El teatro de Antonio Buero Vallejo
Antonio Buero Vallejo pretende lograr la síntesis entre realismo y simbolismo, además de favorecer una reflexión profunda en los espectadores. El tema común es la tragedia del ser humano, analizada desde el punto de vista existencial y social. Sus personajes suelen presentar alguna discapacidad física o psíquica que simboliza taras morales. Pretende conmover al espectador pero sin ofrecerle soluciones; es por ello que sus finales suelen ser abiertos.
La crítica ha dividido su obra en tres tendencias:
- a) Teatro simbolista: La obra más representativa es En la ardiente oscuridad (1950), que cuenta la historia de Ignacio, un ciego de nacimiento que ingresa en una institución donde todos son ciegos pero felices. Cuando llega, él transmite su tristeza al resto; finalmente muere en una caída aparentemente accidental, poniendo fin a su vida y a la tristeza de todos. La ceguera aparece como símbolo de las limitaciones humanas y se nos plantea el siguiente dilema: conformarnos con nuestras limitaciones e intentar ser felices, o rebelarnos aunque sepamos que es imposible la solución. Otra obra sería La tejedora de sueños, que recrea el mito de Ulises y Penélope.
- b) Teatro de crítica social: Aquí analiza la sociedad española con sus injusticias y miserias. Historia de una escalera (1949) cuenta la vida de dos generaciones de vecinos que durante 30 años llevan una vida mediocre. Los protagonistas —dos parejas: Urbano, Fernando, Carmina y Elvira— se ven arrastrados por el determinismo social que les impide ascender y elegir libremente a su pareja. Ambas parejas renuncian al amor para conseguir sus ambiciones; sin embargo, al final acaban fracasando tanto a nivel social como personal. El tragaluz (1967) cuenta cómo, desde un hipotético futuro, dos investigadores proponen al espectador un experimento: regresar al pasado y estudiar el drama de una familia cuyos miembros adoptaron posturas distintas en la Guerra Civil. La obra se centra en las relaciones entre dos hermanos separados tras la guerra: Vicente, el triunfador, y Mario, que vive en la miseria. Encarna tiene una relación con Vicente pero está enamorada de Mario. Todo estalla al reconocer Vicente que fue el culpable de la muerte de su hermana Elvira. Su padre, que sufre demencia senil, lo mata al enterarse.
- c) Dramas históricos: Destacan Un soñador para un pueblo (1958), sobre el motín de Esquilache, ministro de Carlos III; Las Meninas (1960), sobre Velázquez; y El concierto de San Ovidio (1962), ambientada en la Francia del siglo XVIII. En ellas, los personajes y las situaciones históricas son solo un pretexto para denunciar problemas actuales. El tema común a todas ellas es el destino del pueblo en una sociedad injusta.
Teatro de los años 60
A mediados de los años 60, la censura comienza a relajarse, lo que permitió un movimiento de renovación caracterizado por un acercamiento al teatro extranjero, sobre todo el francés. Surgirán grupos de teatro independiente que, junto a autores individuales, deben enfrentarse a distintos problemas por ser fuertemente críticos y porque sus novedades escénicas no fueron comprendidas ni aceptadas por el público.
Se caracterizará porque los personajes se convierten en símbolos de ideas, temas o comportamientos, y por el empleo de recursos esperpénticos de deformación de la realidad. Además, ganan relevancia en las obras los recursos extraverbales como los gestos, el vestuario, la iluminación o los sonidos, mientras que la decoración casi desaparece. En lo referente a los temas, seguirán los mismos que en el periodo anterior: la injusticia, la falta de libertades, la crítica de la dictadura, la denuncia de la pobreza, y otros como la violencia o el erotismo. En esta renovación fueron importantes algunos autores como Fernando Arrabal o Francisco Nieva, pero sobre todo lo fueron los grupos de teatro independientes y algunos de sus directores, como Albert Boadella o Salvador Távora.
Fernando Arrabal
Por su abierta oposición al régimen franquista y la pobre acogida de su primera obra, Los hombres del triciclo (1953), decidió instalarse en París y escribir en francés. Está considerado en todo el mundo un autor renovador de la escena teatral. Es conocido por la creación del teatro pánico, que tiene influencias de las vanguardias, sobre todo del surrealismo, y elementos del teatro del absurdo. Destacamos Pic-Nic (1957), que trata de unos padres que visitan a su hijo que está luchando en el frente, y El cementerio de automóviles (1958). Sus obras manifiestan claramente su rechazo al régimen de Franco, por lo que estuvieron prohibidas hasta la democracia.
Teatro de los años 70
En los últimos años fue desapareciendo poco a poco el número de autores teatrales en nuestro país. Esto se debe a dos razones principales: los empresarios privados no querían arriesgarse con obras de autores jóvenes, y los teatros públicos, que cada vez eran más, preferían poner en escena obras de autores clásicos para proteger y difundir nuestra cultura literaria.
Aun así, en esta época encontramos una gran variedad de tendencias:
- Técnica vanguardista: Siguen con las experimentaciones del periodo anterior, donde destacan Francisco Nieva, Fernando Arrabal y los grupos de teatro independientes. Junto a Els Joglars o La Cuadra de Sevilla, surgen nuevos grupos como La Fura dels Baus o La Cubana. Estos grupos se distinguen por tener una visión crítica que va más allá de lo político o social, por darle más importancia al espectáculo que al texto en sí, y porque las obras se crean de forma colectiva e improvisada contando con la participación del público.
- Técnica realista: Algunas con tema histórico y contenido crítico, como ¡Ay Carmela! de José Sanchís Sinisterra, y otras más comerciales pero adaptadas a los nuevos tiempos. También se renueva la comedia de costumbres de principios de siglo, ahora con temas urbanos y problemas del momento como el paro, la delincuencia o la droga, como es el caso de Bajarse al moro o La estanquera de Vallecas de José Luis Alonso de Santos.
Además, se siguen poniendo en escena las obras de los autores ya consolidados como Valle-Inclán, Lorca, Sastre o Buero Vallejo. Por último, hay que mencionar a Antonio Gala, que escribe con estilos muy distintos y cuyas obras suelen tener a mujeres como protagonistas, tratando sus conflictos personales. Su obra más destacada es Anillos para una dama (1973), sobre la historia de Jimena, la mujer del Cid, que no puede amar libremente una vez que se queda viuda.
Alfonso Sastre y el teatro de los 50
Alfonso Sastre encarna el imposibilismo: piensa que el dramaturgo debe actuar como si no existiese la censura. Entiende el teatro como un medio de agitar conciencias.
- Escuadra hacia la muerte (1953): Cinco soldados enviados como avanzadilla para informar de los ataques del enemigo. Conscientes de que su fin está próximo y carentes de espíritu militar, asesinan a su superior tras una borrachera. Aparecen ideas pacifistas y una reflexión pesimista sobre la condición del hombre.
- La mordaza (1954): Isaías Krappo tiene atemorizada a toda su familia. Todos saben que es un asesino pero ninguno se atreve a denunciarlo. Su nuera lo denuncia, es detenido, se fuga de la cárcel y es abatido por la policía.
El drama burgués y el teatro del humor absurdo
El drama burgués: En esta época hay un grupo de autores que cultivan el drama burgués, que viene a ser una continuación de la comedia benaventina, es decir, obras sentimentales con una crítica social bastante leve. Entre los autores más representativos de esta tendencia encontramos a José Mª Pemán, J. I. Luca de Tena y J. Calvo Sotelo.
El teatro del humor absurdo: Jardiel Poncela es el primero en abrir camino hacia un nuevo tipo de comedia que se acerca bastante a lo que luego se llamaría el «teatro del absurdo». Su humor se basa en situaciones que no tienen ningún sentido ni parecen reales, y el tema principal que aparece en sus obras es el amor. A través de sus textos critica las costumbres de su época exagerando algunas situaciones hasta convertirlas en caricatura. Sin embargo, con el tiempo acabó cediendo a los gustos del público, lo que hizo que la calidad de sus obras bajara bastante. Sus obras más conocidas son Cuatro corazones con freno y marcha atrás (1936), Un marido de ida y vuelta (1939) y Eloísa está debajo de un almendro (1940).
Mihura está considerado el autor más importante del «teatro del absurdo» en nuestra lengua. Curiosamente, no fue reconocido hasta después de la Guerra Civil, ya en la década de los 50. Su forma de hacer teatro se basa en diálogos que no parecen tener sentido y situaciones disparatadas, con las que quiere transmitir la idea de que la propia existencia es absurda, es decir, que nacemos para morir. En sus obras posteriores fue perdiendo fuerza tanto en la innovación como en la crítica. Entre ellas destacan Maribel y la extraña familia (1959) y Ninette y un señor de Murcia (1964). Su obra clave es Tres sombreros de copa, escrita en 1932 pero estrenada en 1952, que contiene una crítica muy fuerte y mordaz. En ella se enfrentan dos mundos que no pueden entenderse: el mundo burgués, cursi y con dinero, representado por Margarita y su padre D. Sacramento, y el mundo bohemio, disparatado y alocado, representado por Paula y el resto de la compañía de music-hall. Con esta obra Mihura se adelantó nada menos que 20 años al «teatro del absurdo» de E. Ionesco y S. Beckett.
