Introducción
El fin de la dictadura, la restauración monárquica y la llegada de la democracia abren un nuevo periodo en España. El ambiente de libertad, la desaparición de la censura y el acercamiento a Europa son hechos relevantes de esta nueva etapa. Así, se publican en España obras prohibidas y editadas anteriormente en el extranjero (Goytisolo, Marsé); textos inéditos o mutilados aparecen ahora en su integridad (Martín-Santos); se recupera la obra de los exiliados (Sender, Ayala, Rosa Chacel) y se traducen obras extranjeras antes prohibidas.
En estos años, la novela se convierte en un objeto privilegiado de consumo literario. Algunos de sus rasgos vienen dados, de hecho, por los gustos de los lectores y los intereses de la industria editorial. Se maneja un eficaz aparato publicitario que, basado en la proliferación de premios, la publicación de listas de ventas, ferias del libro y la incorporación a la literatura de rostros conocidos, a veces genera obras sin demasiada calidad pero de mucha repercusión pública.
Rasgos destacables de la narrativa de la democracia son el interés por recuperar la importancia del argumento o la preferencia por personajes a menudo desdibujados, mediocres o que presentan problemas de comunicación. Algunos investigadores fijan el principio de esta etapa en la publicación de La saga/fuga de J. B. de Gonzalo Torrente Ballester, quien sería el autor que marca la recuperación de los pilares de la narración y del arte de contar historias como base de la novela. Con Beltenebros de Antonio Muñoz Molina, que representa la narrativa posmoderna, y La verdad sobre el caso Savolta de Eduardo Mendoza, la nueva novela en español parece irse consolidando.
Características de la Nueva Narrativa
Recuperación de la trama argumental
Existe un renovado interés por contar una historia; el objetivo parece ser recuperar al lector y el placer de leer. La narrativa se aleja del experimentalismo puro y del mero juego literario. Los relatos vuelven a tener argumento frente al hermetismo de los novelistas experimentales. Algunos autores, sin renunciar a las nuevas aportaciones, vuelven sus ojos a la novela tradicional; incluso, a veces, la narración se inspira en ciertos géneros antes considerados “marginales”: relato fantástico, novela policíaca, folletín, etc. (como ocurre en La verdad sobre el caso Savolta).
Sin embargo, no hay que confundirse: tampoco se retorna al realismo decimonónico ni al más próximo realismo social de los cincuenta. Ya no se trata de reflejar la realidad “como un espejo en el camino” ni de utilizar la novela como soporte de un compromiso social o político, dado que los medios de comunicación revelan, eliminada la censura, la realidad inmediata. La ambientación realista tendrá ahora como objeto servir de marco verosímil de las preocupaciones individuales de los personajes. Así, muchas novelas eligen épocas pretéritas, con lo que renace la novela histórica.
Temas principales
Al abandonar las referencias culturales y el hermetismo, el sostén de la obra es la intriga. Más que temas comunes, lo que hay son notas características frecuentes o puntos de encuentro:
- El sentimiento de desencanto: Tras los anhelos de “cambiar la vida” de Mayo del 68, surge un rechazo de los valores imperantes, adoptando una mirada distanciada e incluso cínica ante los problemas colectivos, separando el compromiso político del estético.
- Mirada existencial e intimidad: Resurge el neoexistencialismo y la presencia de la intimidad: soledad, relaciones personales, erotismo y amor (intimismo).
- Escepticismo y humor: Se manifiestan con frecuencia en un tono desenfadado y humorístico con un trasfondo amargo o tierno.
- Metaliteratura e intertextualidad: Es frecuente que la novela hable de su propia elaboración, que se introduzcan historias inventadas por los personajes o que se aluda a otros textos literarios o no.
- Referencias cinematográficas: Son habituales los “guiños” al lector, quien debe conocer los referentes del cine para lograr una lectura plena.
A partir de los ochenta, la novela se decantará por lo sensual, la ambigüedad y el escepticismo. Lo moral o lo religioso pasan a un segundo plano; importan el aspecto individual y las relaciones amorosas. Muchos principios antes aceptados son ahora cuestionados o producen indiferencia: la familia, la política, las estructuras sociales tradicionales… Estos serán algunos de los rasgos del Posmodernismo.
Personajes
Disminuyen los personajes secundarios y el protagonista adquiere más relevancia, pero este es a menudo un ser amorfo, mediocre y mal delimitado en su caracterización psicológica, precisamente porque el autor lo muestra “sin hacer”. Además, no pretenden ser ejemplos para una explicación global del mundo, sino que reflejan problemas individuales: incomunicación, ansiedad, frustración e inadaptación.
Procedimientos técnicos
- La estructura externa del relato se organiza de nuevo en capítulos.
- Se tiende a la acción única, moderando la complejidad del contrapunto, aunque este siga existiendo.
