Literatura Española del Siglo XX: Teatro y Novela desde el 98 hasta la Transición

El Teatro Español Anterior a 1939: Tendencias, Autores y Obras Clave

Contexto Histórico y Social

El siglo XIX termina con el Desastre del 98, en el que España pierde sus últimas colonias: Cuba, Puerto Rico y Filipinas. Se vive una crisis económica y graves conflictos sociales mientras el mundo experimenta la Primera Guerra Mundial. Reina Alfonso XIII (1902-1931) con el paréntesis de la dictadura de Primo de Rivera. Le siguen la Segunda República y la Guerra Civil (1936-1939). En literatura, se observa una oposición al realismo y naturalismo.

Tendencias, Etapas, Autores y Obras

1. Teatro Tradicional

Teatro con calidad literaria, pero con escasa intención crítica por miedo a la censura y al fracaso comercial.

  • a) Teatro Modernista

    De este movimiento toma solo los aspectos superficiales: el verso y sus abundantes recursos literarios. No refleja la realidad del momento, sino que mitifica el pasado exaltando los valores tradicionales.

    • Eduardo Marquina: En Flandes se ha puesto el sol (drama histórico en verso cuyo tema son los tercios de Flandes).
    • Francisco Villaespesa: Doña María de Padilla.
    • Los hermanos Machado: La Lola se va a los puertos.
  • b) Teatro Cómico

    Hecho para el divertimento y la evasión de los problemas cotidianos, también llamado “costumbrista”. Obras alegres y desenfadadas, a veces moralistas y otras, meras parodias.

    • Carlos Arniches: Es el más representativo de este teatro. Se hizo famoso por sus sainetes de ambiente madrileño convencional, en los que la gracia del diálogo se basa en el habla castiza: ¡Que viene mi marido!. También por lo que él llamó “tragedias grotescas”, en las que mezcla lo cómico y lo trágico y resalta la caricatura y lo grotesco: La señorita de Trevélez.
    • Pedro Muñoz Seca: Crea el “astracán” (género cómico sin más objetivo que hacer reír mediante el ingenio y el disparate): La venganza de Don Mendo (parodia del drama romántico).
    • Seráfin y Joaquín Álvarez Quintero: Se sitúan dentro del costumbrismo andaluz, sin crítica: Los de Caín.
  • c) Teatro Burgués

    Representado por Jacinto Benavente, Premio Nobel. Teatro bien montado, realista, preciso en la pintura de ambientes, con diálogos de calidad. Se caracteriza por la ausencia de conflictos graves y por ejercer una crítica muy suave. Sus dos mejores obras son:

    • Los intereses creados (critica amablemente el materialismo y la hipocresía de la sociedad).
    • La malquerida (obra de ambiente rural al hilo de una pasión incestuosa que lleva al crimen).

2. Teatro Renovador

No contó con una gran acogida por parte del público. Se aleja del teatro comercial de la época.

  • a) Generación del 98

    Preocupados por lo político, lo existencial, lo religioso; por regenerar la sociedad española.

    • Miguel de Unamuno: Utilizó el teatro como método de conocimiento por medio de dramas esquemáticos de carácter intelectual (deja de lado lo que considera superfluo), abordando las preocupaciones y conflictos propios de este autor: El otro.
    • Valle-Inclán: Entiende el teatro como experimentación y espectáculo total. Expresa su repulsa ante la sociedad contemporánea mediante la evasión artificiosa o el sarcasmo más mordaz.
    • Etapas de Valle-Inclán
      • Primer teatro: De tipo modernista: El Marqués de Bradomín.
      • Ciclo Mítico: Trilogía de Las comedias bárbaras y Divinas palabras (mundo rural gallego pasional y violento, feudal y primitivo, donde las fuerzas del mal y la destrucción rigen la existencia de los hombres).
      • Farsas: Anticipan el esperpento: Farsa y licencia de la Reina Castiza (sátira de la degradación de la corte de Isabel II).
      • El Esperpento: Su gran creación, una visión grotesca y deformada de la realidad de la época (exageración, contraste, animalización o cosificación, humanización de cosas o animales, mezcla de registros, ironía, humor negro). Luces de bohemia, su mejor obra, muestra una visión caleidoscópica y esperpéntica de la vida madrileña y española a través del último peregrinaje nocturno del poeta pobre y ciego Max Estrella. También la satiriza en la trilogía Martes de Carnaval.
  • b) Novecentismo
    • Gómez de la Serna: Obras insólitas: Los medios seres (sus personajes tienen medio cuerpo negro, símbolos de la personalidad realizada y frustrada).
    • Jacinto Grau: Culto, interesado por los grandes temas y mitos literarios. De gran calidad lírica y originalidad dramática: El señor de Pigmalión.
  • c) Generación del 27

    Intentan cambiar los gustos del espectador, formarle acercando el teatro al pueblo. También incorporan formas de vanguardia. Crean sus compañías: La Barraca de Lorca o las Misiones Pedagógicas de la Segunda República.

    • Rafael Alberti: Títulos como El hombre deshabitado (surrealista), Noche de guerra en el Museo del Prado (texto político), El adefesio (obra simbólica).
    • Alejandro Casona: Gran dramaturgo: La sirena varada (ingeniosa y poética).
    • Max Aub: Poco comprendido en España: Narciso (comedia de vanguardia).
    • Federico García Lorca

      Conjuga lo culto y lo popular. Sus obras poseen un profundo sentido trágico y lírico con símbolos personalísimos, protagonizadas en su mayoría por mujeres. Temas: la frustración personal y vital; el amor imposible condenado a la soledad, al dolor o a la muerte; el deseo insatisfecho, etc.

      • Teatro poético inicial: El maleficio de la mariposa, La zapatera prodigiosa y Mariana Pineda (drama histórico protagonizado por una heroína liberal ejecutada en tiempos de Fernando VII).
      • Periodo vanguardista: Así que pasen cinco años y El público (difíciles).
      • Grandes tragedias de la última etapa: Caracterizadas por el sentido social, el ansia de libertad, justicia y realización personal.
        • Bodas de sangre (amor imposible que choca contra las estructuras sociales, verso para las escenas más dramáticas).
        • Yerma (tragedia de la maternidad frustrada de una mujer que se alza contra su destino matando a su marido).
        • La casa de Bernarda Alba (su obra maestra, el conflicto trágico alcanza sus cotas más altas). Muestra un mundo rural cerrado y agobiante, convencional, violento y primitivo, autoritario, de moral rígida y estrecha, de luto impuesto y riguroso, que ahoga la libertad, el cuerpo y el alma de las jóvenes; con un lenguaje sobrio y descarnado, pero de gran fuerza expresiva y extraordinaria eficacia dramática.

El Teatro Español Desde 1939 Hasta la Actualidad

Tema 9: El teatro desde 1939 hasta nuestros días: Miguel Mihura, Buero Vallejo, Jardiel Poncela, Alfonso Sastre, Antonio Gala.

Al terminar la Guerra Civil, el teatro español había perdido a los autores más innovadores de la época inmediatamente anterior, como Valle-Inclán, Lorca o Unamuno. Otros muchos estaban en el exilio: Max Aub, Alberti y Alejandro Casona, cuyas obras a partir del 36 no serían conocidas hasta muchos años después por el público español. Mientras en los escenarios europeos se representaban obras muy novedosas (el teatro épico-colectivo de Bertolt Brecht o el “Teatro del Absurdo” de Eugène Ionesco y Samuel Beckett), la escena española estaba invadida por un teatro burgués convencional que entroncaba casi con el del siglo XIX, destinado a entretener a un público burgués mayoritariamente conservador. Por otra parte, la censura impedía estrenar obras que supusieran el mínimo atentado contra los valores sociales o morales establecidos. Así seguiría el panorama hasta 1949, año del estreno de Historia de una escalera, de Buero Vallejo, que inicia un camino hacia la renovación.

1. El Teatro de la Inmediata Posguerra

a) El Teatro Continuista

Es un teatro que triunfa y que acoge una larga nómina de dramaturgos (José María Pemán, Joaquín Calvo Sotelo, José López Rubio, Juan Ignacio Luca de Tena…), cuyos estrenos se convierten en acontecimientos sociales. Tiene las siguientes características:

  • Son piezas bien construidas, con diálogos fluidos, equilibrio dramático y sorpresas bien calculadas.
  • Se desarrolla en interiores donde reina la comodidad de la clase media sin problemas económicos.
  • Los temas se repiten: enredos amorosos, aparentes infidelidades, conflictos entre padres e hijos…
  • Su comicidad no compromete a nada. La intención crítica se centra en las costumbres burguesas, pero sin atacarlas violentamente. Continúa así la tradición de la “comedia de salón”.

La comedia es el género por excelencia de este tipo de teatro. Lo representa en todos sus rasgos José López Rubio, Premio Nacional de Teatro en 1954. Todos sus estrenos (Celos del aire, La otra orilla, La venda en los ojos) fueron un gran éxito de taquilla. Sin embargo, otros autores, sin salirse de la línea trazada, optan por el costumbrismo (Pemán, La viudita naviera) o por las obras de tema histórico (Luca de Tena, ¿Dónde vas, Alfonso XII?).

b) El Humor: Jardiel Poncela y Miguel Mihura

Al margen del teatro continuista sobresalen dos figuras que practican una comedia de humor bastante innovadora, en la que integran lo inverosímil y lo absurdo con un lenguaje irónico y crítico con las convenciones burguesas.

  • Enrique Jardiel Poncela: Sus obras (destacan entre ellas Eloísa está debajo de un almendro, 1940, o Los habitantes de la casa deshabitada, 1942) tienen como base la inverosimilitud y lo fantástico para presentar una caricatura de la sociedad. Su rasgo diferencial con el teatro cómico anterior radica en la atemporalidad del conflicto y en la ausencia de casticismo y populismo. Su humor es de raíz intelectual y abstracta.
  • Miguel Mihura: Ya rompió los esquemas del teatro cómico en 1932, escribiendo Tres sombreros de copa, que no se estrenaría hasta 1952. Mihura se burla de los tópicos, de la vida burguesa, la autoridad y las normas sociales mediante una comedia disparatada, irónica y exagerada, pese a su desenlace pesimista. Tras esta comedia, no entendida en su momento, el autor se acomodó a los gustos del público burgués con títulos que continuaron con el humor, pero ya a un nivel mucho menos mordaz y crítico: El caso de la señora estupenda (1953) o Maribel y la extraña familia (1959).

2. El Teatro Existencial y del Realismo Social (1950-1968)

Entre 1950 y 1968 se sitúan dos autores que llevan al teatro las angustias de la condición humana, el compromiso, la denuncia ante la injusticia y la lucha por la libertad: Antonio Buero Vallejo y Alfonso Sastre.

Antonio Buero Vallejo

Resume en la evolución de su obra la trayectoria del teatro español después de la guerra, ya que sus dramas se han ido adaptando a las distintas corrientes del teatro de este siglo. Todas sus piezas indagan sobre la condición humana. Sus personajes viven en un eterno interrogante, pero apoyados en la esperanza. Recupera para el teatro la “catarsis” de la tragedia clásica: sus obras conmueven al espectador y le obligan a tomar conciencia de lo que vive.

  • Etapa Existencial: Comienza con Historia de una escalera, que refleja un mundo gris de vecinos (personaje colectivo) con sus ilusiones y fracasos, vidas inútiles enmarcadas por la frustración. En En la ardiente oscuridad (1950) trata el tema de la ceguera (muy recurrente en su obra), que simboliza el inconformismo humano ante las propias limitaciones.
  • Etapa Social: Se inicia con Hoy es fiesta (1956), otra pieza de personaje colectivo en la que indirectamente se denuncia la miseria y la opresión. En El concierto de San Ovidio (1962) ataca la explotación humana en una orquesta de ciegos. El tragaluz (1967) es un drama en que la época contemporánea del autor (los resentimientos, odios y rencores de la posguerra) es observada desde el futuro. Asimismo, realiza en esta etapa una incursión en el teatro de tema histórico, con Las Meninas, sobre la figura de Velázquez que simboliza la libertad del artista frente al poder.
  • Tercera Etapa (Renovación Formal): Sin abandonar el autor sus preocupaciones ideológicas y éticas, intenta mayor renovación formal, con obras como La fundación (1974), un drama simbólico en el que se denuncia la tortura en las cárceles franquistas. En esta última etapa el teatro de Buero siguió obteniendo grandes éxitos de público. En los años 80 estrenó Caimán y Diálogo secreto.

Alfonso Sastre

Su teatro se caracteriza principalmente por una actitud de denuncia social, acompañada por intentos de renovación de técnicas dramáticas. Fundó un grupo de teatro experimental que llamó Arte Nuevo y que derivó más tarde en T.A.S. (Teatro de Agitación Social) con el que representaba obras de Bertolt Brecht y otros autores europeos y americanos, pero el proyecto no llegó a tener grandes éxitos. Publicó diversos artículos en los que expuso su teoría del teatro como «un arte social que serviría para agitar las diversas esferas de la vida española». Su producción dramática es amplia y aún no se han representado muchas de sus obras, ya que nunca conectó totalmente con el gusto del público, además de los grandes problemas de censura que tuvo que sufrir.

Entre sus dramas destacan Escuadra hacia la muerte (1953), una pieza antibelicista en la que desarrolla el conflicto entre autoridad y libertad; y La mordaza (1954), en la que vuelve al tema de la tiranía con un planteamiento parecido al de Lorca en Bernarda Alba.

Antonio Gala

En esta época inicia también su andadura teatral Antonio Gala, que enlaza con la comedia de salón y un teatro más existencial y simbolista. Comenzó su dramaturgia con Los verdes campos del Edén (1963). Más tarde, Noviembre y un poco de hierba (1967) presenta la muerte de un republicano, encerrado en su casa tras la guerra civil. Indultado, la frialdad de sus paisanos le llevará a buscar la muerte. Los buenos días perdidos (1972) trata la desolación de una familia, engañada por un aventurero. Anillos para una dama (1973), drama histórico, recrea a Doña Jimena, que, resignada a ser viuda del Cid, oculta su amor por Álvar Fáñez, persuadida de que la sombra del héroe se interpondría entre ellos. Las cítaras colgadas de los árboles (1974), trata la marginación en el siglo XVI: la conversa Olaya, violada por Alonso, no será esposa de Lázaro, que predica una España nueva. La comedia ¿Por qué corres, Ulises? (1975) presenta a un Ulises caprichoso y consentido. Penélope tampoco queda sin culpa: por su autoritarismo e intransigencia escapa su marido. Otras obras suyas son El cementerio de los pájaros (1982), Samarkanda, Los bellos durmientes, sobre la juventud sin ideales. La amplia obra teatral de Gala ha sido más apreciada por su público que por parte de la crítica, la cual encuentra dificultad a la hora de clasificarla debido al carácter lírico y épico que el autor imprime en su trabajo.

3. El Teatro Experimental y Renovador (1968 – 1975)

Poco a poco, las innovaciones europeas de la posguerra llegan a España. Hacia 1970 se produce una renovación teatral basada en el espectáculo, la escenografía y las técnicas audiovisuales. Casi se destruye la acción y se utilizan la alegoría, los símbolos y lo abstracto en escena. A este modo de representar se le ha llamado “teatro subterráneo”. Son autores y grupos disconformes con el sistema que pretenden llevar su protesta a través del teatro.

En esta etapa de renovación también han tenido una actuación destacada los grupos de teatro independientes, con montajes de espectáculos propios: el TEI (Teatro Experimental Independiente), Tábano, La Cuadra, y los grupos catalanes, muy numerosos: Els Joglars, Els Comediants, Dagoll Dagom, Teatre Lliure y La Fura dels Baus.

Mención aparte merece la figura de Fernando Arrabal, quien propuso una revolución total de la escena en la línea vanguardista. Creó su llamado Teatro Pánico, estrenado siempre en Francia, con rasgos tomados del surrealismo y del esperpento de Valle-Inclán. Sobresale una actitud de rebeldía ante lo que el autor considera lo absurdo y la sinrazón del mundo. Entre sus obras destacan El cementerio de automóviles, Pic-Nic y Róname un billoncito.

4. El Teatro Desde 1975

Tras el experimentalismo, casi todos los géneros literarios vuelven la vista a la tradición, de ahí la denominación de neorrealista a la época actual. Esto también le afecta al teatro. Los escenarios españoles acogen espectáculos realizados por grupos independientes, al lado de autores experimentales, como Francisco Nieva, que sigue estrenando. Pero los nuevos autores dramáticos se han inclinado por la comedia neorrealista, bien construida y que desarrolla temas de actualidad: la droga, el paro, los problemas juveniles, la delincuencia, etc. Aparece un nuevo costumbrismo de tono irónico.

Entre los nuevos dramaturgos podemos señalar a:

  • José Luis Alonso de Santos: La estanquera de Vallecas, Bajarse al moro, Del laberinto al 30.
  • Ernesto Caballero: El cuervo graznador grita venganza.
  • José Sanchis Sinisterra: Quien debe su renombre a piezas de carácter histórico, entre las que destaca ¡Ay, Carmela! (1986). Esta obra, que muestra las tribulaciones de una compañía de cómicos durante la Guerra Civil Española, tuvo una gran acogida por parte del público.

La Novela Española Posterior a 1939

La Narrativa de la Década de 1930 y la Novela del Exilio

La novela de los años 30 (como la poesía) había tendido hacia la rehumanización y el compromiso social, tras abandonar la deshumanización de los años 20. En esta línea se encuentra la literatura de Ramón J. Sender, Max Aub, Francisco Ayala y Rosa Chacel; quienes, al acabar la guerra, marchan al exilio por su apoyo a la República. Su obra se realiza al margen de la literatura que se hace en España y, en general, tratan con insistencia sobre el tema de la guerra.

La Novela Española en la Posguerra (Años 40)

En la inmediata posguerra se hace evidente la ruptura de la natural evolución literaria. Así, la novela no puede enlazar con la narrativa social de los años 30, prohibida por el franquismo, ni parece válida la estética deshumanizada de los años 20. El panorama cultural es desolador: muchos autores se han exiliado y la literatura se encuentra determinada por la presión de la censura, que impide que se pueda expresar una denuncia explícita. En este panorama, algunas obras reflejan los aspectos más sórdidos y brutales de la realidad para efectuar una reflexión sobre la condición humana: el Tremendismo, cuyas principales características son:

  • Los temas preferidos son el destino humano y la dificultad de comunicación personal.
  • La acción presenta situaciones de gran dureza.
  • Los personajes son seres marginados, violentos u oprimidos.
  • Se mueven en un espacio limitado, como la celda de una cárcel o un pabellón de un hospital.
  • En la narración de los hechos, predomina la primera persona: el personaje cuenta su vida evocando el pasado.
  • Se utiliza un lenguaje duro.

Autores y Obras Clave de los Años 40

En la década de 1940 solo hay casos excepcionales y aislados, como Camilo José Cela (La familia de Pascual Duarte, 1942, que entronca con el naturalismo y con algunos aspectos de los esperpentos de Valle-Inclán), Gonzalo Torrente Ballester (Javier Mariño, 1943), Carmen Laforet (Nada, 1945), Miguel Delibes (La sombra del ciprés es alargada, 1947). La importancia de algunos de estos autores rebasa los límites de los años 40; así, muchos protagonizarán el desarrollo de la narrativa en las siguientes décadas con nuevas aportaciones al género.

Estas novelas comparten el tono sombrío y existencial, que contrasta con el triunfalismo o la actitud evasiva, general en la novela de éxito de la inmediata posguerra. A estas nuevas voces se les unen poco después otras como la de Ana María Matute. En general, estos novelistas coinciden en reflejar el desolado mundo de la posguerra desde una perspectiva pesimista y existencial; por eso abundan en sus narraciones los personajes desorientados, tristes y frustrados.

El Tremendismo en «La familia de Pascual Duarte»

La familia de Pascual Duarte, de Cela, provoca una polémica en torno al tremendismo. Se le acusaba de deformar la realidad al subrayar lo más desagradable. En 1942 suponía un revulsivo, pues la truculencia y la visión desolada del mundo contrastaba con una narrativa triunfalista. La novela narra un cúmulo de crímenes y de atrocidades que parecen verosímiles por el tipo de protagonista y por el ambiente. Al estilo del pícaro, Pascual Duarte narra su biografía para que entendamos cómo ha llegado a ser un condenado a muerte. La limitación intelectual de Pascual, el destino que parece dominar la obra y el ambiente bárbaro e injusto convierten a esta criatura en un asesino víctima, de tal manera que la obra refleja un radical pesimismo, cercano al existencialismo. La publicación de una novela tan desgarrada, en un momento de censura política y moral muy estricta, solo se explica porque Cela era un excombatiente franquista y porque los sucesos se sitúan en la España de preguerra. Su tono es distanciado y burlón, con humor negro, desgarrado y cruel, que refleja una visión deformada del mundo.

La Novela Social de los Años 50

Con la Guerra Fría, en los años 50, España empieza a salir del aislamiento y se incorpora a algunos organismos internacionales, en la órbita de EE. UU. El incipiente desarrollo del turismo y la industria conlleva cierta recuperación económica y cambios en los estilos de vida, como las migraciones de los campesinos hacia las ciudades y la difícil inserción de estas personas en los suburbios urbanos.

