El Panorama Cultural Tras la Guerra Civil Española
La Guerra Civil española provocó una ruptura cultural. En los primeros años de la posguerra, el teatro fue de baja calidad, marcado por la muerte o el exilio de grandes autores, un público que prefería obras tradicionales y una fuerte censura que incluso prohibía representaciones.
El Teatro Español de Posguerra: Cuatro Tendencias
El teatro español de posguerra puede agruparse en cuatro tendencias principales:
- Teatro burgués: Tras la Guerra Civil resurge la comedia burguesa y costumbrista, heredera de Benavente. Predominan obras tradicionales de autores anteriores a la guerra, como Marquina y Arniches, y destacan escritores de éxito como José María Pemán, Luca de Tena, Claudio de la Torre y Joaquín Calvo Sotelo, autor de La muralla.
- Teatro poético o de ensueño: Se caracteriza por el uso de la prosa poética y por comedias que mezclan distintos elementos como la sátira burlesca, la farsa fantástica, el sainete y el teatro de evasión. Sus temas principales son el conflicto entre realidad y fantasía y la defensa de valores como el amor, la comprensión y la libertad. Destaca Alejandro Casona, autor de Prohibido suicidarse en primavera y Los árboles mueren de pie.
- El teatro de humor: Se diferencia de la comedia burguesa por el uso de situaciones inverosímiles y diálogos absurdos, a través de los cuales se realiza una crítica irónica y velada de la sociedad de la época. Este humor enlaza con el teatro de Pedro Muñoz Seca y se relaciona con el teatro del absurdo europeo, además de influir en el teatro experimental de los años sesenta. Destacan Enrique Jardiel Poncela, autor de Eloísa está debajo de un almendro y Los ladrones somos gente honrada, y Miguel Mihura, con Tres sombreros de copa. Ambos autores tuvieron que adaptarse posteriormente a un teatro más convencional por las preferencias del público.
- El drama social: A mediados de los años cincuenta surge un teatro social que refleja los problemas de las clases humildes. Se trata de un teatro realista y con una clara vocación de denuncia, en el que los autores critican la violencia, la injusticia social y la situación política de la posguerra. Los dramaturgos más representativos son Antonio Buero Vallejo y Alfonso Sastre. Sastre desarrolla un teatro comprometido y político, con obras como La mordaza y Guillermo Tell tiene los ojos tristes. Buero Vallejo inicia esta etapa en 1949 con Historia de una escalera, obra que supone una ruptura con el teatro anterior, y destacan también El tragaluz, El concierto de San Ovidio y En la ardiente oscuridad.
El Nuevo Teatro y la Experimentación
A finales de los años sesenta, los dramaturgos españoles consideran que el drama social ha agotado sus posibilidades y comienzan a desarrollar un teatro basado en la experimentación. La apertura del régimen y la influencia del teatro europeo favorecen esta renovación. Bajo el nombre de Nuevo Teatro se agrupa a una serie de autores cuya actividad se inicia en esta etapa y, en algunos casos, llega hasta la actualidad. Este teatro recoge influencias surrealistas del teatro de humor y mantiene vínculos con la tradición realista de los años cincuenta.
Para comprender y valorar este teatro es imprescindible la representación, ya que los autores confían a la puesta en escena la aclaración de muchos aspectos del subtexto. El Nuevo Teatro se desarrolla siguiendo dos tendencias principales:
- Teatro experimental: busca nuevas formas de expresión al margen del teatro comercial. Destaca Fernando Arrabal, autor de El cementerio de automóviles.
- Teatro vanguardista: se caracteriza por la duda sobre la validez del hecho teatral, la crítica a las distintas dramaturgias tradicionales y la búsqueda de nuevas formas escenográficas. Destaca Francisco Nieva con Es bueno no tener cabeza.
