La novela española anterior a la guerra civil

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TEMA 8: LA NARRATIVA ESPAÑOLA ANTERIOR AL 36


Tras la extraordinaria floración narrativa que se produjo en el último tercio del siglo XIX, los años de cambio de siglo traen modificaciones sustanciales al arte de la novela, como consecuencia de un cambio de mentalidad. Esta transición se conoce como Edad de Plata, pues constituye un momento de esplendor para la literatura y el arte en general españoles, a pesar de coincidir con una situación de crisis política, económica y social. En este contexto aparece una nueva mentalidad antes mencionada: un grupo de intelectuales expresa su desacuerdo con la situación y propone medidas para regenerar España (Regeneracionismo) al mismo tiempo que se difunden las últimas corrientes filosóficas europeas. Concretamente en oposición al positivismo, se desarrolla una filosofía de carácter existencialista de mano de Nietzsche, Shopenhauer. Así, la inseguridad del hombre en un mundo embarcado en profundas transformaciones, da lugar a relatos teñidos de angustia y subjetivismo, apreciable en los rasgos siguientes:-  Abandono de la estructura ordenada y lineal típica del Realismo, por un modo de narrar en el que se producen frecuentes vaivenes cronológicos que revela un afán de renovación. Este carácter novedoso es el fundamento del término Nivela propuesto por Unamuno afirmando así su libertad creadora.- Frente a la novela decimonónica, que aspiraba a reflejar una clase social, oficio o realidad geográfica, la novela moderna descansa sobre un protagonista individual que representa las aspiraciones regeneradoras del Modernismo.- Abunda el relato de formación, en donde se describe el proceso de formación o educación del protagonista. Paralelamente, el centro de interés de las novelas de la época sonlas preocupaciones filosóficas y existenciales de los autores, que encarnan en sus propios protagonistas sus conflictos religiosos y la reflexión sobre España.- El estilo tiende a la sencillez, dejando espacio al diálogo que aporta autonomía a los personajes y al contraste ideológico. La novela se convierte así en vehículo para el conocimiento y la formulación de ideas. Suele considerarse el año 1902 como punto de arranque de la renovación narrativa, pues en ese momento se publican cuatro títulos emblemáticos: La voluntad, Azorín; Amor y pedagogía, Unamuno; Camino de perfección, Baroja y Sonata de otoño, Valle- Inclán (todos ellos ubicados dentro de la llamada Generación del 98).

LA NOVELA DE LA GENERACIÓN DEL 98

Para los miembros de la Generación del 98, el género narrativo se convierte en instrumento idóneo para llevar a cabo la tarea de regeneración del país, de manera que sus novelas exploran la realidad nacional, buscan la raíz histórica y social de sus males presentes o se acercan a tipos representativos del carácter hispano.
Miguel de Unamuno fue poeta, ensayista y novelista. Trasladó a sus novelas buena parte de sus inquietudes religiosas (San Manuel Bueno, mártir) o existenciales (Niebla). Éstas se construyen en torno al protagonista, reduciendo al mínimo descripciones y alusiones al tiempo y al espacio, y usando un lenguaje preciso, que trata a menudo de recuperar el sentido primitivo de las palabras.
Azorín destacó sobre todo por la calidad de su estilo y como gran renovador de la prosa descriptiva. Sin embargo escribió dos novelas esenciales para entender el espíritu del 98: La voluntad y Confesiones de un pequeño filósofo. Son novelas totalmente alejadas de la tradición realista; apenas tienen argumento y en ellas abundan las reflexiones personales y las descripciones detalladas y subjetivas del paisaje y de las cosas.

Pío Baroja forma junto a Cervantes y Galdós el trío de los más grandes narradores españoles, no sólo por la cantidad si no por la calidad de sus obras. Sus obras se pueden dividir en novelas de pensamiento, de gran contenido filosófico, cargadas de escepticismo (El árbol de la ciencia, Camino de perfección, La busca) y novelas de acción (Zalacaín el aventurero, Las inquietudes de Shanti Andía, Memorias de un hombre de acción) en las que aparecen personajes cuya existencia está llena de aventuras y peripecias. Cabe mencionar la habitual organización de su producción en grupos de tres novelas agrupadas por un tema común y, por lo que respecta a la composición del relato, su objetivo máximo era entretener al lector.Respecto a Valle-Inclán.
Hay que subrayar tanto su originalidad como el carácter profundamente modernista de sus primeras novelas: Sonata de otoño, Sonata de estío, Sonata de primavera y Sonata de invierno. Años más tarde escribe Tirano Banderas, cuyo tema es la tiranía de un dictador hispanoamericano. Su última obra es la trilogía El ruedo ibérico.

LA NOVELA VANGUARDISTA

Los novecentistas incorporan a la novela elementos propios de las vanguardias poéticas. Este empeño  dio lugar a textos de alto valor artístico, pero un tanto alejados de la mayoría de lectores, por el empeño en la deshumanización del arte. No obstante, la obra de los tres autores siguientes constituye un hito decisivo en el proceso de renovación de la novela en España.
Ramón Pérez de Ayala es el principal representante de la novela intelectual y desde el punto de vista ideológico puede considerarse heredero del 98. Busca experimentar con la técnica, creando nuevas estructuras narrativas (Troteras y danzaderas). Otras obras suyas son Belarmino y Apolonio y Tigre Juan. Posee una gran elegancia estilística.
Gabriel Miró  ha sido denominado gran poeta de la prosa, por la riqueza plástica y el lirismo intenso que presiden sus novelas. Utiliza la literatura para crear un mundo lleno de percepciones sensoriales, recreando la realidad a partir de sus propias impresiones. Casi prescinde de la acción en sus novelas, dando gran importancia a las descripciones. Todo está supeditado a la expresión sensorial, siendo su estilo muy lírico. Algunas obras: Nuestro padre San Daniel y El obispo leproso.
Ramón Gómez de la Serna supone la más radical renovación narrativa. De gran fecundidad marcó con su original personalidad todos los géneros literarios. Escribió varias novelas libres, en las que el argumento es sustituido por digresiones sobre cualquier tema, sin mostrar interés alguno por la psicología de los personajes y con argumentos folletinescos, cercanos al costumbrismo e inyectados en grandes dosis de humor absurdo e irracional. Destacan El torero Caracho, El secreto del Acueducto, La viuda blanca y negra o El chalet de las rosas.Para completar el panorama de la novela anterior a la Guerra Civil es preciso referirse a otras tendencias narrativas tales como:- Prolongación del realismo naturalista con una serie de autores que reproducen el modelo de la novela decimonónica (Vicente Blasco Ibáñez: Sangre y arena, Los cuatro jinetes del Apocalipsis)- Novela corta y popular desarrollada a partir de publicaciones de colecciones baratas como El cuento semanal o la novela galante o erótica (Eduardo Zamacois)- Novelistas de la generación del 27, que publicaron lo mejor de su obra en prosa a partir de los años 40.-La novela social como reacción frente al escapismo de las vanguardias y el arte deshumanizado, que recupera la estética realista para denunciar determinadas situaciones e invitar al lector a participar en la transformación de la coyuntura de la injusta España.
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