La narrativa se aleja de preocupaciones existenciales para centrarse en los conflictos sociales y en la denuncia de la injusticia. Los rasgos más característicos son:

  • Empleo de técnicas realistas y enfoque objetivo de los hechos: el narrador presenta los acontecimientos sin entrar en valoraciones.
  • Desinterés por el análisis psicológico de los personajes.
  • Sustitución del protagonista por un personaje colectivo.
  • Concentración temporal y espacial de los hechos.
  • Sencillez y claridad del lenguaje, e interés por reproducir fielmente el habla coloquial.
  • Reflejo de las duras condiciones del proletariado urbano y del campesinado más pobre.
  • Retrato de la burguesía más superficial e insolidaria.

Dos novelas marcan la narrativa social de estos años: La colmena (1951), de C. J. Cela, considerada como la obra precursora de esta tendencia y El Jarama (1956), de Rafael Sánchez Ferlosio.

A lo largo de la década, el realismo social se intensifica y en el año 1954 alcanza su momento cumbre, pues se publican varias obras de este tipo de Ana Mª Matute, Ignacio Aldecoa, Jesús Fdez. Santos, Juan Goytisolo, Carmen Martín Gaite, Caballero Bonald y Juan García Hortelano.

El tema de la novela es la propia sociedad española: la dureza de la vida en el campo, las dificultades de la transformación de los campesinos en trabajadores industriales; la explotación del proletariado y la banalidad de la vida burguesa. El estilo es sencillo, tanto en el lenguaje como en la técnica narrativa, ya que se pretende llegar a un amplio público. Los contenidos testimoniales o críticos son más importantes.

Renovación de los Años 60: La Novela Experimental

Durante esta época decae el realismo social y se desarrolla la novela experimental, llamada así porque busca nuevas técnicas y formas de expresión. A este cambio contribuyó la difusión de autores europeos y norteamericanos (Marcel Proust, James Joyce, Franz Kafka y William Faulkner) y el éxito de la narrativa hispanoamericana. A estos nuevos caminos se incorporan escritores de la década precedente.

En esta narrativa el argumento pasa a un segundo término; lo que interesa es jugar con la forma del relato, alterando su estructura y lenguaje. El lector ahora participa activamente en la interpretación de la obra. Las características son, entre otras:

  • Multiplicidad de puntos de vista: Mediante la alternancia de voces de los personajes y del narrador. Se incorpora la segunda persona narrativa; se emplea el estilo indirecto libre, el monólogo interior.
  • Destrucción de la linealidad del relato: Con técnicas como el flashback o la anticipación.
  • Tratamiento innovador del lenguaje: Que a veces recupera los juegos tipográficos vanguardistas.
  • Estructura externa: Se aleja de la división en capítulos, para emplear secuencias separadas por espacios en blanco o, incluso, no se interrumpe el discurso.
  • Estructura interna: Se emplean técnicas como el contrapunto (combinación de diversas historias), o el planteamiento estructural abierto (novela sin desenlace).
  • Lo no estrictamente literario entra en la literatura (informes, expedientes…).

Entre las obras más destacadas de esta tendencia se encuentran: Tiempo de silencio (1961), de Luis Martín Santos y Cinco horas con Mario (1966), de Miguel Delibes.

Otros escritores de novela experimental son: Juan Goytisolo: Señas de identidad (1966); Juan Marsé: Últimas tardes con Teresa (1965); Juan Benet: Volverás a Región (1968).

Autores como Cela, Delibes o Torrente Ballester, que ya habían dado muestras de su talento narrativo en décadas anteriores, también colaboraron en la renovación de la novela. Cela cultiva una novela experimental en San Camilo 1936 y en Oficio de tinieblas; Delibes lo hace en Los santos inocentes y en Parábola del náufrago; Torrente Ballester hará de La saga/fuga de J.B. una de las novelas más renovadoras del periodo.

La Novela en los Años 70

En los últimos años de la dictadura, ciertos autores cultivan la novela de corte tradicional, pero abunda más la experimental e intelectualizada de la década anterior, más atenta a la forma que al contenido; es decir, coexisten distintos estilos y tendencias.

Sin embargo, en los últimos años de la década de los 70, se tendió a escribir un tipo de novela dedicado a contar historias. Pero con la democracia llegó también el desencanto; así, abundan los temas policíacos, la literatura negra, la intriga, la ciencia-ficción… El inicio del nuevo giro lo marca La verdad sobre el caso Savolta (1975) de Eduardo Mendoza.

La Novela Después de 1975: Posmodernidad y Nuevas Tendencias

Tras la caída del régimen franquista, la literatura española se vio más liberada y surgieron numerosos estilos y cambios en los ya existentes.

Contexto de la Transición y la Posmodernidad

En 1975, con la muerte del general Franco, comienza en España la llamada Transición. Para muchos intelectuales la muerte de Francisco Franco no produjo grandes cambios, pues estos habían venido produciéndose paulatinamente durante los años 60. En el año 1985 España se convierte en miembro de la Comunidad Económica Europea y pasa a formar parte de un fondo cultural occidental europeo. Hay un replanteamiento de la modernidad en un país que había permanecido aislado durante 40 años.

En mayo de 1976 aparece el periódico «El País». Se revoluciona el mundo de la prensa con sus artículos de opinión. También ve la luz la revista «Interviú». En 1977 se suprime la censura de los espectáculos y esta da paso a lo que popularmente se llama «el destape». En un país en el que durante 40 años no se habían visto desnudos en el cine o la televisión, el fenómeno del destape produjo una auténtica revolución en el mundo del espectáculo, que acabó degenerando en producciones de baja calidad hasta que en los años 80 quedó relegado a unas pocas producciones hasta que desaparece a finales de esta década.

La creación del Ministerio de Cultura supone una ayuda con subvenciones para la difusión de la cultura y que esta llegue a un gran espectro social. Este ministerio carece de ideología definida. Entre los años 1983 y 1986 aparece «La Movida Madrileña». Es cultura en su más amplio sentido: el cine con Almodóvar, el diseño, la música, la literatura. Este fenómeno comenzó como un movimiento anti-cultural, pero acabó siendo aceptado por toda la sociedad. Surgió en Madrid, pero pronto se difundió por todas las regiones españolas siendo más o menos aceptada o rechazada, y, a veces, contraatacada por otros movimientos culturales provenientes de la periferia española.

En el mundo occidental se vive una crisis de valores a la que España no es ajena. El presente es dominante y no hay memoria histórica. El hombre necesita una información continuamente actualizada. Así aparece el sincretismo, que es, ni más ni menos, la reutilización del arte tradicional vulgarizando sus valores. Si a todo esto unimos la aparición de una clase media próspera y con poder adquisitivo, vemos una desacralización de la cultura por el comercio. El autor ya no crea un libro, sino que el libro es algo que la editorial le pide. La editorial es una multinacional que busca su beneficio en la cadena de producción. Dentro de las diferentes creaciones artísticas, la novela es la que mejor se adapta. La crisis produce una evolución de formas híbridas. El lector crea las exigencias y el novelista busca la referencia en las necesidades de aquel. El lector de este momento tiene una actitud de divertimento y quiere una historia bien escrita que le divierta, exótica, con intriga, misterio, que caracteriza a toda época de decadencia.

Tendencias Novelísticas Post-Transición

1. La Novela Histórica

La restauración democrática supuso una revitalización del género, que se enriqueció con una temática más diversa. Iniciaron esta corriente autores como Jesús Fernández Santos con Extramuros (1978), Cabrera (sobre los prisioneros franceses de la Guerra de la Independencia) o El griego (sobre el famoso pintor cretense afincado en Toledo, Doménikos Theotokópoulos «El Greco»).

Otros autores destacados son José Esteban, que en El himno de Riego (1984) refleja las meditaciones del autor de la revolución española de 1820, horas antes de ser ejecutado, y en La España peregrina (1988) escribe el diario de Torrijos y pasa revista a los otros emigrados liberales españoles en Londres bajo el punto de vista de José María Blanco White.

José María Merino, por otra parte, escribió una trilogía de novelas históricas destinadas al público juvenil entre los años 1986 y 1989 formada por El oro de los sueños, La tierra del tiempo perdido y Las lágrimas del sol, en que desarrolla la historia del adolescente mestizo Miguel Villacel Yólotl, hijo de un compañero de Cortés y una india mexicana.

Posteriormente, algunos autores se consagraron especialmente al género, como Juan Eslava Galán, Terenci Moix, Arturo Pérez-Reverte, Antonio Gala o Francisco Umbral. La aportación de Fernando Savater fue una novela epistolar sobre una de sus aficiones, Voltaire, titulada El jardín de las dudas.

Incluso autores más veteranos echaron su cuarto a espadas, como Miguel Delibes, que se acercó a la Inquisición y el protestantismo español en el siglo XVI con la novela El hereje, o Gonzalo Torrente Ballester, que con Crónica del rey pasmado se aproximó humorísticamente a la España del joven rey Felipe IV. Entre la nueva generación de autores de novela histórica españoles podríamos destacar, también, las incursiones en el género de aventuras de León Arsenal, o la extensa biografía dedicada al héroe germano Arminio y a su Batalla del Bosque de Teutoburgo, de Artur Balder, reconstrucción con no pocas influencias de Robert Graves y los inevitables anecdotarios de los historiadores romanos como Tácito.

