Estructura y Organización del Poema
En cuanto a la estructura del poema, este se divide en dos partes:
- La primera parte: Englobaría los once primeros tercetos en los que se recoge, primeramente, el dolor resignado por la muerte del amigo que ocupa, como todos, una tierra a la que fertiliza con sus despojos. Luego, el vacío que el poeta siente ante la desaparición del amigo se torna en rebeldía, en una imprecación a la muerte, tramo preceptivo en casi todas las elegías: “No perdono a la muerte enamorada, no perdono a la vida desatenta, no perdono a la tierra ni a la nada. En mis manos levanto una tormenta de piedras, rayos y hachas estridentes sedienta de catástrofes y hambrienta”. Este grito de dolor termina con el deseo de desenterrar al compañero: “Quiero escarbar la tierra con los dientes, quiero apartar la tierra parte a parte a dentelladas secas y calientes. Quiero minar la tierra hasta encontrarte y besarte la noble calavera y desamordazarte y regresarte”.
- La segunda parte: La elegía se compone de 15 tercetos endecasílabos y se remata con un serventesio final, en los que se aprecian diferentes estados de ánimo del poeta que evoluciona hacia una locura o éxtasis místico momentáneo.
Estados de Ánimo y Evolución
Se pueden distinguir tres estados de ánimo a lo largo del poema:
- De aceptación: Tercetos del 1 al 7.
- De rebelión: Tercetos del 8 al 12.
- De sublimación: Tercetos del 13 al 16.
Cabe decir que estos tres estados anímicos reflejan la transformación que se opera en el poema.
Simbología: El Rayo
En cuanto a la simbología del poema, la palabra “rayo” tiene un gran carácter simbólico. El “rayo” simboliza la muerte criminal y cósmica, que representa la muerte que pende sobre el poeta Ramón Sijé.
Recursos Estilísticos y Figuras Retóricas
Entre los recursos estilísticos cabe destacar la hipérbole para expresar su dolor inconmensurable (“por doler me duele hasta el aliento”; “siento más tu muerte que mi vida”) por la muerte del amigo. En el segundo ejemplo, debemos comentar, asimismo, el doble sentido con el que usa el verso “sentir”.
Metáforas y Anáforas
Se identifican diversas metáforas con las que se refiere a la muerte: “manotazo duro”, “golpe helado”, “hachazo invisible”, “empujón brutal”. Las anáforas y paralelismos (versos 19-21; 22-24) inciden en la injusta muerte temprana y en el dolor que impide el perdón.
Aliteraciones y Epanadiplosis
A partir de la novena estrofa están presentes las aliteraciones de la “r”, que llevan el dolor a un punto extremo (obsérvese la abundancia de este sonido, especialmente en los versos 28-33, es decir, hasta culminar la primera parte a la que aludíamos). El dolor se torna en esperanza en la segunda parte del poema y a ello contribuyen los siguientes recursos estilísticos:
- Personificaciones: “almas de las rosas”.
- Aliteración de la vocal “a”: “A las aladas almas, arrullo de las rejas”.
- Epanadiplosis: En el último verso (“compañero del alma, compañero”).
- Nuevas metáforas: “almendras espumosas”.
La Antítesis como Eje Vertebrador
Es constante en el poema la marcada presencia de la antítesis: “y siento más tu muerte que mi vida”, que comulga con toda la trayectoria del poema. También encontramos otras:
- Entre la “amapola” y el “almendro”: El color rojo, el color de la sangre que crece en el cementerio y se nutrirá del corazón del amigo, frente a la flor del almendro, casi de color blanco, que crece en el huerto del poeta, quien será después el depositario del corazón del amigo.
- El corazón que alimentará a las desalentadas amapolas es contrapuesto a la noble calavera regresada.
- La tierra materna arrullada por los enamorados labradores se enfrenta al rastrojo fúnebre agredido a dentelladas.
Léxico y Adjetivación
Todos estos sentimientos los encontramos proyectados en un léxico que conecta con el propio devenir del contenido:
- Términos de horticultura: Relacionados con el deseo de ser “hortelano” de la tierra: “tierra”, “lluvias”, “caracolas”, “amapolas”, “rastrojos”, “huerto”, “higuera”, “flores”, “abejas”, “almendras”, “rosas”.
- Términos de violencia: Marcan la rabia del poeta: “manotazo”, “hachazo”, “empujón”, “piedras”, “rayos”, “hachas”, “catástrofe”, “hambrienta”, “minar”, “dentelladas”.
Uso de la Adjetivación
Es importante señalar la adjetivación abundante del poema, mayoritariamente con un valor explicativo, con la que pretende intensificar el dolor: “desalentadas amapolas”, “manotazo duro”, “golpe helado”, “hachazo invisible y homicida”, “empujón brutal”, “vida desatenta”, “muerte enamorada”, “rayos y hachas estridentes”. Por otro lado, la esperanza aparece en las últimas estrofas: “la noble calavera”, “altos andamios”, “angelicales ceras y labores”, donde se respira una imagen alegre del amigo que, pájaro, ángel y abeja a un tiempo, revolotea sobre las flores.
Análisis de los Tiempos Verbales
Si nos fijamos en la progresión del dolor para llegar hasta este final, el poeta usa el presente (“quiero”) para expresar su deseo ante la muerte de un amigo y para reflejar su estado de ánimo actual: “lloro”, “siento”, “ando”, “voy”, “me duele”, “no perdono”.
Frente a estos, recurre a formas del pretérito perfecto simple (“madrugó”, “levantó”) para situar la muerte como un hecho inexorable, y al pretérito perfecto compuesto (“ha derribado”) para recalcar esa evidencia cercana. En la última parte, recurre al léxico bucólico y al empleo de varios futuros (“volverás”, “pajareará”, “alegrarás”, “irá”), en los que está explícito el deseo del regreso del amigo de una forma dulce y atenuada. Es un clima luminoso al que contribuye la aliteración del verso “a las aladas almas de las rosas”, que nos hace sentir un revoloteo de alas.
Conclusión: La Sencillez Desgarradora
Desde cualquier punto que lo miremos, los últimos versos del poema, el serventesio final, nos transmiten una sencillez desgarradora de la que nos ha ido impregnando a lo largo de las quince estrofas precedentes. No hay justificación, ni estoicismo, ni resignación. No. La muerte de su amigo es sencillamente lo que nos ha transmitido: un empujón brutal, una madrugada que llega temprano.
Hay desesperación, hay impotencia, rebeldía ante un destino ciego, hay dolor, no hay esperanza. Hay fe en algo que no se pudre. Y hay una querencia y una voluntad de recobrarlo: “a las aladas almas de las rosas / del almendro de nata te requiero” (doble sentido del verbo re-querer: esperar o solicitar). Nos conmueve una explicación tan realista, tan cotidiana y sencilla, pero cargada de sugerencias: “que tenemos que hablar de muchas cosas”. Y nos conmueve ese verso que sentimos como un resumen de todo porque es, al mismo tiempo, recuerdo y llamada: “compañero del alma, compañero”.
