La crisis de fin de siglo: El origen de una nueva mentalidad
Entre 1885 y 1914 se produjo en Europa una crisis de valores que configuraría una nueva mentalidad basada en la pérdida de confianza en el progreso y en la entrada de corrientes que cuestionarían el pensamiento utilitarista de la sociedad burguesa. Este escepticismo ofreció un modo de acceso al conocimiento basado en el irracionalismo y la intuición, potenciado por pensadores como Nietzsche, Schopenhauer o Freud.
Además, esta crisis se vio agravada en España con el desastre de 1898, que supuso la pérdida de las últimas colonias. De esta manera, surgió una generación que compartía el espíritu de rebeldía y de protesta, diferenciada en dos corrientes: el Modernismo (en Hispanoamérica) y la Generación del 98 (en España).
El Modernismo: Esteticismo y renovación
El modernismo manifestó un afán de renovación basado en el esteticismo como una manera de rechazo al mundo circundante. Sus orígenes se encuentran en el posromanticismo becqueriano y en los movimientos franceses del simbolismo y el parnasianismo.
Características principales:
- Ideal estético: El arte por el arte.
- Actitud cosmopolita: Tendencia a evadirse evocando otras épocas (Edad Media) y lugares (Oriente).
- Raíces propias: Recuperación de las culturas indígenas precolombinas como elemento exótico y reivindicativo.
- Evolución: En su última etapa, se produjo un acercamiento a lo hispánico, dando entrada a lo irracional, lo inefable y lo misterioso, impregnado de melancolía y angustia.
En cuanto a su estilo, destaca la presencia de lo sensorial mediante una rica adjetivación, léxico preciosista, el uso de símbolos y una renovación de la métrica (como el uso del soneto en alejandrinos). El autor principal fue Rubén Darío, quien con Azul (1888) dio inicio a un movimiento que se consolidó en Prosas profanas (1896) y Cantos de vida y esperanza (1905). Otros autores destacados son Manuel Machado, Francisco Villaespesa, Antonio Machado (en sus inicios), Juan Ramón Jiménez y Valle-Inclán.
La Generación del 98: Compromiso y regeneracionismo
La Generación del 98 se desarrolló en España a partir del desastre de 1898 y del manifiesto publicado en 1901 por Azorín, Maeztu y Baroja (el «Grupo de los Tres»), donde denunciaron la situación del país y mostraron su intención de modernizarlo. Más tarde se unirían Miguel de Unamuno, Antonio Machado y Valle-Inclán.
Temas y estilo
Estos autores se comprometieron con los problemas de su tiempo, siendo el tema de España y las cuestiones existenciales los ejes vertebradores de sus obras:
- España: Reflejo de su historia, sus tierras y el paisaje castellano como esencia nacional. Destaca el concepto de intrahistoria de Unamuno, centrado en la vida de las gentes humildes.
- Existencialismo: Interrogantes sobre el sentido de la existencia, el paso del tiempo y la religión.
En su estilo, apostaron por la naturalidad y la sencillez, alejándose de pretensiones retóricas. Modernizaron el ensayo (ej. Vida de Don Quijote y Sancho de Unamuno o Castilla de Azorín) y renovaron la novela rompiendo con el Realismo mediante el subjetivismo y la eliminación de la trama. Unamuno destacó con sus nivolas (Niebla, San Manuel Bueno, mártir), mientras que Pío Baroja sobresalió con obras como El árbol de la ciencia.
En poesía, Antonio Machado es la figura clave, con una trayectoria dividida en tres etapas: modernista/simbolista (Soledades), castellana (Campos de Castilla) y filosófica (Nuevas canciones). Finalmente, en el teatro, Valle-Inclán revolucionó el género con la creación del esperpento en Luces de bohemia.
Aunque ambos movimientos compartieron el mismo contexto histórico, sus diferencias estéticas permiten hablar de dos corrientes paralelas que responden a una misma actitud de insatisfacción, logrando la renovación definitiva de la lírica a finales del siglo XIX y principios del XX.
