Literatura medieval castellana: Don Juan Manuel, Alfonso X, teatro y prosa (siglos XIII–XIV)

Literatura medieval castellana: Don Juan Manuel, Alfonso X y el teatro (siglos XIII–XIV)

Don Juan Manuel y la prosa didáctica

Don Juan Manuel nació en 1282 y murió en 1348. Fue sobrino del rey Alfonso X el Sabio y recibió una educación propia de un caballero medieval, tanto intelectual —latín, teología y derecho— como militar. Participó activamente en la vida política de su tiempo y vivió en la primera mitad del siglo XIV, una época marcada por la decadencia de la nobleza y el ascenso de la burguesía, contexto que influyó profundamente en su obra.

Su labor literaria está estrechamente ligada a su condición de aristócrata y tiene un claro propósito didáctico. A través de sus escritos, Don Juan Manuel pretende defender la importancia de la nobleza y ofrecerle modelos de conducta política, social y religiosa. Los temas que trata se agrupan en tres bloques:

  • Políticos: relacionados con la guerra, la educación de los nobles, la fama y la riqueza.
  • Morales: centrados en la conducta humana y en virtudes y defectos como la amistad, la astucia o el engaño.
  • Religiosos: vinculados a la salvación del alma desde una visión cristiana influida por los dominicos.

En el siglo XIV se consolida la prosa literaria en castellano, especialmente gracias a Don Juan Manuel y al canciller Pedro López de Ayala. En este periodo se desarrollan la prosa histórica y la prosa didáctica. La prosa histórica, representada por López de Ayala, introduce un enfoque crítico y humanista, mientras que la prosa didáctica se manifiesta en forma doctrinal y en forma de apólogo. A esta última pertenece El Conde Lucanor, la obra más importante de Don Juan Manuel.

El Conde Lucanor

El Conde Lucanor es una obra de carácter didáctico dirigida a la nobleza, que utiliza cuentos o ejemplos para transmitir enseñanzas prácticas y morales, siempre acompañadas de una moraleja. Su estilo es claro, preciso y cuidado, fruto de la preocupación del autor por la corrección lingüística y por la comprensión del lector. Don Juan Manuel fue además el primer escritor medieval con una clara conciencia de autor individual, ya que revisó personalmente sus obras para evitar errores, lo que convierte su prosa en una de las más elaboradas de la Edad Media.

Alfonso X y la consolidación del castellano

La prosa escrita en castellano comienza en el siglo XIII, durante el reinado de Fernando III el Santo, en cuya primera mitad aparecieron las primeras obras en prosa, que no eran originales, sino traducciones de textos escritos en latín o árabe que se vertieron al castellano; entre estas traducciones destacan dos colecciones de cuentos de carácter didáctico y moralizante: Calila e Dimna y Sendebar o Libro de los engaños de las mujeres.

Sin embargo, el verdadero impulsor y creador de la prosa castellana fue Alfonso X el Sabio, hijo de Fernando III, quien reinó en la segunda mitad del siglo XIII y representó el modelo de gobernante ilustrado, interesado por la cultura, la historia, las leyes y la ciencia, y preocupado por la formación de la nobleza. Su importancia radica, en primer lugar, en que consiguió que el castellano, que hasta entonces no tenía prestigio como lengua de cultura frente al latín, se convirtiera en una lengua válida para la transmisión del saber; para ello fijó el sistema ortográfico, mejoró la sintaxis dotándola de mayor flexibilidad mediante nuevas conjunciones y enriqueció el léxico incorporando numerosos vocablos, muchos procedentes del latín.

Además, promovió la redacción en castellano de numerosas obras históricas, científicas, jurídicas y lúdicas, algunas originales y otras traducciones, realizadas por un amplio grupo de colaboradores —cristianos, judíos y musulmanes— que formaron la Escuela de Traductores de Toledo y trabajaron siguiendo sus directrices.

Entre las obras históricas destacan la Estoria de España, donde recoge la historia del país desde los primeros pobladores hasta el año 711 basándose en fuentes antiguas como Ptolomeo, Virgilio, autores árabes e incluso el Cantar de Mío Cid, y la General Estoria, que narra la historia universal desde la creación del mundo hasta el nacimiento de la Virgen María con intención didáctica. En el ámbito jurídico sobresalen las Siete Partidas, la obra legislativa más completa de la Edad Media, que recopilaba las leyes de la época (derecho matrimonial, penal, mercantil, etc.), y en el ámbito científico y lúdico destacan el Libro del saber de Astronomía, el Lapidario y el Libro de ajedrez, dados y tablas.

Asimismo, Alfonso X impulsó la traducción al castellano de Calila e Dimna en 1251 y favoreció la difusión del conocimiento entre la nobleza, extendiendo el uso del castellano por todo el reino y consolidando definitivamente esta lengua como instrumento cultural y político.

El teatro medieval: piezas, tradiciones y evolución

Auto o Representación de los Reyes Magos

El Auto o Representación de los Reyes Magos es la única obra teatral medieval castellana conservada anterior al siglo XV. Fue compuesta hacia 1150, es anónima y apareció en la catedral de Toledo. Está basada en el Evangelio de San Mateo y fue escrita para representarse en la festividad de la Epifanía. Pertenece al ciclo de Navidad y a la tradición del Ordo Stellae.

Consta de 147 versos polimétricos, es decir, de distinta medida. La obra comienza con tres monólogos en los que los Reyes expresan sus dudas sobre la estrella. Baltasar propone comprobar la naturaleza del niño ofreciéndole oro, mirra e incienso, símbolos de su posible condición de rey, hombre o Dios. Después visitan a Herodes, quien teme perder su poder. La obra termina de forma abrupta con el diálogo entre Herodes y sus consejeros. Destacan elementos como la polimetría, los monólogos, el simbolismo de los regalos y el enfrentamiento dramático con Herodes. Su calidad indica que debió de existir una tradición teatral anterior.

Tradición teatral en Aragón y tropos litúrgicos

En la Edad Media existió una rica tradición teatral vinculada a celebraciones religiosas, especialmente en Aragón, donde se desarrollaron numerosos tropos litúrgicos entre los siglos XI y XII. Estos eran pequeñas representaciones en latín relacionadas con la Pascua y la Navidad, como el Visitatio Sepulchri (diálogo entre las tres Marías y el ángel anunciando la Resurrección) y el Officium pastorum (diálogo entre pastores y ángeles sobre el nacimiento de Jesús). Posteriormente fueron traducidos al romance.

También se representaban villancicos en el ciclo navideño y en el Corpus Christi. Además, pervivieron dramatizaciones populares como las morismas y fiestas religiosas, y el teatro se extendió a celebraciones cortesanas como coronaciones reales. En el siglo XV aparece en Zaragoza el autor italiano Antonio Geraldino, que compuso églogas, lo que muestra la continuidad y evolución del teatro medieval en Aragón.

Evolución desde la liturgia al teatro profano

El teatro medieval no deriva del teatro grecolatino, sino que surge ligado a la liturgia cristiana a partir del siglo X, cuando en el presbiterio de la iglesia se introducen los tropos, diálogos en latín entre acólitos y celebrante que dramatizaban momentos de la Navidad o la Pascua; el más famoso es el Quem quaeritis?, basado en el diálogo entre los ángeles y las Tres Marías ante el sepulcro vacío.

Con el tiempo, estas representaciones se trasladaron a la nave del templo, incorporaron a seglares y, ya en el siglo XII, abandonaron el latín para emplear la lengua romance, salieron al atrio y adoptaron elementos cómicos e inventados. Finalmente, al predominar los aspectos profanos, las obras se desvincularon de la iglesia y pasaron a representarse en plazas públicas. Así, en la Edad Media coexistieron un teatro religioso y otro profano.

Dentro del religioso destacan dos subgéneros:

  • Misterios: piezas que escenificaban episodios bíblicos —como el Auto de los Reyes Magos (s. XII) o el Misterio de Elche, que aún se representa—.
  • Milagros: obras más breves centradas en pecadores salvados por la Virgen, como el Milagro de Teófilo de Rutebeuf (s. XIII), que también recogió Berceo.

El teatro profano, surgido por secularización del religioso, se manifiesta en farsas, obras cómicas y satíricas como El mozo y el ciego (s. XIII) o la célebre Farsa de maese Pathelin (s. XV), y en las danzas de la muerte, representaciones macabras del siglo XIV donde personajes de toda condición social son interpelados y arrastrados por la muerte en un baile fúnebre, reflejo de las epidemias y de una creciente actitud crítica. El documento subraya, además, que el breve diálogo del Quem quaeritis? constituyó el germen del gran desarrollo del drama litúrgico y los mystery plays posteriores.

La novela y la prosa de ficción en el siglo XIV

En el siglo XIV surge un nuevo género literario: la novela o prosa de ficción, relacionada con la decadencia de la épica y con la crisis de la sociedad feudal, provocada por el ascenso de la burguesía a finales del siglo XIII. Este nuevo género se caracteriza por presentar relatos imaginarios con mayor desarrollo narrativo y elementos ficticios.

Las primeras manifestaciones son la novela de aventuras, como La gran conquista de Ultramar, donde aparecen sentimientos amorosos y hechos legendarios adaptados a la mentalidad medieval, y la novela caballeresca, que dará lugar a los libros de caballerías. Estos relatos narran las hazañas de un caballero noble, modelo de virtudes cristianas y fiel enamorado, que vive múltiples aventuras para ganar fama y honor y recuperar a su dama. Suelen estructurarse como un viaje lleno de pruebas y obstáculos hasta un final feliz.

En este tipo de novelas aparecen elementos fantásticos y sobrenaturales, como dragones, hechizos o magos, y se mezclan dos influencias principales: el elemento heroico de la épica francesa y el elemento mágico y legendario de la materia de Bretaña, relacionada con el rey Arturo y el mago Merlín. El Libro del caballero Zifar, compuesto a comienzos del siglo XIV, se considera el primer libro de caballerías en castellano, aunque todavía conserva intención didáctica. Más adelante destacarán obras como Amadís de Gaula y Tirant lo Blanc. Los libros de caballerías alcanzarán su máximo éxito en el siglo XVI.

La prosa romance primitiva y el apólogo

La prosa romance primitiva surge en la primera mitad del siglo XIII, cuando comienzan a escribirse en castellano los primeros textos en lengua romance, ya que hasta entonces la mayoría de los escritos se redactaban en latín. Muchos de estos primeros textos eran traducciones de obras anteriores, especialmente de origen árabe y oriental. Dentro de esta prosa destacan principalmente obras de carácter didáctico, que presentan dos modalidades: la prosa doctrinal y el apólogo o exemplum.

La prosa doctrinal tiene como finalidad enseñar mediante sentencias, máximas o proverbios, como ocurre en el Libro de los doce sabios. Por su parte, el apólogo transmite enseñanzas a través de cuentos breves con intención moral, destinados en un principio a reyes y nobles como guía de conducta. Entre las colecciones más importantes de apólogos destacan Calila e Dimna y el Sendebar o Libro de los engaños, ambas de origen oriental (hindú y persa) y traducidas del árabe al castellano en el siglo XIII.

Estas obras suelen utilizar un marco narrativo, es decir, una historia principal dentro de la cual se insertan varios cuentos. Su finalidad es enseñar prudencia y sabiduría práctica más que doctrina religiosa estricta. La prosa romance primitiva sienta así las bases de la prosa literaria posterior, especialmente la prosa didáctica del siglo XIV.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *