Historia de la Literatura Española: Del Teatro de Preguerra a la Narrativa de la Democracia

Teatro español anterior a 1940

El teatro español anterior a 1940 se desarrolla en una época en la que se producen dos guerras mundiales, además de la Guerra Civil Española; una etapa llena de conflictos políticos, sociales y culturales. A comienzos del siglo XX, España se encuentra en crisis y esto afectará a la evolución innovadora del teatro español, un teatro privado condicionado por un empresariado que no se arriesga. Las obras teatrales sufren una crítica muy conservadora y tienen que enfrentarse a un público también muy tradicional que no acepta con facilidad el teatro innovador.

Destacan artistas como Echegaray y Galdós (Electra). Gracias a empresarios como Martínez Sierra, más arriesgados e innovadores, se representaron obras como El maleficio de la mariposa (Lorca). Otros personajes como Rivas Cherif y Margarita Xirgu contribuirán a la renovación del teatro español, aportando mayor profesionalidad y nuevas técnicas de interpretación. Los autores más importantes son Valle-Inclán y Lorca. Llega también el teatro modernista, un teatro poético en verso con autores como Eduardo Marquina (En Flandes se ha puesto el sol) y los hermanos Machado.

El teatro cómico y las vanguardias

El teatro cómico se desarrolla sobre todo en los años 20, época de prosperidad donde la gente buscaba diversión. Encontramos:

  • El sainete: un teatro costumbrista que representa una realidad tradicional con los hermanos Álvarez Quintero y Carlos Arniches (La señorita de Trevélez).
  • El astracán: se caracteriza por la exageración de todas las situaciones, con autores como Pedro Muñoz Seca (La venganza de don Mendo).
  • La comedia benaventina: con Jacinto Benavente (La malquerida, Los intereses creados), Luca de Tena y López Rubio.

Tras el teatro cómico, llega el teatro innovador con la Generación del 98, destacando autores como Valle-Inclán (Luces de bohemia) y Miguel de Unamuno (El otro). En los años 20 hay un intento de crear teatro vanguardista con Ramón Gómez de la Serna (Los medios seres). Durante la Generación del 27 encontramos autores como Enrique Jardiel Poncela (Eloísa está debajo de un almendro), Miguel Mihura (Tres sombreros de copa), Alejandro Casona (La dama del alba) y Max Aub (San Juan). Entre los poetas de la Generación del 27 que cultivaron el teatro, nos encontramos con Rafael Alberti (Noche de guerra en el Museo del Prado) y con Federico García Lorca (Bodas de sangre, La casa de Bernarda Alba).

Teatro español a partir de 1940

Tras la Guerra Civil, la dictadura militar ejerce una gran represión que, junto a la situación social y económica de absoluta penuria, nos traslada a un escenario desolador. En el caso del teatro, se complica la situación debido al empresariado conservador, a una crítica teatral ideologizada y a un público tradicional. Además, han desaparecido los grandes dramaturgos anteriores (Valle-Inclán, Lorca). Los años 40 son muy duros, ya que recién terminada la contienda nacional, comienza la Segunda Guerra Mundial.

Aparecen autores que continúan con el teatro burgués y conservador de Jacinto Benavente, como José María Pemán (Cisneros), aunque algunos adoptan posturas críticas contra una moral burguesa que consideran hipócrita y paternalista. Aparece un teatro de humor, atrevido e innovador que rompe con la tradición, arrancando con Miguel Mihura y Enrique Jardiel Poncela.

Teatro social y nuevas tendencias

En los años 50, la situación internacional permite que el régimen de Franco rompa su aislamiento, coincidiendo con la recuperación industrial. La literatura pretende reflejar el cambio que se está produciendo. Nace el teatro social; los autores apuestan por llevar a los escenarios los problemas de las clases más humildes, con un mensaje definido como el de Alfonso Sastre (Escuadra hacia la muerte) o un teatro más denso y existencialista como el de Antonio Buero Vallejo (Historia de una escalera). Con Buero Vallejo entrarán elementos innovadores en el lenguaje dramático como la “técnica de la inmersión”. Aparecen otros autores como Lauro Olmo (La camisa).

En los años 60, cambia la situación con el desarrollismo y la tecnocracia; España se convierte en un importante destino turístico. El teatro muestra cansancio del tema social y busca otras opciones. Nace un teatro “underground” con figuras como Antonio Gala, creador de un teatro poético de planteamiento exótico (Anillos para una dama), o Francisco Nieva (Nosferatu). También aparece un teatro cercano al surrealismo con Fernando Arrabal (El laberinto, Pic-nic).

El teatro en la democracia

En los años 70 todo cambia a partir de la muerte de Franco y la Constitución de 1978. Se potenciarán las lenguas vasca, catalana y gallega desde las administraciones locales y autonómicas. Se concibe el teatro como espectáculo global, en el que el texto es de creación colectiva, aunque el director marque la pauta. En los años 70 y 80, surge un teatro independiente que vuelve al texto firmado y replantea el humor y los temas sociales e históricos, con autores como José Luis Alonso de Santos (Bajarse al moro) o José Sanchis Sinisterra (¡Ay, Carmela!). Este teatro se verá reforzado en los años 80 y 90 debido a la proliferación de salas de teatro alternativo.

Novela posterior a 1940 hasta 1975

La narrativa se desarrolla durante el franquismo, un periodo muy extenso marcado por la ideologización de la cultura y la falta de expresión libre, sumado a una fuerte represión y una pésima situación económica. En los años 40, la literatura producida en el exilio es mucho mayor que la del interior. España estaba en decadencia tras la Guerra Civil, lo que truncó el esplendor cultural previo denominado la Edad de Plata.

Muchos autores recurrieron al exilio, la mayoría pertenecientes a la Generación del 27: Max Aub con el ciclo de El laberinto mágico (los campos), Arturo Barea con La forja de un rebelde y Rosa Chacel con La sinrazón. En el interior del país aparece la llamada Generación del 36, con un carácter narrativo tradicional y clásico, utilizando un narrador omnisciente en tercera persona. Los temas principales se dirigen a la moral nacionalcatólica imperante, potenciando al régimen. Sin embargo, surgen tendencias críticas con la burguesía como Ignacio Agustí con Mariona Rebull o la tendencia existencial de Carmen Laforet con Nada.

Lo más destacado es la aparición del “Grupo de los Mayores” con Cela, Delibes y Torrente Ballester, quienes serán los referentes de la novela en la segunda mitad del siglo. Camilo José Cela inaugura la novela social de los años 50 con La colmena. Miguel Delibes destaca con Cinco horas con Mario o El camino, y Gonzalo Torrente Ballester con Los gozos y las sombras.

De la novela social a la experimentación

En los años 50, la Guerra Fría permite al régimen salir de su aislamiento. Nace la novela social y la Generación del Medio Siglo, introduciendo técnicas como el objetivismo, donde el narrador solo presenta a los personajes a través de diálogos. En los años 60, el desarrollismo acerca a España a las democracias occidentales, aunque persista la dictadura. Comienza el retorno de algunos exiliados y la novela acoge diversas influencias, mostrando cansancio del tema social y centrándose en un nuevo lenguaje experimental (ausencia de signos de puntuación, cambios estructurales, uso de la segunda persona), lo que conduce a la novela dialógica.

En los años 70, durante los últimos años de la dictadura, comienza una época de recuperación de libertades. Regresa la novela tradicional sin tanto interés por las técnicas narrativas complejas; a esta etapa se la denomina Promoción del 75. Destacan autores como Eduardo Mendoza con La verdad sobre el caso Savolta o Almudena Grandes con Las edades de Lulú.

La novela española de 1975 a finales del siglo XX

En 1975 muere Franco y finaliza el régimen, dando paso a la Transición y a la Constitución de 1978. Es una etapa de nuevas libertades e integración internacional. España ingresa en la Unión Europea y celebra eventos como los Juegos Olímpicos de Barcelona 92 y la Exposición Universal de Sevilla, proyectando una imagen moderna. A nivel global, ocurre la caída del muro de Berlín y la disolución de la URSS.

La novela está marcada por la desaparición de la censura y la apertura al exterior, potenciada por premios literarios, la vuelta de exiliados y el desarrollo de las lenguas vernáculas, con autores de gran relevancia como Bernardo Atxaga (Obabakoak). Existe una mayor difusión en los medios y una gran diversidad temática, recuperando la importancia del argumento.

Tendencias y subgéneros contemporáneos

Se recuperan subgéneros antes menospreciados:

  • Novela de intriga y humor: como Eduardo Mendoza en Sin noticias de Gurb.
  • Novela histórica: con Terenci Moix (No digas que fue un sueño) y Arturo Pérez-Reverte (La saga del capitán Alatriste).
  • Novela de la memoria y psicológica: explorando el mundo de los recuerdos, como en La lluvia amarilla de Julio Llamazares o Corazón helado de Almudena Grandes.
  • Literatura femenina y de género: con autoras como Rosa Montero.
  • Novela de la crisis: de tendencia social, reflejando los problemas contemporáneos, como Crematorio de Rafael Chirbes.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *