Panorama de la Lírica Española entre 1939 y 1970: Miguel Hernández y las Generaciones Posteriores

La Poesía Española desde 1939 hasta los Setenta

Miguel Hernández: Epígono del 27 y Poeta entre la Generación del 27 y la del 36

La Guerra Civil supuso el fin de la Edad de Plata en la literatura española. Tras el cese de hostilidades el 1 de abril de 1939, el panorama literario se caracterizó por:

  • El exilio de muchos escritores debido a su vinculación con la República: Alberti, María Teresa León, Cernuda, Manuel Altoaguirre, Concha Méndez o Juan Ramón Jiménez.
  • La muerte de otros como consecuencia del horror de la guerra y la persecución: Lorca o Antonio Machado.
  • La adaptación forzosa al ambiente de la posguerra en España o el padecimiento de la persecución y el encierro en las cárceles de Franco por parte del resto.

Miguel Hernández entre la G27 y la G36

Miguel Hernández (1910-1942) sufrió el horror de las cárceles franquistas. Este poeta, ubicado entre la Generación del 27 y la del 36, alcanzó su madurez literaria coincidiendo con el estallido de la Guerra Civil y los primeros años de la posguerra.

Los autores de esta generación, como Miguel Hernández, Luis Rosales y Leopoldo Panero, cultivaron una poesía humanizada, de naturaleza religiosa y trascendente en algunos casos, altamente comprometida en un mundo cada vez más violento y caótico, y alejada de la experimentación vanguardista.

A Miguel Hernández se le considera epígono del 27 porque mantuvo una estrecha relación con los miembros de esta generación, especialmente con Vicente Aleixandre.

Pinceladas Biográficas: Poeta Hecho a Sí Mismo

Poeta hecho a sí mismo, pues sin formación universitaria, estuvo dotado de un talento innato que lo condujo a la creación poética. En Orihuela participó en la tertulia literaria de Ramón Sijé, lo que condicionó claramente su vocación literaria. Allí conoció a su mujer, Josefina Manresa.

En 1934 se trasladó a Madrid y entró en contacto con los círculos intelectuales del momento. Conoció a Pablo Neruda, quien entonces dirigía la revista literaria Caballo verde para la poesía. Cuando estalló la Guerra Civil (1936) se alistó al ejército republicano, y en pleno conflicto se casó con Josefina (1937). Al terminar la guerra intentó salir del país, pero fue detenido en la frontera de Portugal. Condenado a pena de muerte, esta fue conmutada por la de 30 años, pero no llegó a cumplirla porque murió de tuberculosis el 28 de marzo de 1942 en la prisión de Alicante.

Obra de Miguel Hernández

A partir de 1930 comenzó a publicar sus poesías en revistas como El Pueblo de Orihuela o El Día de Alicante. En esta década viajó a Madrid y colaboró en distintas publicaciones, estableciendo relación con los poetas de la época. A su vuelta a Orihuela redactó Perito en Lunas (1933), donde refleja la influencia de autores barrocos leídos en su infancia y los que conoció en su viaje.

En Madrid trabajó como redactor en el diccionario taurino El Cossío y en las Misiones Pedagógicas de Alejandro Casona; colaboró con importantes revistas poéticas españolas. Escribió en estos años El silbo vulnerado (1934), Imagen de tu huella (1934) y El rayo que no cesa (1936).

Durante la guerra compuso Viento del pueblo (1937) y El hombre acecha (1938) con un estilo conocido como “poesía de guerra”. En la cárcel acabó Cancionero y romancero de ausencias (1938-41).

En su obra hay influencias de Garcilaso, Góngora, Quevedo y San Juan de la Cruz.

Temas Destacados
  • Naturaleza y fuerzas telúricas.
  • Amor, entendido como sufrimiento y dolor.
  • Sentimiento religioso.
  • Amistad (dedica poemas a amigos como Lorca, Neruda, Vicente Aleixandre o Ramón Sijé).
  • En su última etapa hay especial importancia en la exaltación social y la guerra.

En relación al estilo, destacan la sinceridad y autenticidad de sus versos, que encuentran adecuada expresión en un lenguaje muy plástico y sensorial, rico en metáforas. Como Lorca, supo fusionar las raíces populares y las técnicas cultas, la emoción y la densidad expresiva.

