Historia y variedades del español: lengua, dialectos y política lingüística panhispánica

1. Nociones de lengua y dialecto. Las lenguas constitucionales

La noción de dialecto es genética: toda lengua es un dialecto respecto de aquella de la cual procede. Así, el gallego, el catalán, el italiano… son dialectos del latín; el andaluz o el canario son dialectos del castellano; el valenciano y el mallorquín son dialectos del catalán. El latín es un dialecto del primitivo indoeuropeo.

Cuando decidimos que el castellano, el catalán, el italiano… son lenguas o idiomas, nuestra perspectiva ya no es genética. Consideramos esos modos de hablar como instrumentos lingüísticos de comunidades más o menos extensas que han desarrollado una cultura propia y que cuentan con un modelo ideal de lengua. Ese modelo ideal consiste en un código elaborado que adoptan los hablantes más cultos y los escritores. Los hablantes de un dialecto lo llaman a veces lengua para afirmar su personalidad dentro del ámbito idiomático al que pertenecen.

En la Constitución española se reconoce que el castellano es la lengua oficial de todo el Estado y son cooficiales en sus respectivas comunidades autónomas el gallego, el catalán y el vasco. Además, en Asturias se reconoce el bable.

2. Formación y evolución

Al estudiar las lenguas hispánicas es necesario establecer cuatro etapas, determinadas por su origen:

Época prerromana

Los datos lingüísticos que se conservan de esta época se reducen a topónimos, monedas e inscripciones en distintas lenguas. En esta etapa no hay unidad lingüística en la Península Ibérica, debido a la convivencia de varios pueblos: tartesios, fenicios, griegos, íberos… Restos de estas lenguas son sufijos como -arro, -orro, -urro, -asco, -ez

Etapa romana

La ocupación de la Península Ibérica por los romanos empezó en el 218 a. C. El territorio estaba habitado por los pueblos mencionados antes, que hablaban distintas lenguas. La romanización hizo que estas lenguas desaparecieran, excepto el vasco, y se impuso el latín como único idioma. Era el latín vulgar.

Época visigoda

Hacia el siglo V se introdujeron por los Pirineos los suevos, vándalos y alanos, pero desaparecieron para dar paso a los visigodos, reino que quedó implantado por Leovigildo, quien fijó en Toledo la capital; su lengua era el latín. El latín de España adoptó muchos germanismos que aún continúan (guerra, jarra, gavilán…).

Época musulmana

La invasión de los árabes comienza en el 711 por Gibraltar, pero las tropas cristianas se agruparon por el norte y comenzaron la Reconquista, que terminó en 1492 con la ocupación de Granada. En esos siglos se constituyeron los diferentes reinos peninsulares donde el latín se divide dando lugar a hablas románicas (gallego, leonés…). Con la convivencia árabe se incorporaron numerosos arabismos (azúcar, albañil, azulejo, algodón…).

Punto 3 del otro tema: Necesidad de una norma. La política lingüística panhispánica

El español de España y el de América Latina manifiestan una gran unidad en los registros culto y literario, pero no ocurre igual en el caso de la lengua hablada; el problema de la unidad del idioma sigue en pie. Existen unos factores unitarios que son:

  • Facilidad de las comunicaciones y, sobre todo, el cine, la radio, la televisión e Internet.
  • La circulación de la literatura, española o americana.

En los últimos años la Real Academia Española (RAE) y las academias de América y Filipinas están desarrollando una política lingüística que implica la colaboración de todas ellas en las obras que sustentan y deben expresar la unidad de nuestro idioma en su rica variedad: el diccionario, la gramática y la ortografía. En una tarea de intercambio permanente, las academias de la lengua española se proponen fijar la norma que regula el uso correcto del idioma para todos los hispanohablantes.

Las academias desempeñan este trabajo desde la conciencia de que la norma del español no tiene un eje único, sino que su carácter es policéntrico. Se consideran legítimos los diferentes usos de las regiones lingüísticas, con la única condición de que estén generalizados entre los hablantes cultos de su área y no pongan en peligro su unidad.