- La linealidad del tiempo narrativo predomina frente a la ruptura temporal de la década anterior.
- Los espacios son concretos y definidos.
- Vuelta al relato cerrado y con final explícito en muchos casos.
- Utilización de la primera y tercera personas narrativas y abandono progresivo del «tú».
Panorama Narrativo
En este momento de la historia de la literatura conviven diferentes percepciones. La variedad es la clave, impulsada por una industria editorial que apuesta por diversas formas de contar. Simplificando, podemos decir que conviven:
- a) Novelistas importantes de toda la posguerra: Miguel Delibes, Camilo José Cela y Gonzalo Torrente Ballester, sobre todo.
- b) Algunos novelistas de la Generación del 50: Juan Goytisolo, Juan Marsé, Carmen Martín Gaite o José Manuel Caballero Bonald.
- c) Los novelistas de la generación del 75 (o de 1968): Autores que siguen cultivando la novela experimental e intelectual originada en Tiempo de silencio de Luis Martín-Santos. Prestan más atención a la forma que al contenido; abundan las historias fragmentadas y los monólogos interiores. Es una novela dirigida a un lector culto. Algunos autores destacados son: Eduardo Mendoza, Félix de Azúa, Juan José Millás, Vicente Molina Foix y Soledad Puértolas.
- d) Nuevos escritores tras el franquismo: Manuel Vicent, Javier Marías, Julio Llamazares, Luis Mateo Díez, Rosa Montero, Antonio Muñoz Molina, Luis Landero, entre otros.
Tendencias Actuales
Dada la diversidad de estilos, es complejo fijar tendencias únicas, pero podemos agruparlas de la siguiente manera:
Novela policíaca y de intriga
Basadas en tramas que atraen rápidamente al lector. Destacan la mayoría de las novelas de Eduardo Mendoza (El misterio de la cripta embrujada, El año del diluvio) y de Antonio Muñoz Molina (Beltenebros, Los misterios de Madrid, Plenilunio). Otros cultivadores son Arturo Pérez-Reverte (La tabla de Flandes, La piel del tambor, El maestro de esgrima), Manuel Vázquez Montalbán (con su detective Pepe Carvalho), Lorenzo Silva (serie de Bevilacqua y Chamorro) y aportaciones ocasionales de Juan Benet (El aire de un crimen) o Juan José Millás (Papel mojado).
Novela histórica
Recrean el pasado con fidelidad variable. Ejemplos: Torrente Ballester (La isla de los jacintos cortados, Crónica del rey pasmado), Félix de Azúa (Mansura), Terenci Moix (No digas que fue un sueño), José María Merino (El oro de los sueños), Julia Navarro (La hermandad de la sábana santa), Lorenzo Silva (El nombre de los nuestros) o Miguel Delibes (El hereje).
Novela intimista y psicológica
Centrada en temas subjetivos e introspección. Julio Llamazares (La lluvia amarilla, El río del olvido), Soledad Puértolas (Burdeos), Luis Landero (Juegos de la edad tardía). También se incluyen Mortal y rosa de Francisco Umbral, El desorden de tu nombre de Juan José Millás y El lápiz del carpintero de Manuel Rivas.
Novela lírica o poemática
Por su parecido con el poema en prosa. Destacan La lluvia amarilla de Julio Llamazares y obras de Javier Marías como Todas las almas y Corazón tan blanco.
Novela de la memoria y del testimonio
El compromiso y la memoria generacional son básicos. Se encuadran aquí José Manuel Caballero Bonald (La novela de la memoria), Rosa Montero (Te trataré como a una reina) y gran parte de la producción de Luis Mateo Díez.
La metanovela
La novela reflexiona sobre sí misma y su creación. Destacan Beatus ille de Antonio Muñoz Molina, El cuarto de atrás de Carmen Martín Gaite, Novela de Andrés Choz de José María Merino y La orilla oscura.
Novelas experimentales
Aprovechan técnicas de los sesenta. Mencionamos a Julián Ríos (Larva) y Miguel Espinosa (Escuela de Mandarines).
Aclaración Final
Esta lista permanece abierta y en constante evolución. Aparecen nombres como Juan Manuel de Prada (Coños, Las máscaras del héroe, La Tempestad), José Ángel Mañas, Almudena Grandes, Marina Mayoral, Ray Loriga, Carlos Ruiz Zafón (La sombra del viento, Marina), Bernardo Atxaga, Gustavo Martín Garzo, Ángela Vallvey, Javier Cercas (Soldados de Salamina), Andrés Trapiello (Los amigos del crimen perfecto, Al morir don Quijote), Juan Bonilla, Elvira Lindo, Benjamín Prado, Ignacio Martínez de Pisón y Clara Sánchez.
