Honor, Realismo Mágico y Fatalidad en Crónica de una Muerte Anunciada

El tema del honor

En toda la obra solo hay dos puntos claros y firmes: el asesinato de Santiago Nasar y la creencia de todo el pueblo en un código de honor. El pueblo solo se pone de acuerdo en el tema de la honra, el cual, visto a su manera, solo puede desembocar en tragedia. Santiago Nasar tuvo la desgracia de vivir en un pueblo de valores invertidos poco razonables.

Márquez no describe estos valores, pero sí es cierto que se reflejan en el pueblo; por ejemplo, tienen en buena consideración a la prostituta María Angelina, quien “acabó con la virginidad de una generación”. Por tanto, no es que el concepto de moral del pueblo censure la prostitución. Otra inversión de la moral es la del materialismo, ejemplificado en Bayardo San Román, quien derrocha su dinero en una boda casi inverosímil; también es revelador el hecho de que el viudo se niegue a venderle su casa, aunque Bayardo le ofrezca cantidades desorbitadas.

El abogado de los hermanos Vicario defiende el código popular del honor y sobre él fundamenta la defensa. La mayoría del pueblo lo acepta también, puesto que este hecho los exculpa de no haber impedido el crimen, pudiendo haberlo hecho. Los hermanos Vicario matan a Santiago Nasar para cumplir el férreo código de honor de esa sociedad, aunque realmente ellos no querían hacerlo; de hecho, se nos dice en la obra que “hicieron más de lo imaginable para que alguien les impidiera matarlo”. Por eso se consideran inocentes ante Dios y ante los hombres: simplemente cumplieron el código de la honra.

El juez instructor del caso, que no entiende cómo tal crimen ha sido posible e incluso rechaza que sea justificado, escribe en tinta roja en la sentencia: “dadme un prejuicio y moveré el mundo”. Ahí se halla la voz de Gabriel García Márquez, quien critica irónicamente este código de honor que, a la postre, fue el desencadenante de los acontecimientos trágicos de la obra.

La técnica del realismo mágico

Si el realismo mágico floreció con esplendor en la literatura latinoamericana de los años sesenta y setenta, fue por las discrepancias surgidas entre la cultura de la tecnología y la cultura de la superstición, y en un momento en que el auge de las dictaduras políticas convirtió la palabra en una herramienta infinitamente preciada y manipulable.

La “magia” se convierte entonces en un elemento cotidiano, pues en las culturas hispanoamericanas aún pervive la superstición: se cree en las brujas, en los maleficios y en los muertos que regresan buscando sus pasos perdidos. En Crónica de una muerte anunciada (1981), se pueden observar algunos de los rasgos que caracterizaron ese movimiento renovador: el tratamiento novedoso del ámbito rural, destellos de realismo mágico y, sobre todo, el uso de técnicas narrativas y un estilo extraordinariamente versátil.

Se observa que en esta obra no está presente la fusión total entre lo real y lo maravilloso, debido a su naturaleza de “crónica”. Márquez nos lleva de la mano por relatos que discurren entre varios planos de verosimilitud. A diferencia de la narración fantástica, donde los hechos irreales no tienen justificación y generan ambigüedad, el realismo mágico presenta lo real como maravilloso y viceversa. Representa la coexistencia de dos mundos: el real y el mágico, donde lo insólito deja de ser desconocido para incorporarse a la realidad cotidiana.

Temas transversales

  • La fatalidad: El destino, envuelto en un fatum o sino trágico, pesa sobre la figura de Santiago Nasar en forma de una serie de circunstancias adversas que lo conducen a la muerte.
  • La violencia: Es la única forma de respuesta a la violación del rígido código del honor que exige a la desposada llegar virgen al matrimonio. Pero hay otras formas de violencia: en la personalidad de Santiago Nasar, en referencias a las guerrillas a través del personaje de Pedro Vicario, en el hecho puntual del crimen y en la descripción de la escena de la autopsia.

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