Etapas de su Obra
1. Poesía de corte gongorino, ultraísta

En sus primeros años escribe poesía en la línea de los poetas del 27. La obra más característica es Perito en Lunas (1933). Obra muy hermética (la complejidad de las metáforas convierte a estos poemas en acertijos que exigen del lector un gran esfuerzo para descifrarlos). Contiene 42 octavas reales.

2. Poesía subjetiva de corte amoroso

La obra cumbre es El rayo que no cesa (1936). Compuesta principalmente por sonetos en los que el amor se aborda desde una perspectiva petrarquista: la amada es idealizada y presentada como una causa de sufrimiento para el poeta, y como destinataria de gran parte de las composiciones. Esta se considera la obra más lograda y perfecta del autor. Aparte de sonetos amorosos incluye la elegía a Ramón Sijé, escrita en tercetos encadenados.

3. Poesía social, comprometida y de guerra

Escribe Viento del pueblo (1937) y El hombre acecha (1939). Se observa en los poemas cómo el autor abandona la estética culterana, adopta un lenguaje más directo, al alcance de todos, y se compromete ideológicamente con el pueblo que sufre la falta de libertad, poniendo en sus versos un alto contenido social. En la cárcel compone buena parte de los poemas del Cancionero y romancero de ausencias (1938-41), libro conmovedor en el que el poeta depura su expresión para hablar de las consecuencias de la guerra, su situación de prisionero y el amor a su esposa e hijo.

Aquí escribe el poema “Nanas de la cebolla”, dedicada a su hijo, al que no puede amamantar su esposa porque el hambre se lo impide. Por ello le da biberones de cebolla hervida.


Poesía Testimonial de la Década de los 40

Desde 1930, la lírica había iniciado un proceso de alejamiento de la poesía pura y la experimentación vanguardista, entrando en un proceso de rehumanización. La Guerra Civil y sus consecuencias intensificaron este proceso.

La preocupación por el ser humano aumenta entrando la posguerra, de forma que los poetas de la guerra escindida centrarán su poesía en el humano, adoptando un enfoque existencial en la década de los 40 y social en la de los 50.

En este período los poetas del 27 no se exiliaron, ejercieron de maestros de los más jóvenes y marcaron una línea dentro de la poesía testimonial: Dámaso Alonso, Vicente Aleixandre y Gerardo Diego. Dentro de esta poesía se observan dos tendencias:

Poesía Arraigada

Caracterizada por el uso de formas clásicas inspiradas en el Renacimiento, por el deseo de armonía y perfección formal, el cultivo de temas tradicionales, intimistas y religiosos. Se percibe una visión ordenada y serena del mundo y la vida. Dentro de esta, que trata de huir del horror de la posguerra a través de la belleza poética, encontramos al Grupo la Juventud Creadora, vinculado a la revista Garcilaso.

Poetas de este grupo:

  • Luis Rosales: Miembro del 27 y 36 y amigo íntimo de Lorca. No se exilió. Se dio a conocer en 1935 con Abril. Obra más importante: La casa encendida (1949), donde se aprecia una evolución hacia la poesía desarraigada.
  • Leopoldo Panero: La estancia vacía (1944).
  • Luis Felipe Vivanco: Tiempo de dolor (1940).

Poesía Desarraigada

Es como el realismo existencial. Caracterizada por una visión angustiada y agónica de un mundo, percibido como un lugar caótico y sin sentido. Los poetas buscan frenéticamente orden, serenidad y equilibrio en un mundo que consideran terrible e inestable.

  • Dos autores que marcan el comienzo de esta tendencia: Dámaso Alonso con Hijos de la ira (1944) y Vicente Aleixandre con Sombra del paraíso (1944).
  • Hay que sumar la influencia de los poetas que publicaron en la revista España. Sobresalen en este grupo las primeras obras de Gabriel Celaya y Blas de Otero, quienes evolucionan de la poesía existencial a una social y comprometida.

Además de estos dos grupos de poetas, opuestos en su concepción del mundo y de la poesía, surgen otros autores:

  • José Hierro, quien publica en 1947 sus primeros libros en los que busca la felicidad.
  • Carmen Conde, José Mª Valverde, Miguel Labordeta o Carlos Edmundo de Ory.

Lo mismo ocurre con un grupo cordobés, agrupado en torno a la revista Cántico, que entroncan con la poesía del 27.


Poesía Social de la Lírica de los 50

Los años 50 supusieron el fin de la autarquía franquista y una tímida apertura del régimen, que respondía a la necesidad de ganarse la simpatía de las potencias democráticas.

Se inaugura en todos los géneros literarios la escritura socialmente comprometida sin hacer una crítica directa al régimen.

Es la época del realismo social. El momento de máximo apogeo de la literatura social fue en los años 1954 y 1955. En estos se publican tres obras claves: (1954) Historia del corazón de Vicente Aleixandre, (1955) Pido la paz y la palabra de Blas de Otero y Cantos Iberos de Gabriel Celaya.

La preocupación fundamental del poeta sigue siendo el hombre, aunque ya no su angustia existencial, sino sus problemas sociales.

En estos años surge un nuevo concepto de poeta y poesía como instrumentos para cambiar el mundo de forma solidaria y comprometida:

Temas Dominantes:

España, injusticia, inmigración o deseo de un mundo mejor. Los poetas intentan llegar al mayor número de lectores con el objetivo de transformar la sociedad, aunque fueron poco leídos. Usan un lenguaje claro, directo y coloquial, que muchas veces resulta prosaico.

Autores Destacados:

  • Victoriano Crémer: Nuevos cantos de vida y esperanza (1952).
  • Eugenio de Nora: España, pasión de vida (1953).

Poesía del Conocimiento en la Década de los 60

Desde finales de los 50 la poesía experimenta un cambio, tanto en temas como en formas. En esta época se concibe la poesía como medio del que dispone el poeta para conocerse a sí mismo y al mundo que lo rodea.

Rasgos Fundamentales:

  • Intimismo e individualismo: Poetas dan gran importancia a la introspección, sus propios puntos de vista y sentimientos personales.
  • En sus obras son importantes recuerdos, vivencias y anécdotas, entre los que se encuentran principalmente referidos a la niñez, amistad y entorno familiar.
  • Humanismo: Muestran un compromiso social con los problemas de su tiempo.
  • Ironía: Usan la ironía como punto de vista para tratar la realidad. Es su modo de acercamiento a la vida. Ya no creen en los dogmas políticos y sociales de la época anterior. Consideran que el distanciamiento o desmitificación son medios más profundos de ver la realidad.
  • Revalorización del lenguaje poético: Vuelve la dignificación de un lenguaje que se había vuelto demasiado prosaico. Muestran gran interés por la elaboración del poema, el tratamiento de la palabra, revalorización de las reglas métricas y retóricas.

Poetas Destacados:

Carlos Barral, J.A. Goytisolo, José Ángel Valente, Francisco Brines o Félix Grande.

  • Jaime Gil de Biedma (1929-1990): De familia de alta burguesía de Barcelona, estudia en Oxford y esto marca su trayectoria. Allí conoce a fondo la poesía anglosajona, que con su admiración por los grandes de la lengua española influye en su poesía, dándole un tono irónico y subjetivo. Obra más representativa: Las personas del verbo (1975).
  • Ángel González (1925): Licenciado en Derecho y maestro. Intenta integrar en su obra el contenido social y una rigurosa expresión poética, valiéndose en muchas ocasiones de un distanciamiento irónico. Esto se muestra en su primera obra, Áspero mundo (1955), de profundo pesimismo, centrada en la capacidad de la poesía para cambiar la sociedad. Su poesía va cambiando desde finales de los 60 hacia un tratamiento imaginativo, con mayor presencia de lo cotidiano, el amor y el tiempo que vive.
  • Claudio Rodríguez (1934-1999): En 1952 gana el premio Adonais por su obra Don de la ebriedad. En este aparece el valor transformador de la palabra sobre la realidad, las metáforas más imaginativas y símbolos más originales. En obras posteriores se intensifica su personal lenguaje en temas amorosos, humanos o de profundización interior.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *