Literatura del Siglo de Oro: Autores, Poesía y Teatro Barroco

2 Maestro de la lírica popular y de la culta

Lope, junto con Góngora, es uno de los principales representantes del romancero nuevo, compuesto por poetas cultos que se inspiran en la tradición. Escribe romances moriscos (sobre sus amores en un mundo idealizado), pastoriles (con introspección y lenguaje refinado) y también de temática espiritual. Incluye romances de gran calidad tanto en La Dorotea como en sus obras teatrales.

Además, cultiva la lírica popular con tal habilidad que a veces no se distingue entre lo tradicional y lo propio. En comedias como El caballero de Olmedo o Fuenteovejuna, la canción tradicional se convierte en eje del drama. Compone canciones de diversos tipos: de vigilia, siega, boda, mayas, serranas o de San Juan.

También desarrolla poesía petrarquista, publicada en varios volúmenes. En sus Rimas, influido por Petrarca, Garcilaso y Herrera, crea un cancionero de gran emoción; su crisis religiosa da lugar a las Rimas sacras. Más tarde, influido por Góngora, escribe poemas más complejos y ornamentados como La Circe. A lo largo de su vida compone poesía inspirada en su realidad cotidiana, y en su última obra, Rimas de Tomé de Burguillos, refleja el desengaño de la vejez.

Góngora

2 Exaltación y degradación

Góngora parte de la herencia petrarquista, pero la transforma profundamente: elimina el protagonismo del amor y rompe con su estilo, al considerar agotadas sus fórmulas. Tradicionalmente se ha dividido su obra en dos etapas, una más clara y otra más oscura, aunque Dámaso Alonso demostró que no hay ruptura, sino una evolución gradual en la que sus rasgos estilísticos se intensifican. Aun así, sus contemporáneos percibieron un cambio notable a partir de la Fábula de Polifemo y Galatea, lo que provocó una gran polémica.

En toda su trayectoria aparecen dos tendencias principales: la ridiculización del mundo (a veces con elementos burlescos o escatológicos) y la exaltación de la belleza. Estas no corresponden a etapas distintas, sino que conviven en su obra, como muestran ejemplos de poemas serios y paródicos en distintos momentos.

El culteranismo de Góngora no se opone al conceptismo, sino que es una forma más compleja del mismo. El conceptismo, admirado por Baltasar Gracián, se basa en asociaciones ingeniosas de ideas, y Góngora lo lleva más allá mediante la acumulación de recursos expresivos. Su estilo se caracteriza por la dificultad, con uso intensivo del hipérbaton y la perífrasis, creando una poesía densa y elaborada que exige un lector culto.

Además, Góngora cultiva el romancero nuevo con romances moriscos (ambientados en su presente) y satírico-burlescos. En la Fábula de Píramo y Tisbe parodia los tópicos amorosos. En sus grandes poemas, sustituye el amor por la belleza y busca la perfección formal: la Fábula de Polifemo y Galatea narra el amor trágico entre Polifemo, Galatea y Acis, mientras que las Soledades, de carácter principalmente descriptivo, presentan el recorrido de un peregrino y reflejan el contraste entre una edad heroica y otra idealizada.

Quevedo

1 Atormentado y vehemente

El carácter de Francisco de Quevedo es profundamente contradictorio: en él conviven el crítico feroz de los vicios, el filósofo, el patriota, el parodista y el provocador. Aunque se consideraba estoico y aspiraba a la ataraxia (imperturbabilidad ante alegrías y desgracias), en realidad mostraba una gran vehemencia y agresividad, destacando por su habilidad para el insulto y las enemistades.

Sufría una profunda insatisfacción vital y una intensa angustia existencial, acentuadas por su sensibilidad e inteligencia. Le obsesionaba el paso del tiempo y veía la vida como una muerte lenta y constante, sin consuelo religioso. Aunque a veces presenta la muerte como liberación, en sus poemas sigue percibiéndose una fuerte ansiedad y desesperación.

Además, tenía una visión aristocrática del mundo sin pertenecer plenamente a la aristocracia: despreciaba a los burgueses enriquecidos y criticaba la inutilidad de la alta nobleza.

2 Del misógino enamorado al bebedor moralista

Francisco de Quevedo editó la poesía de fray Luis de León y de Francisco de la Torre para oponerse al culteranismo, defendiendo un estilo más equilibrado, aunque descuidó la publicación de su propia obra. Destacó por su dominio del lenguaje en todos los registros y por crear arte a partir de él, buscando una gran concisión expresiva (en línea con Baltasar Gracián) y utilizando la polisemia y los juegos de palabras como recursos principales.

En su poesía existencial, pese a su ideal estoico, muestra una profunda angustia ante el paso del tiempo, la muerte y el sinsentido de la vida. Concibe la existencia como una sucesión de muertes y pretende desengañar al ser humano, mostrando una realidad grotesca y aterradora bajo las apariencias.

En su poesía satírica y burlesca, destaca la alabanza de la vida perezosa y antiheroica, con gusto por lo grotesco y el uso del lenguaje de germanía. Sus sátiras critican diversos grupos sociales (médicos, jueces, burgueses, etc.) y desenmascaran sus defectos. También sobresalen las jácaras, género que desarrolla plenamente, donde narra con humor oscuro las aventuras de rufianes y prostitutas mediante diálogos y lenguaje marginal.

Sor Juana Inés de la Cruz

1 Yo, la peor del mundo

Sor Juana Inés de la Cruz destacó como poeta y como dramaturga. En su obra se unen la influencia de los tres grandes poetas estudiados. Su poema más importante y original, el Primero sueño, escrito en homenaje a Góngora, y de casi mil versos, muestra cómo el sueño puede ser el camino para alcanzar el verdadero conocimiento y para desarrollar la espiritualidad. Sor Juana Inés contempla cómo el alma recorre las funciones fisiológicas, asciende mediante el sueño hacia el despertar de los sentidos y alcanza la unión con lo divino. En el poema se funde lo estético, lo científico, lo mitológico, lo teológico y lo filosófico.

La prosa

Novela corta

María de Zayas y Sotomayor (1590–1661), madrileña, fue una autora destacada por la libertad y crudeza de sus relatos, en los que abundan elementos como raptos, asesinatos, adulterios, naufragios o hechizos. Denuncia la situación de la mujer, mal educada y subordinada al hombre, aunque dotada de fortaleza para luchar por su amor en condiciones de desventaja. Presenta sus historias como reales y con intención moral: advertir a las mujeres sobre los engaños masculinos. Su obra combina realismo en la vida cortesana con elementos fantásticos y destaca por lo macabro, lo melodramático y la introspección psicológica.

Sus obras más importantes son Novelas amorosas y ejemplares y Desengaños amorosos, ambas formadas por diez relatos. En “Tarde llega el desengaño”, se concentran estos rasgos: tras un naufragio, don Martín llega a casa de don Jaime, donde presencia una escena macabra con dos mujeres, una maltratada y otra privilegiada. Don Jaime cuenta su historia: tras ser traicionado (según cree) por su esposa Elena, instigado por una criada, comete terribles crímenes. Más tarde, la criada confiesa que mintió por venganza, lo que provoca la muerte de Elena y el arrepentimiento inútil de don Jaime. Don Martín regresa finalmente a su tierra, marcado por la experiencia y con una lección aprendida.

Novela picaresca

1 Guzmán de Alfarache

La novela picaresca, una de las grandes aportaciones españolas a la literatura universal, comienza con el Lazarillo de Tormes y alcanza su culminación en el Guzmán de Alfarache. Aunque ambas obras presentan similitudes, se diferencian en que Lázaro intenta eludir responsabilidades, mientras Guzmán se acusa de sus pecados y errores hasta convertirse en un hombre arrepentido, destacando además por su mayor profundidad psicológica.

