Lírica del Renacimiento (s. XVI)
La lírica del siglo XVI aprovecha la flexibilidad y la dulzura para canalizar la expresión renacentista. Se trata de considerar, en el aspecto fónico y melódico del verso, una parte esencial de la emotividad que el poeta quería transmitir al oyente. Los autores aspiraban a la concordancia entre musicalidad y sentido. El empleo del verso de 11 sílabas (endecasílabo) combinado con el de 7 sílabas (heptasílabo) en varias estrofas favorece el naturalismo buscado por la estética renacentista.
Imitatio y mediación italiana
Fue constante la imitatio, no tanto en cuanto al tema, sino en cuanto a la dispositio: la originalidad no es lo que más preocupa. Los renacentistas recibieron a los clásicos por mediación de la lengua italiana. Hacia 1550 conviven tres corrientes: la romanceril, la tradicional y la de los villancicos.
Influencia del petrarquismo
Las principales enseñanzas del petrarquismo son:
- Flexibilidad en el ritmo, favorecida por el encabalgamiento.
- Atenuación de la rima en determinados contextos.
- Potenciación de las posibilidades rítmicas a través de los acentos.
- Naturalidad del léxico y eliminación del lenguaje poético cargado de conceptos medievales.
La égloga y la filosofía pastoril
La égloga y la filosofía pastoril convierten a los pastores en protagonistas. Se ponen de moda las églogas y las novelas pastoriles. La égloga es un género mixto, lírico y dramático, sin un molde métrico específico. Entre las claves del género destacan:
- Idealización de la naturaleza durante el Renacimiento (mito de la edad de oro).
- Pastores rústicos, ajenos a la artificialidad y la falsedad de la vida cortesana.
- La naturaleza como espacio propicio para la contemplación y la meditación; contribuye el auge de la filosofía platónica.
- El tema central es el amor; el autor suele presentar dos visiones de la naturaleza: como confidente o como elemento hostil.
La égloga pertenece al género bucólico o idílico-pastoril y destaca por su serenidad y dulzura; reaparece como género mixto, entre lo lírico y lo dramático. Predomina el endecasílabo.
Garcilaso de la Vega
Garcilaso, poeta-soldado, se describió a sí mismo como «conducido mercenario»; sus versos están llenos de lamento por quien se sentía forzado a ser soldado. Fue determinante la personalidad militarista de la época de Carlos V.
Égloga I
Égloga I fue compuesta unos meses después de la muerte de Isabel Freire, en la época de madurez espiritual y de dominio perfecto de su arte. Está dividida en 30 estancias, con 421 versos. Las estancias tienen 14 versos: 10 endecasílabos y 4 heptasílabos (solo dos no cumplen este esquema: la 19 y la 20). El tema es el amor, planteado como conflicto expresado desde dos posturas en diálogo entre dos pastores; aparece el dolor por la indeseada soledad.
El primer verso adelanta el tono del poema. Se funden dos sentimientos en cierto modo opuestos. La primera estancia ofrece un canto lírico. La reiteración temática y la predilección por determinados adjetivos (como «dulce») son evidentes.
Entre los recursos empleados aparecen el oxímoron (por ejemplo, «el dulce lamentar»), el hipérbaton, la prosopopeya (actitud de las ovejas), la hipérbole (se olvidan de pacer), la sinestesia («cantar sabroso»), la metonimia, y el encabalgamiento (ejemplo: «al cantar sabroso / estaban muy atentas»). La poesía, monótona en su tema y de un refinamiento hasta entonces poco imaginado, se presenta como un producto típicamente renacentista, que responde a modelos literarios clásicos y a la creación italiana. Garcilaso se inspiró en poetas antiguos y modernos; su planteamiento lírico es predominantemente pagano en la concepción de la muerte. Se aprecian influencias de Petrarca y de Sannazaro (La Arcadia).
Soneto XXXVIII
Soneto XXXVIII lamenta un amor no correspondido, probablemente dedicado a Isabel Freire. Lo que más le duele es no poder declararse a su amada, sentimiento que provoca frustración y decepción. El soneto se divide en dos partes: la primera, formada por dos cuartetos, se centra más en sí mismo y en la situación de sufrimiento; la segunda, formada por dos tercetos, trata del rechazo de la amada y de la pérdida de la esperanza. Está escrito en verso endecasílabo, arte mayor, con rima consonante. Se observan hipérbatos (en los versos 1, 2, 3, 5, 6, 10, 11, 13 y 14), hipérboles (1, 2, 7 y 8), metáforas (6, 7, 9, 10, 12, 13 y 14), encabalgamientos (5-6 y 12-13), numerosos verbos, palabras del castellano antiguo y un lenguaje culto.
Soneto XXVI
Soneto XXVI («Echado está por tierra el fundamento») es representativo del primer estilo del poeta. Hay hipérbaton en los dos primeros versos: «echado está por tierra el fundamento» y «mi vivir cansado sostenía». En el tercero y el cuarto aparece una anáfora: «¡Oh cuánto!, ¡oh cuántas!» y dos exclamaciones. El quinto y sexto versos forman otra exclamación, que constituye una anáfora con los anteriores («¡Oh cuán…») e incluye también un hipérbaton. En el octavo verso se distingue una hipérbole («mil veces la castiga…»). El décimo verso se caracteriza por una anáfora («con tal, con una»), y en el undécimo aparece otra hipérbole. En los dos últimos versos hay anáforas («a que, a quién»). Hay pocos epítetos; en este soneto los sentidos tienen menos importancia que en el segundo estilo.
Soneto XIII
Soneto XIII («A Dafne ya los brazos le crecían») es, por el contrario, ejemplo del segundo estilo de Garcilaso. Los efectos sensoriales constituyen su gran novedad y mérito. Se observan hipérbatones en los versos 1, 2, 3, 4 y 13; numerosos epítetos como «luengos ramos», «verdes hojas», «áspera corteza», «tiernos miembros», «blancos pies», «torcidas raíces», «miserable estado»; dos encabalgamientos (entre 4-5 y 10-11); una antítesis en el verso 6 y una hipérbole en el verso 11.
Petrarca
Francesco Petrarca fue uno de los poetas líricos más importantes de la modernidad. Su perfeccionamiento del soneto influyó en numerosos poetas posteriores. Conocido como uno de los primeros grandes humanistas, contribuyó a la instauración del italiano vernáculo como lengua literaria. Nació en 1304 en Arezzo. Aunque la poesía lírica ocupa para él un papel variable, su cancionero alcanzó gran relevancia.
Compuso alrededor de 400 poemas en forma de cancionero desde 1338, retocándolos hasta su muerte y evolucionando continuamente. Convierte el soneto en forma estrófica y presenta la relación amorosa en progresión; la pasión es fuente de placer y de dolor, manifestando la antítesis entre ambos estados.
Generación del 98
La Generación del 98 reúne a artistas con personalidades muy diferentes; a veces se la describe como una generación «egotista» o introspectiva. Está marcada por el impacto del 98 y por un pesimismo ante el destino nacional; a menudo se les considera los últimos patriotas del siglo XIX español. Practican todos los géneros literarios, destacando el ensayo y la novela.
Es la llamada edad de plata. Entre sus precursores y miembros destacan autores como Ángel Ganivet, Pío Baroja, Azorín y Valle-Inclán. Miguel de Unamuno es considerado el filósofo de la generación; sus preocupaciones son ideológicas, culturales y religiosas. Escribe ensayos y novelas. La poesía de algunos de sus miembros puede aparecer tosca, poco trabajada o descuidada en comparación con otras manifestaciones literarias del grupo.
Antonio Machado
Antonio Machado (nacido en Sevilla en 1875 y fallecido en Francia en 1939) es uno de los poetas significativos de la Generación del 98. Estudió algún tiempo en la Institución Libre de Enseñanza, vinculada al krausismo, doctrina que defendía la tolerancia académica y la libertad de cátedra frente al dogmatismo. Tuvo relación con autores de otros grupos, como Rubén Darío, Juan Ramón Jiménez y Federico García Lorca.
Sus primeras obras pertenecen al modernismo; se deja influir por la estética, sobre todo por Rubén Darío, aunque sin adoptar plenamente su exuberancia: siempre hay un punto de intimismo. Obras como Soledades (luego Soledades, galerías y otros poemas) ya muestran esa tónica. Más tarde entra en las preocupaciones del 98 con Campos de Castilla (1912). Otras obras son Nuevas canciones y las Poesías completas. Es importante su procedencia andaluza, la impresión de Castilla, su historia de amor con Leonor en Soria, su amor por Guiomar y su compromiso con la República. Para Machado, la poesía es «una honda palpitación del espíritu». También escribió en prosa Juan de Mairena y teatro en colaboración con su hermano, por ejemplo Desdichas de la fortuna o obras como Julianillo.
Retrato
«Retrato» pertenece a la colección Campos de Castilla (1912). Esta obra se integra en la segunda etapa de Machado, cuando entra en las preocupaciones del 98. En ella el paisaje castellano se identifica con su amada, Leonor Izquierdo.
El poema, fechado en 1906, invita a conocer la experiencia vital del autor y enlaza sus valoraciones acerca del comportamiento humano, sus criterios y tendencias estéticas en un esfuerzo por permanecer de forma universal. Asunto: autobiografía, con pocos elementos; tema: expresión sincera y austera de las propias condiciones personales y de las opciones.
Estructura: el poema está dividido en estrofas. Las tres primeras estrofas recogen su biografía vital o su identidad como hombre en aspectos emotivos. Las tres siguientes definen su estilo: es un análisis de cómo escribe. En las tres últimas se expresa el deseo de una muerte humilde (premonición), y hay una proyección hacia el futuro que marca su lugar en el mundo y el ser humano que desea ser.
Métrica: versos alejandrinos en estrofas de cuatro versos. Rima consonante. Estructura AB: serventesio alejandrino. Morfosintaxis: abundancia de verbos; léxico que indica los matices de su literatura; es característica la sustantivación. Aparecen metáforas como «recibí la flecha que me asignó Cupido», «hay en mis venas gotas de sangre jacobina», «mi verso brota de manantial sereno»; también paralelismos como «el traje que me cubre / el pan que me alimenta». El poema se cierra con una comparación: «como los hijos de la mar».
En el poema Manuel definirá su literatura: se aprecia más por la fuerza interior que por las formalidades.
A un olmo seco
«A un olmo seco» pertenece a la colección Campos de Castilla (1912). En ella el paisaje castellano aparece identificado con Leonor Izquierdo. Campos de Castilla conoció dos momentos: la primera edición, de 1912, y la segunda, de 1917. Probablemente este poema pertenezca a la primera edición, cuando aún estaba viva Leonor, pues en los últimos versos late un sentimiento de esperanza que podría aludir a la recuperación de su esposa, enferma y que finalmente moriría.
Es un poema lírico en que el autor se hace presente mediante la primera persona verbal («quiero») y el posesivo («mi»), así como por la frase exclamativa; también aparece un lector implícito (el olmo), a quien apostrofa y en quien vuelca sus sentimientos. El olmo está firmemente anclado en un paisaje real, «la colina que lame el Duero», enriquecido con la asociación de Castilla y Leonor. La temporalidad se marca por la visión del árbol en relación con pasado, presente y futuro. La función expresiva alterna con la poética, la referencial y la apelativa. Tiene un tono optimista y esperanzado.
Asunto: el viejo olmo y su descripción. Tema: esperanza frente a la decrepitud, proyectable sobre la enfermedad de su esposa. Estructura: el poema puede dividirse en cuatro partes: la primera (preámbulo y resumen del poema), la segunda (descripción de la decrepitud presente, en indicativo), la tercera (hipótesis y proyección al futuro, uso del subjuntivo) y la cuarta (clímax de la esperanza que se quiere ver reflejada en la vida; vuelta al presente).
Métrica: mezcla de 11 y 7 sílabas, frecuente en Machado; constituye la silva, que admite versos sueltos. Léxico: abundancia de adjetivos y campos semánticos del color, la decrepitud y la vejez; muchos sustantivos organizados en pequeñas enumeraciones; presencia de pronombres de 1ª, 2ª y 3ª persona. Estilísticamente aparecen prosopopeyas (personificaciones) como «que lame el Duero», hipérbatos, encabalgamientos y metáforas.
Las moscas
Idea principal: el poema evoca la atención sobre las cosas cotidianas, que pasan desapercibidas y no se valoran. Este motivo se ejemplifica con las moscas, presentes en todos los momentos de la vida, pero sin que se les conceda importancia.
Ideas secundarias: el poema comienza dirigiéndose a las moscas, llamándolas «familiares», «vulgares», y subrayando así lo cotidiano. El autor sugiere que las moscas le evocan todas las cosas, pues han estado presentes en todo lo que él ha vivido, lo que les da cierta significación. A continuación hay un recuento de las edades del autor y una reflexión sobre el paso del tiempo y de la vida:
«Moscas de todas las horas, de infancia y adolescencia, de mi juventud dorada; de esta segunda inocencia, que da en no creer en nada, de siempre…»
Se critica que estas cosas insignificantes, que no destacan («Inevitables golosas, que ni labráis como abejas, ni brilláis cual mariposas»), no tengan a nadie que las inmortalice en el arte («no tendréis digno cantor»).
Métrica de Las moscas
La estrofa utilizada es la cuarteta, formada por cuatro versos octosílabos con rima asonante según el esquema abab; la última estrofa presenta un esquema distinto, abaaba. Hay una anáfora de la palabra «sobre» en versos consecutivos: «sobre el juguete encantado, sobre el librote cerrado, sobre la carta de amor, sobre los párpados yertos de los muertos».
