan Ramón Jiménez: búsqueda de la palabra y depuración lírica

Juan Ramón Jiménez representa al poeta entregado por completo a su labor artística. Para él la creación literaria es lo primordial, lo que explica su aislamiento y su vida en la llamada “torre de marfil”. Su pensamiento poético se articula a partir de tres ideas fundamentales: su poesía es minoritaria y de dificultad creciente; concibe su obra como un proceso en constante creación y revisión; y define la poesía como un triple deseo de belleza, de conocimiento y de eternidad, identificando la poesía con la Belleza, la Perfección y con Dios entendido como Naturaleza, Belleza absoluta o incluso como el propio poeta creador.

La vida de Juan Ramón es una búsqueda permanente de la palabra y de la expresión poética perfectas, lo que explica los continuos cambios de tono, temática y estilo.

Etapas de Juan Ramón Jiménez

I. Etapa sensitiva (hasta 1915)

Influida por el modernismo y por poetas románticos como Bécquer, Byron o Heine, en esta etapa predominan la melancolía, la nostalgia, la tristeza, la persecución de algo misterioso y la presencia de la muerte. Sus primeros libros —Nubes, Ninfeas y Almas de violeta— reflejan un sentimentalismo adolescente que más tarde repudiará. En Rimas de sombra, Arias tristes, Jardines lejanos y Pastorales aparece un intimismo simbolista, con metros sencillos y lenguaje sobrio, alejándose del modernismo ornamental.

En los ropajes del modernismo (Elegías, La soledad sonora, Melancolía, Laberinto, Poemas mágicos y dolientes) se produce un enriquecimiento métrico —alejandrinos y endecasílabos—, una vigorización de los sentimientos y variación cromática, destacando la sinestesia. Aparecen los temas del amor, la tristeza, la nostalgia, la fugacidad de lo vivo y la reflexión sobre la muerte. De esta época es también Platero y yo, obra en prosa poética que refleja su sensibilidad, ternura y acercamiento a la naturaleza y a Andalucía, así como un diálogo íntimo con Platero, el asno que le ayuda a vencer la soledad y la tristeza.

II. Etapa intelectual o de la poesía “desnuda” (1916-1936)

Comienza con Diario de un poeta recién casado (1917), donde abandona el léxico brillante y la adjetivación sensorial del modernismo, buscando una expresión más escueta y concentrada: “el nombre exacto de las cosas”. Influido por Paul Valéry, utiliza el verso libre, la asonancia y a veces el poema en prosa. Otros libros relevantes son Estío, Sonetos espirituales, Eternidades, Piedra y cielo, Poesía y Belleza, donde continúa la depuración y la interiorización de la poesía, buscando la realidad profunda de las cosas y los enigmas del alma y del mundo. Aparece la preocupación por abolir el tiempo y alcanzar la posesión total de la belleza, la realidad y del propio ser, con un claro anhelo de eternidad.

III. Etapa suficiente o verdadera (1936-1958)

En sus últimos libros, escritos en el exilio, se intensifica la abstracción y el tono filosófico. En En el otro costado, Romances de Coral Gables y Dios deseado y deseante aparece el dolor de la soledad y un misticismo neoplatónico donde Dios se identifica con la naturaleza, la belleza o la propia conciencia creadora. Se mantiene el verso libre y un lenguaje conceptual, profundo y oscuro, incrementando la intensidad en el camino del conocimiento y la aspiración al absoluto.

Juan Ramón Jiménez es considerado el mayor renovador de la lírica española del siglo XX por haber acercado a España la obra de poetas extranjeros innovadores, aunque su concepto elitista e íntimo de la poesía, dirigida a la “inmensa minoría”, provocó críticas y distanciamiento de otros autores.

Vanguardias europeas y su influencia en España

Con el nombre de vanguardias se designa a una serie de movimientos artísticos que se desarrollan en Europa durante el primer tercio del siglo XX. El término surge en Francia durante los años de la Primera Guerra Mundial (1914-1918) y procede del vocablo francés avant-garde, de origen militar y político, que refleja el espíritu de lucha y confrontación que el nuevo arte reivindicaba frente al arte decimonónico o académico.

El propósito común de los movimientos vanguardistas fue renovar radicalmente el arte y la literatura anteriores, abriendo nuevos caminos y creando formas estéticas acordes con la quiebra del sistema sociopolítico decimonónico, cuya expresión más cruenta fue la Guerra de 1914. En muchos casos, el espíritu de ruptura no se limitó al arte, sino que se manifestó también en la rebeldía contra normas y convenciones sociales.

Rasgos comunes de las vanguardias

  • Carácter de ruptura y revolución artística frente al arte del pasado, especialmente el realismo.
  • Reacción contra la sensibilidad romántica y el antisentimentalismo, manteniendo a menudo la idea del genio superior.
  • Pretensión de originalidad absoluta y experimentación de nuevas técnicas expresivas: eliminación de puntuación, uso del verso libre, inclusión de elementos extraños y concepción del poema como objeto visual (caligramas).
  • Alejamiento del gran público: arte para minorías; lo que Ortega y Gasset denominó “arte deshumanizado”.
  • Escasa duración temporal de los movimientos y conciencia de grupo expresada en manifiestos que impugnan la tradición cultural.

Principales movimientos de vanguardia

Expresionismo (Alemania, 1910-1925)

Acerca del naturalismo y del impresionismo, prioriza las realidades internas del artista y muestra el mundo subjetivamente. Su visión es trágica y pesimista, con personajes extraños, ambientes opresivos, situaciones absurdas, simbolismo intenso y un lenguaje libre e ilógico. Tiene antecedentes en Kierkegaard, Dostoyevski, Ibsen, Nietzsche y Strindberg; influyó en Kafka y en el teatro de Brecht.

Futurismo (Italia, fundado por Filippo Tommaso Marinetti, 1909)

Propone la ruptura total con el pasado y exalta lo moderno: máquinas, velocidad, energía, deportes, electricidad y tecnología. Rechaza los sentimientos y lo humano como tema, valorando la violencia, la acción y la fuerza. Busca un lenguaje nuevo que elimina puntuación y sintaxis tradicional para crear “palabras en libertad”. Tuvo más valor teórico que literario, aunque abrió camino a otras vanguardias.

Cubismo (inspirado por la pintura, formulado por Apollinaire, 1913)

Se basa en descomponer la realidad en fragmentos y en la simultaneidad de perspectivas. En literatura, rompe el hilo narrativo, mezcla textos de distinta naturaleza, incluye elementos visuales y tipográficos, estructura tipo collage y yuxtapone ideas sin conexión lógica. Los caligramas son una creación característica del cubismo literario.

Dadaísmo (Zúrich, 1916)

Nacido como un movimiento destructivo y provocador fundado por Tristan Tzara, rechaza el arte, la lógica y los valores burgueses. Promueve la negación absoluta, el nihilismo, el humor corrosivo, la burla, lo absurdo y la contradicción. Defiende un lenguaje incoherente y espontáneo; es precursor del surrealismo.

Surrealismo (fundado por André Breton, 1924)

Surgido del dadaísmo con orientación constructiva y muy influido por Freud, busca descubrir la realidad profunda explorando el inconsciente, los sueños y los impulsos reprimidos. Emplea la escritura automática y crea un lenguaje ilógico lleno de sugerencias, con imágenes visionarias, metáforas oníricas y elementos mágicos. Sus temas centrales son los sueños, lo fantástico, lo irracional y el humor negro. En España influyó especialmente en la Generación del 27.

La vanguardia en España

La vanguardia española no alcanzó la misma intensidad que la europea, y su desarrollo estuvo marcado por algunos hitos determinantes:

  • 1909: Gómez de la Serna publicó en la revista Prometeo la traducción del Manifiesto futurista de Marinetti.
  • 1918: llegó a España el poeta chileno Vicente Huidobro, fundador del creacionismo.
  • 1919: se publicó el Primer manifiesto ultraísta en la revista Cervantes.
  • La influencia de Ortega y Gasset, especialmente con su libro La deshumanización del arte.
  • 1925: se publicó la traducción del Manifiesto surrealista de André Breton; el surrealismo, impulsado por Juan Larrea, fue la vanguardia europea de mayor influencia en España.

Las revistas que difundieron las vanguardias en España incluyeron Cervantes, Cosmópolis, Grecia, Los Quijotes, Tableros, Tobogán y Ultra. Los movimientos más relevantes en el contexto español fueron el Ultraísmo y el Creacionismo.

Creacionismo

Iniciado en París por Vicente Huidobro y cultivado en España por Juan Larrea y Gerardo Diego, el creacionismo no pretende reflejar ni imitar la realidad, sino crear realidades nuevas e independientes. El lema de Huidobro —“Hacer un poema como la naturaleza hace un árbol”— y la afirmación de Gerardo Diego —“Crear lo que nunca veremos”— resumen su propósito: el poema debe ser autónomo y explicarse por sí mismo, creando nuevas imágenes y relaciones entre palabras sin basarse en comparaciones tradicionales. Del creacionismo perduró el afán de renovación léxica y la creación de imágenes y metáforas audaces, así como recursos como la supresión de la puntuación y la experimentación tipográfica.

Ultraísmo

Bajo la orientación de Guillermo de Cansinos-Assens y con su primer manifiesto publicado en 1919 en Cervantes, el ultraísmo recoge elementos futuristas, cubistas y creacionistas. El término “ultra” sugiere su intención de ir más allá del novecentismo. Los ultraístas propusieron la supresión de elementos narrativos y sentimentales, la ruptura con el discurso lógico, el cultivo de la metáfora irracional y los caligramas, y una tendencia al juego y a la evasión. Aunque de corta duración, ejerció una notable influencia en los poetas de la Generación del 27 y en autores hispanoamericanos como César Vallejo y Jorge Luis Borges.

Ramón Gómez de la Serna y la difusión de la vanguardia

El máximo impulsor de las vanguardias en España fue Ramón Gómez de la Serna (1888-1963), gracias a su revista Prometeo y a la tertulia del Café Pombo, donde divulgó estas tendencias. Su obra se caracteriza por una personalidad arrolladora y por la creación de un nuevo ismo, el ramonismo, sinónimo de independencia, esteticismo y provocación.

Gómez de la Serna cultivó lo extravagante, lo grotesco y lo provocador: daba conferencias vestido de torero o realizaba actos públicos insólitos, como destruir un reloj para demostrar la inexistencia del tiempo objetivo. Fue prolífico: escribió más de cien libros de novela, ensayo, cuento, teatro y artículos periodísticos.

La greguería

Destaca por la creación de la greguería, definida como metáfora + humor: asociaciones de ideas insólitas resumidas en frases breves. Usa técnicas como seudoetimologías, comparaciones hiperbólicas, metáforas atrevidas y juego con refranes y frases hechas. Ejemplos de greguerías son: “La pistola es el grifo de la muerte”, “La lechuga es toda enaguas” o “Los tornillos son clavos peinados con la raya al medio”.

En sus novelas muestra un carácter crítico y sarcástico, como en El chalet de las rosas o El torero Caracho, y en obras eróticas como Senos o La viuda blanca y negra. Sus ensayos describen el ambiente madrileño y la sociedad de la capital, con obras como El Rastro, El Prado, Toda la historia de la calle de Alcalá, Pombo o La sagrada cripta del Pombo. También abordó los ismos y biografió a personalidades como Oscar Wilde o Valle-Inclán.

La literatura de Gómez de la Serna representa la frontera donde termina la rigidez de los prosistas de la Generación del 98 y renace el humorismo: un territorio nuevo lleno de fantasía y humor, vinculado al novecentismo y a la Generación del 14.

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