Evolución de la Novela Española: De la Posguerra al Experimentalismo

La novela en los años 40: nacionalismo, existencialismo y tremendismo


La producción literaria durante la Guerra Civil fue escasa y tendenciosa. Fueron obras de urgencia y de poca calidad: quedaron rotas o abandonadas las tendencias renovadoras y experimentales.

Al acabar la guerra, buena parte de los narradores españoles habían muerto (Unamuno o Valle-Inclán) o tuvieron que marchar al exilio. Los novelistas jóvenes de los años 40 se encontraron con un ambiente cultural empobrecido, agravado por un importante aislamiento internacional y por la censura contra cualquier obra contraria al régimen.

La narrativa del exilio

Al margen de la narrativa del exilio (destacan obras como Crónicas del Alba o Réquiem por un campesino español).

La novela nacionalista

Fue una narrativa propagandística y triunfalista que justificaba la Guerra Civil. Se escribieron novelas, generalmente tópicas y superficiales, que ensalzaban los valores del franquismo, apoyándose en la dictadura, la familia y la religión como soportes de la sociedad. Destacamos a Rafael García Serrano con La fiel infantería o Eugenio, y José Antonio Giménez Arnau con El puente. También la novela Javier Mariño, de Gonzalo Torrente Ballester.

Hubo otra narrativa que evitó toda alusión a la guerra y sus consecuencias, protagonizada por personajes corrientes de clase media, como Maleni, de Cecilio Benítez de Castro.

La novela tremendista

Relata historias truculentas (normalmente en primera persona) que reflejan ambientes miserables, cerrados y limitados. Son historias violentas y desgarradas que ofrecen una visión despreciable de la vida y el ser humano. Sus antecedentes se encuentran en la picaresca, Quevedo y el naturalismo decimonónico (con el que coincide en el determinismo, el esperpento o las novelas expresionistas).

Con la novela La familia de Pascual Duarte, de Camilo José Cela, se acuñó la etiqueta de «tremendismo», que marcará la tendencia a seguir durante estos años.

La novela existencial

Se centra en la incertidumbre de los destinos humanos y la dificultad de comunicación. Sus temas son la soledad, la inadaptación, la frustración y la muerte. Los protagonistas son personajes desarraigados, desorientados y angustiados tras la guerra. En cuanto a los aspectos técnicos, se tiende a la reducción del espacio; los personajes sufren presiones insoportables en un ámbito enrarecido. La mayoría de los autores derivan luego hacia un enfoque social.

Destaca la obra Nada (Premio Nadal 1944), de Carmen Laforet. Su autora vertió en ella su propia experiencia como estudiante en la Barcelona gris de posguerra. La novela cuenta la historia de Andrea, quien vive con sus familiares en un ambiente sórdido de ilusiones fracasadas. Se constata, a través de la protagonista, un estado colectivo de miseria material y moral.

Otras tendencias

Alejada en temas y estilo, encontramos la novela fantástica, basada en la evasión y el humor. Destacan El bosque animado, de Wenceslao Fernández Flores, y obras de Álvaro Cunqueiro como Las crónicas del Sochantre o Merlín y familia. Asimismo, surge la novela realista de Miguel Delibes con La sombra del ciprés es alargada (Premio Nadal 1947).

La novela de los años cincuenta: el realismo social

Los años cincuenta suponen un renacer de la narrativa española. Aparece una generación de escritores que, junto a los de los años 40, crean una novela más comprometida, influenciada por Jean-Paul Sartre. La inversión extranjera permite una recuperación económica, mientras la censura comienza a relajarse y los intelectuales adoptan posiciones críticas.

Características del realismo social

  1. La novela social objetivista: Basada en la psicología conductista. Técnicas principales:
    • Tratamiento «behaviorista»: Reducción al mínimo de la presencia del autor; se narra como una cámara cinematográfica.
    • Personaje colectivo: Se limita el protagonismo individual. Ejemplos: La colmena (Cela) o El Jarama (Sánchez Ferlosio).
    • Importancia del diálogo: Se elimina la introspección y el análisis psicológico.
    • Estructura lineal: Disolución del argumento en anécdotas y concentración espacial y temporal.
  2. El realismo crítico: Postura más comprometida con mayor intencionalidad de denuncia social. Ejemplos: Central eléctrica (J. López Pacheco), Juegos de manos (Juan Goytisolo) o Entre visillos (Carmen Martín Gaite).

Mención especial merece La colmena (1951), de Camilo José Cela, que retrata el Madrid de posguerra mediante una estructura compleja y un vasto censo de personajes. Por su parte, Miguel Delibes inicia su trayectoria con El camino (1950), consolidándose con Las ratas (1962) y Los santos inocentes (1981) con un estilo sencillo y sobrio.

La novela de los sesenta y setenta: el experimentalismo

La irrupción de la novela hispanoamericana provocó una renovación estética. La narrativa evoluciona hacia el experimentalismo, donde importan más los aspectos formales que el contenido social. En 1962, con Tiempo de silencio de Luis Martín-Santos, se inicia el abandono del realismo social hacia la «novela abierta».

Características de la nueva narrativa:

  • Punto de vista múltiple (perspectivismo): Narración compartida por varios personajes y uso de la segunda persona.
  • Limitación del argumento: La historia se interrumpe con digresiones y fragmentos ensayísticos.
  • Estructura compleja: Uso de elipsis, desorden cronológico, saltos temporales (flash-back) y estructura caleidoscópica.
  • Monólogos interiores: Expresión libre y desordenada de los pensamientos de los personajes.
  • Experimentación lingüística: Se prescinde del estilo claro y sencillo, manejando la lengua con total libertad.

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