Vanguardias en España: características y difusión
En España, las vanguardias europeas también tuvieron su representación, si bien con matizaciones. Algunos movimientos, como el futurismo, apenas llegaron a cuajar, mientras que otros se desarrollaron con mayor intensidad (creacionismo) o sufrieron importantes adaptaciones (surrealismo). Incluso se creó algún -ismo nuevo, como el ultraísmo.
Difusión y principales agentes
Las vanguardias llegaron a España de la mano de Ramón Gómez de la Serna y José Ortega y Gasset, y se difundieron a través de revistas (Prometeo, Revista de Occidente, La Gaceta Literaria…) y tertulias literarias (por ejemplo, la tertulia del «Café de Pombo», dirigida por Ramón Gómez de la Serna).
La llegada a España del poeta chileno Vicente Huidobro, empapado de los «ismos» europeos, contribuyó al surgimiento de los «-ismos» hispánicos: primero el ultraísmo y luego el creacionismo. Guillermo de la Torre y Rafael Cansinos-Assens impulsaron también la propagación de las nuevas corrientes. La publicación de La deshumanización del arte y de Ideas sobre la novela de Ortega y Gasset en 1925 aceleró el desarrollo del arte y la literatura de vanguardia. No obstante, el gran impulsor de los movimientos de vanguardia en España fue, sin duda, Ramón Gómez de la Serna.
Ultraísmo
Su origen estuvo vinculado al poeta chileno Vicente Huidobro. Bajo su influjo, un grupo de jóvenes escritores, encabezado por Guillermo de la Torre, redactó un manifiesto ultraísta. Pretendían ir más allá (ultra) de las corrientes literarias vigentes y del lenguaje poético, de ahí el gusto por el léxico pseudotécnico.
Eliminaban todo lo que consideraban extraliterario: lo sentimental, lo anecdótico y la lógica del sentido común. Representaban los signos del mundo moderno (el automóvil, el avión, la electricidad…) y, técnicamente, se sirvieron de la yuxtaposición de imágenes sorprendentes, de la supresión de nexos y signos de puntuación, de los caligramas y de los juegos tipográficos.
La obra más representativa del ultraísmo es Hélices, de Guillermo de la Torre (1923). También se expresó en revistas efímeras como Grecia, Ultra y Cervantes, y en Hispanoamérica tuvo cierto desarrollo.
Características del ultraísmo
- Rechazo de lo sentimental y anecdótico.
- Uso de la yuxtaposición de imágenes y metáforas sorprendentes.
- Supresión de nexos y signos de puntuación convencionales.
- Experimentación tipográfica (caligramas).
- Interés por la modernidad tecnológica y urbana.
Creacionismo
El creacionismo, creado por el poeta chileno Vicente Huidobro en 1918, pretendía tomar los motivos de la vida y transformarlos para crear una realidad nueva, una obra poética que tuviera vida por sí misma. Se trataba de «hacer un poema como la naturaleza hace un árbol».
El poema no debía reflejar la naturaleza, sino que, como ente autónomo, debía ser creador de ella. No había que describir la rosa (decía Huidobro), sino crearla en el poema. El poema debía sustentarse, sobre todo, en la yuxtaposición de imágenes y metáforas inesperadas —desvinculadas de cualquier analogía con la realidad—, y el lenguaje poético, despojado incluso de su significación, debía bastarse a sí mismo.
Vicente Huidobro fue el principal exponente y el autor de la obra más representativa: Altazor o el viaje en paracaídas (1931). En España destacaron autores como Gerardo Diego, miembro de la Generación del 27, con sus obras Manual de espumas (1924) y Fábula y Zeda (1932), y Juan Larrea, que también cultivó el surrealismo.
Ramón Gómez de la Serna (1888-1963)
Ramón Gómez de la Serna fue el introductor de las vanguardias en España. Dirigió la revista Prometeo, donde, entre otros, publicó el Manifiesto futurista de Marinetti, y presidió la tertulia del Café Pombo en Madrid.
Escribió distintos ensayos, como El concepto de la nueva literatura (1909) e Ismos (1931), donde expuso su visión del arte de vanguardia. Pero, sobre todo, destacó por la creación de sus famosas greguerías, poemas breves que él mismo definió como «metáfora + humor». La realidad vista a través de la luz de la imaginación, encendida con la chispa del ingenio, se convertía en otra realidad, y así surgía la greguería. Algunas de ellas:
- «Roncar es tomar ruidosamente sopa de sueño».
- «El cerebro es un paquete de ideas arrugadas que llevamos en la cabeza».
- «La ametralladora es la máquina de escribir de la muerte».
Las greguerías anticipan la imagen surrealista y relacionan el humor negro con el vanguardismo.
Escribió también algunas novelas líricas y sorprendentes en las que la caracterización de los personajes y la narración de los hechos ceden el protagonismo a la visión humorística de situaciones que difícilmente hilvanan una trama. Entre sus primeros relatos destacan El doctor inverosímil (1921), sobre un médico que resuelve casos desesperados y oscuros; El secreto del acueducto (1922), historia erótica de un apasionado del acueducto; El torero Caracho (1926), la fiesta de los toros en versión vanguardista; y El hombre perdido (1947).
Además de su labor teatral, novelística, ensayística y periodística, escribió biografías y estudios (Mi tía Carolina Coronado, Valle-Inclán, Goya…) y autobiografías: Automoribundia (1888-1948). Algunos de sus escritos los emitió él mismo por la radio. RAMÓN (en mayúsculas, como él gustaba) fundó paródicamente el ramonismo: un hombre, un -ismo.
