1. La poesía cancioneril castellana
Los textos poéticos del siglo XV se recopilaron y se difundieron en colecciones colectivas denominadas cancioneros. Destacan:
- Cancionero de Baena (1430): reúne obras de la corte de Juan II de Castilla, como las de Alfonso Álvarez o las de Francisco Imperial.
- Cancionero de Stúñiga (1460-63): recoge composiciones de poetas de la corte de Alfonso V de Aragón, como Lope de Stúñiga.
- Cancionero General (1511) y Cancionero Musical de Palacio (1505): incluyen textos de la época de los Reyes Católicos, como los de Juan del Encina.
La canción es una composición breve destinada al canto de temática amorosa, dentro de las convenciones del amor cortés. En la poesía cancioneril se diferencian dos grandes subgéneros líricos: la canción y el decir.
Hay tres rasgos fundamentales:
- El uso de un léxico característico, pleno de connotaciones eróticas.
- El carácter paradójico y contradictorio del sentimiento amoroso.
- La religión del amor.
El decir y su influencia
El decir es un poema extenso concebido para ser leído que sirve, en general, como cauce para reflexiones morales, políticas o filosóficas sobre cuestiones diversas: el paso del tiempo, la variabilidad de la fortuna, la muerte… En algunos decires, se hace evidente la influencia de la poesía italiana del siglo XIV.
2. Poetas cancioneriles
Hay unos 800, pero sobresalen tres autores: el Marqués de Santillana, Juan de Mena y Jorge Manrique.
El Marqués de Santillana: Íñigo López de Mendoza
Impulsó la renovación de la poesía castellana, introduciendo estructuras métricas y motivos de la poesía del Trecento italiano. Tiene 16 canciones que no presentan novedades significativas; constituyen, por lo tanto, la parte más convencional de su obra. En cuanto a los decires, destacan los plantos o elegías fúnebres y otros decires narrativos más extensos de influencia italiana como El infierno de los enamorados.
En cuanto a sus serranillas, se trata de ocho composiciones en las que un caballero narra, en primera persona, su encuentro con una pastora serrana a la que intenta conquistar. Por último, sus sonetos (escribió 42) constituyen la primera tentativa de aclimatación del soneto en la lengua castellana y convierten al autor en precursor de Juan Boscán y Garcilaso de la Vega.
Juan de Mena y el Laberinto de la Fortuna
La obra más destacada del poeta es Laberinto de la Fortuna. En este poema, el emisor poético es conducido por una doncella hasta el palacio de la Fortuna. Allí contempla las ruedas del tiempo: la rueda del pasado y la rueda del futuro están quietas, mientras la rueda del presente gira sin cesar. La voz poética examina las virtudes y los defectos de los personajes históricos o contemporáneos que están situados en las ruedas.
El poema parece una reflexión sobre la variabilidad de la fortuna y su relación con la providencia divina, que otorga orden y sentido al mundo; pero, según avanzan las estrofas, se convierte en una obra política que exalta la figura del rey Juan II de Castilla y de su valido, el condestable Álvaro de Luna. Su obra consta de 300 coplas de arte mayor, cada una de las cuales está formada por ocho versos dodecasílabos con rima consonante.
Juan de Mena pretendió dignificar el castellano, acercándolo al latín mediante el uso del hipérbaton y la incorporación de constantes latinismos; construyó así una lengua poética apartada radicalmente de la lengua común.
Jorge Manrique: Coplas a la muerte de su padre
Escribió medio centenar de canciones amorosas según las convenciones de la poesía cancioneril, pero destaca por la elegía Coplas a la muerte de su padre, considerada una de las cimas de la poesía española. Las Coplas a la muerte de su padre constituyen un planto dedicado a don Rodrigo Manrique, padre del autor y maestre de la Orden de Santiago.
La obra está formada por 40 coplas manriqueñas, cada una de las cuales consta de dos sextillas de pie quebrado. En ellas se combinan los versos octosílabos y los versos tetrasílabos con rima consonante. Las coplas ofrecen un diseño estructural organizado de lo general a lo particular. Este autor construyó su obra sirviéndose de temas, tópicos y recursos de la tradición literaria.
3. La épica medieval: El Cantar de mio Cid
Un poema épico es un texto literario que narra en verso las hazañas de un héroe. Sus rasgos son:
- Oralidad: las epopeyas se difunden por medio del canto o la recitación pública. Se trata de poemas de autores cultos que reelaboran un material legendario anterior y no coinciden necesariamente con los profesionales encargados de transmitir el texto.
- Exaltación del héroe: el protagonista es un guerrero que representa los valores de una comunidad y que se ofrece como un modelo de conducta. Se pretende establecer una identificación ideológica entre el héroe y el auditorio, con el fin de afianzar su conciencia o la identidad nacional.
- Recreación de un mundo aguerrido y violento: estos poemas surgen en los periodos de expansión bélica de una comunidad; en ellos imperan cualidades como el valor, la fuerza, la determinación, la astucia y la lealtad.
- Carácter legendario: los poemas épicos representan un remoto trasfondo histórico mediante un proceso de fabulación o de deformación, que comporta casi siempre la adición de elementos fantásticos o maravillosos.
La épica medieval europea
Resurge en Europa durante la Edad Media con dos áreas de desarrollo: la épica germánica y la románica.
Épica germánica
Pertenecen obras como el Beowulf anglosajón, las sagas y los Edda islandeses y escandinavos, y el Cantar de los Nibelungos alemán. Comparten elementos comunes como el combate del héroe contra un monstruo o gigante.
Épica románica
Hay dos ramas principales:
- Épica francesa: de esta tradición se conserva un centenar de textos, entre los que destaca la Chanson de Roland. Esta obra narra las hazañas de Roldán, sobrino del emperador Carlomagno, que lucha heroicamente en la batalla de Roncesvalles contra los musulmanes.
- Épica castellana: los poemas medievales de la épica castellana reciben el nombre de cantares de gesta. La obra más representativa de esta tradición es el Cantar de mio Cid, fechado a finales del siglo XII o principios del XIII.
El Cantar de mio Cid: Historia y composición
El protagonista es Rodrigo Díaz de Vivar, un personaje histórico que vivió en la segunda mitad del siglo XI. Casado con Jimena Díaz, tuvo tres hijos, fue desterrado dos veces por Alfonso VI y conquistó Valencia a los musulmanes. El autor recrea algunos sucesos e inventa otros, pero a diferencia de otros pueblos europeos, el cantar castellano se caracteriza por su verosimilitud, basada en la inexistencia de sucesos sobrenaturales y en las referencias concretas a una geografía real.
Autoría y difusión
Fue compuesto por un autor culto con conocimientos jurídicos y notariales, que pudo inspirarse en versiones anteriores. La obra se concibió para su difusión oral por los juglares, artistas profesionales que combinaban en sus espectáculos danza, música, mimo y declamación. Ha llegado hasta nosotros en un manuscrito copiado a mediados del siglo XIV, que o bien fue transcrito por un escriba al dictado de un juglar, o fue empleado por un juglar para memorizar el texto.