Condenado a galeras, Guzmán cuenta su vida alternando sus engaños y trampas con reflexiones morales acordes con la Contrarreforma. Así, pasa de ser un joven ingenuo a convertirse en pícaro, degradándose progresivamente hasta sufrir las consecuencias de sus actos y alcanzar el arrepentimiento.

En la obra predomina la moralidad a contrario, donde se enseña a obrar bien a partir del mal ejemplo, uniendo lo picaresco con lo ascético. A diferencia del Lazarillo, no hay crítica anticlerical y el estilo es más complejo y barroco, con abundancia de recursos.

Aunque su fuerte carga moral hace la lectura menos ágil, la obra refleja la mentalidad barroca y la idea de que el ser humano es incapaz de vencer el pecado, haciendo recaer toda la responsabilidad en el individuo.

2 Vida del Buscón llamado don Pablos

Entre la obra en prosa de Francisco de Quevedo destacan Los sueños, La hora de todos, La Fortuna con seso y, sobre todo, La vida del Buscón llamado don Pablos, novela picaresca escrita en su juventud y publicada en 1626, que tuvo un gran éxito. En ella, la trama se reduce a una serie de escenas o cuadros de costumbres unidos por la presencia del protagonista, con poca profundidad psicológica y una crítica social basada en tópicos del Barroco, destacando el virtuosismo lingüístico del estilo conceptista.

La obra permite distinguir entre narrador y autor implícito: el narrador es el propio Pablos, que no juzga sus actos, mientras que el autor implícito lo ridiculiza constantemente con un tono cruel. Desde el inicio, Pablos aparece degradado por su origen y su carácter, y el autor muestra su fracaso sin compasión, deformando la realidad con un estilo expresionista y un humor muy distinto al de Cervantes.

La novela presenta el entorno familiar de Pablos (padre ladrón, madre alcahueta y un hermano que muere castigado), su paso por la escuela y su servicio a don Diego Coronel. Estudia en Segovia con el avaro dómine Cabra, donde pasa hambre, y después en Salamanca, donde sufre humillaciones y novatadas, iniciándose finalmente en la vida picaresca.

En el segundo libro aparece una galería de personajes caricaturizados y deshumanizados. Pablos recibe noticias de su familia, marcada por el crimen y la condena, y continúa su aprendizaje como pícaro en Madrid con don Toribio, consolidando así su vida de engaños y degradación.

En el tercer libro, Pablos intenta seducir a una mujer rica, que resulta ser pariente de don Diego Coronel, quien ordena que lo golpeen. A partir de ahí, el protagonista aparece en distintos papeles degradados: mendigo, cómico, galán de monjas, jefe de rufianes y aspirante a embarcar hacia América con la esperanza de mejorar su suerte. Sin embargo, la obra anticipa que su destino no cambiará, ya que “nunca mejora su estado quien muda solamente de lugar y no de vida y costumbres”.

El teatro

Espacio, ambiente y representación teatral

El teatro del Siglo de Oro se desarrolló en espacios fijos llamados corrales de comedias, surgidos de los patios interiores de las casas. Allí se empezó a cobrar entrada y, por su éxito, este modelo se mantuvo incluso cuando se construyeron teatros específicos. El teatro también se representaba en plazas, palacios e iglesias, pero los corrales fueron el centro del espectáculo urbano.

Sin embargo, el teatro tuvo la oposición de la moral derivada del Concilio de Trento, que lo consideraba pecaminoso. Para defenderlo, se justificaba como una actividad que ayudaba a financiar hospitales y obras de caridad, aunque también intervenían empresarios, actores y autores. Además, las autoridades vigilaban el orden y la moral durante las funciones.

El público era muy diverso socialmente y se organizaba en distintas zonas del corral según su posición social: los mosqueteros, que permanecían de pie en el patio, eran los espectadores más ruidosos y participativos; las mujeres se situaban en la cazuela, un espacio elevado y separado donde debían pagar algo más pero podían ver la obra sentadas; los espectadores con más recursos ocupaban bancos cercanos al escenario o gradas laterales; y, en los espacios más privilegiados, se encontraban los nobles, instalados en los aposentos o rejas de las casas del propio corral. El teatro no era solo un lugar de representación, sino también un espacio de encuentro social donde se comía, se conversaba, se cortejaba y se vivía el espectáculo de forma muy activa, lo que a menudo provocaba desorden, interrupciones e incluso enfrentamientos entre el público.

Las representaciones combinaban comedia, música, baile y entremeses, formando un espectáculo total que comenzaba con una loa y se desarrollaba en tres jornadas. Todo se representaba a plena luz del día, y la escenografía era mínima, por lo que la palabra y la imaginación eran esenciales.

Con el tiempo, el teatro se hizo más complejo técnicamente y surgieron distintos subgéneros como las comedias de santos, autos sacramentales o comedias mitológicas. Las compañías teatrales tenían una estructura fija de actores según su papel, y el éxito dependía de equilibrar el gusto del público con la calidad literaria.

La comedia nueva

Lope de Vega aprovecha los avances del teatro del siglo XVI y los une a su ingenio para crear una forma nueva de hacer teatro, la comedia nueva. En El arte nuevo de hacer comedias, explica sus rasgos principales para defenderse de las críticas de quienes lo acusaban de romper las normas clásicas, aunque él considera que esas reglas ya no conectaban con el gusto del público.

Frente a la división clásica en cinco actos, Lope establece una estructura más sencilla en tres jornadas (planteamiento, nudo y desenlace). Además, incorpora elementos como música, cantos y bailes, logrando un espectáculo más dinámico y variado.

Lope mezcla géneros y personajes: nobles y campesinos conviven en escena, el tono serio se alterna con lo cómico, y el amor y el honor se convierten en los temas centrales. De este modo, se impone la tragicomedia, que ya había triunfado en obras como La Celestina. Aunque a veces predominan finales felices, también hay desenlaces trágicos.

En cuanto a las reglas clásicas, Lope defiende la unidad de acción, pero en la práctica introduce varias historias entrelazadas. Sin embargo, prescinde con libertad de las unidades de tiempo y lugar, ya que las considera un obstáculo para la imaginación del público.

El teatro se escribe en verso, incluso para un público mayoritariamente analfabeto, porque el verso aporta un carácter poético y fantástico al espectáculo. Además, Lope introduce la polimetría, usando distintos tipos de estrofas según la situación: romance para narrar, redondillas para diálogos, sonetos para reflexiones y décimas para lamentos.

Los temas principales son el amor y el honor. El honor, entendido como la reputación social, podía verse afectado por cualquier ofensa hacia una mujer, lo que obligaba a los hombres de su entorno a vengarla, incluso con violencia, lo que da lugar a numerosas tramas basadas en conflictos de honra.

Finalmente, cada personaje cumple un papel fijo: la dama, el galán, el gracioso, el rey o el padre. El gracioso aporta el contrapunto cómico y alivia la tensión dramática, mientras el rey suele restablecer la justicia. Además, cada personaje debe hablar según su condición social, respetando el decoro, aunque siempre dentro de un lenguaje poético.

El auto sacramental

Al auge de la comedia nueva se suma el desarrollo del auto sacramental, una obra en un solo acto de carácter alegórico centrada en el misterio de la eucaristía. Su dificultad estaba en convertir ideas teológicas complejas en historias comprensibles mediante personajes simbólicos. En el Corpus Christi, estas representaciones sustituyeron a antiguas celebraciones populares que a veces derivaban en excesos, y la Iglesia impulsó el auto como forma de enseñanza religiosa, eliminando lo irreverente y utilizándolo para reforzar la fe frente a la Reforma.

A diferencia de la comedia, el auto sacramental contaba con apoyo eclesiástico y financiación pública, lo que lo convirtió también en un espectáculo rentable para compañías y dramaturgos. Las ciudades competían por ofrecer las mejores representaciones, que incluían vestuario, música, baile y escenografía.

Los personajes eran alegóricos: virtudes, conceptos teológicos o tipos humanos (como el Entendimiento, la Gracia o el Pobre). Aunque a veces partían de tramas similares a las de la comedia, su sentido era siempre religioso, centrado en la exaltación de la eucaristía.

El máximo desarrollo del género llega con Pedro Calderón de la Barca, que perfecciona los autos con gran profundidad teológica y dominio escénico. En El gran teatro del mundo, la vida se presenta como una obra teatral en la que Dios reparte los papeles a los hombres, que representan distintos estamentos sociales. Al final, tras la “representación” de la vida, cada uno es juzgado según su comportamiento, y la obra concluye con una exaltación de la eucaristía.

Lope, dramaturgo

Lope de Vega escribió alrededor de 1500 obras teatrales, aunque es difícil precisar cuántas le pertenecen realmente por no haberse ocupado de su publicación y por las atribuciones posteriores a su nombre. En sus comedias combina lo dramático con lo lírico, creando poemas muy destacados, y se inspira en la lírica medieval, los romances y las crónicas antiguas. Su talento es tan grande que a menudo no se distingue si las letrillas de sus obras son suyas o proceden de la tradición popular.

2 Comedias de capa y espada o de enredo

Estas comedias, aunque la crítica no siempre les da gran valor, fueron muy apreciadas en su época y permitían un gran lucimiento de actores y actrices. Se ambientan en ciudades grandes y suelen girar en torno a los obstáculos entre un galán y una dama, con final feliz mediante el matrimonio, a menudo también de parejas secundarias. Es frecuente el uso de disfraces, especialmente el embozo o el disfraz masculino de la mujer, y la intervención del ingenio del criado como solución de los conflictos.

En La discreta enamorada, Fenisa usa su inteligencia para lograr casarse con Lucindo, mientras organiza una intriga que acaba en una doble boda, con la ayuda del gracioso Hernando. La obra defiende la iniciativa femenina frente a los matrimonios de conveniencia.

El perro del hortelano, ambientada en Nápoles, es una comedia palatina donde la condesa Diana, enamorada de su secretario Teodoro, oscila entre el amor y el rechazo por diferencias sociales. Los personajes actúan de forma egoísta, pero resultan atractivos por la habilidad de Lope, y el gracioso Tristán provoca el desenlace al fingir que Teodoro es hijo de un noble, lo que permite el matrimonio final con Diana.

3 Tragedias

El caballero de Olmedo es una obra de madurez de Lope de Vega, de final trágico. Don Alonso Manrique, vecino de Olmedo, va a Medina a lancear toros, donde se enamora de doña Inés, aunque ella es pretendida por don Rodrigo. En uno de los lances, Don Alonso salva a su rival de un toro, lo que provoca su humillación y hace que planee su asesinato. Don Alonso debe regresar a Olmedo por obediencia a sus padres, pese al mal presentimiento de doña Inés. En el camino recibe avisos y presagios (la sombra, el labrador que canta su muerte), pero nada impide el destino, que se presenta como inevitable. Finalmente, don Rodrigo y sus hombres lo asesinan a traición. El criado pide justicia al rey, que castiga a los culpables. La obra combina lo trágico con versos líricos sencillos, de tono popular, muy característicos del estilo de Lope.

Tirso de Molina

El teatro del siglo XVII es el gran espectáculo de la época, de carácter popular y masivo. La pintura de la época nos ofrece imágenes de corrales de comedias o de representaciones en palacios o en espacios abiertos, donde se reunían personas de todas las clases sociales. Estas imágenes resultan muy valiosas, pero hay que tener en cuenta que muchas están idealizadas o fueron realizadas con una intención simbólica, no como reflejo exacto de la realidad.

El teatro se representaba en corrales de comedias, patios interiores adaptados para el espectáculo, donde el público se organizaba según su condición social: mosqueteros de pie, mujeres en la cazuela y nobles en aposentos. Era un espectáculo vivo, con música, baile, canto y participación activa del público, que a menudo intervenía con gritos o comentarios.

Las representaciones combinaban comedia, entremeses, bailes y loas, formando un espectáculo total. Se escribían en verso y se basaban en la imaginación más que en decorados complejos, ya que estos eran muy simples o inexistentes. El teatro mezclaba lo culto y lo popular, lo serio y lo cómico, y se adaptaba al gusto del público.

Los temas principales eran el amor y el honor, y los personajes seguían tipos fijos: el galán, la dama, el gracioso, el rey o el padre. Todo debía respetar el decoro, es decir, cada personaje hablaba según su condición social, aunque siempre dentro de un lenguaje poético.

Calderón de la Barca

1 Un intelectual pesimista e introvertido

Pedro Calderón de la Barca aparece a menudo en retratos vestido de sacerdote, lo que puede hacer pensar que lo fue desde siempre, pero antes de ordenarse a los 51 años ya había participado en duelos, ejercido como soldado y tenido un hijo ilegítimo. Era una persona introvertida, poco dada a mostrar sus emociones, de carácter intelectual y con una visión pesimista.

En su obra se repiten preocupaciones como la dificultad de distinguir entre verdad y mentira, la falta de sentido de la vida sin Dios y la angustia del ser humano ante la poca fiabilidad de los sentidos. En sus mejores comedias, la acción gira en torno a un personaje central que expresa sus conflictos mediante monólogos intensos y reflexivos.

2 La vida es sueño

Pedro Calderón de la Barca presenta en La vida es sueño la historia de Basilio, rey de Polonia, que interpreta los astros y predice que su hijo Segismundo será cruel y tirano. Por ello lo encierra desde su nacimiento en una torre, bajo la vigilancia de Clotaldo, prohibiendo todo contacto con el mundo.

La obra comienza cuando Rosaura, disfrazada de hombre, llega a la torre para recuperar su honor. Allí encuentra a Segismundo, que vive como un prisionero salvaje. Tras ser descubierto Clotaldo, surge un conflicto moral y de honor, ya que Rosaura es hija suya y ha sido deshonrada por Astolfo, uno de los herederos al trono.

Basilio decide entonces probar a Segismundo: lo droga, lo lleva a la corte y le da la oportunidad de gobernar. Sin educación ni límites, Segismundo se comporta de forma violenta y tiránica, incluso comete un asesinato, por lo que vuelve a ser encerrado y le hacen creer que todo ha sido un sueño.

Más tarde, los soldados lo liberan y lo proclaman líder. Esta vez, Segismundo ha aprendido de la experiencia y decide actuar con prudencia y justicia, renunciando a sus impulsos. Restablece el orden: obliga a Astolfo a casarse con Rosaura para reparar su honor y acepta su destino como futuro rey, mientras se impone la idea central de la obra: la vida puede ser sueño, pero el ser humano debe obrar bien por si acaso.

Temas principales de La vida es sueño
  • Libertad: Para algunos la libertad es abandonar nuestra prisión, para otros hacer lo que les apetece, para otros poder elegir. Para Calderón la libertad consiste en cumplir con nuestra obligación con Dios, en hacer su voluntad, por encima de nuestros deseos.
  • Verdad: El ser humano no puede acceder a la verdad. Su único camino para conocer el mundo son los sentidos, que lo engañan. Solo Dios puede compensar esta deficiencia.
  • Destino: ¿Se cumple el destino en la obra? Sí y no. Vemos a Segismundo comportarse como una bestia y poner a su padre a sus plantas. Pero, luego se vence a sí mismo y escoge otro camino. Las personas no elegimos lo que nos ocurre: en ese sentido existe el destino. Las personas elegimos nuestro comportamiento moral cuando nos ocurre algo: en ese sentido no existe el destino y somos libres, y, por tanto, responsables de nuestros actos.
  • Deseo y deber: El deseo convierte al hombre en una bestia. Para convertirse en verdadero hombre, Segismundo debe renunciar a su instinto destructor (matar) y constructor (la atracción por Rosaura). El deber acerca al ser humano a Dios y a sí mismo.

3 El alcalde de Zalamea

El tercio de Flandes fue a Portugal para proclamar rey a Felipe II. El pueblo de Zalamea se ve obligado a alojar a los militares según su rango. Pedro Crespo, el alcalde y el hombre más rico del lugar, alojó al capitán don Álvaro. El capitán, que ha oído hablar de la belleza de su hija Isabel, a la que Crespo ha mandado esconderse mientras los soldados sigan en el pueblo, intenta propiciar un encuentro con ella. El general, don Lope de Figueroa, un personaje histórico, resuelve el conflicto mandándolo a otro alojamiento, pero don Álvaro secuestra a la hija, manda a sus hombres que aten a Crespo, que lo perseguía, y la viola. Isabel desata a su padre y le ruega que oculten lo sucedido, pero el alcalde manda prender al capitán y le suplica que repare su honra y la de su hija casándose con ella.

Hoy nos resulta repugnante que un padre desee ver a su hija casada con un violador, pero en el siglo XVII el honor se entendía de otra forma: la afrenta solo podía resolverse con matrimonio o con sangre. Chocan dos concepciones del honor y el capitán se burla de Crespo, negándose a casarse con una villana por no tener honra. Don Lope de Figueroa exige la entrega del capitán, pero el alcalde se niega y las tropas están a punto de tomar el pueblo. Llega Felipe II para imponer paz y ordena que el preso sea entregado a la justicia militar, pero Crespo responde que ya es tarde, porque lo ha hecho ejecutar. Se le reprocha haber juzgado un asunto que no era de su competencia y haber aplicado una forma de ejecución incorrecta, pero el rey confirma la sentencia, al considerar que existe una sola justicia. Isabel termina entrando en un convento, lo que muestra una idea de final feliz muy distinta a la actual.

4 El médico de su honra

Los dramas de honor eran uno de los subgéneros más importantes de la comedia nueva, y Calderón los elevó a su máxima categoría. En ellos, un hombre se ve obligado a vengar una afrenta real o imaginaria por miedo a perder su honra y su posición social, actuando como ejecutor de una justicia dictada por las normas sociales más que por la razón. Aunque se acercan a la tragedia, suele ser la mujer quien sufre las consecuencias.

Se ha debatido si Calderón compartía o criticaba esta visión del honor, pero su objetivo era convertir en drama unas costumbres paradójicas y crueles. En El médico de su honra, el infante Enrique visita a doña Mencía, ahora casada con don Gutierre, quien sospecha de una deshonra por las apariencias. Aunque sabe que su mujer es inocente, manda matarla. El crimen es denunciado y el rey lo obliga a casarse con otra mujer, mientras el propio Gutierre sufre el peso trágico de su decisión.

Otros dramaturgos del XVII

El siglo XVII constituye la cumbre del teatro español. Juan Ruiz de Alarcón destaca por sus obras urbanas y de tono moral, centradas en el honor entendido como fidelidad a los propios principios, no a la opinión ajena. En La verdad sospechosa combina la crítica del vicio con la comicidad a través de un protagonista mentiroso.

Ana Caro de Mallén, además de poeta, destaca por obras como Valor, agravio y mujer, donde la protagonista se disfraza de hombre, vence al burlador y exige justicia, dando protagonismo a la mujer. También sobresale en el uso de la escenografía en El conde Partinuplés.

Francisco de Rojas Zorrilla cultiva tragedias intensas y comedias de figurón, con personajes ridículos que encarnan defectos, como en Entre bobos anda el juego. Agustín Moreto es el gran especialista en este tipo de comedia, con obras como El lindo don Diego, donde se satiriza a un personaje vanidoso, y El desdén con el desdén, una comedia psicológica sobre el amor y el fingimiento.

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