3. Origen de la lengua castellana. Su unidad

El castellano nace en Cantabria como idioma de una pequeña comunidad que lo extiende a los restantes lugares. Actualmente es un idioma internacional con muchas variedades en España y en América, pero su unidad se mantiene firmemente. Esto ocurre porque existe una norma culta creada a lo largo de los siglos por castellanos y españoles, que resulta de la coincidencia de las personas instruidas y de los escritores de ambas orillas del Atlántico, codificada por los gramáticos y enseñada en la escuela. En ciertos aspectos ha sido decisivo el influjo unificador de la Real Academia Española y el de las academias constituidas en los distintos países de América.

4. Dialectos del castellano

Se estructura en dos grandes franjas de límites imprecisos dentro del territorio peninsular. Dentro de cada franja se agrupan diferentes variedades:

  • Franja septentrional: formada en las primeras etapas de la Reconquista. El leonés y el aragonés son dos dialectos históricos del latín pertenecientes a esta zona que no llegaron a convertirse en lenguas.
  • Franja meridional: en la franja sur se encuentran los dialectos meridionales: andaluz, canario, murciano y extremeño, que tienen muchos aspectos en común con el español de América. Frente al leonés y al aragonés, todos se han formado por evolución del castellano. Presentan rasgos comunes: seseo (confusión de s y c a favor de s), aspiración de -s implosiva, aspiración de h y yeísmo (pronunciación de y en lugar de ll).

5. Las otras lenguas de España

A) Gallego

Es el resultado de la evolución del latín vulgar en el noroeste de la península. Lo hablan millones de españoles, de los cuales la mayoría son bilingües, aunque los que solo hablan gallego suelen comprender el castellano. El gallego, junto con el portugués, procede del gallego-portugués, que se formó en los territorios situados al norte y al sur del río Miño. En 1139 se constituyó el reino de Portugal. La lengua común, el gallego-portugués, se mantuvo hasta los siglos XIV–XV, ya que a partir del XV comenzó a diferenciarse el gallego y el portugués. La lengua del sur alcanzó gran cultivo artístico y se implantó en Brasil.

B) Catalán

Resultó de la evolución del latín en la región nordeste de la península. Tiene más de siete millones de hablantes. Su territorio comprende Cataluña, valles de Andorra, los Pirineos orientales, una pequeña franja de Aragón, las Islas Baleares, una parte de la Comunidad Valenciana y una ciudad de Cerdeña. Como le sucedió al gallego, el catalán dejó de contar con un cultivo literario importante entre los siglos XVI y XVIII, pero el Romanticismo desencadenó un auge de las letras.

C) Lengua vasca

Se habla en la parte central y oriental de Vizcaya, zonas de Álava, norte de Navarra y Guipúzcoa. El desarrollo literario del vasco ha sido escaso hasta recientemente. El primer libro redactado en esta lengua se publicó en 1545. Las hablas del euskera están divididas dialectalmente. La academia de la lengua vasca fue fundada en 1918 para establecer un modelo único de lengua escrita. La propuesta por la academia vasca está sujeta a fuertes discusiones en la actualidad. Hay numerosas hipótesis sobre su origen; han sido relacionadas presuntamente con el fino-úgrico, idiomas uralo-altaicos y se han señalado afinidades con las lenguas africanas; también se ha planteado parentesco del vasco con las lenguas caucásicas.

6. Bilingüismo y diglosia

Los términos bilingüismo y diglosia son etimológicamente distintos, aunque ambos remiten a la coexistencia de dos lenguas. El término bilingüismo se refiere a la utilización distinta de dos lenguas y puede verse desde el punto de vista individual o social:

  • Individual: dominio correcto de las lenguas y se refiere a una persona.
  • Social: en un territorio existen dos lenguas.

La diglosia es la utilización de una lengua más que otra en una zona donde se hablan dos o más lenguas por motivos diversos, como políticos o sociales.

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