Teatro de Fin de Siglo
En el Teatro de fin de siglo vuelve con fuerza el teatro social y de memoria histórica, con realismo y emoción, en autores como Fernando Fernán Gómez, autor de Las bicicletas son para el verano, y José Sanchís Sinisterra, con ¡Ay, Carmela!. Al mismo tiempo, se moderniza la escena, con mezcla de géneros, metateatro, nuevas compañías y espacios, destacando José Luis Alonso de Santos con La estanquera de Vallecas.
La Lírica Española de Posguerra: Evolución y Tendencias
Respecto de la lírica de este periodo, podemos clasificarla de la siguiente manera:
Poesía de los Años Cuarenta
En los años cuarenta se distinguen dos corrientes:
- Poesía arraigada: afín al régimen, conservadora y optimista. Sus temas son intemporales: amor, patria y religión, alejados de la dura realidad de la posguerra, y propugna una vuelta a las formas clásicas. Autores destacados: Leopoldo Panero y Luis Rosales.
- Poesía desarraigada: refleja angustia ante la realidad inhóspita de la sociedad franquista. Frente al clasicismo de los arraigados, defiende la libertad formal y muestra preocupación existencial. Representada por Dámaso Alonso (perteneciente al 27) y su poemario Hijos de la ira, escrito en versículos, con un lenguaje descarnado y a veces malsonante, expresando la exasperación del poeta ante lo absurdo y cruel de la realidad y protestando por el lamentable espectáculo de la sociedad de su momento.
Poesía Social (Años Cincuenta)
La poesía desarraigada deriva hacia la llamada poesía social, que mantiene la preocupación existencial pero denuncia desigualdades sociales y la falta de libertades políticas, convirtiendo la poesía en una herramienta de transformación de la realidad.
- Blas de Otero (1916-1979): entre sus libros destacan Ángel fieramente humano y Pido la paz y la palabra. En sus primeras obras cultivó una poesía existencial, influida por la mística de Juan de la Cruz. Más adelante, su poética se orientó hacia lo social.
- José Hierro (1922-2002): recibe en 1998 el Premio Cervantes. En sus primeros libros, Tierra sin nosotros y Quinta del 42, muestra intereses sociales. Posteriormente, en Libro de las alucinaciones, desarrolla una poesía muy personal, con imágenes irracionales y la concepción de la realidad como un enigma que solo la poesía puede desentrañar.
Poesía del Conocimiento (Años Sesenta)
La producción lírica de los años sesenta se conoce como poesía del conocimiento. A finales de los cincuenta aparece un grupo de poetas denominados Generación de los 50 que conciben la poesía como una forma de conocimiento y basada en las experiencias, recreando las emociones vividas. Sus temas son la infancia, la juventud, la amistad… tratados con un lenguaje coloquial y sencillo en apariencia, que usa a menudo la ironía.
- Claudio Rodríguez: Usa un lenguaje rural y poético para explorar el misterio de la existencia y celebrar la belleza de la vida (Don de la ebriedad).
- Jaime Gil de Biedma: Reflexiona sobre la experiencia cotidiana con ironía (Las personas del verbo).
- José Ángel Valente: Pasa del realismo a la reflexión sobre la poesía; estilo breve y preciso (Punto cero).
- Ángel González: Preocupación ética; critica la hipocresía social con ironía y pesimismo, buscando alivio en el humor (Palabra sobre palabras).
La Poesía de los Novísimos (Años Setenta)
En los años 70 surge la poesía de los Novísimos, que rompe con la tradición anterior. Se caracteriza por su esteticismo y abundantes referencias culturales: citas de autores extranjeros, referencia a mundos lejanos y decadentes, personajes o motivos del cine, la música pop o el cómic. Es una poesía artificiosa y dirigida a un público minoritario. Entre sus autores destacan Félix de Azúa, Leopoldo María Panero, Vicente Molina Foix, Ana María Moix y Pere Gimferrer —quien inicia la tendencia con Arde el mar—, y más tarde se suman Luis Antonio de Villena y Luis Alberto de Cuenca.
[Repetición del Contenido Original]
La Guerra Civil española provocó una ruptura cultural. En los primeros años de la posguerra, el teatro fue de baja calidad, marcado por la muerte o el exilio de grandes autores, un público que prefería obras tradicionales y una fuerte censura que incluso prohibía representaciones. El teatro español de posguerra puede agruparse en cuatro tendencias: teatro burgués, teatro poético o de ensueño, teatro de humor y drama social.
- Teatro burgués: Tras la Guerra Civil resurge la comedia burguesa y costumbrista, heredera de Benavente. Predominan obras tradicionales de autores anteriores a la guerra, como Marquina y Arniches, y destacan escritores de éxito como José María Pemán, Luca de Tena, Claudio de la Torre y Joaquín Calvo Sotelo, autor de La muralla.
- Teatro poético o de ensueño: Se caracteriza por el uso de la prosa poética y por comedias que mezclan distintos elementos como la sátira burlesca, la farsa fantástica, el sainete y el teatro de evasión. Sus temas principales son el conflicto entre realidad y fantasía y la defensa de valores como el amor, la comprensión y la libertad. Destaca Alejandro Casona, autor de Prohibido suicidarse en primavera y Los árboles mueren de pie.
- El teatro de humor: Se diferencia de la comedia burguesa por el uso de situaciones inverosímiles y diálogos absurdos, a través de los cuales se realiza una crítica irónica y velada de la sociedad de la época. Este humor enlaza con el teatro de Pedro Muñoz Seca y se relaciona con el teatro del absurdo europeo, además de influir en el teatro experimental de los años sesenta. Destacan Enrique Jardiel Poncela, autor de Eloísa está debajo de un almendro y Los ladrones somos gente honrada, y Miguel Mihura, con Tres sombreros de copa. Ambos autores tuvieron que adaptarse posteriormente a un teatro más convencional por las preferencias del público.
- El drama social: A mediados de los años cincuenta surge un teatro social que refleja los problemas de las clases humildes. Se trata de un teatro realista y con una clara vocación de denuncia, en el que los autores critican la violencia, la injusticia social y la situación política de la posguerra. Los dramaturgos más representativos son Antonio Buero Vallejo y Alfonso Sastre. Sastre desarrolla un teatro comprometido y político, con obras como La mordaza y Guillermo Tell tiene los ojos tristes. Buero Vallejo inicia esta etapa en 1949 con Historia de una escalera, obra que supone una ruptura con el teatro anterior, y destacan también El tragaluz, El concierto de San Ovidio y En la ardiente oscuridad.
A finales de los años sesenta, los dramaturgos españoles consideran que el drama social ha agotado sus posibilidades y comienzan a desarrollar un teatro basado en la experimentación. La apertura del régimen y la influencia del teatro europeo favorecen esta renovación. Bajo el nombre de Nuevo Teatro se agrupa a una serie de autores cuya actividad se inicia en esta etapa y, en algunos casos, llega hasta la actualidad. Este teatro recoge influencias surrealistas del teatro de humor y mantiene vínculos con la tradición realista de los años cincuenta.
Para comprender y valorar este teatro es imprescindible la representación, ya que los autores confían a la puesta en escena la aclaración de muchos aspectos del subtexto. El Nuevo Teatro se desarrolla siguiendo dos tendencias principales:
- Teatro experimental: busca nuevas formas de expresión al margen del teatro comercial. Destaca Fernando Arrabal, autor de El cementerio de automóviles.
- Teatro vanguardista: se caracteriza por la duda sobre la validez del hecho teatral, la crítica a las distintas dramaturgias tradicionales y la búsqueda de nuevas formas escenográficas. Destaca Francisco Nieva con Es bueno no tener cabeza.
En el Teatro de fin de siglo vuelve con fuerza el teatro social y de memoria histórica, con realismo y emoción, en autores como Fernando Fernán Gómez, autor de Las bicicletas son para el verano, y José Sanchís Sinisterra, con ¡Ay, Carmela!. Al mismo tiempo, se moderniza la escena, con mezcla de géneros, metateatro, nuevas compañías y espacios, destacando José Luis Alonso de Santos con La estanquera de Vallecas.
Respecto de la lírica de este periodo, podemos clasificarla de la siguiente manera:
Poesía de los Años Cuarenta (Repetición)
- Poesía arraigada: afín al régimen, conservadora y optimista. Sus temas son intemporales: amor, patria y religión, alejados de la dura realidad de la posguerra, y propugna una vuelta a las formas clásicas. Autores destacados: Leopoldo Panero y Luis Rosales.
- Poesía desarraigada: refleja angustia ante la realidad inhóspita de la sociedad franquista. Frente al clasicismo de los arraigados, defiende la libertad formal y muestra preocupación existencial. Representada por Dámaso Alonso (perteneciente al 27) y su poemario Hijos de la ira, escrito en versículos, con un lenguaje descarnado y a veces malsonante, expresando la exasperación del poeta ante lo absurdo y cruel de la realidad y protestando por el lamentable espectáculo de la sociedad de su momento.
Poesía Social (Años Cincuenta) (Repetición)
En los años cincuenta se produce la llamada poesía social. La poesía desarraigada deriva hacia la poesía social, que mantiene la preocupación existencial pero denuncia desigualdades sociales y la falta de libertades políticas, convirtiendo la poesía en una herramienta de transformación de la realidad.
- Blas de Otero (1916-1979): entre sus libros destacan Ángel fieramente humano y Pido la paz y la palabra. En sus primeras obras cultivó una poesía existencial, influida por la mística de Juan de la Cruz. Más adelante, su poética se orientó hacia lo social.
- José Hierro (1922-2002): recibe en 1998 el Premio Cervantes. En sus primeros libros, Tierra sin nosotros y Quinta del 42, muestra intereses sociales. Posteriormente, en Libro de las alucinaciones, desarrolla una poesía muy personal, con imágenes irracionales y la concepción de la realidad como un enigma que solo la poesía puede desentrañar.
Poesía del Conocimiento (Años Sesenta) (Repetición)
La producción lírica de los años sesenta se conoce como poesía del conocimiento. A finales de los cincuenta aparece un grupo de poetas denominados Generación de los 50 que conciben la poesía como una forma de conocimiento y basada en las experiencias, recreando las emociones vividas. Sus temas son la infancia, la juventud, la amistad… tratados con un lenguaje coloquial y sencillo en apariencia, que usa a menudo la ironía.
- Claudio Rodríguez: Usa un lenguaje rural y poético para explorar el misterio de la existencia y celebrar la belleza de la vida (Don de la ebriedad).
- Jaime Gil de Biedma: Reflexiona sobre la experiencia cotidiana con ironía (Las personas del verbo).
- José Ángel Valente: Pasa del realismo a la reflexión sobre la poesía; estilo breve y preciso (Punto cero).
- Ángel González: Preocupación ética; critica la hipocresía social con ironía y pesimismo, buscando alivio en el humor (Palabra sobre palabras).
La Poesía de los Novísimos (Años Setenta) (Repetición)
En los años 70 surge la poesía de los Novísimos, que rompe con la tradición anterior. Se caracteriza por su esteticismo y abundantes referencias culturales: citas de autores extranjeros, referencia a mundos lejanos y decadentes, personajes o motivos del cine, la música pop o el cómic. Es una poesía artificiosa y dirigida a un público minoritario. Entre sus autores destacan Félix de Azúa, Leopoldo María Panero, Vicente Molina Foix, Ana María Moix y Pere Gimferrer —quien inicia la tendencia con Arde el mar—, y más tarde se suman Luis Antonio de Villena y Luis Alberto de Cuenca.
