Literatura medieval española: lírica, épica, prosa y La Celestina

La lírica culta

La lírica culta. La primera manifestación de la lírica culta europea en romance es la poesía provenzal o trovadoresca, cultivada por los trovadores del sur de Francia (siglos XII y XIII). Sus géneros más destacados son la canso (bajo la doctrina del amor cortés), el planh (lamento por la muerte de un personaje relevante) y el sirventés (crítica a los enemigos para satirizar conductas sociales). Pronto surgieron en Europa escuelas poéticas que imitaron la lírica de los trovadores provenzales.

Los principales focos peninsulares son la lírica culta catalana (comienzos del siglo XV), la lírica culta galaicoportuguesa (mediados del siglo XIV) y la poesía cancioneril castellana. La poesía cancioneril castellana fue recogida en cancioneros (siglos XV y XVI), entre los cuales destacan el Cancionero de Baena o el Cancionero musical de Palacio.

Se cultivaron fundamentalmente dos géneros: la canción —composición breve, destinada al canto y de temática amorosa, dentro de las convenciones del amor cortés— y el poema extenso —concebido para ser leído, que sirve, en general, como cauce para reflexiones morales, políticas o filosóficas, con influencia de la poesía italiana del siglo XIV—. Los grandes poetas cancioneriles son el marqués de Santillana, Juan de Mena y Jorge Manrique.

La épica medieval: El Cantar de Mio Cid

La épica medieval. El Cantar de Mio Cid. Los poemas épicos son narraciones en verso de las hazañas de un héroe. Se transmitían oralmente; exaltaban a un héroe que representaba los valores de una comunidad, recreaban un mundo aguerrido y violento y poseían un carácter legendario. En Europa se difundieron a partir de dos focos: la épica germánica y la épica románica.

El Cantar de Mio Cid (también llamado Poema de Mio Cid) narra con verosimilitud las hazañas de Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador. Fue compuesto a finales del siglo XII o comienzos del XIII por un autor culto. La obra se concibió para su difusión oral por los juglares.

Se estructura en tres cantares y dos tramas entrelazadas: en la primera trama se situarían el Cantar del destierro y el Cantar de las bodas; la segunda estaría constituida por el Cantar de la afrenta de Corpes. Sus temas son la honra y el enfrentamiento entre alta y baja nobleza.

El Cid presenta las virtudes propias de los héroes épicos: valentía, fuerza, astucia, religiosidad y fidelidad al rey. Sin embargo, es un personaje profundamente humanizado, dotado de mesura, sentido del humor y ternura. Destaca el empleo de fórmulas y epítetos épicos, las apelaciones al receptor y la abundancia de diálogos.

Los romances

Los romances. Son textos narrativos breves, en versos octosílabos con rima asonante en los pares. Los romances medievales castellanos se vinculan con la balada europea. Los primeros romances nacieron de la fragmentación de poemas épicos a principios del siglo XIV. Debido a su transmisión oral, existen variantes de un mismo romance.

No será hasta finales del siglo XV cuando se recojan por escrito en los romanceros. El Romancero viejo es el conjunto de romances tradicionales de autor anónimo. A finales del siglo XVI, los autores cultos (Lope de Vega, Quevedo, Góngora) comenzaron a escribir romances originales, conformando el nuevo Romancero.

Se distinguen tres grupos de romances:

  • Históricos o noticieros
  • Literarios
  • Novelescos o de invención

La obra en prosa de Alfonso X el Sabio

La obra en prosa de Alfonso X el Sabio. El rey Alfonso X promovió la redacción de obras en prosa sobre asuntos diversos, que pretendían compendiar todo el saber de su tiempo. Se rodeó de traductores y de sabios cristianos, judíos y musulmanes. La labor del círculo alfonsí es un hito fundamental para el desarrollo de la prosa castellana, pues se produjo un enriquecimiento del léxico y de la sintaxis, junto con la primera regularización ortográfica.

Las colecciones de apólogos

Las colecciones de apólogos. Un apólogo o ejemplo es una narración breve en prosa de la que se extrae una enseñanza o lección moral. La primera colección de apólogos española es la Disciplina clericalis, compuesta en latín por Pedro Alfonso.

Entre los primeros testimonios en castellano destacan dos colecciones que fueron traducidas del árabe en el siglo XIII: Calila e Dimna y Sendebar. Calila e Dimna está constituido por la conversación de un rey y un filósofo que aconseja y adoctrina al monarca; en uno de los relatos aparecen dos chacales que narran nuevos apólogos. Este tipo de marco (cuentos narrados por un consejero o maestro en el proceso de la educación de un discípulo) servirá de referencia para El conde Lucanor.

