Evolución del teatro español: de principios del siglo XX a la Guerra Civil

El teatro español desde principios del siglo XX hasta 1939: tendencias, autores y obras representativos

El teatro español de la primera mitad del siglo XX, excepto la obra de Valle-Inclán y Lorca, ha sido valorado negativamente por la crítica española, pues los dramaturgos españoles, en su mayoría, ignoraban la evolución y las nuevas tendencias del teatro europeo (Chéjov, Jarry, etc.).

El teatro es un género literario sometido a unos condicionamientos comerciales, ya que necesita ser representado ante un público para estar completo. Estos condicionantes explicarán que apreciemos dos tendencias teatrales muy marcadas:

  • 1. Un teatro COMERCIAL que triunfa, orientado hacia un público burgués, poco crítico y con escasas novedades técnicas.
  • 2. Un teatro RENOVADOR que ofrece un nuevo tipo de obras que muestran innovaciones técnicas y críticas sociales. Esta tendencia fue, en su mayoría, un fracaso comercial.

1. Teatro comercial y de éxito

a) La comedia burguesa

Se trata de comedias que desarrollan situaciones divertidas protagonizadas por personajes de clase acomodada. Jacinto Benavente es la figura más importante de este tipo de teatro; si bien, y pese a recibir el Premio Nobel de Literatura en 1922, su obra ya era rechazada por la intelectualidad de la época. Sus obras son comedias amables con una crítica muy superficial de la hipocresía de la sociedad burguesa. Destacan La malquerida y Los intereses creados.

b) Teatro poético

Se trata de obras que enlazan con la tradición romántica. El tema fundamental es el amor y en ellas se emplea el verso, el simbolismo y, frecuentemente, la música. Dentro de esta tendencia podemos destacar la obra de los hermanos Antonio y Manuel Machado, con La Lola se va a los puertos.

c) Teatro cómico

Aborda temas superficiales con una trama fácil y un final favorable. Presenta personajes populares que resultan divertidos por su lenguaje e incluye elementos costumbristas.

Entre sus autores más representativos mencionamos a Carlos Arniches con sus comedias y sainetes madrileñistas, como El santo de la Isidra o La señorita de Trevélez; los hermanos Álvarez Quintero, con sus obras ambientadas en una Andalucía irreal y tópica, como Malvaloca; o Pedro Muñoz Seca con el astracán, una parodia en verso del teatro posromántico, con La venganza de Don Mendo, donde busca ante todo la comicidad, con chistes y gracias de poco nivel.

2. Teatro renovador y marginado

En el primer tercio del siglo XX, algunos autores utilizan el teatro para dar expresión de los problemas que más les obsesionan (Unamuno, Generación del 98) o para incorporar las formas más vanguardistas y acercar el teatro al pueblo (autores del entorno de la Generación del 27).

Además de Lorca y Valle-Inclán, de los que hablaremos a continuación, dos autores destacan entre el resto: Alejandro Casona y Max Aub, pese a que desarrollan lo principal de su obra en los años posteriores al final de la Guerra Civil (1939), ya en el exilio.

Alejandro Casona, intelectual comprometido víctima del exilio, publicó su obra más importante en 1944, La dama del alba, obra llena de simbolismo y de elementos fantásticos.

Max Aub, a la altura para muchos críticos de Valle o Lorca, fue el propulsor de la, en España, frustrada revolución escénica y escribe obras vanguardistas, cuyos temas abarcan desde la incapacidad del hombre para comprenderse y comunicarse a dramas sobre el nazismo o la Segunda Guerra Mundial (San Juan, Morir por cerrar los ojos).

a) Federico García Lorca

Casi toda la producción de García Lorca la podríamos adscribir a este período. El teatro de Lorca evoluciona en tres momentos: sus primeras experiencias en los años 20 (Mariana Pineda, La zapatera prodigiosa), la experiencia vanguardista de principios de los 30 (El público), y su plenitud, ya en la década de los 30, a la que pertenecen sus obras más reconocidas.

Su teatro puede llamarse propiamente poético, por el uso del verso, junto a la prosa, y por el lirismo de sus argumentos y de su lenguaje. Para Lorca, el teatro es un espectáculo en el que se combinan los gestos, la música, lo plástico y lo poético. Entre los elementos esenciales de su teatro podemos citar los siguientes:

  • La temática: es la misma que define a su poesía: el deseo imposible y la frustración. El tema constante es la libertad, representada a través de la libertad amorosa.
  • Los personajes femeninos: ocupan un puesto relevante en todas sus obras. Estas mujeres se convierten en símbolos de la libertad enfrentadas al principio de autoridad impuesto por la sociedad.
  • Ambiente andaluz: sus obras más importantes se desarrollan en el medio rural andaluz.

Las obras más importantes de García Lorca pertenecen a su época de plenitud; son Bodas de sangre, Yerma y La casa de Bernarda Alba (1936). Esta trilogía presenta los rasgos comunes antes mencionados, a los que podríamos sumar otros también notables: índole sexual de los problemas, protagonismo de la mujer, ambientación en el campo andaluz, final trágico, densidad dramática, unión de verso y de prosa y de realismo y poesía.

b) El esperpento: Ramón María del Valle-Inclán (1866-1936)

La originalidad, fuerza y riqueza de su creación teatral relegaron su obra en un principio a ser un “teatro para leer”.

El esperpento pertenece a su tercera etapa creativa. Se trata de un género teatral creado por Ramón María del Valle-Inclán que presenta una crítica de la sociedad española de los años 20. El propio Valle lo definía como una deformación grotesca de la realidad. Se trata de obras dramáticas en las que los personajes, convertidos en marionetas o fantoches caricaturizados, afrontan problemas terribles de forma ridícula o indigna.

En muchas de ellas se recrean elementos del teatro clásico español como en Los cuernos de Don Friolera (basada en los dramas de honor de Calderón), pero, sin duda, la obra más importante de este género es Luces de bohemia (1924). Compuesta por quince escenas, cuenta la última noche de la vida de Max Estrella, poeta miserable y ciego, inspirado en la figura real del escritor Alejandro Sawa, quien también inspiró a Pío Baroja el personaje de Villasús en El árbol de la ciencia.

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