2. La Novela de Intriga y Policiaca (Novela Negra)

Encontramos de nuevo a Manuel Vázquez Montalbán con la serie de novelas de su detective Pepe Carvalho. Es un atípico detective privado de personalidad rica, compleja y contradictoria, cuyas aventuras han servido al autor para retratar, y a menudo criticar, la situación política y cultural de la cambiante sociedad española de la última mitad del siglo XX. Por ejemplo, el proceso autodestructivo del Partido Comunista en los primeros tiempos de la Transición se describe en Asesinato en el Comité Central, la caída del felipismo en los años noventa es el telón de fondo de El premio, o el discutido proceso de transformación de Barcelona con motivo de las Olimpiadas de 1992 está presente en Sabotaje olímpico. La saga de Carvalho tuvo su punto final con la publicación póstuma de Milenio Carvalho, donde el protagonista, acompañado de su inseparable Biscuter, se autoimpone una última aventura en forma de vuelta al mundo que acaba convirtiéndose en una mirada amarga y melancólica sobre la situación sociopolítica mundial y el paso del tiempo.

Características y Otros Autores

Como característica principal podemos destacar que se cambia el modelo de novela negra americana de pulcro investigador por un investigador carente de ética que investiga en los bajos fondos. Debemos destacar aquí la impresionante Beltenebros de Antonio Muñoz Molina. Novela negra de espionaje basada en los momentos más duros de la dictadura de Franco, con un trasfondo internacional. Esta novela está a caballo entre la novela histórica y la negra, y, como hemos dicho más arriba, prima la ficción sobre el hecho histórico.

En los últimos años se ha producido la aparición de novelas que se basan en las nuevas generaciones: Historias del Kronen, en la que vemos la vida de los jóvenes de los años 90, hastiados de una vida que les ofrece todo sin esfuerzo, de José Ángel Mañas. O la novela Héroes de Ray Loriga.

Autores consagrados en el género policiaco:

  • Vázquez Montalbán: Los mares del sur (Personaje: Pepe Carvalho).
  • Eduardo Mendoza.
  • Pérez Reverte: Reconvertido del periodismo, que escribe La tabla de Flandes.
  • Antonio Muñoz Molina: El invierno en Lisboa.

3. La Novela Neorrealista

Tras el cansancio por la experimentación, se recuperará la importancia de la trama argumental y de la intriga; el realismo será entendido solo como un mero marco del personaje; se tenderá al intimismo y al existencialismo, recuperando temas y tópicos románticos; y se utilizarán técnicas formales variadas como el uso de la 3ª persona, o de la 1ª o la 2ª, el monólogo interior, la elección entre narración lineal o desorden cronológico, etc. Una obra clave de este periodo será La verdad sobre el caso Savolta (1975) de Eduardo Mendoza, narrada desde 3 puntos de vista diferentes: el protagonista en primera persona, el narrador omnisciente, y documentos del juicio en el que se investiga el caso.

4. Paradigmas Novelísticos Post-1975

El primer paradigma que se observa es el de la novela del novelar. En él se plantea y se analiza el problema de la creación literaria, como ya habíamos visto con Unamuno y las vanguardias. Se transforma así en una obra de coherencia interna alejada de la realidad y solo con sentido en sí misma. Su máximo exponente es Gonzalo Torrente Ballester con Fragmentos de Apocalipsis y La saga/fuga de J.B. Sus libros se van creando a la vez que el lector va leyendo la obra, pero no llega a formar parte de ella. El universo de la novela se forma a sí mismo. Por ejemplo: en La saga/fuga de J.B., que se desarrolla en un ambiente rural de Galicia donde una de sus riquezas son las lampreas, los habitantes del pueblo se alimentan de dichos animales que cocinan de diversos modos; pero también, de vez en cuando, algún habitante del pueblo cae al río y las lampreas se lo comen, con lo cual se forma un círculo vicioso. Esto hace que veamos a los habitantes del pueblo como aislados de la realidad y de nosotros los lectores.

También existe un tipo de novela social y comprometida con Miguel Delibes y sus novelas Los santos inocentes o El disputado voto del señor Cayo.

Autores Más Destacados en la Novela Después de 1975

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