En Sendebar destaca un relato de cuentos para posponer la ejecución de una sentencia de muerte. En ambas obras se emplea la técnica del marco narrativo: una historia en la que se insertan cuentos —relatos enmarcados— narrados por los personajes de la acción principal. Igualmente, ambas son traducciones del árabe de repertorios de apólogos orientales. El objetivo es transmitir normas de conducta práctica y difundir un ideal o modelo de comportamiento basado en la prudencia y la templanza. El mismo tipo de marco (relatos para posponer una ejecución) aparece en Las mil y una noches.

La prosa de ficción

La prosa de ficción. A finales de la Edad Media se desarrollan en España dos subgéneros narrativos que reflejan, como la poesía cancioneril, los gustos y valores de la nobleza cortesana del siglo XV:

Libros de caballerías

Libros de caballerías. Constituyen una derivación peninsular de la materia de Bretaña o literatura artúrica, que tiene como protagonistas al rey Arturo, la reina Ginebra, el mago Merlín y los caballeros de la mesa redonda. Los protagonistas son héroes itinerantes (caballeros andantes). La acción se desarrolla en un tiempo legendario, remoto, y en una geografía exótica o imaginaria. Destacan el Libro del caballero Zifar y Amadís de Gaula.

Novela sentimental

Novela sentimental. Narra una historia de amor no correspondido con final desgraciado, según los principios del amor cortés. La acción exterior apenas tiene importancia; lo fundamental es el análisis de los estados psicológicos de los protagonistas. Por ello, se incluyen con frecuencia cartas. En general, son obras de menor extensión que las ficciones caballerescas, con un estilo más retórico y elevado. Sobresalen Cárcel de amor (Diego de San Pedro) y Siervo libre de amor (Juan Rodríguez del Padrón).

La Celestina

La Celestina. Esta obra singular fue compuesta, probablemente, por dos autores: Rodrigo de Cota o Juan de Mena (acto I), y Fernando de Rojas (resto de la obra). A la primera versión, titulada Comedia (dieciséis actos), de 1499, se añadieron en 1502 cinco actos más —conocida como Tragicomedia (veintiún actos)—. Los cambios entre ambas se basan en el alargamiento de la historia amorosa y la introducción de una nueva trama (la venganza de las pupilas de Celestina y la incorporación del personaje del soldado Centurión).

Género

Llamada comedia humanística, es un texto teatral concebido para su lectura dramatizada, inspirado en las comedias de Plauto y Terencio en los ambientes académicos del siglo XV, y no pensado originalmente para la representación escénica.

Argumento y estructura

La trama se divide en tres partes:

  • Planteamiento —acto I—: el noble Calisto, ayudado por sus criados Sempronio y Pármeno y por la alcahueta Celestina, pretende conseguir el amor de Melibea.
  • Desarrollo —actos XII a XIX—: Celestina logra su objetivo, pero, al no compartir las ganancias con los criados, es asesinada por estos; tras el primer encuentro erótico entre los dos jóvenes, Calisto muere por accidente.
  • Conclusión —actos XX y XXI—: Melibea se suicida y Pleberio, su padre, pronuncia un largo lamento —planto— ante su cadáver.

Personajes

Se organizan en tres grupos:

  • Señores: Calisto, Melibea, Pleberio y Alisa.
  • Criados: Sempronio, Pármeno, Tristán, Sosia y Lucrecia.
  • Mundo marginal: prostitutas y rufianes, entre los que existen relaciones fluidas pero conflictivas: Celestina, Elicia, Areúsa y Centurión.

Aunque todos los personajes tienen antecedentes literarios, los autores recrean tales arquetipos de manera original, destacando la verosimilitud psicológica. Es importante el trato singularizado que reciben los personajes de baja condición social.

Aspectos formales

Los principales rasgos de estilo son:

  • La intención paródica (Calisto, construido sobre el modelo de Leriano de Cárcel de amor, es una parodia del amante cortés).
  • La importancia de la lengua: muy elaborada y trufada de sentencias y recursos estilísticos.
  • La verosimilitud en el tratamiento de ambientes y personajes.
  • El empleo de técnicas dramáticas:
  • Diálogos —intercalan intercambios rápidos y parlamentos extensos—.
  • Monólogos —expresan dudas, vacilaciones o temor—.
  • Apartes —expresión de deslealtad—.
  • Procedimientos de acotación —no existen como tal, pero sí estrategias para indicar gestos, objetos o la ubicación del personaje—.

Interpretación

Interpretación. La Celestina tendría un propósito moralizador: avisar de los peligros del loco amor y de la maldad de alcahuetas y sirvientes. A pesar de ello, transmite una concepción marcadamente pesimista de la vida y del mundo, que se refleja en sus temas fundamentales: la codicia, la lujuria, la traición y la violencia que gobiernan las relaciones humanas; el paso del tiempo y la muerte; y la falta de sentido de los sucesos. El nihilismo del planto final de Pleberio podría vincularse con el posible origen converso del autor.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *