Evolución de las Vanguardias Literarias en España: Del Ultraísmo al Surrealismo

Movimientos de vanguardia en España

El primer propagador de esta literatura fue Ramón Gómez de la Serna. Otros difusores destacados son Rafael Cansinos Assens y Enrique Díez-Canedo. Durante este periodo, se desarrolló también la literatura novecentista. Sin embargo, hasta la Primera Guerra Mundial, no surge en España un movimiento vanguardista organizado.

El Creacionismo

Vicente Huidobro, durante su etapa en Madrid, difundió los principios de la estética creacionista. En esta corriente, se prescinde de lo anecdótico y descriptivo con el ánimo de que el poema provoque emoción por el valor de la creación misma. El poeta recurre a la imagen, con un modo ilógico de asociación que rompa con lo esperable y verosímil, para establecer entre las dos realidades una relación arbitraria que el poeta crea de la nada.

En España, el creacionismo influyó decisivamente en la obra de dos importantes poetas: Gerardo Diego y Juan Larrea. Este movimiento contribuyó a expandir los principios fundamentales de la vanguardia y estuvo en el origen de un ismo puramente hispano: el ultraísmo.

El Ultraísmo: Características y Difusión

El ultraísmo recoge ingredientes de diversas vanguardias y utiliza como cauce de expresión las revistas literarias. Algunas de estas publicaciones dieron cabida a poetas consagrados como Juan Ramón Jiménez o Antonio Machado, y publicaron textos de otros autores más jóvenes como Federico García Lorca, Rafael Alberti o Jorge Guillén.

La estética ultraista pretende una poética nueva que abandone los antiguos moldes retóricos. Sus pilares fundamentales son:

  • La concepción de la poesía como la creación de una nueva realidad, como una actividad inmanente y autónoma.
  • Un cambio en el concepto de belleza, que se encuentra en el propio poema y es creada por la maestría técnica del poeta.
  • El alejamiento del subjetivismo romántico y de la sensibilidad modernista.
  • La preferencia por objetos materialmente duros y sin implicación sentimental: locomotoras, máquinas, etc. Es evidente en estos elementos la impronta del futurismo, con su rechazo de los temas tradicionales.
  • Una visión lúdica del arte reflejada en el gusto por la ocurrencia, el chiste, el humor o la exaltación del deporte, la velocidad y la juventud.
  • El rechazo de metros y estrofas tradicionales, sustituyéndolos por el verso libre, la supresión del adjetivo, el empleo de neologismos y la propensión al fragmentarismo.

Caracteriza al nuevo lenguaje la importancia de la metáfora, que se convierte en el principal procedimiento expresivo. La metáfora vanguardista elimina el nexo lógico, por lo que el único modo de captar su sentido es por medio de la intuición y no de la razón.

El ultraísmo tuvo una vida efímera y, mediada la década de los 20, se le consideraba extinguido. Su principal aportación fue la aclimatación de las ideas vanguardistas a la literatura española y la apertura de nuevos horizontes que aprovecharon luego fecundamente los poetas de la Generación del 27.

El Surrealismo y la Rehumanización

Posteriormente, nació en España el surrealismo, caracterizado por su interés por el subconsciente, los sueños y los aspectos del pensamiento humano no sometidos a la lógica y a la razón. La obra de arte debe ser el lugar donde aflore todo aquello que se encuentra oculto en el interior de la conciencia.

Los frutos más significativos suponían que las imágenes oníricas asociadas al mundo del subconsciente podían ser técnicamente trabajadas y elaboradas. Además, el deseo de liberación de este movimiento a nivel artístico, expresivo y de lenguaje literario tenía también una indudable trascendencia social y política.

El surrealismo contribuyó a la rehumanización de las vanguardias al poner el acento sobre aspectos como el compromiso social o la revolución moral. Los surrealistas terminan por superar la concepción del arte como juego intrascendente, al considerar la rebeldía vanguardista como parte de una actitud subversiva más general.

Ramón Gómez de la Serna: El Pionero

Ramón Gómez de la Serna fue el pionero en la introducción de las vanguardias en España y escribió ensayos, poemas, teatro y novelas. Lo más característico de su producción son las greguerías: imágenes lírico-humorísticas que, de modo ingenioso, establecen relaciones insólitas y faltas de lógica entre dos objetos o conceptos.

Él mismo las definió como metáfora + humor, basándose en diversos procedimientos técnicos expresivos:

  • Falsas etimologías y paronomasias.
  • Parodias de locuciones y frases hechas.
  • Asociaciones visuales de imágenes y asociaciones fónicas.
  • Antítesis y paradojas.

Hay que vincular la greguería a la libertad imaginativa de la vanguardia, que busca relaciones insospechadas entre los objetos. En su juventud, intentó participar en la renovación del anquilosado teatro español con casi una veintena de piezas originales. Escribió también numerosas biografías, así como un muy interesante libro de memorias titulado Automoribundia.

Sus ensayos, en los que da una visión personal del ambiente madrileño y de la vida literaria y artística de la capital, son también abundantísimos: El Rastro, El Prado o La sagrada cripta del Pombo. Lo más interesante de su producción literaria son sus novelas, como La viuda blanca y negra, Cinelandia o El torero Caracho. Estas suelen desarrollarse en ambientes urbanos, con una acción muy leve que es sustituida por digresiones, greguerías, rasgos de ingenio y de humor.

Es el erotismo el tema más insistente y hasta obsesivo en su obra. Se trata de un erotismo que, tras la máscara de la trivialidad y la superficialidad aparente de un cosmopolitismo frívolo o de un tópico casticismo madrileño, encubre la radical soledad del individuo, la amenaza de la muerte y un trasfondo morboso y fetichista.

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